Aunque cambies de color, sigues siendo la misma

Viuda de Bustíos: "Su cuerpo estaba hecho jirones"

El testimonio de Margarita Patiño, viuda del periodista asesinado por el Ejército, caso en investigación judicial que involucra al ministro del interior, Daniel Urresti.

Publicado: 2014-07-04

El ministro del Interior, Daniel Urresti, reclama el que lo estén investigando judicialmente por un asesinato ocurrido en 1988, el del periodista Hugo Bustíos, corresponsal de Caretas ultimado por una patrulla militar en Ayacucho, durante el conflicto armado interno.

El ministro alega que los hechos ocurrieron hace muchos años, y que en todo este tiempo no se ha mencionado nada sobre su presunta participación. Lo cierto es que la corte que sentenció a dos militares por este caso (el teniente coronel Víctor La Vera y el capitán Amador Vidal), lo hizo recién en 2007, pues el caso fue sobreseído en distintas instancias, y sólo fue posible juzgarlo casi veinte años después, y luego que la Comisión de la Verdad presentara en su informe final este caso. Como muchos casos de crímenes de lesa humanidad en el Perú.

Esa misma corte ordenó que se iniciarán investigaciones para encontrar a los demás implicados en la muerte de Bustíos y en el intento de asesinato de su colega, Eduardo Rojas Arce. Consecuencia de esa determinación es que un fiscal presentó denuncia contra Urresti, la que ha sido admitida en 2013 por el juez. En junio de 2013, un año antes que Urresti fuera nombrado Ministro, tres meses antes que fuera designado "zar" para la minería ilegal.

Así que este no es un tema nuevo que se saque a la luz pública para atacar al ministro del Interior. Es un caso de violación a los derechos humanos que sigue su juicio. 

En abril de 2002, Margarita Patiño, la viuda de Bustíos, presentó su caso en una de las audiencias públicas organizadas por la Comisión de la Verdad y Reconciliación. A continuación, compartimos su testimonio.


TESTIMONIO DE LA SEÑORA MARGARITA PATIÑO DE BUSTÍOS

Doctor Salomón Lerner Febres.

La Comisión invita a la señora Margarita Patiño de Bustíos, se acerque para prestar su testimonio.

Señora Margarita Patiño de Bustíos. ¿Formula usted promesa solemne de que su declaración la hará con honestidad y buena fe, y que por tanto expondrá la verdad de los hechos, que va a narrar es valgan verdades de los hechos?

Voz de Margarita Patiño de Bustíos.

Sí, juro.

Doctor Salomón Lerner Febres.

Gracias, puede tomar asiento.

Señora Margarita Patiño de Bustíos.

Gracias.

Voz de comisionada.

Señora Bustíos la invitamos a que dé su testimonio y le vamos a escuchar con bastante atención, puede empezar.

Señora Margarita Patiño de Bustíos.

Señores representantes de la Comisión de la Verdad y la Conciliación, señores representantes de todo medio informativo, digna concurrencia oyente, tenga todos ustedes un buen día, soy Margarita Patiño Rey-Sánchez, esposa de Hugo Bustíos Saavedra, quien falleció el veinticuatro de noviembre de 1988, asesinado por dos militares que estaban en plena patrulla, militares del Ejército Peruano, permítanme dar un alcance de lo que era Hugo Bustíos Saavedra.

Hugo Bustíos Saavedra nació un veinte de febrero de 1950, aquí en la localidad, ciudad de Huanta llamada La Bella Esmeralda de los Andes, fue el her... hijo mayor de nueve hermanos. Fue un padre amoroso, fui la esposa de él, de cual, de nuestro amor, tuvimos cuatro niños, tres hijas mujeres y un varón; antes de ello, en 1984, nosotros, o sea, perdón, nosotros, empezamos casados, él fue corresponsal de la revista Caretas, fue comerciante, y bachiller en derecho, como bachiller en derecho se había especializado a hacer recursos de amparo en protección de los más necesitados, fue un hombre que quería mucho a su tierra natal, la tierra que lo vió nacer, dedicado. Le costó llegar a él a donde estaba, porque fue de cuna humilde, fue de cuna humilde, estudió derecho y avanzamos, nos dedicamos al comercio de productos tradicionales de la región como son, la cochinilla, el barbasco, la lucma; luego formó una empresa llamada PROEXTA que estuvo al servicio de todos los campesinos de lo que era el agro, nos dedicamos a la venta de maquinarias, todo lo que acontecía, lo que es la agricultura, prestó asesoramiento de infestación de cochinilla, de plantaciones de tara y los hacía completamente gratuitos.

El primero de marzo de 1984, siendo las doce de la noche, entran a casa irrumpiendo, los infantes de Marina, rompen la puerta a patadas, matan a un perro que teníamos de un balazo, despiertan a todo el mundo, sobresaltados nosotros porque, estábamos durmiendo, despertamos, qué pasa, salgan todos afuera, perdonen ustedes que sea grosera, salgan ustedes afuera carajo y nos empezaron a mentar a la madre, todos con pasamontañas y bolseguís, los zapatos los bolseguís, salimos todos, ahí estaba mi hijo, el último, el varoncito, y decían, todos los hombres a la pared, con las piernas abiertas, Hugo, tan pequeñito como era, entendió eso porque él tenía en aquel entonces cuatro años, también levantó las manos, abrió las piernas y se pegó a la pared.

Entonces empezaron, se metieron a todos los ambientes, empezaron a sacarnos a todos, y en eso yo hablo y digo, qué pasa, le digo, por qué actúan así, qué es lo que hay. Uno de ellos me mete un culatazo de FAL. Entonces Hugo reacciona y dice, a mi mujer nadie la toca y deja eso ¿no? Ah ya, te haces el bacán, muy bien, jalaron una manta que teníamos en el sillón del mueble, le cubren el rostro, y le digo, por favor, le digo por qué se lo van a llevar, por favor no hagan esto y me dice, tú cállate, mañana vas normal y tú le llevas su desayuno, queremos hacerle unas preguntas nada más, se retiran llevándolo a él.

