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Jesús Cossio: "Mi problema con Facebook es que tiene una falsa proporción de felicidad"

Entrevistamos al historietista Jesús Cossio sobre su próximo taller, su trabajo pasado y futuro y su escepticismo.

Publicado: 2015-02-07

Jesús Cossio probablemente sea el más experimentado y más versátil historietista actual peruano. Se declara autodidacta, egresado de la escuela del ‘aprender haciendo’, del compartir con amigos y de tener amigos en vez de maestros: Julio Polar, Miguel Det, Lucho Rossell.

Ahora que Cossio domina con timidez el arte del cómic, dedica buena parte de su tiempo a dictar talleres en Perú, Colombia y otros países. Sabiendo que no se puede enseñar a dibujar bien ni a escribir buenos guiones en tres clases de dos horas, Cossio, enfoca su taller en “que la gente pierda el temor a la página en blanco. Con eso y algunas cosas muy elementales las personas ya pueden salir del taller listas para hacer sus propias historias”.

Además, como autodidacta, Cossio se ha enfrentado al intrincado mundo de la publicación editorial, y en los talleres relata lo que le pasa como historietista en ese mundo. El método que usa lo ha puesto a prueba dando talleres en colegios: “hay que ir y enseñarle en dos horas a personas que nunca han hecho un cómic. Así que voy y hago un cómic desde cero, y luego ellos tienen que hacer los suyos sin mí”.

Los temas que se trabajan en los talleres son libres, pero si lo que quieres es hacer cómics de superhéroes te vas a sentir un marciano: Cossio ha trabajado, en formato de cómic, algunas historias periodísticas (en libros sobre el conflicto armado interno como Rupay y Barbarie) y, por otro lado, las tiras de Facebook Mala Onda –que él define como medianamente autobiográfica– y Las increíbles aventuras del hombre que NO se hacía dramas –en las que un personaje acidísimo sobrevive en un mundo lleno de absurdos románticos–.

El taller de este mes se dictará en la Librería Arcadia Mediática, que también realiza otros eventos relacionados al cómic: festivales de fanzines, exposiciones y un Club de Lectores de Cómic, organizado por el mismo Cossio. Aunque al Club le va bastante bien –tiene buena asistencia, se ha mantenido activo desde julio del año pasado–, a Cossio no le gusta que la gente se agregue al grupo: “El Facebook solo es para saber qué va a pasar. Yo, todo ‘grumpy’, a cada rato pongo ‘¿por qué se añaden? Acá no se va a discutir nada’. La gente se acostumbra mucho a hacer like a cualquier cosa en Facebook”.


¿Cuál es la relación entre tus trabajos más ‘serios’ como Barbarie y Rupay y los más ‘light’ como Mala Onda y Las increíbles aventuras del hombre que no se hacía dramas?

Aparte de que los hago yo, no sé. Tampoco los veo como que uno es más light que el otro, simplemente son cosas distintas. Y de hecho hay mucha gente que puede creer que Las increíbles aventuras del hombre que no se hacía dramas son más serias que el cómic periodístico, porque les afecta más. Como que es algo que se les pone en la cara. Es menos serio porque es más divertido hacerlo.

Muchas veces, para hacer mis temas de cómic periodístico, trabajo en un estado de indignación y casi de incredulidad ante las cosas que uno va leyendo, porque parece increíble la cantidad de crueldades que se pueden cometer con impunidad. Trabajo en un estado alterado. En cambio con lo otro es un estado de burla constante. Este taller va a estar enfocado a hacer cómics más humorísticos.

¿Tienes en mente hacer nuevas historias periodísticas?
El año pasado he estado un poco flojo, pero este año sí tengo varias historias. No solo del Perú, sino latinoamericanas. Ahora son más cosas que yo he visto. He ido a una comunidad de desplazados, también hablé con las madres de ANFASEP [Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecido del Perú], esas son historias que quiero contar a manera de cómic documental.
¿Crees que con el atentado a Charlie Hebdo la labor del historietista se ha vuelto peligrosa?
Yo no estoy de acuerdo con victimizar la labor del dibujante. Peligrosos me parecen un montón de otros oficios como la gente que es activista de derechos humanos, activistas ecológicos, gente que pelea contra la impunidad en el campo.
Pero en Barbarie se muestra de manera muy cruda la impunidad de los responsables de las Fuerzas Armadas. ¿No corriste un riesgo al publicar eso?

Yo soy afecto al trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, no suscribo del todo el informe, pero me parece un gran trabajo. yo no podría haber hecho Barbarie sin él. Barbarie es trabajar, hasta cierto punto, en territorio seguro. el humor gráfico da para una discusión más larga, pero no me gustaría que la gente comience a convertir en héroes a los dibujantes.

En las dos facetas de tu trabajo –el periodístico y el autobiográfico– tú criticas un statu quo. ¿Tomas esto como una responsabilidad?

No. Justamente por esto de Charlie Hebdo, lo que no quiero es imbuirle más seriedad de la que tiene a mi trabajo. Finalmente, a mí me gusta dibujar, a veces me gusta mucho, a veces soy un poco flojo, pero no es que yo me siente a dibujar pensando ‘qué gran responsabilidad tengo con el mundo para hacer esto’. 

Lo que me gusta hacer con el cómic documental es, sí, señalar el problema del statu quo, el poder, la dominación. Me gusta hacerlo porque creo que en el cómic hay una fuerza para mostrarlo.

