Yo me quedo en casa

Dante Trujillo: "Quisiera escribir sobre esas cosas que son muy difíciles de narrar, que casi no se pueden transmitir"

Una conversación con el escritor peruano a propósito de la reciente publicación de su primer libro de relatos 'El palacio de la felicidad'.

Publicado: 2015-04-25

La relación de Dante Trujillo (Lima, 1973) con la literatura y los libros es tan vieja como emotiva. Se podría decir que antes de publicar su primer libro de cuentos El palacio de la felicidad (Planeta, 2015), Trujillo ha habitado todos los espacios que tienen como centro gravitatorio a los libros. Estudió literatura, ha sido librero, corrector de estilo y editor. Actualmente dirige la editorial Solar, desde donde gestó la revista literaria Buen Salvaje y acaba de ser asignado como director del suplemento El Dominical del diario El Comercio.

Desde la fundación de Buen Salvaje, estuvo claro que la revista nunca generaría ingresos; se trataba de un proyecto motivado por el cariño y el presupuesto se iba en los costos de impresión y distribución. A pesar de que en los últimos meses la revista ha sufrido un pequeño traspié por el retiro de algunos auspicios y depende esencialmente de sus suscriptores, su prestigio no deja de crecer. Se alista la aparición de su edición mexicana (esta se sumará a las existentes en Colombia, Costa Rica y España) que arrancará imprimiendo 30 mil ejemplares. Entre los próximos planes de la revista, ahora bajo la dirección de Juan Carlos Fangacio, está el relanzamiento de su pagina web que unificará los contenidos de todas las ediciones internacionales. Esfuerzo que podría hacer de este proyecto el portal con la mayor cantidad de poemas, cuentos, contenido literario y reseñas de libros en hispanoamérica.

Pero lo que nos reúne hoy es su debut como narrador; cosa paradójica tomando en cuenta que ya supera las cuatro décadas. Son precisamente las paradojas las que sirven de punto de partida a los seis relatos que componen el libro. A continuación una conversación sobre los placeres de dedicarse a escribir sin otro motivo que escribir.


Dante, ¿Qué es lo que buscas cuando escribes? Me interesa también el hecho de que publiques tu primer libro ahora; porque estamos en un medio enquistado con la temática juvenil, con la figura del autor joven.

Pienso que el proceso de la escritura es absolutamente distinto e independiente del proceso y el fenómeno de la publicación, además tienen motivaciones absolutamente distintas. La escritura tiene que ver con determinadas pulsiones o motivaciones que pueden ser: la venganza, la rabia, algún conflicto del ego, para que te quieran más, porque lo haces bien, muchas razones. 

Por otro lado, hay otra cosa que es la publicación y solamente publicas para que te lean, no hay otra razón. Cuando alguien publica algo, desde un libro hasta un articulo, es porque quiere que lo lean, tú no publicas tus poemas para recibir dinero a cambio. Tú quieres que te lean. Quieres que te lean porque consideras que lo que has escrito es aceptable.

Los motivos de mi escritura son quizá una mezcla de todo lo que te mencionado previamente: porque disfruto haciéndolo, porque me torturo un poquito, porque tengo muchas cosas que me dan vueltas por mucho tiempo, personajes sobretodo. Hay paradojas que suponen un reto, me desafían las paradojas y las cosas que son difíciles de narrar. Me gusta escribir sobre lo que me conmueve y tratar de trasmitir esa conmoción. Ese es un factor importante en la escritura; en general en todo lo que me atrae artísticamente tiene que haber un componente de conmoción. Sino siento que alguien se ha dejado algo ahí puesto, no me toca, me es irrelevante.

He publicado recién porque me parece que, por un lado, es digno y coherente. Por otro me parece que, sin querer y probando, he encontrado algo; una veta de la cual sacar mucho material. Me siento muy cómodo con varias cosas que tiene el libro. La extensión de los relatos, por ejemplo, algunos parecen pequeñas novelas.

La forma de escritura es muy cercana a la novela.

Exacto. Es un espacio que se parece al cuento pero escribo como si tuviese todo el tiempo del mundo. Me gustan esas historias de personajes, poder desarrollar el personaje, que también es algo que se usa más en la novela que en el cuento. Siento que escribo más sobre personajes que sobre historias. Respondiendo a la pregunta sobre por qué publico ahora y no antes; he podido hacerlo antes, por supuesto, pero simplemente me parece un poco fatuo publicar. Nunca he sentido el impulso de publicar, la necesidad de publicar. Digamos que mi ego no lo necesita. Si lo hago ahora es simplemente porque me he sentido cómodo, me ha divertido la experiencia de hacerlo.  