En eso, al día siguiente, a las seis y media de la mañana, voy llevando el desayuno hacia la policía, la Guardia Civil en aquel entonces, en ese momento le digo, por favor he traído el desayuno a Hugo Bustíos Saavedra. ¿Hugo Bustíos Saavedra, señora?, me dice, no, él no está acá, nosotros no hemos... no hemos hecho. Ustedes han hecho de repente alguna redada fusionada, le digo, no, no, me dice, fui a la Policía de Investigaciones, igual negativa, a la Policía de la Guardia Republicana, igual nada; entonces yo dije, qué pasa. En aquel entonces los infantes de Marina toman como... como local de establecimiento el estadio nacional, el estadio municipal de Huanta. Entonces, fui y le dije, he traído el desayuno acá a Hugo Bustíos Saavedra, zafa, zafa cocodrilo qué quieres tú acá; le digo, por favor; que, que, quién a dicho que Hugo Bustíos Saavedra esta acá. Total me movilicé el primer día, el segundo día, el tercer día, sin alivio alguno, porque Hugo había desaparecido, entonces era cosa sabida de que una persona que había desaparecido en La Marina, si no aparecía hasta el tercer día, era cosa de irlo a buscar a los lugares donde tiraban a los cadáveres.

Los lugares eran, Ayawarcuna, Paccosán hasta el puente de Alccomachay, en ese, en ese lapso fuimos nosotros buscando y justo en Ayawarcuna fuimos los hermanos de Hugo que es Américo Bustíos, Edwin Alfredo Bustíos, y otros amigos más fuimos en la camioneta. Teníamos una camionetita DATSUN nosotros, nos fuimos en ella, y vimos tirados y ví a uno que estaba con casaca negra de cúbito ventral y le digo, Américo, le digo, ese de casaca negra es Hugo, le dije así, entonces volteamos y no era él, volteamos al otro, no era, eran ocho los que estaban tirados ahí, ninguno de ellos era Hugo.

Tanta fue mi desesperación que viajé inmediatamente a Lima, y para esto, yo tengo un compadre, que es padrino de bautizo de mi hijo Hugo Nazareno Bustíos Patiño, el señor Oscar Rizo- Patrón Velarde. Fui, le dije, compadre, le dije, hay esto, Margarita no te preocupes mira yo lo conozco a Silva Ruete, en aquel entonces Ministro de Economía, él tenía un conocido que era el almirante, no sé porqué medio, pero era conocido con el almirante de La Marina; entonces me dan una tarjeta con... con eso y me vine con las mismas. En ese mismo momento ingresé al... a la puerta del Ejército Peruano en Ayacucho, donde comandaba el general Huamán Centeno. General, le dije, por favor, vengo por Hugo, le dije, este es una tarjeta que me han enviado.

Disculpen, voy a interrumpir, él es Hugo Nazareno, mi hijo, el último, que hizo los dos viajes que luego voy a informar.

Entonces, me dice, sí, qué hay, ay hijita, me dice, no te preocupes, anda a tu casa, posiblemente debe estar ahí Hugo, porqué el Ejército no, no lo ha traído, ni la Marina, pero si es así, yo voy hacer una investigación exhausta para determinar quiénes son los responsable de esto; entonces o nos vamos en el helicóptero, entonces yo no quise, le dije, no, porque habían voces que los tiraban hasta de los helicópteros a todos los detenidos. Habían atrocidades. Yo tenía cuatro niños, todos tiernos y decía, si yo falto qué va a ser de ellos. No, dije, no general, le dije; por qué tienes miedo. Entonces, le dije, es que ustedes saben tirar del helicóptero. Quién te ha dicho semejante barbaridad. General, le dije, no voy a subir. Yo lo espero en Huanta, si va.

Esa noche me llega un mensaje ¿no?, que era una señora que habían soltado a su hijo, y dice que él había gritado y había dicho, por favor si alguno sale con vida de acá, vivo en el barrio de la Alameda, mis padres son fulanos de tal, y mi esposa es fulana de tal, digan que estoy acá; entonces como él me dice eso, al día siguiente voy y me agarro de los barrotes de aquí del estadio y le digo, por favor, le digo, sé que Hugo está acá, y en eso había un... un soldado y me dice, señora cómo era su esposo, me dice, le dije, era gordito, vino con una casaca negra y unos botines. Y en eso, sale un oficial y dice quíay, quíay, quíay, qué pasa con estos caimanes acá, y el chico retrocede casi detrás del oficial y me guiña el ojo. Para mí fue suficiente eso. Entonces, dije, no, Hugo está acá. Hugo está acá, le dije, Hugo está acá y me lo devuelven, y si lo han tirado, díganme dónde, para darle la cristiana sepultura, le dije. Porque no es un animal para que ustedes lo tiren así por así, él merece, le dije, una cristiana sepultura. Nada, llegó el quinto, sexto, séptimo día, octavo, noveno, décimo, el onceavo día. Todos los días yo iba a Huamanga a pedir apoyo al Prefecto, acá al Gobernador, al Sub-prefecto, todos. Ese último día llovía... (Cambio de lado de cassette)

...Salida de Huanta y pido, por favor, que me recoja un camión de trescientos que llegaba de la selva, y me dice, señora no hay, me dice, caseta, pero si usted gusta ir váyase, me dice, encima; por favor, le dije, quiero llegar a Huanta. Ya me dijo. La lluvia me sacó el alma, porque me mojó completita. Llegamos acá, había una oscuridad completa. No había luces, habían dinamitado postes y no había luz. Entonces en el paradero, pararon y entonces alto, alto gritaba la policía ¿no? Entonces, yo bajé, alto, quién vive. El Perú, dije y levanté las manos, y en eso el capitán de la policía de la Guardia Civil me dice, señora Margarita, me dice, qué hace usted caminando estas horas. Estoy llegando de Ayacucho, le dije, y nada de Hugo, así por así, le dije, ¿ustedes lo han desaparecido? Póngase tranquila me dijo, no se ponga así, entonces me alumbraron con la linterna me hizo acompañar con dos otros más, hasta más o menos la dirección de casa.

