Por Nayo Aragón


A Juan Daniel F. Molero le gusta juntarse con gente loca para sentirse ‘más normal’. Pero esto no significa que sea la persona más cuerda del mundo. Imposible que le haya salido una película como 'Videofilia (y otros síndromes virales)' si eso fuese verdad.

'Videofilia' cuenta la historia de Luz (Muki Sabogal) y Junior (Terom). Como narra la actriz en una entrevista al blog EnLima: "Internet es su punto de escape. Luz explora y siente curiosidad por todo tipo de material que encuentra ahí. Así conoce a Junior, con quien empieza a tener relaciones sexuales vía webcam, hasta que deciden pasar del encuentro virtual a la 'vida real'. Mientras tanto, a su alrededor empiezan a suceder cosas raras. Aparecen tanto esta suerte de virus cibernético que va enrareciendo la película, como personajes muy locos de la Lima ‘clasemediera".

Lo que hace a esta película única no sólo para el medio peruano sino mundial es que, entre otras cosas, explora este desencanto juvenil mediado por la tecnología no sólo desde su texto narrativo, sino también desde la propuesta visual. La historia se cuenta desde la imagen, introduciendo elementos del cine experimental, el 'glitch', el Net Art, los gifs, y las interfaces de Youtube y Chatroulette. Es imposible que una película le guste a todo el mundo, mucho menos una propuesta así de novedosa, pero 'Videofilia' no deja indiferente a nadie que la vea. Y ese puede que sea el más grande de los logros artísticos.

Molero ganó por este trabajo el premio mayor del prestigioso Festival de Cine de Rotterdam -que se dedica a buscar nuevas propuestas de directores jóvenes. El triunfo fue un jalón de orejas importante para los fondos de desarrollo nacionales, quienes rechazaron su proyecto una y otra vez. Conversamos con el director en torno al esperado estreno comercial, con un corte ampliado bautizado como 'Fujicut', de 'Videofilia' en salas limitadas (segundo jalón de orejas para el establishment).

¿Cuántas veces te han preguntado "qué tienes en la cabeza" por haber hecho esta película?

(ríe) No muchas. Es que mi vieja es de Quillabamba. Creo que muchos amigos 'más limeños' que yo sí la pensarían antes de producir algo que los podría perjudicar socialmente.

No usas Facebook, ni tienes celular, pero has hecho esta película que muestra que conoces lo digital.

Yo uso el Internet como en el '99, para buscar huevadas. Pero no es que sea un abuelito que está en contra de todas esas cosas. Soy, más bien, un nativo digital que vivió a los 10 años todo lo que a la gente le está pasando ahora. En sus inicios el Internet era para 'freaks', y también era más agresivo. Estaban rotten.com y esos foros de cosas depravadas. Había menos filtro para ellas. Yo era muy chibolo cuando los vi. Mi hermano, que era recontra 'geek', me las mostró. Hice páginas en html a los 10 años leyendo sus libros. Crecer con eso fue bastante particular. Hay una parte mía nostálgica de la web 1.0 y a la que le llega al pincho la 2.0.

Juan Daniel F. Molero. Foto:  Morella Moret

Pero no es que ‘Videofilia’ sea como un ‘Mr. Robot’ peruano.

No, aparte está todo el mundo de las cabinas. Magic, Pokemon, Dungeons & Dragons. Mi hermano también me metió en eso. Los lornas a veces son los más 'hardcore'. Están un poco desensibilizados, buscando las cosas más extremas todo el dia. Entonces así, de niño, vi cosas en Internet que ahorita no me provocaría buscar (ríe).

¿Y al cine cómo llegaste?

También de chibolo. En mi primera película ('Reminiscencias', 2010) muestro cómo grababa cosas desde esa edad. Hacía stop motion con juguetes, también. Por eso siento que con 'Videofilia' hice una depuración de varias cosas.

¿Y cómo hiciste para para abordar estos universos y además meterle características peruanas? Como la pasada de cuy, el tributo a la Pachamama.

Quería que la película se viera como si la hubiera dirigido alguno de los personajes, cosa que es verdad pues yo soy uno de ellos. Soy el virus (ríe). Esta es una película de obsesiones. Metí todas las cosas que me atraen y me interesan, como la magia, la brujería, la conspiración, el Internet, el porno, los videojuegos.

Pero es fácil embarrarla cuando trabajas con un universo así.

He pensado mucho sobre eso. Lo poco que la gente de afuera sabe del Perú está manipulado hasta por nosotros mismos. El peruano nunca ha sido capaz de mostrarse tal cual. Siempre hay disforzamientos, complejos. Creo que somos una cultura que ni se conoce a sí misma, ni sabe cómo habla. Las películas aquí están hechas pensando "ojalá que nos entiendan". Se autocensuran, y eso no me gusta. Creo que la falta de control en ‘Videofilia’ ayudó mucho para lograr superar eso.

