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“Mi trabajo es mostrar que el mestizaje es un enriquecimiento”

LaMula.pe conversó con la destacada artista visual Claudia Coca a propósito de "Mestiza", la muestra antológica que reúne 15 años de su producción en el MAC hasta el 28 de setiembre. 

Publicado: 2014-07-30

Claudia Coca (Lima, 1970) se graduó en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima en 1994. Desde entonces, su trabajo plástico, que abarca la pintura, la fotografía y la instalación, se ha venido afirmando progresivamente como una de las propuestas artísticas más personales y combativas del medio local, a la vez que su visión crítica de nuestra compleja realidad social, marcada sobre todo por una sensibilidad extraordinaria antes los problemas planteados por las múltiples formas de discriminación que pueblan el imaginario peruano, le ha valido el reconocimiento como una activista política de indudable coraje e integridad, comprometida con la defensa de los valores de la democracia y los derechos de las minorías. 

Vale la pena recordar que en el año 2000 Coca fue miembro fundador del Colectivo Sociedad Civil, un grupo de voluntarios que confrontó la dictadura de Alberto Fujimori con una serie de intervenciones y happenings de los que “lava la bandera” es probablemente el más recordado. Dos años después ganó una beca para el Tercer Coloquio de Derechos Humanos en Sao Paulo, Brasil, y tuvo a su cargo, además, junto con su colega y frecuente colaboradora Susana Torres, la dirección de arte de la Entrega Simbólica del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú en Ayacucho. 

En 2009 llegaron dos importantes reconocimientos: la artista ganó el segundo premio del Concurso Nacional de Pintura del Banco Central de Reserva del Perú y participó en la "Trienal de Chile", llevada a cabo en el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago. Por otro lado, desde 2011 es Directora Académica de la Escuela de Arte Corriente Alterna. Ese mismo año fue incluida en el volumen Pintura Latinoamericana Contemporánea editado por el curador e historiador del arte chileno Edward Shaw y que incluye a artistas destacados de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Uruguay.
(Fotos: Ana Cabrera)

foto: ana cabrera / Lamula.pe

La muestra "Mestiza", que se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo de Lima hasta el 28 de setiembre, reúne una parte sustancial de su producción desde fines de los noventa, agrupándola en función de uno de los principales ejes temáticos de su trabajo: la problemática del racismo en el Perú y la construcción de un mestizo empoderado.

La exhibición incluye, por lo tanto, muchas de las piezas más famosas de notables exposiciones individuales como "Revelada e Indeleble" (2011) Antología 2000-2011, presentada en el Museo de Arte de San Marcos; "Globo Pop" (2007), quizá la serie de cuadros más potente de Coca, cobijada por la Galería Vértice; "Peruvian Beauty: Centro de Estéticas" (2004), presentada a dúo con Susana Torres en la Galería Luis Miro Quesada Garland de la Municipalidad de Miraflores; y "¡Qué tal Raza!" (2002), una de sus primeras individuales en la galería Forum. 

Aprovechando la ocasión, nos sentamos a conversar con Claudia a propósito de temas como la evolución de su propuesta desde que irrumpiera en la escena artística local en el contexto convulso de la dictadura de Fujimori; la relación entre vida y obra; el lugar del autorretrato en su producción, que se presenta a la vez como dispositivo crítico y como una puerta abierta al juego de roles; y, finalmente, la relación, crítica y fructífera, de su trabajo con el pasado y con la producción de otros artistas peruanos de su generación.


Lo primero que llama la atención en la muestra es la consistencia de tu trabajo a lo largo de los últimos quince años: hasta en los primeros cuadros de fines de los noventa se puede rastrear la presencia de un discurso crítico, de una actitud cuestionadora y confrontacional que ha venido caracterizando tu obra hasta el día de hoy.

Sí, definitivamente desde que termino la escuela he tenido una preocupación por elaborar un discurso; estaba muy segura de que la obra que iba a producir tenía que decir algo. Debía ser una obra útil además de artística, un arte que no solamente invite a la reflexión sino que pueda, de cierta forma, entablar una comunicación más cercana con el público. Yo sí creo que el arte cumple una función en el mundo, y esa función es la de mejorar a la humanidad. Se trata de construir propuestas que ayuden, por lo menos, a dilucidar los problemas que tenemos, a reflexionar sobre ellos, a ser críticos, a ponernos en un lugar desde donde podamos tener respuestas y tal vez soluciones a aquellos problemas que la sociedad ha generado, no solamente en el Perú sino en todo el mundo.  