Entré a casa, mi suegra y mi suegro estaban sentados ahí esperándome, en eso me dice mi suegra, mi suegra es quechua hablante y me dice (manam yachakunchu imatapas Hugomanta) no se sabe nada de Hugo, manan mamá, no mamá, le dije, porque yo les decía mamá y papá a ellos, manan mamá, no mamá, le dije, no se sabe nada, entonces ella me dice, eres joven, sea lo que sea, qué vamos hacer, ya se lo tragaron a Hugo. Primero Dios, después la humanidad, nosotros te apoyaremos bastante en todo esto Margarita, trabaja con formalidad, y te apoyaremos. Vas ha salir adelante, en eso, este niño se despierta, porque ya sería, entre ir y venir, once de la noche, mami, mami, llama él, que papá. Entro.

En eso mi suegra pega un grito ¡huayyy! ¡Virgen del Rosario qué es esto!, dice, ái salgo con las mismas. Era Hugo hecho un espectro, había sido torturado de la peor forma, vilmente, tenía las muñecas desolladas de lo que le habían ajustado con las esposas, no era el mismo, porque venía con una chompa completamente raída, la plantilla de una zapatilla completamente destrozada, amarrada con hilos de cabuya, y le dije, Hugo. Se arrodilló y me dijo, Maca he vuelto a nacer, gracias, sé que tú te has movido, cuando nos iban a dar el tiro de gracia, esa noche, entraron y dijeron, alto con este desgraciado, porque la chilla viene desde arriba, mira es el almirante quien ha mandado para que se le deje con vida, desde ese momento me han puesto suero, me han tratado de reanimar, porque yo ya ni siquiera sabía qué día era, ¿estábamos en qué día? ¿qué hora? Ya no tenía ni noción del tiempo. Mira lo que me han hecho. Le veo. Y el estómago lo tenía completamente, era un morado casi azul. En los glúteos tenía tres huellas quemadas con moneda. Tenía unos puntitos menuditos y le digo, ¿qué es esto? Unas veces me echaban caca y me tendían, amarrado al piso, otras veces me echaban miel, igual, lo mismo. ¿Por qué?, porque, casualmente las hormigas y aquí Huanta tiene los mosquitos, esos rojitos que pican bastante, dije, no puede ser, le digo, qué escándalo. Ellos no actúan ni como humanos y en eso me dijo, hemos pedido a gritos que nos maten, yo pedía a gritos que nos mataran, Maca, porque nos hacían demasiadas torturas.

Pasó todo ello, nos fuimos a Lima con los chicos más y se empezó hacer tratar con un psicólogo, para que pueda estar bien, por propio peculio, bueno, pasó eso. Entonces, allí él se vuelve corresponsal de la revista Caretas, y conversa con Abilio Arroyo, y le dice, Abilio, quítate hermano, porqué nunca han terminado de preguntar por ti. Entonces Abilio le deja todo el cargo de periodismo, él entusiasmado se compró más cámaras fotográficas y empezó a dedicarse al periodismo, llegó a ser presidente de la filial de la Asociación Nacional de Periodistas, aquí en Huanta, quería mucho a la gente, a sus jóvenes periodistas, en la oficina redactaban todos, se mandó hacer mesitas, porque teníamos varias máquinas de escribir, ya para el noticiario, todo era una bulla bárbara, todo el mundo escribía ahí, no traía sus noticias porque él era, este, tenía dos noticiarios, era director de dos noticiarios, en la radio, y con él va a Ica, él va a Ica y se pone en contacto con la Universidad Gonzaga de Ica, para que se lleve a cabo los cursos de periodismo a distancia, en favor de todos sus jóvenes periodistas, logra eso y satisfecho viene y dice, chicos, a todos los he inscrito van hacer un curso de periodismo a distancia para que así nadie nos diga que somos pobres, tristes, infelices, chismosos de la noticia, contentísimos llevaron ese curso por buen tiempo.

El 86 él va a cubrir un reportaje por im..., por im... este por Paccosan donde habían matado a varios campesinos, es interceptado por la policía, Guardia Civil, donde le quitan la cámara, le rompen los rollos, y él decepcionado regresa y me dice, Maca, ha pasado esto, Hugo quítate por favor del periodismo, quítate. No, me decía, Maca, si yo sabiendo hablar, siendo bachiller de derecho, siendo comerciante han hecho las atrocidades más graves, yo he visto, no con mis ojos, pero he sentido cuando violaban a las chicas, arriba en el estadio, cuando delante de mí, a lado mío sentí un disparo y mataron a alguien, qué crees tú, me dice, qué somos nosotros, despojos humanos, pa que ellos hagan lo que quieran, por algo soy huantino de corazón, esta tierra me vio nacer y tengo que saber defenderla como tal, ya no te metas por favor, no, si le tienen miedo a mi lápiz, a mi papel, a la pluma y a mi cámara (llora) pues esa van a ser mis mejores armas (llora) para gritar al viento y al mundo de las atrocidades que se cometen aquí en Huanta.

