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Andrés Hoyos: "Hay que arrancar las primeras páginas de los periódicos"

El creador de la revista cultural El Malpensante conversó con LaMula.pe de sus múltiples facetas detrás de las letras a raíz de su visita a Lima como invitado de la Bienal Mario Vargas Llosa. 

Publicado: 2016-04-22

Es escritor, periodista, editor, polemista, pero Andrés Hoyos es conocido sobre todo como el fundador de El Malpensante, la revista colombiana creada en 1996 que hoy es un referente de las publicaciones culturales de Latinoamérica.  

El número de marzo de este año, por ejemplo, cuenta con las memorias de un borracho del Eje Cafetero de Colombia, un retrato de los últimos días del escritor Stefan Sweig, los recuerdos de una mujer que se dedicó por más de cuarenta años escribir guiones para telenovelas, un anecdotario fotográfico del cine colombiano, un análisis de la peor película presentada en los Cannes, una crónica sobre la destacada velocidad de los atletas jamaiquinos, fragmentos autobiográficos sobre la gordura… Y así, cada número trae una “amplia variedad de lecturas paradójicas”, como describen sus propios creadores sus selecciones, “una marca de placer literario; una ventana para acceder a miradas particulares y profundas de la cultura; una firma editorial innovadora, una garantía de calidad y credibilidad”.

Hoyos estuvo en Lima como invitado de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa para participar en dos conversatorios, entre los que figuraba uno sobre la “tierra y el sueño en la narrativa hispanoamericana”. El colombiano acaba de publicar ‘Los hijos de la fiesta’, un retrato de la sociedad colombiana y bogotana desde los años cuarenta hasta 1995. Se trata de una novela de 888 páginas sobre “la memoria de un país violento e inestable, acomodado en las estructuras más añejas de poder, familia y convenciones sociales” y que Hoyos ha calificado como la novela que siempre quiso escribir.


Se demoró nueve años en escribir 'Los hijos de la fiesta' . ¿Cómo, después de tanto tiempo, llega un punto en el que está seguro que ha terminado?
Uno sabe que ha terminado un libro cuando trata de seguir avanzando y lo que hace es retroceder. El fin en este caso fue quitarle a la novela casi cien páginas. Siempre al final hay que sacar las tijeras y ser relativamente despiadado con el material.
Cortar suele ser un mandato para el editor y, muchas veces, una pesadilla para el escritor. ¿Cuánto le costó esa parte a usted que ha estado en ambos lados?

Es cierto que cuando uno es un escritor joven muy entusiasmado con muchas pulsiones sobre su propia obra, muchas veces se enamora incluso de sus errores, pero eso es básicamente inexperiencia. He sido editor, aunque no tengo la gran vocación, pero aprendí a editar y con ello vi que para la mayoría de las personas es un proceso esencial. No está nada mal que uno experimente, meta cosas, de vueltas, que redunde, pero el lector que uno tiene que volverse de su propia obra es un lector muy ácido que simplemente, para que la obra sea mejor, debe quitar todo eso.

Ha sintetizado su última novela como la Bogotá que usted vivió. ¿Qué de nuevo ha descubierto de la ciudad después de escribir la novela?
Es más exacto decir que Bogotá es un personaje central de la novela. Las grandes ciudades suelen meterse en algunas de las novelas que escriben sus hijos. Me costó mucho trabajo meterme en la ciudad porque es una ciudad cuyos defectos son muy visibles. Es una ciudad a veces amarga, indolente, que ha tenido una expansión convulsiva. Pero, al mismo tiempo, en una ciudad de 8 millones de habitantes siempre hay muchas historias por contar.
Los defectos de Bogotá puede ser muy visibles, pero a la vez se ha convertido en una especie de símbolo de las políticas culturales y de reformas progresistas. ¿Cómo explicar esa visión interna y externa de la ciudad?
Bogotá en los sesenta, setenta, ochenta, era una ciudad en muy mal estado. Era insolidaria, la gente era agresiva, había caos y desorden. Con altibajos ha tenido mejoras importantes. Pero por dentro no es la que se cree necesariamente. Parecida a las otras ciudades latinoamericanas, es un poco reacia a la cultura, a las artes. Pero una ciudad grande es un artefacto muy potente porque en estas las minorías se juntan con facilidad y si a ti te gusta la poesía medieval es muy posible que en un pueblo no encuentres a nadie para hablar sobre eso, pero en una ciudad de 8 millones puedes encontrar a setenta o doscientas personas para ello.
Varias veces ha mencionado que uno de los principales problemas que hay con los medios es que se le hace demasiado énfasis en la política cuando lo que se necesita es ser más polifacético, algo que desde El Malpensante llevaron a cabo. ¿Cuáles considera que son los riesgos de ser tan obsesivo con la política?
La política hay que mirarla porque lo atropella a uno. No tengo fórmulas salvadoras, salvo hacer una revista como El Malpensante, que es muy costoso. Pero la política es apenas una faceta de la sociedad y, claro, es la más candente, la que tiene más actualidad así esta se desface más rápido. Pero también hay que mirar otra cantidad de cosas que de pronto no son la noticia de primera página, pero que son importantes. Muchas veces pasa que un libro que con el tiempo se hace importante no lo encuentras en los diarios de la época en que se publicó. Hay que arrancar las primera página de los periódicos, que fue como concebimos El Malpensante: nada de guerrilleros, paramilitares o masacres. Al inicio fue una revista más literaria pero luego entró el periodismo narrativo y eso hizo que la entrada a la realidad sea a través de la crónica, el reportaje y los perfiles, pero siempre con la exigencia formal de ser una mirada a fondo y necesariamente incompleta. Si El Malpensate estuviera en Perú no estaría interesado si la señora Keiko o el señor PPK van a ganar. Como individuos estaríamos preocupados, pero ese no sería un tema para el medio. Acá tienen muchas más cosas que mirar más allá que quién será el próximo presidente.
Justo ayer había hecho algunos comentarios en Twitter sobre lo que había escuchado a su llegada de la situación política actual del Perú. ¿Cómo ve la situación peruana, a puertas de volver a un régimen como el fujimorista, alguien de Colombia que en este momento es un ejemplo de políticas progresistas?

