En términos comparativos, 2015 ha sido un buen año para las mujeres como personajes en películas de ciencia ficción. Primero, Avengers: Age of Ultron hizo un esfuerzo honesto -aunque no del todo logrado- por incluir personajes femeninos sin depender de los roles de género; después, Mad Max: Fury Road hizo un excelente trabajo no solo en cuanto a un guion sin sexismo sino al contratar a una extraordinaria editora mujer; este mes, Netflix lanzó la espectacular serie Jessica Jones, que trata problemas de género contemporáneos desde la perspectiva de una potencial superheroína; por último, este mes (!) se estrena Star Wars: The Force Awakens, la primera película de la franquicia creada por George Lucas en tener más de un personaje principal femenino.  

En este sentido, el director del Episodio VII, JJ Abrams, le dijo este lunes al programa de televisión Good Morning America que quiere que la nueva película convierta la franquicia en algo más que una película para hombres:

Star Wars siempre ha sido una cosa de chicos, una película a la que los papás podían ir con sus hijos. Y aunque ese sigue siendo el caso, yo realmente espero que esta sea también una película a la que las madres puedan llevar a sus hijas.”

Una de las protagonistas de The Force Awakens es Rey (Daisy Ridley), una chatarrera que se encuentra con Finn (John Boyega) y eventualmente con Han Solo (Harrison Ford). Además, las actrices Lupita Nyong’o y Gwendoline Christie tienen personajes secundarios y el Episodio VII contiene el regreso no solo de Ford como el icónico piloto del Halcón Milenario sino también de Mark Hamill como Luke Skywalker y Carrie Fisher como Leia Organa. Obviamente, estos personajes -y sus actores-, a quienes inicialmente vimos en A New Hope, de 1977, han cambiado durante las últimas tres décadas, y tanto Abrams como el coguionista Lawrence Kasdan (que también escribió en la trilogía original) han dicho que ese cambio fue uno de los puntos de partida para escribir la nueva película.

Sin embargo, las acciones de los ejecutivos de Disney, el estudio que produce la película, hablan de una industria cinematográfica que se niega a permitir que pase el tiempo y, sobre todo, que las actrices se vuelvan mayores: esta semana salió la edición de enero de la revista mensual Good Housekeeping, que tiene a la actriz Carrie Fisher en portada y contando en su entrevista cómo Disney le pidió que baje más de 15 kilos para retomar su papel como Leia: "¡No quieren contratarme entera, solo tres cuartas partes!". No solo eso, sino que en una entrevista de 2008 Fisher contó que incluso en 1975, cuando tenía 19 años y audicionó para el papel de Leia por primera vez, también le dijeron que tenía que bajar de peso.

Quizá (solo quizá) en ese momento pedirle a la actriz que baje de peso tuvo que ver con la intención de convertirla en el símbolo sexual que finalmente se concretó con el bikini dorado del Episodio VI; un traje contra el cual, por cierto, Fisher trató sin éxito de luchar en su momento. De todas formas, decirle a una chica que pesaba en ese momento menos de 48 kilos que tenía que perder un par más para merecer un papel en la franquicia parece fuera de lugar. En todo caso, los 70s eran otra época, Fisher se hizo famosa y, a pesar de la escena del bikini dorado, sigue siendo un ícono de las mujeres inteligentes, valientes y graciosas en la ciencia ficción.

Lo que ha pasado en relación a The Force Awakens, en este sentido, es completamente distinto. No solo porque queremos creer que la industria cinematográfica ha cambiado y ser flaca ya no es prerrequisito para aparecer en una película o serie, sino porque el personaje de Fisher en la nueva película ya no es una chiquilla guapa con el status de princesa, sino una general de la Resistencia con décadas de experiencia militar. ¿Por qué no podría haber cambiado también su cuerpo durante todo este tiempo?

Para Fisher, el papel de Leia fue fundamental para iniciar su carrera en Hollywood, pero también la convirtió en algo que nunca quiso ser: una superestrella asociada a la figura de la pin-up esclava de Jabba el Hutt. Esa figura la persigue hasta ahora, y Fisher ha dicho que al aceptar el papel firmó un contrato invisible que la obligaba a permanecer exactamente igual por el resto de su vida. Sin embargo, la estrella de Star Wars en realidad es más escritora que actriz: ha escrito cinco novelas, dos memorias sobre su adicción y bipolaridad, varios guiones y obras y, durante la década de 1990, fue una de las ‘doctoras de guion’ más buscadas de Hollywood, trabajo por el que nunca apareció en los créditos pero arregló guiones de películas como The Wedding Singer y Hook.

Así que quizá el gran error de Fisher respecto al ridículo pedido de Disney de bajar de peso para interpretar a un personaje que se supone que ha crecido de manera realista fue no mandarlos al diablo. ¿Qué podrían haber hecho? ¿Contratar a otra persona? Parece poco probable, si Ford y Hamill ya estaban incluidos en sus papeles originales. ¿Borrar el papel de Leia del guion? Bueno, sería su pérdida, y Abrams no podría estar hablando ahora de cómo quiere que las madres lleven a sus hijas.

De todas formas, Fisher ha tenido algunas victorias en esta edición de Star Wars: en las pocas tomas y el afiche que ha salido de la general Leia, se le ve como una mujer adulta y su pareja Han Solo casi parece de la misma edad que ella (aunque Ford es 15 años mayor); Fisher pidió usar menos maquillaje en la película justamente para no aparentar ser mucho menor que los 59 años que tiene; y ha encontrado una aliada en su lucha por ser representadas por igual y con dignidad en el merchandising de Disney: la actriz de Rey, Daisy Ripley.

No hay que contentarse, pero algo parece estar yendo mejor en la ciencia ficción.


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