¿Adoptar una actitud un poco más cínica –como la de Mala Onda– puede ayudar a salir del sentimentalismo del Facebook?

Tengo problemas con la palabra cinismo. Yo diría que es una actitud escéptica. El cinismo es simplemente aceptar que lo malo es malo y no hay mucho que hacer al respecto, excepto acomodarse a ello. En cambio el escepticismo es decir ‘esto me genera una duda’, y ver a dónde me lleva esta duda.

¿Qué libros actuales de cómic recomiendas?
El libro Virus Tropical, de Powerpaola es autobiográfico y lo recomiendo mucho. La revista Carboncito también porque tiene un buen muestrario de historietistas latinoamericanos. Me encanta lo que hace el español Miguel Brieva. Los libros de Joe Sacco, como Notas al pie de Gaza y Reportajes, se están vendiendo acá. Ambos libros son muy, muy recomendados.
Un poco deprimentes, también.
Sí, son duros, son severos en lo que cuentan. Pueden ser un poco deprimentes, pero también acaban con una nota de supervivencia: la gente está sobreviviendo a eso. Por lo menos en Notas al pie de Gaza.
Los cómics de no-ficción suelen ser bastante tristes. ¿Crees que la vida es un poco así, pesimista?

Sí, seguramente. No diría pesimista. Yo creo que la vida es muchas cosas. Es dolorosa y es feliz. Mi problema con Facebook es que tiene una falsa proporción de felicidad. Nos ocurre a todos todas las semanas e incluso en un mismo día que estamos contentos y tristes. Pero el Facebook da la impresión de que la gente es feliz casi siempre. Eso me exaspera un poco. Sobre todo porque yo leo muchas cosas para hacer cómic documental, y son cosas terribles. 

No por eso digo que la vida es horrible, atroz al 100%, pero sí vivimos en un mundo muy duro. Yo y otros amigos tenemos una casa y comemos todos los días. No solo diría que hay gente que no tiene eso, diría que la mayoría de personas no disfrutan ese privilegio. Aunque suene muy gruñón, me exaspera la gente que pone cosas irrelevantes, cada minucia que hacen, como si fuera algo increíble. Me parece muy triste ese grado de falsa felicidad.

Quizá, ahora sí, ese es el cinismo.
Sí, eso puede ser más cínico: el decir ‘yo tengo lo mío, miren qué feliz soy y no me importa lo demás’. Tampoco se trata de estar todo el tiempo culposo, pero sí de aceptar que vivimos en un mundo terrible y que lo es más para muchísimas otras personas.
¿Qué hacer, entonces?
Primero, ser escéptico, preguntarse. Luego, cada uno debe ver en qué cree y en qué no cree. Y averiguar hasta qué punto esas creencias lo llevan a uno a ayudarse y a ayudar a los demás.
¿Con los talleres tú puedes ayudar a tus alumnos a expresar eso?

No lo sé. Mi taller es para transmitir un tipo de oficio. Sí doy mis opiniones y converso, pero para mí lo esencial es que la gente se vaya con un conocimiento útil. Para eso paga, para eso tiene el interés, para eso le dedican ese tiempo.

La mitad de las personas que se inscriben dibujaban cuando eran niños y de repente algo pasó que hizo que lo dejaran. Para mí lo más relevante es que la gente recupere ese placer y pierda el miedo al dibujo.

En la línea del cómic literario, ¿tú tienes algún proyecto de novela gráfica?

Hay algunas novelas que me gustaría adaptar. Hay un tipo de adaptación que es como muy cuadriculada y que no me gusta. A mí me gustan adaptaciones un poco más fuertes, un poco más viscerales. Uno de mis libros favoritos es El corazón de las tinieblas [de Joseph Conrad]. Es un libro extraordinario, brutal, intenso. Me gustaría intentar algo con eso. También me gusta mucho Phillip K. Dick. Tiene unos cuentos extraordinarios que me parecería fabuloso poder adaptar.

Hay mucha adaptación al cine, de Dick.

Digamos “adaptación”, entre comillas, porque una de las cosas que yo converso en los talleres es que la adaptación no se trata de descuartizar un material y transformarlo en una imitación de la esencia del material, que es lo que pasa mucho en el cine. Cogen la premisa y luego le meten un montón de basura y termina siendo algo pésimo, con muy pocas excepciones. Justo ayer estaba viendo otra vez Blade Runner, y esa sí me parece una adaptación extraordinaria.

Es una historia paradójica la de Phillip K. Dick: en los últimos cinco años se han hecho cerca de 10 películas multimillonarias con sus libros, cuando él en algún momento tuvo que comer carne de caballo porque no tenía dinero.

¿A ti te resulta rentable ser historietista?

Historietista, no. No es rentable. Pero todo lo que se puede conseguir por añadidura, sí. Por ejemplo, que me contraten para hacer talleres a escolares es un ingreso. Tampoco trato de hacer dos talleres al mes, porque eso me quita el impulso y las ganas.

Yo me siento afortunado, porque trato de mantener mi vida a un nivel en el cual puedo sobrevivir sin obligarme a hacer muchas cosas que no me gusten. Casi ninguna, en realidad.



[Imagen de portada: AV Comics]


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Escrito por

Valentina Pérez Llosa

(Ex)estudiante de filosofía. Amante del cine, la fotografía fuera del estudio, el café y la comida. facebook.com/vperezll @vperezllosa


Publicado en

Redacción mulera

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