Además ha sido un encuentro con un editor que me ha parecido magnifico, el trabajo con Jerónimo (Pimentel) ha sido estupendo. Como editor siempre he sido muy exigente y eso no significa que yo considere que estas sean de las mejores historias del mundo. Simplemente estoy satisfecho conmigo mismo y además he encontrado un editor que me ha respaldado y por el cual estoy muy agradecido. Nunca he sentido la pulsión de "¡Uy! se me va la juventud, tengo que publicar".

foto: bruno sanches / lamula.pe

Te lo digo justamente por eso, porque hay un montón de gente que sí la siente. O peor aún,  gente que tiene la necesidad que publicar un libro al año por que si no “van a caer en el olvido”.
O antes de los treinta porque va a dejar de ser una promesa. Va a tener el peso de ya no ser una promesa sino que va a tener que ser una realidad. Porque siempre puedes vivir de una promesa, como una deuda; en cambio como realidad ya tienes que demostrar. Siento que durante el ejercicio de escritura de esto, como te digo, he encontrado una cuerda de la que puedo seguir jalando. Y ya tengo imágenes difusas de ese territorio al que me estoy acercando y al que me voy a seguir acercando y me siento cómodo. Básicamente es eso, que me siento cómodo con ese paisaje que veo, borroso, pero que más o menos ahí está. Sé que al otro lado del río hay algo, eso me hace sentir cómodo.
Esto tal vez tiene que ver con la edad también. Hay quienes que se aproximan a la literatura pensando: “estoy escribiendo la novela del siglo”. Entonces tiene que adornar su escritura con todos los fuegos artificiales que pueda.
El estilo también es otro fruto del tiempo, no sé como decirlo sin que suene vanidoso; me parece que está bien. Es otra cosa con la que también me siento cómodo, me gusta la combinación entre sequedad y frases largas. Evito la huachafería, aunque seguramente se me sale, pero la evito.
Se nota que hay ese cuidado. Como pasa con los personajes, tienes una aproximación honesta, transparente. Como si dijeras: tengo estas historias que contar y las voy a contar así, como estamos sentados conversando aquí. No hay una...

Grandilocuencia literaria, digamos. Tiene que ver con las propias lecturas también, con lo que me gusta leer. A mi me gusta y quizá sea evidente, cierta narrativa norteamericana. Estoy pensando más en Alice Munro que en David Foster Wallace. Estoy sonando como un fanfarrón, como si me pudiese comparar con el mundo de ambos. Pero hacía ahí me gustaría que se pudiese dirigir mi escritura, ahí me siento cómodo, en ese tipo de narrativa.

FOTO: BRUNO SANCHES / LAMULA.PE

Tus cuentos revelan un cariño especial por sus personajes, cosa que no pasa siempre, hay escritores que pueden ser muy crueles con sus personajes. Te gusta insertarte en las paradojas y también las paradojas que son los personajes en sí mismos. Eso también se relaciona al aliento y la forma de escribir; no es que tengas un mapa del tipo: "quiero llevar a este personaje del punto A al punto B".

Sí, exacto, tal cual. No es tampoco que no tenga la menor idea de lo que va a pasar con el personaje; en algunos casos está mas claro que en otros. Por ejemplo, en Emilia Cisneros, lo que tenía era la anécdota: esta persona que recibe un sobre con un montón de dinero de alguien que le dice que le está pagando una deuda desconocida. Pero fue tan fuerte el crecimiento del personaje, que la anécdota dejó de inmediato de ser el motor. 

Me he pasado mucho tiempo con el personaje, imaginándome la situación y construyéndolo en mi mente. Eso me ha pasado con todos, podría seguir escribiendo sobre estos personajes mucho tiempo más. César de María dijo en la presentación, que si yo escuchase a Emilia Cisneros en una panadería la reconocería. Eso me gustó mucho.

En algunos casos la convivencia ha sido verdaderamente larga. Larco, el personaje que narra Acariciar al tigre, ha estado conmigo desde la librería, desde 1998. Por eso pienso que podría seguir escribiendo sobre esas personas, porque las conozco muy bien.

También está la casualidad de que la mayoría son mujeres, cosa que no sé exactamente a que se debe.

No ha sido algo deliberado.

Exactamente, no ha sido plantearme una tarea. En los orígenes de este libro tenía muchas historias, algunas más cerradas que otras. En algún momento me dije, ya que tenemos estos personajes ¿por qué no hacer un libro sobre mujeres?