Ahora, recuerdo mis primeros trabajos con mucho cariño, pero creo que mi producción fue cambiando poco a poco. Al inicio estaba en terrenos mucho más lúdicos y me preocupaba más por desarrollar cuestiones de técnica, también, aunque ya había una reflexión sobre el Yo que estaba empezando a asomar. La individual del 98 ["Cielito Lindo", en la galería Forum] me parece que es el momento en que empiezo a acercarme a la creación de un discurso. Como les digo a mis alumnos, hay un momento en el que aprendes a pintar, a hacer buena fotografía, a hacer una instalación, ya tienes una técnica, y es entonces que te planteas: ¿qué haces con esa técnica? ¿Qué dices con esos medios? No basta con pintar bonito. Y es un poco lo que pasó con mi proceso. Ya tenía los medios técnicos-visuales y además había entrado al circuito artístico, me fue muy bien apenas salí de Bellas Artes, tuve suerte. ¿Qué podía decir, entonces?

foto: ana cabrera / lamula.pe

Sabía, por otro lado, que tenía que hacer algo paralelamente a mi producción artística. Tenía que trabajar para poder sostener la seriedad de mi obra y asegurarme de que nunca me viese sometida a las reglas del mercado, a tener que pintar cosas que gustasen para seguir vendiendo. Empiezo entonces a enseñar desde muy temprano, desde el quinto año o sexto año en la escuela, y en paralelo fui desarrollando mi obra. Y sí, definitivamente lo que yo trabajo son los problemas que me preocupan.

Un aspecto interesante de tu trabajo es que nos ofrece una lectura crítica de problemas que nos atañen a todos los peruanos, como el racismo o el clasismo, pero en base a una mirada sumamente personal donde lo femenino aparece en primer plano. Tus cuadros, que son en mayoría autorretratos, están poblados de heroínas y de mitos femeninos, de personajes a veces muy famosos como la Mujer Maravilla, la protagonista de Mi bella genio o Sarita Colonia. Hay una atención especial a temas de género que podemos reconocer a lo largo de toda tu obra y que te emparenta con artistas como Natalia Iguíñiz y Susana Torres. Tengo la impresión de que, de un tiempo a esta parte, el arte peruano se ha abierto gracias a ustedes a estas posibilidades que unas décadas atrás prácticamente no tenían ningún espacio para expresarse.

Bueno, Susana empezó un poco antes que yo… Viene trabajando este tema muchos años. Natalia es algo menor, terminó la escuela en el 94-95 y nos conocimos a raíz de las muestras colectivas a las que nos invitaban juntas. De hecho, uno de los cuadros incluidos en esta muestra, La otra, parte explícitamente de una idea suya.  

"bumeran" y "la otra"

Como te habrás dado cuenta, yo me nutro de todo. Todo lo que a mí me parece que me invita a la reflexión y a lo que puedo darle una vuelta más, lo voy a tomar. Y sí, Susana Torres es un referente, obviamente. Ella tiene mi edad pero ya estaba trabajando a principios de los 90. No estudió en Bellas Artes sino en San Marcos; estudió historia del arte y es desde ese lado que empieza a desarrollar su obra.

Pero hay varios otros artistas de mi generación que me interesan mucho. Miguel Aguirre es uno de ellos. Entre los artistas un poco mayores me gustan mucho Alfredo Márquez y Fernando Bryce. Me interesa la producción de Piero Quijano, también. Todos ellos manejan un tipo de discurso que me atrae, más allá de los puntos en común que podamos tener a nivel plástico.

Desde luego, tu obra se acerca a temas que han sido tratados por artistas peruanos de generaciones anteriores –se me vienen a la mente ciertas similitudes entre tu trabajo y el “pop achorado” o la producción de los NN– pero me parece que lo tuyo se enmarca en una tendencia algo menos oscura y mucho más afirmativa dentro del arte peruano reciente…

Sí, lo mío es menos dark... Yo creo que el pop achorado aparece por una necesidad de la época, y obviamente todos los artistas peruanos que venimos después vamos a habernos empapado de eso y va a ser difícil que nos podamos escapar de estos estímulos. No es que yo haya revisado la Carpeta Negra en la época en que aparecía, pero sí, es verdad que ahora la tengo mucho más consciente. Me gusta mucho el trabajo de Alfredo, sobre todo; creo que de los NN es el que más me interesa. Hay trabajos suyos que definitivamente me han impactado, como Katatay, que presenta a personajes del Ande con el extracto de Arguedas: “Dicen que somos el atraso”. Es algo tan fuerte... Y es una obra a la que yo hago referencia, también, en uno de mis cuadros.  