Salvo Muki, trabajas con actores no profesionales que seguro no se sintieron cómodos con la cámara rápidamente ¿Tuviste que filmar mucho para llegar a esa naturalidad? 

No tanto. Estuvimos grabando como sin querer queriendo. Los actores nunca se dieron cuenta de que los estaba dirigiendo. Decía que iba a grabar en plan de pruebas de cámara y terminaba usando esas tomas. Lo mío fue más generar el ambiente para que estén cómodos.

Hacía estas tomas y pensaba que si conseguía plata iba a volver para filmarlas de verdad. Así me engañaba a mi mismo a pensar que estaba avanzando. A la mitad de camino ya me obligué hacer las cosas más en serio. Y por eso hay partes de la película que las hice hueveando y otras que las hice un poco más comprometidamente.

¿Por qué decidiste quedarte con sus errores? Porque he visto pocas películas, no sólo en el Perú sino en general, que incluyen estos ‘glitchs’ que tiene la gente cuando habla en la vida real.

No me lo tomaba muy en serio. Todos los diálogos eran improvisados en base a indicaciones. "Hablen de algo". Y lo bueno es que no los estaba obligando a hablar de una forma diferente a la suya. No elegí a cualquier persona para hacer esto. Todos son amigos, y sus personajes son ellos pero en otra dimensión donde han pasado estas cosas. Entonces sabía bien qué me iba a poder decir cada uno al improvisar. Alucino mucho a la gente, es mi hobbie.

Siento que el cine en general se limita a hacer o realismo o artificio. Y a mí todo lo que es, no híbrido sino 'mestizo', me interesa. Que la realidad desborde y pasen cosas 'pastrulas' como que un Furby te hable.

¿Cómo moldeó a la película todo este proceso de rechazos de fondos nacionales y el haberla hecho sin presupuesto?

Una vez eramos 4 concursantes y habían 4 premios, y lo declararon ‘desierto’ pero me dieron mención honrosa. Simplemente no me quisieron dar la plata, dijeron "este huevón me llega al pincho" (ríe). Pero si ganaba esos 40 mil soles, hubiera hecho la película en un mes y habría salido distinta.

‘Videofilia’ ha crecido mucho conmigo en el año y medio que me terminó tomando. De la idea base que era hacer algo comercial y estúpido tipo 'Superbad' y divertirme, cambiaron muchas cosas, porque se despertó la otra voz de mi cabeza que me decía "incomoda, jode a la gente" (ríe). Y porque la carencia te activa la creatividad, si es que no eres mediocre. Te pones a pensar "¿cómo hacer esto si no hay micrófonos?", y así salen ideas como el montaje de la narración en voz en off.

Ha sido filmada así, pero eso no significa que no te haya costado ¿Se te han abierto puertas a partir de ganar Rotterdam? ¿Y no solo a tí sino a los chicos que están haciendo cine?

Ahora ya no se burlan de un chibolo con cámara. Por eso cuando decían 'triunfo peruano' en los medios yo pensaba "¡No! es más el triunfo del 'underdog'". En el mismo Rotterdam la gente se emocionó por la idea de que películas así, más punks, puedan ganar festivales. Pues se ha reproducido en ellos un sistema mercantil que no es nada distinto, en verdad, al del cine comercial.

Ahora si se hace una película independiente, sin plata, suele ser la típica realista, cámara en mano. Pero siento que el digital no se está usando para hacer algo transgresor. La gente filma con la cámara chiquita, pero con el juego de luces y toda la parafernalia. Y tenemos que olvidarnos de eso, ya no hace falta.

Molero con el Tigre de oro. Premio mayor del festival de Rotterdam.

¿Cómo te decidiste a pasar de lo que hacías en cine experimental a una película narrativa?

En primer lugar, para mí 'vanguardia' y 'experimental' son dos cosas distintas. Hay partes que se cruzan pero lo primero es más dar el pecho y luchar contra el enemigo, lo segundo es ser un alquimista o científico loco, encerrado en lo tuyo. Una vanguardia iconoclasta o revoltosa tiene que ser un poco más masiva. Llevar lo que los experimentales han desarrollado a otro lugar y que los chibolos de 16 años lo vean.

Querías ser vanguardia con 'Videofilia'

Sentía que podía ser (no 'hacer') una crítica fuerte, y eso lo podían ver los chibolos. Porque la gente de mi edad ya fue, a estas alturas ya no nos podemos curar de nada. La película, además, no es muy discursiva. Te vas dando cuenta de las ideas más conceptuales o políticas tú solito. Creo que es mejor para un joven entender las cosas así, a que venga un huevón a darte un discurso.

Pero a la historia más puntual de la película, ¿cómo llegaste?

