#CómoSalimosDeEsta

"Lolo", un futbolista de una estirpe extinta

El periodista Gonzalo García se internó por un año en la vida del ídolo máximo del club Universitario de Deportes y como resultado ahora los hinchas del fútbol pueden disfrutar del libro "La Camiseta de Lolo". 

Publicado: 2014-02-21

Gonzalo García Bedon ha incursionado con el libro "La Camiseta de Lolo. Un futbolista al que no le seducía el dinero", en la infrecuente, al menos en nuestro país, crónica deportiva.  Apostar por un personaje como Teodoro "Lolo" Fernández, el ídolo máximo de uno de los clubes de fútbol con más arraigo popular como es Universitario de Deportes, era de por sí una apuesta ambiciosa. Y el libro no decepciona. El hincha apasionado podrá conocer en "La Camiseta de Lolo", no solo a aquel personaje elevado a la condición de mito que le marcó tres goles a Alianza Lima, el clásico rival, en el partido que selló su retiro del fútbol, sino también al humilde trabajador de Aduanas que al día siguiente de su increíble hazaña, acudió, bañado y peinado, a trabajar.  Y por su puesto, el amante del buen periodismo, es decir el periodismo bien escrito y bien investigado, gozará con un libro que le demandó un año de investigación a su autor. 
A continuación reproducimos una breve extracto del libro que ya se encuentra en librerías:

Lolo Fernández a sus setenta y siete años lloraba desconsolado como un niño. No lo hacía de emoción, como un 30 de agosto de 1953, cuando dio la vuelta olímpica a la cancha del Estadio Nacional el día que marcó tres tantos a su clásico rival, Alianza Lima, el día de su despedida. Le había pegado a una enfermera, estaba amarrado y postrado en la cama de la habitación 203, el cuarto más grande de la clínica Maison de Santé del Centro de Lima. No había medido su fuerza, como cuando dicen que pateaba una pelota descalzo en la hacienda Hualcará, cuando era niño, y rompía la pared de adobe de la iglesia de la comunidad, o como cuando dicen que sacó un cañonazo desde casi la media cancha que obligó al portero Rottman, de Vélez Sarsfield, a entrar con el balón en el arco. Postrado en su cama, Lolo Fernández repetía: «Mamita, suéltame, por favor».

Era 1990 y Lolo estaba enfermo y lejos de esas leyendas que se habían tejido durante sus veintitrés años jugando al fútbol. Lolo recordaba poco de esas gestas futbolísticas. Olvidaba los cinco goles que una vez con camiseta de la selección le marcó a Finlandia en las olimpiadas de 1936, o los cinco goles que le marcó a Racing Club en el Estadio Nacional con camiseta de Universitario.

El disparo de Lolo iba a ciento cincuenta kilómetros por hora, según el periodista Teodoro Salazar Carnaval. Una velocidad que algunos vehículos no pueden alcanzar. Por algo, el periodista Óscar Paz del diario La Crónica lo apodó el Cañonero. Dicen que tenía el disparo más fuerte de toda Sudamérica, dicen que fue el mejor delantero de la historia del fútbol peruano, dicen que su disparo tenía tanta potencia que los arqueros le tenían miedo, dicen que metía goles desde el medio campo.

Hasta el periodista chileno Renato González comparó a Lolo con el astro del fútbol como el húngaro Ferenc Puskás, el argentino-español Alfredo di Stéfano, el alemán Gerd Müller, el británico John Charles y el uruguayo Gabino Sosa. ¿Verdad o mentira? Todas estas historias son parte del mito que convirtió a Lolo en algo más que un ídolo, un elegido, un dios para los hinchas de Universitario de Deportes.

Es el único futbolista que marcó tres goles en la inauguración del estadio que llevaba su nombre, el 20 de julio de 1952, cuando la U venció a Universidad de Chile por 4 a 2. Recibió un cheque en blanco del presidente de Colo Colo, Robinson Álvarez, para que jugara por su equipo. Dicen los periodistas de la época que Lolo Fernández batió la barrera de los mil goles, una cifra a la que solo llegaron los brasileños Pelé y Romario.

Los miembros de la Trinchera Norte repiten su nombre en cada partido, sin haberlo visto jugar. Repiten las historias y mitos que lo convirtieron en ídolo máximo del club crema. Entonces, ¿por qué lloraba Lolo esa mañana del 6 de mayo de 1990?

La enfermera Dora Valcárcel había ingresado a trabajar ese mismo año a la clínica del Cercado de Lima. El jueves 2 de mayo, le propusieron cuidar a un paciente, el de la habitación 203. Ella no tenía idea de quién era el personaje que le tocaría atender. El domingo tenía que llegar unos minutos antes de las siete de la noche para que la enfermera Felícita Ruiz le explicara los cuidados especiales que había que tener con el paciente que ella todavía no conocía. Solo le habían advertido que era una persona un poco agresiva. No sabía lo que le esperaba. Ella se ríe constantemente, pero mientras cuenta esta historia cambia su expresión. Se pone sería.

Esa noche, la enfermera tenía que cuidar al ídolo máximo de Universitario. Tenía que dejarlo bañado para cuando entrara la siguiente enfermera, pero el Cañonero, al no conocerla, se negó. Lolo se empezó a agitar, respirando rápidamente por la nariz con un ruido constante. Recuerda Valcárcel, que mide menos de un metro sesenta, que no sabía qué hacer para calmar al exfutbolista, un anciano bastante terco.


Notas relacionadas:

Alcaldesa Susana Villarán rinde homenaje a Teodoro 'Lolo' Fernández.

Lolo: Las canciones del Cañonero.

La 'U' le dedica el triunfo ante Vallejo a Lolo Fernández.

Exposición de arte en homenaje a 'Lolo' Fernández.

Perú: 2013, centenario de 'Lolo' Fernández.


Escrito por

Enrique Larrea

Editor y periodista. Escribo informes, reportajes y crónicas que han aparecido en diferentes diarios. Formo parte del equipo de La Mula.


Publicado en

Redacción mulera

Aquí se publican las noticias del equipo de redacción de @lamula, que también se encarga de difundir las mejores notas de la comunidad.