"40 (dicen que somos el atraso)" de claudia coca y "katatay" de alfredo márquez 

Recuerdo que me encontré con ese aviso luminoso en la calle y luego volví a verlo en la galería, y obviamente es algo que me conmueve y me estimula. Pero finalmente este ingreso y salida que he tenido con el pop ha sido solo eso, una etapa en mi recorrido encontrando un lenguaje visual, un poco por las cosas que quería decir en ese momento. Como artista visual mi trabajo consiste, finalmente, en buscar la mejor manera, la mejor técnica, la mejor disciplina para decir lo que quiero decir.

El pop me ha servido, en particular, para usar viñetas y poner textos en mis trabajos, que es algo que me interesa muchísimo. Para mí los títulos son bien importantes, también; son un complemento, el índice de la obra. Entonces el pop me permitía eso, además de tener acceso al lenguaje visual del cómic que resulta mucho más accesible para el público. Fue una estrategia. 

"Crying girl, après lichtenstein"

Hablemos del tema del autorretrato. Es como si en cada trabajo te pusieras un ropaje distinto y adoptaras, además de un lenguaje visual distinto, las características propias de heroínas de diversas épocas. Es el caso, sobre todo, de las obras que conforman la muestra "Peruvian Beauty: Centro de Estéticas". Tienes un autorretrato en el estilo de Modigliani, otro en el de Klimt, otro en el de Lichtenstein, etc.

Ese fue de hecho un trabajo bipersonal con Susana Torres que hicimos en el 2004. Revisamos aquellos códigos visuales, aquellas exigencias estéticas en torno a la mujer: nuestros símbolos, iconos, nuestros referentes de belleza. Basta con prender la televisión para darse cuenta de que estas cosas existen. Pero se trata, por supuesto, de construcciones, y la idea era rastrear de dónde vienen. 

"judith, Après Klimt"

Empezamos con Guamán Poma. El cuadro en el estilo de Guamán Poma es de Susana y yo trabajé el tema de Las tres Gracias de Rubens. Lo que hicimos fue un juego, una forma de llamar la atención sobre esta dualidad de la peruana, del mestizaje.

Tenemos, por un lado, a la mestiza con apariencia blanca en los cuadros peruanos y andinos, y por otro lado a la mestiza aparentemente india en los cuadros occidentales. Ese fue el principio que establecimos, como una especie de juego de roles para trastocar esas apariencias estéticas clásicas. Tenemos también un díptico de cuadros peruanos: en uno aparece Susana como una Ñusta de la escuela cusqueña y en el otro estoy yo como una Virgen de la escuela limeña. Esos dos cuadros no están aquí pero forman parte de la muestra que se expone actualmente en la Sala Luis Miró Quesada Garland.

"Las Tres Gracias, après rubens" y "Virgen Inmaculada, après escuela limeña"

Esa serie incluye también una foto en la que aparecen Susana Torres y tú en un salón de belleza. Hay algo medio ambiguo ahí... Por un lado, tenemos una cierta lógica subversiva –la que señala, con razón: “esta es la violencia que se ejerce sobre nuestros cuerpos”–, pero hay también un lado ligero, medio irónico, que es la posibilidad del goce y del consumo. Hay una mezcla de crítica social con un cierto hedonismo. ¿Cómo se maneja uno en este límite entre el arte comprometido y una exploración del Yo, del placer que uno siente al verse representado bajo múltiples ropajes?

Yo creo que el humor y la ironía son armas magnificas para comunicar y que no todo tiene que ser oscuro o muy serio en el arte. Hay que ser capaz de burlarse de uno mismo también. En esa foto, por ejemplo, Susana y yo aparecemos con los ruleros y con el tinte y el maquillaje en este centro de estética, construyéndonos a través de los códigos actuales pero recibiendo también, al mismo tiempo, esa pesada carga de la tradición… y es que, históricamente, la mujer siempre ha construido su imagen a partir de lo que el hombre ha querido. Todos los artistas que visitamos en “Peruvian Beauty” son hombres. Hay un tema de género que nos parece muy importante, a Susana y a mí, que tiene que ver con cómo la cultura va construyendo esta imagen a la que nosotras tenemos que responder como mujeres, y que no solamente es una cuestión actual sino que es una herencia, es algo histórico.

"Centro de Estéticas" (Torres - Coca)

Pero ustedes proponen al mismo tiempo modelos alternativos de feminidad. Me viene a la mente, por ejemplo, ese autorretrato tuyo en el que te pones en la piel de una boxeadora. Es una mujer que da una sensación de empoderamiento total.

