Julio Guzmán, líder del novel Partido Morado y tachado excandidato de Todos por el Perú, publicó una columna en su cuenta de Facebook sobre la votación del viernes en el Congreso, en donde el gabinete Zavala logró el voto de investidura que la ley exige.
En dicho texto, Guzmán expone la necesidad de que los partidos pasen de sus resentimientos electorales y "tengan la madurez emocional para dialogar" y trabajar para el país.
El Partido Morado, dice su líder, está a favor del voto de confianza que el Congreso le dio cifra récord al Gabinete Zavala. Pero no desaprovechó la oportunidad para llamar la atención sobre lo rápido que esta confianza puede deteriorarse si es que se mantienen las propuestas del 'chorreo' y la desregulación de este gobierno. "La misma receta económica", dice "que sucesivos gobiernos vienen haciendo desde hace tres décadas".
Guzmán recordó que ni el FMI, "paradójicamente considerado por muchos como el adalid del pensamiento neoliberal", aprueba este modelo de crecimiento. Señaló también que "sería muy bueno para todos los peruanos que el actual Gobierno recuerde que, si algo quedó claro de las últimas elecciones presidenciales" es que el pueblo peruano quiere un cambio. "Podemos hacerlo mejor", concluye.
Puedes leer la columna de Julio Guzmán íntegramente aquí:
El Congreso debe dar voto de confianza al gabinete Zavala. El Perú no puede parar, pero el nuevo gobierno tampoco puede insistir más en el "chorreo".
Los peruanos no podemos ser prisioneros ni debemos pagar la factura de los resentimientos o ánimos de venganza que existen entre nuestros políticos. La campaña electoral terminó. Ahora, queremos que nuestras autoridades elegidas dejen de pelearse y tengan la madurez emocional para dialogar y tomar decisiones urgentes a los serios problemas que afectan nuestra vida diaria. Por esa razón, el Congreso no solo debe dar a la brevedad el voto de confianza al gabinete Zavala para que el país no se detenga, sino también debe trabajar de inmediato con el Ejecutivo en aprobar las principales normas sobre temas urgentes e importantes como la lucha contra la corrupción y la inseguridad ciudadana, y la mejora de los servicios educativos y de salud. Todos los peruanos los estamos observando.
Pero esa confianza que hoy el Partido Morado solicita para el Gabinete Zavala, podría deteriorarse rápidamente si el Gobierno no cambia su enfoque de progreso, que es bastante anticuado. Hoy, el Gobierno actual le ha ofrecido al país la misma receta económica que sucesivos gobiernos vienen haciendo desde hace tres décadas, el "chorreo", esa idea obsoleta que sostiene que apoyando a los grandes inversionistas (con reducción de impuestos, desregulación, incentivos a la repatriación de capitales) los países generan más y mejor empleo, y reducen las desigualdades. El premier propuso al país un "chorreo compasivo", una versión neoliberal del progreso obsesionado con la gran inversión, acompañada de medidas aisladas de corte progresista, sin dudas necesarias, pero que no responden a una visión integral de país, y por lo tanto insuficientes para atender los grandes retos que tenemos rumbo al Bicentenario.
La reducción de impuestos y la desregulación, piedra angular del programa del Presidente Kuczynski, no funciona, ni en Perú ni en la China, y lo dice el Fondo Monetario Internacional (FMI), paradójicamente considerado por muchos como el adalid del pensamiento neoliberal. En un estudio del 2015 hecho en 159 países, demuestra que el chorreo crea más desigualdades y reduce el crecimiento económico en el mediano plazo. De forma interesante, el FMI dice que un enfoque alternativo más efectivo es concentrarse en las clases medias y en el talento de las personas.
El Presidente y el Ministro de Economía quieren bajar el IGV de 18% a 17% de inmediato y su premier ha dicho que "el objetivo de los próximos años es reducir las tasas de impuestos", así que ya estamos advertidos. La idea que sostiene que la reducción del IGV genera bienestar es ingenua. Señalan que, al bajar el impuesto, bajan los precios al consumidor, lo cual aumenta la capacidad de comprar de las personas, elevando su consumo y las ventas de las empresas, y por ende, la producción nacional. Esa secuencia lógica solo pasa en los libros. La inmensa mayoría de estudios en los países en desarrollo demuestran que eso no ocurre porque la única forma en que la reducción del IGV se traslade a los precios es que exista la suficiente competencia entre las empresas del rubro para que se animen a bajar el precio. En el Perú, la gran mayoría de negocios están dominados por monopolios y oligopolios. ¿Creen que las compañías de seguros, de telefonía, los bancos, las farmacias, cementeras, gasolineras, y hasta cervecerías, van a bajar sus precios cuando no tienen ningún incentivo para hacerlo? En la práctica, la reducción de impuestos planteada solo va a poner más plata en el bolsillo de los que más tienen y menos bienestar en las familias de los que menos tienen pues ahora el Estado contará con menor recaudación para financiar las urgentes necesidades de los más vulnerables. 1% menos de recaudación de IGV son 520 millones de soles menos al año, el equivalente a poner agua y desagüe a 172,000 peruanos.
Además, la reducción del IGV ya se aplicó en el 2011 en el gobierno de Alan García, cuando se bajó de 19% a 18%, usándose los mismos argumentos teóricos para implementarlo, y hasta la fecha no existe ninguna evidencia de los supuestos efectos en la producción y en la mayor formalización.
Reducir impuestos es una pésima idea. No aumentará el empleo y la producción, generará más desigualdades, deteriorará la situación fiscal de nuestro país y, por último, no ayudará a las empresas informales a formalizarse, pues las pequeñas empresas no se formalizan no porque los impuestos sean bajos o altos, sino fundamentalmente porque no pueden crecer lo suficiente ya que no tienen mercados a quien vender, unida a la absoluta indiferencia del Estado que no las abastece masivamente de crédito, servicios empresariales, y acceso a la innovación y a la tecnología. De todas las experiencias internacionales se desprende que, por lo general, las empresas "primero acceden a un mercado, y luego se formalizan", y no al revés. Por eso, más que un Estado que reduce impuestos y desregula para unos pocos, necesitamos uno que apoya y apuesta por todas sus empresas en todo nuestro territorio, para que crezcan y se diversifiquen a través de una estrategia integral que ofrezca servicios productivos, empresariales, de innovación y tecnología, de asociatividad, financieros, de inteligencia comercial, entre otros, como política de Estado.
Sería muy bueno para todos los peruanos que el actual Gobierno recuerde que, si algo quedó claro de las últimas elecciones presidenciales, es que los peruanos quieren un cambio, una nueva forma de hacer las cosas. El chorreo, lo mismo de siempre, no es la manera. Podemos hacerlo mejor.
El Partido Morado no es una organización política "crítica" o "de oposición"; somos un partido con opinión propia y una visión diferente. De esta manera participaremos de la vida política nacional los próximo años. Nuestros mejores deseos al Gobierno por el bienestar y la felicidad de todos los peruanos.
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