Estuve haciendo una investigación bastante fuerte de género de cine de adolescentes. Pero no sentía que ninguna representaba el mundo que yo había vivido. Me gustaban mucho estas películas como 'Superbad' o 'Slacker', pero lo que tienes que hacer es desmoñar lo que sea que te gustó y tratar de ver cómo sería eso aquí, con todas las diferencias culturales y sociales que tenemos con Estados Unidos y Europa.

Empezó también porque te propusieron la idea de hacer una serie juvenil por internet 

Querian que haga algo parecido a 'Kids', pero no. Los 'skaters' y el sexo sin protección ya fueron. Las cosas más locas están pasando online. La laptop es el nuevo skateboard. Pero igual no me quedé solo con la computadora.

¿Y cómo llegaste al 'glitch' y el Net Art?

Estuve viviendo en Nueva York un tiempo y me hice amigo de un artista que me quitó el asco al videoarte, y al que yo le quité el asco al cine. El 'glitch' es 'hackear' el video, básicamente. Entró a mitad de camino en la producción, y sentí que era la herramienta perfecta para transmitir esta corrupción de la realidad. Mostrar que ella es un castillo de naipes. Como si fuera una droga que te hackea el cerebro. Además, me encanta el error. Trabajar con él y hacer que sea poético. Por eso toda la película es un error (ríe). Es errante, no es solemne ni decente. Anda metiéndose cabe a sí misma.

Pero no sólo es el glitch, están los gifs, los videos de youtube, el found footage, el pixel muerto del lente.

Todo eso es parte de lo que llamo 'lenguaje coloquial o informal' cinematográfico. Si todas las películas siguieran las reglas de este lenguaje, serían el equivalente a una obra del Siglo de Oro escrita hoy. Sin libertad expresiva. Si la literatura moderna ha evolucionado es porque ha incluido estas formas más libres de expresión, más vernaculares. Creo que nuestra generación es vernacular de la imagen en movimiento. Y esa era la idea, procesar este argot de internet y volverlo cinematográfico. No nos preocuparnos en qué pensaran los viejitos (ríe).

¿Qué cosas nuevas has metido en este corte ampliado? He visto 'footage' de las marchas No a Keiko...

En el guión original está, pero señalado solo como 'marchas'. También puse los 'vladivideos' y lo de La Parada. El personaje de Tilsa (Otta, la hermana 'subversiva' de la protagonista) existía, pero no había quedado muy desarrollado. Sin darme cuenta, al anularlo, le bajaba el tono a la postura política de la película.

Me dijeron '¿por qué vas a cambiar una película que ganó Rotterdam?'. Pero sentí que podía llegar más cerca de su verdad interna metiéndole más cosas. Y ahora sí encaja. Dura 13 minutos más pero es más 'Videofilia' que antes. Lo que antes se enunciaba a medias ahora sí es una palabra.

¿Y en qué sientes que aportaba específicamente meter a los 'vladivideos' y las marchas?

La película era originalmente así. La escribí en el 2011, cuando pasó exactamente la misma huevada que este año solo que en vez de PPK estaba Ollanta. Pero como la acabé en el 2014 sentí que el tema no era tan actual, que era como patear a un muerto. Pero no, por algo esto se ha repetido y yo me he demorado tanto en hacer ‘Videofilia’.

A mí, no sé si a tí también, me llegaron los 'vladivideos' y las Torres Gemelas justo en esta época al final de la infancia y comienzo de la adolescencia. Eso fue una ruptura generacional fuerte. Se derrumbó toda imagen de autoridad o de un mundo funcional. Después de eso, a los 12 años, te quedaba meterte a Internet, vivir en tu mundo y no hacerle caso a nada de lo que esté a tu alrededor porque todo lo que ves es mierda. Mucho más si ves que Fujimori está preso pero las cosas siguen operando de la misma manera en el fondo.

Sentí que al final hay un mensaje de que estar muy atrapado en ese limbo realidad-virtualidad es un poco peligroso. ¿Estabas tratando de comunicar eso?

No sé si sea peligroso en sí, lo peligroso es no ser consciente. La película tiene dos lados, el de Luz (Muki Sabogal) y de Junior (Terom). Los dos hacen lo mismo (ven porno, tienen sexo, hacen drogas) y nada de ello está mal. Sólo que Luz lo hace más con consciencia y curiosidad, y Junior con escapismo e inercia. Es una dualidad que podría configurarse fácilmente en una persona, solo que con días buenos y malos. 

No es que esté diciendo "¡sí a las drogas y no al Internet!". Creo que hemos llegado a un punto en el que no se puede estar en contra de la hibridación de realidades. A mí me encanta. Y es lo mismo que te dicen los alucinogenos fuertes, el Internet y el cine. La 'realidad' es en verdad una ficción bastante convincente, pero lo que sí no es tan bueno es hacer cosas por escapismo. El problema es cuando piensas que una es más real que la otra. No sé si el final sea moralista, porque la película también te invita a delirar. Tal vez el moralismo aparece por el sentimiento de culpa de los que la ven (ríe).

¿Dónde la están pasando?

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