En Ella y Él, la última película de Frank Pérez-Garland, una mujer (Vanessa Saba) y un hombre (Giovanni Ciccia) se conocen, se enamoran y se pelean en Lima. Con un guión que parece tener connotaciones autobiográficas escrito por Saba y Pérez-Garland, Ella y Él es una película sin mayores pretensiones que la de retratar el proceso de una pareja de clase media alta. Aunque tanto Ella como Él –los personajes no tienen nombre– tienen heridas psicológicas que están todo el tiempo amenazando con destruir su relación, en realidad no se trata de heridas demasiado extraordinarias, sino de traumas de juventud más bien mal procesados. Como resultado, la película muestra a dos personas cuyos desequilibrios emocionales los unen y los separan al mismo tiempo, y Ella y Él da cuenta de un intento de ambos por establecer un compromiso mutuo.

En el contexto actual del cine peruano, nuevamente preocupado por representar los rezagos del conflicto armado interno en el país –véase Magallanes, NN, La última noticia– la película de Pérez-Garland es algo disonante: se trata de dos personas de clase acomodada que se dan el ‘lujo’ de volverse locos sin preocuparse por el dinero, los amigos ni nada de lo que suceda fuera de Miraflores y San Isidro. El cine, evidentemente, no está obligado a hacerse cargo de su entorno político, pero Ella y Él parece tomarse demasiado en serio a sí misma. Así, y sobre todo en su primera mitad, se vería beneficiada por un poco de humor –más allá de las inevitables bromas de una versión casi empalagosa del Ciccia romántico–. Sin embargo, por momentos da la impresión de que la pareja Saba/Pérez-Garland no es capaz de poner en perspectiva su historia, generando un clima más pesado del que amerita lo que bien podría ser una comedia romántica.

El hecho de que los personajes no tengan nombre es también un indicador de esa falta de proporción en la que Pérez-Garland ha situado la historia. No nombrar a los protagonistas podría indicar la afirmación de que se trata de una historia general, un romance común, una plantilla del amor adulto. Sin embargo, la historia misma da cuenta, ya lo dijimos, de una aproximación casi autobiográfica y el resultado es sumamente específico. Así, la decisión de usar pronombres en vez de nombres queda soberbia, incluso pretenciosa, y por momentos entorpece la fluidez de la película porque no está bien lograda. Lo que pasa es que hay ejemplos, además, de películas cuyos personajes no tienen nombre por razones muy claras: el protagonista de Fight Club, la pareja de padres de Antichrist, el Hombre sin nombre en la trilogía que culmina con El bueno, el malo y el feo. En el caso de Ella y Él, en cambio, esta parece una decisión sin fundamento, un capricho incómodo de los guionistas.

Felizmente, la segunda parte de la película da un salto cualitativo y genera, al fin, la tensión que pretendía presentar desde el principio. A partir de la escena en la que la hermana de Ella es invitada a la casa y las cosas se salen de control no solo la locura va en aumento sino que empezamos a ver con mayor claridad el problema de Él, que empieza a tratar de superar su terror al compromiso. Es también a partir de este punto que tanto Saba como Ciccia presentan actuaciones más sólidas, aunque de todas maneras el tono de la narración podría tomar una actitud más ligera –piénsese en las comedias dramáticas de Judd Apatow, en los dramas cómicos de Noah Baumbach o en los relatos falsamente banales de Eric Rohmer–.

Parece audaz, entonces, casi irresponsable comparar a Ella y Él con un clásico del romance como la trilogía Before… de Richard Linklater: la empresa de Linklater es mucho más arriesgada e incluso más pretenciosa que la de Pérez-Garland, y si el criterio es ‘dos personajes tienen conversaciones realistas sobre muchas cosas’ también deberíamos incluir en esta categoría a la más que empalagosa Elizabethtown. En este sentido, Ella y Él tiene un estilo propio que, si Pérez-Garland se anima a quedarse en él en vez de seguir saltando entre géneros, podría convertirse en una voz del cine actual peruano: un soundtrack ad hoc, actuaciones en general bien trabajadas y momentos de una intimidad bastante honesta parecen un buen punto de partida para desarrollar un género romántico que ha estado descuidado en nuestra pequeña industria cinematográfica.


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