Cuánto le pedí, mis hermanos, le pidieron retirarse, te ponenos un estudio en Huancayo, Hugo, saca tu título, eres abogado te vas a poder defender. No, de aquí muchos se fueron, ellos que pueden, que tiene dinero, se fueron de aquí de Huanta, pues yo no, porque yo voy a ser la voz de mi pueblo, voy a ser quien agarre algún día lo que son los derechos humanos de toda esta gente, de esta gente igual que yo, acaso porque ellos no pueden gritar, no pueden hablar. ¿No tienen derecho (llora) a tener (llora) vida?

En 1988 una mañana del veinticuatro de noviembre amanece, para aquello, el veinte de noviembre se había determinado un paro armado por Sendero Luminoso, y esos paros, tú las tenías que acatar, porque eran bien bravos, desgraciadamente éramos personas las que vivimos acá, que vivíamos... éramos como las aves extendidas, con los brazos alas extendidas que en cualquier momento teníamos que diclinar para cualquiera de los dos lados; en eso me dice, Maca a Dios gracias estamos jueves y no hay ninguna noticia, todo estamos pasando bien. Sí Hugo, le digo. Y qué tal, la noticia soy yo. Hablas disparates, le digo. Porqué, él había sido amenazado varias veces, cuando irrumpen en la casa de aquel entonces, el abogado Cavalcanti, soltaron unos volantes y allí aparecía un Bustíos, y ese Bustíos periodista era Hugo, era el único Bustíos periodista, Hugo en aquel entonces, ahí también le dije, Hugo deja, no, me dice, ya nada te voy a contar a ti, porque tú no me apoyas, tú no me apoyas, no vives conmigo lo que llevo en la sangre que es el periodismo, el defender los abusos de ambas partes, Maca, y como que nunca más me contó nada.

Amanecimos ese veinticuatro de noviembre, tomamos desayuno con todos los hijos ahí y habíamos tenido por invitado a tres amigos, tomamos de lo mejor, estábamos conversando, cuando en eso suena el teléfono, contesto yo y era una amiga y me dice, Maca sabes, me dice, han matado a Primitiva Jorge, y a su hijo Guillermo Sulca. Quéee, no te creo; qué hay, qué hay, me dice él, quise callarme y me dijo, habla carajo, qué hay; Hugo, le dije, dicen que han matado a Primitiva Jorge, le dije, y a su hijo Guillermo; pero cómo, me dices, y cómo, Clemencia no nos ha dicho nada. Porque Clemencia era vecina nuestra, hija de la señora esta; no sé pues, le dije. Haber, anda ve, me dijo, pregunta, salí y en eso, como que me encuentro con el esposo de Clemencia y le digo, Pedro, le digo, es cierto lo que ha pasado con tu suegra, sí señora Maquita, me dice, es cierto y por qué no nos han dicho; no es que todo ha sido un... un embrollo, me dice, no te hemos podido decir nada ni a don Hugo; regreso y le digo, Hugo, le digo, sí es cierto. Ahí mismo agarró sus cámaras, se las puso, porque él tenía muchas cámaras al instante para disparar; me dice, vamos, en eso llega Eduardo Rojas Arce; Loco, le dice, vámonos dice que han matado; y este niño tenía, en aquel entonces, siete años. Jori, vamos, ya papi, trepa ahí a la moto, delante él, después Hugo y Eduardo iba atrás.

Empieza el fatídico día, ellos empiezan a bajar, a Erapata porque está ubicado al nor oeste de Huanta, Erapata, bajan, llegan al sitio donde se había llevado a cabo el crimen y no los dejan pasar, les impiden pasar y le dicen no, pero por favor mira que somos periodistas, déjennos tomar unas vistas por favor, no nos hagan esto; carajo, no entienden, que no, y dentro del cerco estaba el famoso Ojos de Gato, Amador Vidal Sambento era un capitán del ejército, le dice, no, es que no tienes permiso y no tienes porqué pasar tú; se regresan nuevamente en la motocicleta y por el... por el Rosal más o menos, se encuentra con el carro de la Policía de Investigaciones que bajaba, con la hija de la señora que había sido asesinada. Entonces Clemencia, el comandante le dice, y Docto, le decían Docto por lo que él era bachiller en derecho, ¡ah! comandante le dice, mire estoy regresando con pena, porque no nos han dejado pasar, ni tomar una foto; qué compadre, ya vámonos de nuevo. Clemencia le dice, don Huguito acompáñeme por favor, nuevamente regresa.

Igualito, siendo impedidos Hugo y la policía, no dejaron que la policía tampoco tome las, las mediciones, los casos, nada de eso, no los dejaron tampoco a ellos. Cerrando todo, todo ingreso a ello ¿no? Entonces Hugo le dice, pero quiero tomar una foto, y él disparaba nomás, dice así, las fotos ¿no?, y nada. ¡Ah! carajo si no quieres compadre, ahorita te vamos a destrozar la cámara. Anda pide, tú, al comandante de arriba de la base; pero por favor, le dice, hable usted. Habla por radio este capitán, con el comandante de aquel entonces, Javier Landa Dupón que no era su nombre verdadero, porque él estaba con ese seudónimo, entonces conversa, y le dice, no, mándamelo que venga acá.

Llega acá a Huanta, conversa por teléfono, lo llama a Javier Landa Dupón y le dice, este, Javier, le dice quiero; ven Hugo personalmente que quiero hablar contigo; entonces ya como él ya había vivido esto de la represalia el 84 por La Marina, viene a casa y me dice, Maca... porque nosotros teníamos un comercio que quedaba a media cuadra de casa, viene a casa y me dice, Maca, me dice, he llamado por... me contó todo lo que había pasado y me dice, he llamado a Javier, y me ha dicho que vaya, vamos; entonces le dije, ya no vayas; ¡ya ves! Ya le dije, dame un tiempito, me voy a cambiar de blusa. Fui me cambié de blusa. Entonces ya Hugo se queda; va Hugo Bustíos Saavedra, Margarita Patiño y Eduardo Rojas Arce, llegamos a la base del cuartel, en eso nos identificamos y pedimos que salga el Comandante... se demoró un poco, la verdad, exacto el lapso, no tengo en cuenta.