Quería construir la imagen de una mujer regia, en forma, luchadora, que no tiene que estar con el pelo pintado o maquillada para verse empoderada. Es eso, es un cuadro de una mestiza empoderada, que es a fin de cuentas lo que más me importa de toda esta reflexión.

"luchadora"

De acuerdo, y es por eso que te decía que hay en tu obra un carácter constructivo, afirmativo, que quizá ha estado menos presente en el trabajo de los artistas un poco más “dark” de los que hemos hablado.

Creo que alguien ha escrito sobre mi trabajo y su relación con El laberinto de la choledad. Sí, vivimos en un laberinto muy oscuro. Y definitivamente coincido con muchos sociólogos en que el problema tiene que ver con una herencia colonial. Gonzalo Portocarrero decía el otro día en la conferencia de inauguración de la muestra que los peruanos seguimos estando colonizados mentalmente. Y eso se refleja por ejemplo en el hecho de que no podemos ver lo bueno en nosotros, de que no podemos apreciar que el mestizaje es parte de la nación, parte del mundo globalizado, que el racismo es una construcción para jerarquizar y para que los más poderosos puedan someter al resto. El racismo es simplemente una relación de poder, porque como sabemos las razas no existen; los racistas sí. Muchas veces somos racistas por inconsciencia, por ignorancia, porque nos han enseñado a ser así, desde el modo en que están hechos los textos de Historia del Perú en el colegio, desde el trato con nuestros abuelos... Todo el Perú se ha construido con esa vergüenza, con esa mancha de tener antepasados andinos, sobre todo. Mi trabajo es encontrar la manera de mostrar que no es una mancha, que el mestizaje es un enriquecimiento.

"...por qué nos odian tanto?"

Eso me recuerda un poco el proceso de puesta en valor de la herencia afroamericana en los Estados Unidos, aunque evidentemente los contextos sean distintos. En un momento apareció el movimiento “Black is beautiful”, que fue una de las tantas formas de decir: “no somos solamente una población herida, marginal, sino que tenemos estos valores, tenemos esto que proponer, somos bellos”.

Pero yo no sé si los norteamericanos de ascendencia afro se vean más o menos negros ante el espejo. Los peruanos no podemos evitar vernos más blancos y, al mismo tiempo, más cholos o más mestizos que el otro. Hay una imposibilidad de reconocimiento hasta en el espejo, un complejo de no quererse y de no aceptarse tal como se es que hace que tampoco podamos aceptar al otro. La construcción de una autoestima en esa situación es prácticamente imposible.  

"Las primeras mezclas y otros cruces"

"my kingdom for a make-up"

Pero quizá si abres las capas, si construyes a un mestizo empoderado, un mestizo que pueda verse reflejado en el espejo sin complejos, quizá puedas cambiar esa visión. Yo soy bien ambiciosa: para mí el artista de referencia en la historia del arte es Joseph Beuys y sí, creo como Beuys que el arte puede cambiar a la humanidad, que todos podemos ser artistas y que cada paso que puedes dar en beneficio de la humanidad te convierte en un artista. Parece una tarea imposible y uno se dice para qué tratar, pero es lo que yo hago: trabajo sobre la construcción de la autoestima.

¿Te consideras feminista?
No desde el lado académico, no tengo estudios de género, pero creo que el feminismo es una necesidad. Y hasta que las cosas no sean equilibradas entre hombres y mujeres creo que las mujeres debemos formar parte de eso.
Ahora, imagino que pintar esos autorretratos donde te pones en la piel de diversos personajes ficticios debe haber modificado de algún modo la percepción que tienes de ti misma...

Sí, pero eso se dio hace muchos años… Todas las inseguridades salen a flote en mis primeros cuadros, en los 90. He tenido que aprender a quererme porque crecí en una sociedad en la que he sentido de cerca el problema del racismo en el colegio y he tenido novios, por ejemplo, que me han hecho sentir distinta. He tenido la suerte de no ser discriminada, pero sé que muchos peruanos no se sienten así. Hay una construcción de la inseguridad desde los padres, desde que tu papá le dice en broma a tu mamá: “me casé contigo para mejorar la raza”. Ser mestizo, cholo, en este país, es complicado; pero ser mujer implica otra capa de dificultades y ser pobre, provinciano, del Ande… La preocupación es tremenda. Yo tuve la fortuna de pasar por el psicoanálisis y eso me ayudó a ver la vida de otra forma, pero no ha sido fácil.

