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Un filósofo hacker en la escuela

LaMula.pe conversó con Valentín Muro, filósofo argentino que estuvo hace poco en Lima participando en un interesante evento sobre educación y cultura hacker organizado por la Fundación Telefónica.

Publicado: 2014-08-14

El pasado martes 12 de agosto se llevó a cabo en la Fundación Telefónica un interesante evento titulado "Construyendo ciudadanos en la era digital" que convocó, como parte de la iniciativa "MayéuTic@ Personas y experiencias que transforman la educación", a dos personalidades para presentar, desde sus campos respectivos, nuevas propuestas sobre el uso de la tecnología en el mejoramiento de la educación en el Perú. 

Una de estas personalidades fue el joven filósofo argentino Valentín Muro, quien ofreció la ponencia "¿Cómo convertirnos en ´hackers´ educativos?", en la que expuso su punto de vista sobre cómo aprovechar algunos de los principios de la cultura hacker –como el libre acceso a la información, el colaborativismo, el experimentalismo o el principio de aprender haciendo–, en el ámbito de la escuela. 

Muro estudió Filosofía en la Universidad de Buenos Aires, donde investiga acerca de los límites de la inteligencia artificial y sus implicaciones en los desarrollos tecnológicos, tocando los campos de la Lógica y Computabilidad, la Filosofía de la Mente, la Filosofía de la Ciencia y la Técnica, entre otros. Actualmente investiga sobre la ética hacker. A principios de 2014 comenzó el Hackumental, un documental de código abierto acerca de la cultura hacker alrededor del mundo.


¿Qué significa ser un filósofo-hacker?

En principio soy estudiante de filosofía. El problema de hablar de sí mismo como hacker es que no tiene mucho valor: uno es un hacker por lo que hackea y por el reconocimiento que recibe de otros hackers. A lo que me dedico es a promover los valores de la ética hacker. Y realmente, el otro asunto es que ahora se utiliza tanto esa palabra que parece haber perdido su significado... El término surge en los años 59-60 en el MIT de Estados Unidos, un ámbito bastante cerrado, y antes del año 85 no la conocía nadie. Con la película Juegos de Guerra empieza a perfilarse el tema de los cibercrímenes; los medios necesitan una palabra para denominar a estos cibercriminales y encuentran la palabra hacker, que les funciona perfectamente. Pero hacker no definía originalmente a un criminal, esa fue una invención mediática. Luego, en el año 93, aparece la película Hackers con Angelina Jolie en la que nuevamente se refuerza ese estereotipo del hacker como criminal. Pero en el 99, con Matrix, de pronto ser hacker se volvió lo más cool que existe. De ahí en adelante ser hacker empieza a ser visto como algo deseable, algo a lo que aspirar. Así llegamos a la actualidad en la que el significado de la palabra, en gran parte, se ha diluido: se dice que todo se puede hackear, que todos podemos ser hackers.

una escena de la película "the matrix" (foto: warner bros.)

Pero mencionabas algo interesante que quizá es un poco menos conocido por el público en general: la ética hacker. ¿En qué consiste esta ética? ¿Cuáles vendrían a ser los valores positivos de la cultura hacker, suponiendo que nos podamos poner de acuerdo en lo que significa la palabra?
La idea de una ética hacker surge en los años 80, en parte gracias al trabajo del periodista estadounidense Steven Levy que escribe el libro Hackers: héroes de la revolución digital. Levy compone una serie de perfiles de hackers desde los años 50 en adelante, como por ejemplo los que se dedicaron a armar lo que iba a ser eventualmente Linux o proyectos similares. Y lo que él encontró es que estas personas, si bien muchas veces no tenían relación entre sí, a menudo compartían una misma perspectiva sobre el mundo, creían en las mismas cosas. Según Levy, los valores de la ética hacker tienen que ver con garantizar el acceso al conocimiento, con exigir no que se resuelvan los problemas sino que se quiten los obstáculos para resolverlos, con una pasión por cambiar el mundo, con la creencia de que con la tecnología se puede generar arte y un impacto positivo, y también con esta idea central de que un mismo problema no tiene por qué ser resuelto dos veces, no en el sentido de que no valga la pena evaluarlo desde diversos ángulos sino de que se debe hacer lo posible para que todos podamos acceder a la información que han generado otras personas que ya han pasado antes por ese mismo proceso.
Y eso tiene que ver, desde luego, con los valores que defiende el movimiento del código abierto.