Sale y se creía hacer amigo nuestro, porque siempre jugaban partidos de fultbito con Hugo, por dos oportunidades le brindé mi humilde casa con un pequeño almuerzo, a él. Entonces, me dice, salimos, ¡y Maquita!, me dice, hola cómo estás Javier. Le digo, cómo estás... el beso de Judas. ¡Y qué tal!... ¿y Hugo?, le dice; ya pue Javier, le dice, dame un permisito para ir a tomar unas vistas. Él muy entusiasmado, porque, por dos veces consecutivas fue condecorado por la revista Caretas, como el mejor reportero gráfico de esta revista, porque había sacado unas portadas muy buenas, entonces a él le latía eso, porque lo habían... le habían homenajeado como el mejor reportero ¿no?; entonces él me decía, mira, me dice, qué lindo mis nombres salen así; sí, sí, sí, sí nomás, le decía. En eso sale, agarra, lo abraza, estábamos los cuatro, conversando ahí; lo abraza y lo retira de un lado, hacia el otro, una buena distancia; en ese lapso sale un comancar que es un camión del ejército, y yo veo y eran seis a ocho tipos de civil, unos cuantos, no pude especificar bien la cantidad, eran con polos blancos y pantalones marrones, de civil; y lo reconozco a uno, porque siempre, ese tipo, se sentaba en el parque de la Alameda, que era frente al negocio de nosotros, en la banca, todo mal trajeado y le digo, Jimmy, le digo, oye ese tipo era del Ejército y él me contesta, sí Maquita, me dice, hasta mujeres hay, oye, le digo, ¿y ése, siempre paraba en Alameda?; sí, me dijo, sí Maca, todos los periodistas estamos siendo seguidos, entonces yo le dijo ¿cómo?

En eso pasa el carro, desaparece ya de la base, regresa Javier, y dice, ¿quiénes van?, ¿vas tú Maquita?; no Javier, le digo, no voy; ah ya, quién, tú Hugo y Eduardo; sí, le dice vamos los dos; ah ya ¿quiénes... Maquita, tú vas?, no Javier, le digo, solamente van los dos; ahh ya; Javier, le digo, algo escrito pues, una notita, nos haces venir hasta acá y total no nos das nada; y me dice, no te preocupes yo llamo por radio y normal; pero para eso, si ya te lo habían pedido abajo normal, le digo, lo hubieses hecho; pero no te preocupes Maquita; pero Hugo estaba pálido o sea todo cabizbajo estaba; en eso le digo, Hugo ¿y?, le dije así, sabes que yo no quiero que vayas; no Maca, me dice, sabes qué me ha dicho Javier, ¡qué!, dice que ha caído el camarada Sabino y que me ha echado de que yo soy dirigente de Sendero Luminoso; y qué has contestado tú a ello, le digo, y me dice, lógico yo le he dicho de que bah..., a mí me conocen todos por el negocio, como a ti te conocen porque eres comandante, mas tú no conoces al resto, y se sonrió me palmeó y me dijo, meeentira, dice le había dicho así; no vayas Hugo, le dije, no vayas. Nooo, me dijo, ya ves tú nunca me apoyas, lejos de decirme ya anda, vé, haz esto, haz lo otro, siempre te opones, porqué eres así; eso, le digo.

Ya caminando ahí, cerca al barrio dee..., para empezar la ruta esa de Erapata, en el barrio de La Alameda hay una farmacia Huanta, en eso le digo, Hugo, le digo, o vamos; no Maca, no, me dijo, no, quédate tú, espérame con el almuerzo, pero si haz bastante chicha y que esté helada; ya avanza un poquito, yo me había bajado ya pa irme a la casa. En eso avanza un poco, y me dice, China, yo volteo, y me dice, media hora, si no vengo en media hora, vas a recogerme y te comunicas con Caretas. Yo le hago, así, hierba muere, hierba mala nunca muere, le dije, así todavía. Pero ya desencajada, llegué a casa, mi hija había avanzado el almuerzo, una mayorcita que te..., porque quedaron Charmelí Valery con catorce años, Cherin Patricia con doce, Celia Edith con diez años y Hugo Nazareno con siete años, quedaron esa vez. Llego y me dice, mamita, me dice, ya avancé bastante el almuerzo, ya mamá. Eran las dos en punto y los chicos, mami tenemos hambre, tenemos hambre; le digo, pero esperen a tu papá pa almorzar todos juntos, ya ves qué bonito se ve, hemos tomado un desayuno todos juntos y así para conversar; tenemos hambre mami, tenemos hambre. Entonces ya un poco casi fastidiada con los chicos, agarré una olla pequeña, separé el almuerzo para Hugo, Eduardo y yo ¿no?, y les dije, pongan la mesa de una vez y empecé a servir.

Los chicos se sentaron, cuando en eso, pummm, empujan la puerta, porque la puerta era de madera. Mamá Maca, mamá Maquita, mamá Maquita, yo me llamo Margarita y me dicen Maquita ¿no? Y yo le digo, qué pasa, le digo así, y era Alejandro Ortiz Serna, y me dice, mamá Maca el Docto don Hugo ya no está, lo mató el Ejército, Ojos de gato. Me dice, lo quieren destrozar, desaparecer, porque él se quería levantar y cuando se levantó, le dijo a Eduardo, corre Eduardo no es sendero, es el ejército, sálvate y en eso se le ha acercado el Ojos de gato y le dice, ¡ahh cojudo estás hablando! y le ha metido una granada y le ha dicho, que te recojan con cucharita. El había estado, a unos metros, cortando alfalfa para sus ganados, y él se agachó y lógico que esperó que todo el mundo, quizás desaparezca, para él venir avisarme.