FOTO: BRUNO SANCHES / LAMULA.PE

Son el hilo conductor.

No sé si son un hilo conductor, hay varias cosas que los unen. Pero lo primero que tuve más o menos claro para darle forma al libro era que fueran historias de mujeres. Entonces si te fijas, aún cuando la voz narrativa es de un hombre como en Club de invierno, lo que la motiva son tres mujeres. Está la hija del narrador, un personaje inspirado en la relación con mi hija, y otras dos mujeres que triangulan la historia. 

En algunos casos es más evidente, porque o es la protagonista o deflagra la situación como en el caso de El palacio de la felicidad. En ese cuento la mujer es un personaje que no sabemos si es real, pero que viene del pasado para rehacer todo.

Otro hilo conductor es Miraflores, pero eso ha salido muy espontáneamente.

Sí, está cargado de la naturalidad con la que uno se sitúa en el espacio con el que se relaciona durante su vida. Sin embargo, el espacio y el tiempo en el que suceden los cuentos es bien particular. Situarlo en determinado año o década es muy difícil.

Yo por lo menos he pensado en el presente. De las cosas que tienen en común los cuentos de libro, dos ya las hemos mencionado: Miraflores y las mujeres. Otra podría ser que casi todos los personajes tienen aproximadamente mi edad, están alrededor de los cuarenta. Otra cosa es que no hay una relación de pareja que funcione en todo el libro. 

La narración está en el presente, pero todo sucede en un pasado más o menos reciente. El pasado reciente es 1998, pero no necesito demarcarlo tan claramente.

Me interesa marcar más las fronteras físicas del lugar. Me gusta narrar el espacio físico en el que vivo. Cuando era chico pensaba que eso era bien poco literario, ahora pienso lo contrario. Me gusta vivir aquí, caminar por la avenida Larco es donde más me gusta caminar en el mundo. Todos tienen sus ciudades favoritas y claro, a mi también me gustaría vivir en otro sitio; pero caminar por Larco me gusta más que caminar por cualquier otra avenida.

foto: difusión.

Esta atención por evitar la huachafería, es también por no caer en el cliché. Logar una historia que tenga consistencia, que pueda sostenerse por si sola. Me interesa pensar un poco en el proceso, en cómo vas cerrando un cuento.

Son los personajes los que siento que de alguna manera los cierran. Algunos han sido reescritos siete veces, otros han sido mutilados, otros han salido casi a la primera y creo que es una cosa medio milagrosa, inexplicable. Hay cierto momento en que la escritura ya se puede tocar un poco con lo mágico, como puede pasar con la pintura o la música. Pero no estoy hablando de mí como un demiurgo, sino que simplemente algo sucede y dices: “qué maravilla esto es exactamente lo que quería decir”. 

Hay una escena en Club de invierno en el que el padre está con la hija, vienen de la piscina, y el está como abatido y se sienta en la sala a ver la tele. La hija de la manera más natural del mundo lo coge de la mano. Hay varias situaciones con la mano en ese cuento. En un momento le preguntan por la madre a la chica y esta le aprieta los dedos al padre. En otro momento cuando le hacen una pregunta incómoda al padre, él le agarra los dedos a la hija. Como buscando protección. Él en el fondo está buscando un lugar en ese mundo en el que no se sienta tan incómodo y ese lugar es finalmente al lado de su hija, sin ningún tipo de erotismo. De pronto sucede que sienten como un temblor, ella no se llega a asustar pero da un respingo. No se dicen nada, pero él la lleva de la mano al balconcito del bungaló a ver pasar el tren que baja de la Oroya.

Esa es para mi una situación muy difícil de describir con palabras. Yo quisiera escribir sobre eso, sobre esas cosas que son muy difíciles de narrar, que casi no se pueden transmitir; y que tienen que ver con esas pequeñas conmociones de las que te hablaba al principio.

Esa clase de momentos no se pueden fabricar, no se pueden introducir artificialmente. Solo aparecen con el ejercicio constante.

Claro, eso es a lo que me refería como momentos mágicos. Sientes que el personaje ha prendido en ti; lo que le sucede a él un poco que te sucede a ti. Me imagino que a los músicos, a los pintores o a los artistas les debe pasar algo parecido. No me considero un artista, estoy mucho más cercano a la artesanía, en todo caso. Pero sí, cuando coges ese vuelo es precioso. Para mi ha sido una experiencia magnifica.




Dante Trujillo
El palacio de la felicidad
Planeta, 2015.
217 pp.


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Escrito por

Andrés Hare

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Publicado en

Redacción mulera

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