Lo que me dices sobre la discriminación y la idea de aprender a quererse me recuerda un poco a Jaime Higa y el tema de la homosexualidad en su obra. Hay un punto en común entre ambos, que es el autorretrato, que para él también funciona como un dispositivo crítico y como una especie de invitación a un juego de roles. Él tiene por ejemplo un autorretrato magnífico como Frida Kahlo...
Sí... A mí me encanta Jaime Higa.
¿Qué me dices de estos cuadros recientes en los que apareces junto a tu esposo e hijos? Curiosamente son algunas de las obras más sombrías de esta antología, a pesar de que existe esta especie de estigma de la felicidad en la familia.

Bueno, son citas a los cuadros de las castas del Virrey Amat. Son imágenes oscuras que contienen ciertas poses extrañas, con personajes que a veces no están mirando de frente. Fíjate, Hugo está con la mano extendida de una forma que no parece natural. Todo está pensado en relación con el modelo. Hice dos lienzos; en el primero ninguno de nosotros mira de frente, pero en el segundo hay mayor seguridad y cierto desafío, cierto gesto de poder, que es el mío.

"...de castas y mala raza"

¿Cómo te sientes, finalmente, al ver todo este trabajo reunido aquí en el MAC?
Fue un desafío enorme exponer aquí, en un sitio de este tamaño. El MAC se ha portado espléndidamente, estoy feliz. Ha sido la mejor experiencia que he tenido en cuanto a la realización de una muestra: el equipo curatorial, el de comunicaciones, la dirección, la coordinación, desde Isabelle de Moreau, Juan Peralta, Álvaro Roca-Rey, todo el equipo en realidad ha sido un lujo. Estoy inmensamente contenta. Cuando me enseñaron la sala era como wow, ¿ahora qué hago con esto? Y sí, ver cerca de 40 obras reunidas ha sido una sensación muy bonita. He podido ver cuadros que no veía desde hace mucho tiempo, y me gusta cómo ha quedado la secuencia de los trabajos. Verlo todo junto es distinto porque el recorrido no es fragmentado sino que funciona como una unidad. No lo tenía tan claro hasta que empecé a trabajar este año nuevamente en mi portafolio.
Te habías alejado un poco del mundo de la pintura cuando empezaste a trabajar como directora en Corriente Alterna, ¿verdad?

Son dos hitos importantes: el nacimiento de los niños y la dirección de la escuela. En el 2007 produzco la muestra “Globo pop” a los meses de nacido Leandro, mi hijo mayor. Al mismo tiempo estaba dictando unas pocas horas de clase en Corriente Alterna y terminé realmente agotada. No quería volver a ver un pincel en mi vida... Como me fue bien con la muestra no tuve la necesidad de trabajar y me pasé prácticamente dos años y medio solo en la crianza de Leandro. Luego regreso a la escuela, empiezo a producir un poco, salgo embarazada de Julián, nace Julián, más la dirección… Entonces me ha sido muy difícil conciliar la producción personal con la crianza de los niños y la escuela. Pero todo tiene que volver encajar. Hay momentos en que uno piensa que la maternidad es lo máximo y no ve más allá y crees que estos dos seres pueden ser tus obras y puedes construirlos como seres humanos íntegros y aprender a sobrellevar la vida y el Perú... Sí, creí en algún momento que ya no era tan necesario producir. 

"...entre lo dominante y lo vestigial"

¿Qué ha cambiado, entonces?
Pero es que eso era totalmente falso, fue solo un momento del enamoramiento con mis hijos... Luego empiezan a surgir nuevamente las necesidades de comunicarte con el resto mediante lo que sabes hacer…
¿Te sientes conectada con lo que están produciendo los jóvenes, con tu trabajo de profesora?

Yo siempre he enseñado dibujo y después fundamentos visuales, un poco de pintura, proyecto y comunicación visual. Cuando enseñaba fundamentos visuales era a alumnos de diseño. La pregunta que siempre me hacía era: ¿qué podía hacer yo para que estos chicos no solamente aprendieran a manejar el color y la forma, cómo hacerlos reflexionar ante la vida? Entonces los hacía leer, los hacía ver cosas. Tengo alumnos que seguramente se van a acordar de mí porque los obligué a leer La fiesta del chivo en el 2000-2001 y era como una cachetada de realidad para los chicos por los paralelos con el fujimorato y Montesinos. Y así es como he ido trabajando para poder ser feliz como profesora. Con los alumnos de arte ya me he vacilado mucho más: los he hecho leer a Gonzalo Portocarrero, ver películas de Lars von Trier, cosas que los han removido y creo que en ese sentido van a acordarse de mí de todas maneras.


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Escrito por

Alonso Almenara

Escribo en La Mula.


Publicado en

Redacción mulera

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