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Pese a la deforestación y degradación, aún se puede salvar el 80% de la Amazonía

Líderes indígenas e investigadores publican nuevo informe: 'Amazonía a Contrarreloj', y exhortan a los líderes mundiales a tomar medidas urgentes.

Publicado: 2022-09-09

La destrucción ambiental en partes de la Amazonía es tan completa que franjas de la selva tropical han alcanzado un punto de inflexión y es posible que nunca puedan recuperarse, según un importante estudio realizado por científicos y organizaciones indígenas que se presentó esta semana en Lima durante la V Cumbre de la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), al cumplirse un año de la aprobación de la Moción 129 del Congreso de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la cual busca evitar el punto de no retorno en la Amazonía protegiendo el 80% al 2025.

“El punto de inflexión no es un escenario futuro sino una etapa ya presente en algunas zonas de la región”, subraya el informe. “Brasil y Bolivia concentran el 90% de toda la deforestación y degradación combinadas. Como resultado, la sabanización ya se está produciendo en ambos países”.

Científicos de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) trabajaron con la COICA y la iniciativa 'Amazonía por la Vida' para producir el estudio Amazonía a Contrarreloj, uno de los más grandes hasta el momento, que abarca las nueve naciones que contienen partes de la Amazonía. De estas, solo Surinam y la Guayana Francesa tienen al menos la mitad de sus bosques perfectamente intactos. En otros países, hay entre un 26% y un 43% de los bosques perfectamente intactos, mientras que entre un 2% y un 25% de la selva tropical se ha perdido, con degradación de algunos bosques remanentes.

El informe establece que la protección del 80% de la Amazonía para 2025 es aún viable y que todavía estamos a tiempo para frenar la tasa de destrucción actual. El estudio contempla soluciones para frenar el avance del punto de no retorno, entre las principales está el reconocimiento de 100 millones de hectáreas de territorios indígenas, moratorias para salvaguardar los ecosistemas intactos y con baja degradación, un modelo incluyente de cogobernanza y una propuesta de condonación condicionada de las deudas de los países amazónicos.

“Este informe aborda de manera contundente el estado actual de la Amazonía y enmarca la simbiosis entre las amenazas a los ecosistemas y a los pueblos indígenas en nueve países. Existe una correlación directa entre la destrucción de nuestro hogar y los asesinatos a líderes y lideresas indígenas, defensores de nuestros territorios. Hemos corroborado que el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas de la cuenca amazónica, es una solución urgente para salvaguardar el 80% de la Amazonía. Debemos actuar todos en unidad, y debemos hacerlo antes de 2025”, dice Gregorio Díaz Mirabal, coordinador general de la COICA. “Cualquier esfuerzo menor sería poco y sería demasiado tarde. Hemos entrado en la zona de peligro”, resalta.


Las organizaciones indígenas amazónicas que representan a 511 naciones y aliados piden un pacto global para la protección permanente del 80% de la Amazonía para 2025. Este objetivo es un gran desafío dado que solo queda el 74% del bosque original. Se necesita una acción urgente no solo para proteger el bosque que aún está en pie, sino también para restaurar la tierra degradada y volver a ese nivel del 80%.

“Es difícil pero factible”, precisa Alicia Guzmán, científica ecuatoriana y representante de la organización civil internacional Stand Earth, que coordinó el informe. En su opinión, brindar a los grupos indígenas la administración de más tierras y protección estatal y eliminar las lagunas legales que permiten la entrada de industrias extractivas es la manera más segura de garantizar la preservación. “Tener a los indígenas en el proceso de toma de decisiones significa que contamos con el conocimiento de quienes más saben sobre el bosque". “Y necesitan presupuestos”, añade.

“Preservar el 80% de la Amazonía hasta 2025 depende por un lado, de los sistemas de conocimiento de los pueblos indígenas que habitan los territorios y por el otro, de una estrategia financiera global transformativa. Los países amazónicos dependen de que la comunidad internacional asuma su corresponsabilidad. Los impulsores que fomentan la destrucción de la Amazonía son cadenas de suministro de los países industrializados principalmente. Sin saberlo, comemos, nos transportamos y nos vestimos con productos que destruyen a la Amazonía. No podemos darnos el lujo de perder una hectárea más. El futuro de la Amazonía es una responsabilidad de todos”, resalta.