Sí, ese es un principio que en la práctica se termina traduciendo en el movimiento del software de código abierto, que originalmente era el movimiento del software libre. Básicamente la idea es que podamos ver cuál es el estado de las cosas en la actualidad para poder, a partir de ahí, construir algo nuevo. Si nosotros tenemos que reinventar la rueda cada vez que nos enfrentamos a un problema es muy difícil que podamos enfocarnos en lo que queremos hacer finalmente.

El programador Ricard Stallman, fundador del movimiento del software libre (foto: anders brenna)

¿De qué forma se puede aplicar esto en el ámbito de la educación? Para algunas personas debe resultar contraintuitivo, sobre todo porque últimamente en las noticias los hackers han sido un poco pintados como villanos...
Claro, el hacker es necesariamente un rebelde, es anti-establishment, siempre va a ser una persona que lo va a cuestionar todo y que va a entender que las soluciones que tenemos son siempre provisorias. Por eso el hacker, por lo general, trabaja en un caos organizado; hay una cuestión anti-institucional que no se puede pasar por alto. Incluso las agrupaciones de hackers rara vez se reconocen como instituciones. Pero antes que en el tema de la educación pensemos en el conocimiento en general. Y un caso claro de aplicación de la cultura libre de la ética hacker al conocimiento es el de Wikipedia: es la idea de que podemos hacer una plataforma con el conocimiento acumulado de la humanidad. Y eso no entra en contradicción con lo que la mayoría de nosotros deseamos que suceda en las aulas. Para empezar, tenemos que repensar el rol del docente, que debe ser una autoridad, pero respecto a la disciplina, no respecto a los conocimientos. El docente no es el que sabe y que le va a trasmitir de forma vertical los conocimientos a los estudiantes, sino que va a aprender junto a ellos, y si algo no se sabe hay una plétora de recursos que pueden utilizar tanto el docente como los estudiantes para trabajar al respecto.
Cuéntame cómo empieza el proyecto que has venido a presentar en la Fundación Telefónica.
La pregunta que dio origen a esto es si se puede ser un hacker en la escuela y qué implicaría eso. La idea consiste en abrir espacios en donde pensemos simultáneamente en maneras alternativas de aprender; la propuesta concreta es la de generar espacios que hemos llamado “hackerspaces” o “makerspaces”, donde se pueden explorar todas estas formas alternativas de hacer las cosas y ver si resultan beneficiosas, para luego, si funcionan, incorporarlas a la educación en todos sus niveles. Nos interesa la idea de que hackear el funcionamiento del mundo interno de un aula es algo que pueden hacer tanto los docentes como los estudiantes trabajando en conjunto. La propuesta de instalar un make space (o espacio para la creación) implicaría esta noción de aprender haciendo y esta manera de poner a prueba ciertas ideas, por más que sean extrañas, sabiendo que tampoco hay mucho riesgo: la idea no es hacer cambios estructurales a gran escala sino hacer pequeños cambios e inmediatamente ver si funcionan o no.
¿Ya se ha experimentado con este modelo en algunas escuelas?
Claro, en realidad hace ya 5 años que se vienen instalando makerspaces en bibliotecas en Canadá, en algunos estados de Estados Unidos y hay muchos trabajos en conjunto entre escuelas y movimientos de hackers y de makers por armar estos espacios; en particular, en Buenos Aires hemos armado un makerspace para niños que acaba de abrir sus puertas, donde lo que nosotros ofrecemos es un espacio alternativo. Es fuera de hora escolar y es un espacio para armar y desarmar cosas a gusto. Ahí los chicos pueden hacer desde cohetes hasta bufandas o instrumentos musicales, lo que se les ocurra, justamente para poder explorar cuáles son sus intereses más allá de los que les dice la currícula escolar.
Ahora, es interesante porque en realidad esa currícula escolar es decidida al más alto nivel, en el gobierno; entonces uno se puede preguntar, ¿por qué es que el gobierno decidiría educar a personas con este perfil de rebeldía, o a gente capaz de desmontar algunas de las ideologías que precisamente son la razón por la cual van a la escuela?
Yo me pregunto exactamente lo mismo. O sea, la idea de introducir la ética hacker en la escuela es necesariamente peligrosa para la institución, aunque vista desde fuera sea sumamente deseable. Es decir, educar a las personas para que lo cuestionen todo genera científicos, genera grandes pensadores. Ahora, el sistema educativo en general no apunta a que la gente se cuestione cosas constantemente. Incluso la forma en que evaluamos a los estudiantes tiene más que ver con el uso de la memoria y repetir ciertas cosas. Entonces, claramente, es peligroso. Pero, al mismo tiempo, si lo enmarcamos en la idea de un bien mayor, es decir, que la educación realmente genere personas útiles y que puedan afrontar, incluso, el mercado que se nos viene encima a toda velocidad, entonces sí se volvería inmediatamente deseable para los gobiernos donde no se están formando estas personas.
¿Hay algo que te gustaría añadir sobre esto?
Sí, que mi preocupación en la actualidad respecto de esta buena luz que de pronto tienen los hackers y cómo se habla a veces con demasiada soltura de la cultura libre y de la ética hacker y demás… mi preocupación ahora es que cuidemos a los niños que están incorporando todos esos valores porque, cuando efectivamente terminan siendo rebeldes que lo cuestionan todo, terminan siendo perseguidos, siempre. No estoy hablando de crímenes informáticos sino de oponerse a atropellos gubernamentales o, en particular, a atropellos sobre la cultura libre, todos los problemas que hay sobre el copyright o sobre conocimiento académico acumulado en grandes servidores a los que hay que acceder únicamente pagando mucho dinero. Eso atenta directamente con el avance de la ciencia y no podemos, entonces, educar a personas para que lo cuestionen todo y de pronto darles la espalda y terminarlas persiguiendo políticamente. Creo que, a nivel social, en general, se tiene que contemplar esto para evitar que eso pase.
Yo me pregunto si no hay peligro también con los hackers de jugar un poco a Dios a veces con la información. Por que eso es lo que ha pasado, por ejemplo, con el caso de Wikileaks o de Aarón Swartz, cuando descargó todas estas publicaciones de JSTOR. ¿El hacker no está un poco por encima de la ley, por encima de las estructuras institucionales?
Eso pretende.
¿Pero no hay un peligro ahí? Sobre todo si uno desea implantar este tipo de pensamiento en el colegio.