En ese momento me bloqué, cuando él me dijo esto, no sabía qué hacer y reacciono y veo que mis cuatro hijos, se habían abrazado unos a otros y gritaban, a mi papá no, (llora) a mi papá no. Yo vi eso, no podía reaccionar y teníamos un empleado Marcial Huamán, le decíamos Condorito, era el chofer de la camioneta, las veces en la campaña de tara, él se movilizaba con... con el carro para recoger de todos los productores de chacra en chacra. Le digo, Condorito, le dije, vamos saca el carro, veo, mi suegra gritaba a mares, arrodillada en el patio, (llora) su hermano Edwin igual, Américo igual, y decían no, no puede ser, por qué a Hugo, por qué a él.

En eso salimos y me fui de frente al Ejército, me identifiqué y pasaron veinte minutos, sale Javier Landa, salió, pero olía a alcohol, olía a cigarro, lo cogí del brazo, lo sacudí y le dije, gracias por lo que hiciste, esto no se hace, te consideraste amigo y qué hiciste; Maca, me dijo, tranquilízate; es tu gente, le dije, mataron a Hugo, espero que con la muerte de él, le dije, termine la subversión, pero le dije, en tu conciencia a de pesar, le dije, que te llevaste a un ser inocente, y dejas cuatro niños huérfanos, malo, le dije, esto no se hace (llora). El ha venido a pedirte permiso, le dije, pa que lo mates, por favor, le dije, facilítame, le dije, movilidad para irlo a recoger, de repente está herido y por falta de auxilio; y me dice, no, me dice, ya sabe el juez, sabe el fiscal, ya sabe la policía. En este momento están yendo hacer el levantamiento de cadáver. Ya todos sabían, ya todo Huanta se había enterado lo que había pasado con él. Me fui a la Policía de Investigaciones, y como qué, estaba la ambulancia, el carro de la policía, el fiscal, el juez, todos ellos ya estaban. Nos fuimos, nos dirigimos hacia Erapata.

Había un... un cordón humano, en la cual no quisieron por nada del mundo, que yo pasara; pasaron las autoridades correspondientes, para ver el levantamiento del cadáver, yo lo veía, impotente, desde lejos, porque él estaba tirado (llora) con un pie en el pedal de la motocicleta y estaba de cúbito ventral; entonces ahí, cuando levanté la mirada, habían dos soldaditos que lloraban, pero así a mares lloraban los soldaditos, cosa que me causó extrañeza. Cuando lo levantaron para ponerlo a la sábana (llora) blanca que yo había llevado, ví que solamente una mano, solamente ésta le encontraron, le habían destrozado todito lo que es la parte superior de su cuerpo, tenía este pedazo y nada de rostro, ya no tenía rostro, solamente esto de acá que era la oreja, (llora) todo el resto estaba hecho pedazos, era jirones su cuerpo.

Hugo tomó desayuno con nosotros, salió vivo de casa (llora) y regresó en un ataúd a su casa.

Se hicieron las denuncias del caso, el fiscal, en aquel entonces el doctor Maximiliano Palomino de la Cruz, muy amigo de casa, tuvo mucho interés, presentó las denuncias del caso, nunca fue oído, hasta que después él desapareció.

Viajamos a Lima con Alejandro Ortiz Serna, él prestó su declaración ante el Fiscal de la Nación y ante, aquel entonces, Valle Riestra, igual que yo, Eduardo Rojas, igual. Misteriosamente el diecinueve de marzo del 89, aparece muerto Alejandro Ortiz, el testigo presencial, el que había visto, porque estaba dentro de la alfalfa, había visto, cómo se había llevado a cabo el asesinato de Hugo. Después otro testigo señor Teodosio Pacheco, quien había asegurado que en esa zona donde se llevó a cabo la masacre, bajaron del carro los soldados, igual, él murió. Entonces, los demás testigos, nunca más ya quisieron dar su versión por temor; pero pese a ello la revista Caretas toma mucho interés en esto, presentamos las denuncias del caso y toda una vida recibimos negativas, negativas.

Es como así el caso de Hugo empieza a vicearce y no encontraba respuesta alguna, en ese momento llega la Federación Internacional de Periodistas y el Comité Protector de Periodistas, y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y toma interés en el caso. Llevándose paso a paso las investigaciones de las cuales respondían de que un tal Landa Dupón, no estaba; que Ojos de gato, no estaba. No se les conocía. Nunca habían trabajado. Pero sin embargo, aparecían escritos, con la firma de Javier Landa Dupón; Caretas descubre los nombres verdaderos de Javier Landa Dupón, Víctor Fernando La Vera Hernández, era teniente coronel del Ejército Peruano; después del capitán, Ojos de gato, como Amador Vidal Sambento, estos dos señores por el fuero civil han sido denunciados, han sido encontrados responsables... del crimen cruel que cometieron con Hugo, pero nunca hemos encontrado justicia.

Jamás se los capturó, ni siquiera vinieron a dar sus declaraciones, nunca se presentaron, por el contrario mandan un escrito, un exhorto, donde hacen ver que ellos son sentenciados en el fuero militar. ¿Me permiten por favor?... fueron sentenciados en el fuero militar y dan por archivamiento total, haciendo ver que una persona, no puede ser juzgada dos veces por un mismo delito; pero qué dos veces, señores, si jamás ellos se presentaron en el fuero común, jamás nos hicieron, a nosotros llamar al fuero militar, como ustedes conocen el 93, dan en archivamiento total el caso de Hugo Bustíos por cosa juzgada y los señores que dan este último veredicto... (Cambio de cassette lado A) ...Jerí Durán, Hermosa Moya ellos fueron los vocales, que dieron por caso cerrado y juzgado el caso de Hugo Bustíos, sin nunca encontrar justicia, (llora) pido por favor a esta Comisión Interamericana, la Comisión de la Verdad que se haga justicia que por lo menos seamos merecedores de una disculpa pública y que se reconozca que han sido los asesinos.