Una recomendación clave del estudio es una mayor colaboración entre los gobiernos regionales, las instituciones financieras internacionales y las firmas de capital privado que tienen gran parte de la deuda de las naciones amazónicas. América Latina es la región más endeudada del mundo en desarrollo y cancelar esa deuda a cambio de compromisos de preservación sería significativo.

“Tienen una oportunidad única ante ellos para perdonar la deuda existente a cambio de compromisos para poner fin a la extracción industrial y promover protecciones en áreas prioritarias clave, territorios indígenas y áreas protegidas”, dice el informe.

Entre las otras 13 “soluciones” propuestas en el informe están: una suspensión completa de nuevas licencias y financiamiento para la minería, el petróleo, la ganadería, las grandes represas, la tala y otras actividades similares; mayor transparencia y rendición de cuentas a lo largo de las cadenas de suministro; la restauración de tierras deforestadas; nuevos modelos de gobernanza que permitan una mayor representación y reconocimiento de los pueblos originarios.

“La deuda externa a los países amazónicos debe ser entendida como un impulsor sistémico y combustible de las actividades extractivas en toda la región. Como coalición, planteamos la condonación de esta deuda como una medida de protección inmediata para paliar los desafíos económicos que atraviesan nuestros países. Esta condonación estaría condicionada a la protección del 80 por ciento de la Amazonía. Los países industrializados y las Instituciones Financieras Internacionales asumirían la responsabilidad de salvaguardar el planeta, de mitigar el cambio climático y de aliviar la presión sobre la Amazonía con el liderazgo de los países amazónicos”, señala Tuntiak Katán, vicecoordinador de la COICA.

En conversación con La Mula Verde, Katán recuerda que los pueblos originarios ya vienen proponiendo iniciativas concretas para solucionar el problema de la deforestación, conservación e invertir en iniciativas con enfoque de economía indiena.

El representante de la COICA señala que la Amazonía tiene que ser defendida y entendida desde un punto de vista más amplio, no solamente como reservorio de la biodiversidad o reservorio donde viven pueblos indígenas y que no tienen nada que ver con el resto del mundo. "La Amazonía es un bioma interconectado con todo el planeta en diferentes ámbitos económicos, ecosistémicos y ambientales. La Amazonía y los pueblos indígenas contribuyen económicamente a toda la humanidad", enfatiza.

La Mula Verde también conversó con Nara Baré, líder indígena y excoordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Amazonia Brasileña. "Estamos aquí en Lima, en la Cumbre de la COICA, con líderes de los nuevos países de la cuenca amazónica para convocar a los gobiernos aliados a que estén con nosotros en esta lucha y resistencia al cambio climático, por un lado, y por el otro, para garantizar al menos el 80% de la selva amazónica viva. Amazonía soy yo, eres tú, los pueblos indígenas, todos los que habitamos este planeta", dice. 

Este informe es el producto de una metodología cuyo objetivo es consolidar un instrumento para guiar la política pública de los nueve gobiernos que integran la cuenca amazónica. "La RAISG conceptualiza a la Amazonía como un ecosistema integral que cubre un área de investigación de 847 millones de hectáreas. Uno de los principales hallazgos es que garantizar los derechos de los pueblos indígenas permite avanzar en la protección y la recuperación de la biodiversidad. Hemos demostrado que titular los territorios indígenas y asignar áreas protegidas es una forma altamente exitosa para prevenir la deforestación y la degradación de la selva tropical. La crisis climática, sin embargo, nos obliga a pensar en modelos de gestión en cogobernanza tal como planea el último estudio del IPBES”, señala, por su parte, la investigadora Marlene Quintanilla, directora de Investigación y Gestión del Conocimiento de la Fundación Amigos de la Naturaleza de Bolivia-RAISG.


(Foto abridora: Cicero Pedrosa)


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