Es que en realidad creo que si está bien enmarcado… Pero sí, es cierto que Aaron Swartz se terminó arrepintiendo de haber hecho lo que hizo. 

aaron swartz en una protesta contra el proyecto de ley sopa (Fuente: wikipedia.org)

No terminó bien, digamos. Y realmente es terrible lo que le pasó, era un tipo increíblemente brillante.

No claro, más allá de que se terminó suicidando, incluso en sus conversaciones con Lawrence Lessig, él reconocía que no había sido una buena idea hacer eso. Incluso, lo más complejo de la situación con Aaron fue que descargó el material y no sabía bien para qué, no se sabía si él lo quería liberar o si simplemente quería analizar esta información, lo que se conoce como Big Data o machine learning, encontrar patrones en los documentos que descargada. Realmente no se sabía si él iba a publicar todo eso. Pero en general, lo que pasa en ese marco es que todas esas personas crecieron en un mundo que no los contemplaba como posibilidad tampoco. Ese tipo de reacción surge por el sistema en el que ellos crecieron. Si nosotros pensáramos la forma en que contemplamos y formamos a esas personas no necesariamente tendría que haber choque; esto es, si el gobierno fuera transparente no necesitaríamos gente que estuviera haciendo acciones, muchas veces fuera de lo legal, para manifestar esa transparencia, por hacer justicia por mano propia en donde no tiene sentido. Si nosotros les marcamos gubernamentalmente entonces pierden sentido muchas de estas acciones que son de los rebeldes.


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Escrito por

Alonso Almenara

Escribo en La Mula.


Publicado en

Redacción mulera

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