Si yo fuera peruano supongo que votaría por PPK, pero creo que se puede exagerar un poco el peligro. Keiko no es lo mismo que el papá y el problema de Fujimori fue cuando empezó a romper la estructura política del país. En un contexto como el actual es mucho más difícil que surja un Montesinos. Y así tuviera un Montesinos en el bolsillo, no tendría la libertad del primero. Es cierto que en el Congreso tiene mayoría, pero no creo que vuelvan tiempos como los de Fujimori incluso si ella gana. Con esto no estoy diciendo que no sea peligroso.

Foto: andrea  jibaja / lamula.pe

Comentó hace poco sobre la decadencia del Premio Rómulo Gallegos debido a lo que el régimen chavista había hecho con él. ¿Cuál es el papel de este nuevo Premio de Novela Mario Vargas Llosa en este contexto?
España ha impuesto a los países latinoamericanos algo que es muy inconveniente: los premios a manuscritos. El manuscrito se salta a los editores, a las editoriales pequeñas y es más un elemento de mercadeo que un juicio de calidad. El Rómulo Gallegos fue el premio más importante sobre las novelas publicadas. Eso fue así hasta que llegó el señor Chávez y politizó el premio. El premio decente que queda realmente en el ámbito de la lengua española es este nuevo. El premio del libro publicado significa que hay todo un proceso anterior que es el que hacen los buenos editores para que un libro sea del primer orden. En premios así llegan mucho menos materiales que uno de manuscritos donde la mayoría son cosas muy malas.
En la introducción del manual de escritura que publicó el año pasado, después de analizar algunos estereotipos que hay sobre la escritura, terminaba hablando de la necesidad de "un régimen de buenos hábitos" para aprender a escribir, algo que no necesariamente tiene que ver con reglas. ¿Cómo llegó a entender que para escribir era necesario algo más que la gramática?
La noción de que uno para escribir bien tiene que saber de gramática, es como si para volverte piloto de automóviles tuvieras que volverte mecánico. Ser mecánico no sobra, pero no es lo que te hace un piloto exitoso. La enseñanza de la escritura en el mundo hispanoamericano es muy defectuosa porque es punitiva, porque vive del castigo, porque está muy concentrada en lo correcto o incorrecto. La buena escritura, más que de reglas, depende de ciertos hábitos. Por ejemplo yo aprendí que los posesivos son muy pesados para la lectura. Ponerlos o no, nada tiene que ver con la corrección, pero el exceso de estos es pesado. Eso solo lo descubres con bueno hábitos.
En el 2014, durante la crisis más fuerte de El Malpensate, envió una carta a los lectores en busca de ayuda. Si bien usted es conocido por ser directo con sus palabras, en esa carta terminaba diciendo "piensen en algo y conversamos". Eso reflejaba una frustración muy fuerte. ¿Cuán difícil fue ese momento y cuál es la situación actual de la revista?
El Malpensante tiene garantizada su subsistencia, pero apretada. Aquí en Perú tengo entendido que también Etiqueta Negra está en un momento difícil. Es realmente increíble que en estos países no sea posible mantener este tipo de publicaciones porque no hay el apoyo. En este caso solo sería filantropía, porque solo los anuncios no te van a dar. Fue frustrante, claro, pero nadie nos dijo que sería fácil. Poco a poco estamos encontrando caminos heterodoxos.
¿Cómo explica que sea tan difícil en estos países hacer productos como El Malpensante? ¿Cuál es la conclusión a la que puede llegar después de veinte años atrás de la revista?

Para nuestras élites las cuentas inmediatas son todo, no piensan en la colectividad. No saben para qué sirven las artes y son indolentes. Las élites económicas y políticas de estos países -y me atrevo a generalizar- son demasiado incultas.


Foto de portada: Andrea Jibaja / LaMula.pe

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Escrito por

Raúl Lescano Méndez

Periodista. Editor de la revista Poder. @rlescanomendez


Publicado en

Redacción mulera

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