Al quinto día, retrocediendo un poco a todo ello, al quinto día de la muerte de Hugo, arreglando sus cosas, porque es cosa sabida que acá en las provincias, siempre todavía se lleva esa tradición de hacer el quinto día de buscar las cosas, hacer el lavatorio de las ropas, en el escritorio encontré un escrito (llora) que él la estaba haciendo, hace tiempo posiblemente, y lo tenía que seguir continuando, no sé si me permiten leer las dos últimas hojas del escrito que él había dejado, con la venia de ustedes:

“Me siento impotente frente aquellos que nunca tuvieron valor alguno de enfrentarse a la verdadera realidad de nuestro pueblo, siento temor por la sencilla razón de que ellos no tienen sentimiento alguno. Son máquinas para matar y no dudarán en hacerlo (llora). Si es que algo sucede, toma la pluma, la hoja, escribe para informar ante el mundo lo que está sucediendo –esto va dirigido a Charmelí Valery su hija mayor, porque ella lo ayudaba a locutar en los noticiarios, muy tierna, desde los doce años, él la llevaba a que... le daba esa emoción de que ya sea periodista– escribe para informar ante el mundo lo que está sucediendo en nuestra tierra, que conozcan nuestros hermanos de sangre que Huanta sólo aparenta... aparentemente está bien; pero dentro de ella, hay mucho dolor, hay mucha tristeza, hay muchas lágrimas, hay muchas muertes. Jamás callemos está realidad, si ahora quieren callarnos, mañana nuestro hijos gritarán que hemos tenido razón para ecribi.. para escribir, para hablar, para informar ante los cinco continentes. No preguntemos ahora, quién es el culpable, tampoco quién es el verdugo, sólo tengamos presente, en todo momento de que jamás callaremos la realidad de los hechos, jamás callemos pase lo que pase, publiquemos sin temor alguno, dejo en buenas manos mi lapicero, mi lápiz y papel.

Tengo la plena confianza de que tú continuarás por el camino ya emprendido; pero con el coraje, la decisión, la fuerza y la verdad; se sienten impotentes frente a mis armas que son la cámara, el papel el lápiz y mis palabras, frente a ese hecho sólo les queda decir. No me asustan sus seguimientos, tampoco sus intentos de secuestro, mucho menos sus tentativas de desaparecerme, me defenderé, esté donde esté. Si es que por la fatalidad del caso, llegue el día en que calle en mi... si llegara el día en que me destruyan para siempre, no quisiera que se enclaustren dentro del silencio sepulcral. Sería como llorar a gritos sin derramar lágrimas; espero que sigas por el camino dejado por la fatalidad del destino, creo que no te faltarán fuerzas para que continúes con la lucha, para lograr los objetivos trazados y tantos objetivos que nos habíamos trazado, tantas metas frustradas, pues tengo la plena confianza de que un día no muy lejano, acabará esta desesperación, acabará (llora)) los derramamientos de sangre, terminarán los dolores que destrozan los corazones de la gente que no sabe porqué tienen que pagar muy caro por su ignorancia, y la falta de conciencia humana. Tengo la plena seguridad, de que un día no muy lejano, llegue la luz de la esperanza y alumbre el camino para evitar equivocaciones, para evitar tragedias, pues esa luz de la esperanza, hará que de nuestra sociedad enfermiza, tenga la oportunidad de reconstruir sus cimientos que fueron destruidos por quienes no entendieron el valor humano.

Es el fin supremo de nuestra sociedad, comprenderán que no fue en vano la muerte de miles de peruanos, todavía tenía que suceder estas tragedias, para que vean con la claridad del caso, los errores cometidos, estos errores a muchos no los conduce a que se rectifique, pero a mí, me llaman a reflexionar de manera sincera y consciente, en el sentido de que, nunca debemos de permitir que ocurra lo que está atravesando nuestra querida tierra; tengo entendido de que no estoy equivocado, al defender los derechos (llora) de aquellos a quien no tiene a donde acudir pese a que este hecho es calificado como el peor error cometido por un ser humano. Piensan que con esta actitud estoy defendiendo ideologías que nada tienen que ver con mi forma de pensar. Piensan que defender a los azotados y abandonados es defender a los que tomaron el camino equivocado. Piensan que defender a esa madre que perdió a su hijo (llora) es defender a los causantes de las desgracias, creen que ayudar a aquellos que nunca encontraron, lo menos un consuelo, por sus dolores atizar la fogata, piensan que con mi actitud estoy impulsando violencias, creo que nunca comprenderán que no sólo con las armas se conseguirá lograr la paz, tampoco solucionarán el problema de la violencia colocándome a dos metros bajo tierra, tampoco terminarán con la violencia utilizando más violencia, tampoco lograrán la paz torturando a la gente hasta que pidan a gritos la muerte, (llora) mucho menos arrancando pedazos de carne en vida. Clamar la muerte en estos casos no es de cobardes, a este paso sólo se habrán convertido en carniceros de su propios hermanos.

Qué triste realidad es la que vemos. Apareció la violencia, con ella comenzó el chorro de sangre; luego apareció la contra violencia y ahora vemos que hay ríos, que hay ríos de sangre humana, pregunto, ¿esta crueldad nos conduce a lograr la verdadera justicia?, pregunto ¿qué con estas medidas se logrará la igualdad de clases?, me pregunto ¿qué ganan desapareciendo a gente que nunca engendró la violencia? En conclusión ¿qué van ha sacar los pacificadores, obligando a quienes desenmascara sus hechos de sangre a retirarse de la zona de guerra?, la respuesta sería simple, creo que otros continuarán por el camino trazado, sólo digo que, no somos los que ellos piensan, mucho menos somos criminales, tampoco asesinos, sin embargo estamos sometidos a sus caprichos de leyes injustas.

No temo lo que puedan hacer conmigo, (llora) temo lo que puedan hacer a los seres que más quiero. En caso que suceda algo, espero que nunca callen lo que está pasando en nuestra querida tierra, los hombres de prensa esperamos lo peor, saldremos adelante es por que nuestros principios así lo mencionan, no creo ofender la majestad de nuestros lectores, tampoco a quienes supieron darnos esa confianza y apoyo, lo único que queda es esperar y enfrentar la realidad tal como es, creo que será para el bien de todos como también para el futuro de nuestros hijos, repito no somos criminales, tampoco asesinos la pluma, la cámara, el papel, la palabra no matan, como las balas y los cuchillos.

Y posiblemente ha querido seguir escribiendo más; pero ya no lo pudo terminar, es así señores de la Comisión de la Verdad, a la muerte de él, mucha gente lo lloró, más que nada la gente campesina, porque era nuestro medio de trabajo y ayudaba mucho. La casa era un tambo toda una vida, digo tambo porque, llegaba la hora del almuerzo él bajaba con cuatro, cinco personas que en ese momento habían traído su carga, para almorzar en casa, era un desayuno de igual forma; era un hombre que quiso mucho a su pueblo a su tierra, (llora) al pueblo que lo vio nacer. Ayudaba mucho a su madre, a sus dos hermanos menores que se educaban en aquel entonces en la Universidad San Cristóbal de Huamanga.

Hugo, el doctor, desapareció, fue una desesperación. Lamentablemente todo eso cambió nuestras vidas, fue un vuelco inmenso de lo que era así, dio un gran vuelco de trescientos ochenta grados, porque yo tuve que asumir el papel de padre para ver la economía, y poder sustentar a cuatro niños que quedaron en plena edad escolar, toditos en edad escolar, yo me sentía tan inútil porque, él jamás permitió que yo participará en lo que es el comercio porque, él decía, Maca yo sufrí mucho, por favor tú dedícate a los hijos. Nunca quiso, ni que terminara mis estudios superiores porque, más pudo el amor que la profesión, yo me casé faltándome un año para terminar obstetricia en la universidad San Cristóbal de Huamanga.

Y nunca quiso, me decía, yo te pago el sueldo de enfermera y, lo hacía, lo hacía para darme esa (inaudible) es que no es igual, le decía, yo quiero desarrollarme intelectualmente, le digo, pero qué problema te haces, yo te pago ese sueldo. Un hombre tan bonachón, como mucha gente lo ha podido ver, lo ha podido apreciar. Muy cariñoso con sus hijos, no había un día que no los acaricie, no había un día donde él se iba sin despedirse de ellos, con tantos proyectos, en grandeza, con todo eso deseo de formar una fábrica procesadora de tara y barbasco aquí en Huanta.

Sus sueños se fueron con él y la desdicha con nosotros, disculpen, perdonen por favor, es volver a revivir todo esto, y les pido de que se haga justicia y de que no sólo sea revi... revivir las heridas que todos y cada de vosotros los declarantes hayamos dicho, muchas gracias por darnos esa oportunidad. La Vera Hernández sigue trabajen... sigue trabajando como coronel, como premio todavía, llegó, lo ascendieron al año siguiente a coronel del Ejército y sigue en ejercicio, del otro si no se sabe, no se sabe nada del otro de Sambento, por favor mil perdones, oyentes todos ustedes discúlpenme, pero ya que nos han dado esta oportunidad de hacer una sola voz en los reclamos, por favor, que se haga justicia, es lo que más quiero, nos merecemos por lo menos, un disculpa, públicamente y que digan, fuimos nosotros, nos equivocamos. Con él se equivocaron porque el fue muy defensor de los derechos humanos, (llora) fue un hombre amigo, para él no había distinción de clases sociales, para él nunca hubo distinción del anciano al niño, jamás, todos, todos para él eran iguales, muchas gracias, si me permiten para que tengan al menos, se los voy a dejar esto, ahí está en qué situación quedó el expediente en el juzgado por favor.

Voz de comisionada.

Margarita... admiramos tu valentía para volver a revivir estos momentos, la valentía de tu lucha, ya que a pesar de todos los años que han pasado, sigas buscando la justicia y lo que has leído de Hugo, de alguna manera has hecho que Hugo pueda volver hablar, creo que no sólo a todo el Perú, sino esto también se esta viendo en muchas partes del mundo, creo que con tu testimonio Hugo ha vuelto a decir lo que pensaba, por lo que luchaba, lo que creía y que seguramente con toda conciencia asumió su riesgo, porque sus ideales eran más allá que su propia vida, que su propia familia y seguramente también lo han escuchado los que lo asesinaron y están seguramente escuchando con toda la impunidad y estoy segura que ellos también tienen que estar con su conciencia conmovida, después de haber escuchado todo lo que nos has dicho. Y algo tendrá que removérseles, y la Comisión de la Verdad tiene el trabajo de contribuir con la justicia, y puedes tener la seguridad que haremos todo lo esté de nuestra parte para que esto se alcance en nuestro país, como vía para la reconciliación. Tenemos que encontrar la justicia, gracias Margarita.

Señora Margarita Patiño de Bustíos.

Gracias.


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Escrito por

Jorge Paucar Albino

Redactor y Editor nocturno de LaMula.pe (Redacción Mulera). Sígueme en Twitter: @jorgeluispa


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