El informe Los efectos desprotectores de la protección del empleo: el impacto de la reforma del contrato laboral en el 2001, realizado por el economista, historiador e investigador principal de Grade, Miguel Jaramillo, y ganador del Premio Poder 2019 en la categoría Investigación en política económica, estudió el resultado de los cambios en la relación del empleador y el empleado.

En el 2001 ocurrió la reforma laboral más importante después de los noventa, impulsada por el Tribunal Constitucional, que en ese momento reinterpretó uno de los artículos de la ley de fomento del empleo y lo declaró inconstitucional. Lo que decía este artículo era que frente a un despido arbitrario lo que correspondía como única vía de reparación era darle una indemnización al trabajador. El TC logró abrir otras posibilidades, por ejemplo, la reincorporación de la persona despedida.

La consecuencia, según Jaramillo, fue que el costo de terminar una relación laboral se volvió incierto para los empleadores. Para no lidiar con esta situación, desde ese momento han optado por realizar masivamente contratos temporales, los cuales antes eran dados sólo a casos particulares.

El especialista mencionó que en el 2018, la Encuesta Nacional de Hogares sobre Condiciones de Vida y Pobreza (Enaho) arrojó que sólo 1 de cada 10 contratos nuevos son indefinidos. Esto conlleva a que los trabajadores con contratos temporales tengan salarios más bajos, pierden beneficios, estabilidad laboral, y se les restrinja la posibilidad de que la empresa invierta en su capacitación. Las tasas de sindicalización y la productividad del trabajador también se reducen. Según el economista estos efectos son perniciosos.

“Hay que asegurar tener sistemas que provean a los trabajadores las oportunidades para reengancharse rápidamente en un nuevo trabajo, lo que incluye un salario de reemplazo mientras se re-entrenan y buscan un trabajo de acuerdo a sus competencias. No hay servicios públicos que apunten en esa dirección y eso es una grave carencia”, dijo en entrevista con Javier Torres en La Mula.

Con las nuevas tendencias tecnológicas y de consumo, el cambio es permanente en el mercado laboral. El economista indicó que aunque no se puede exigir que un empleador viva con el mismo trabajador toda su vida, sí se debe poner el mayor esfuerzo para que ese trabajador siempre tenga las competencias que le permitan conseguir un empleo, y esa es una responsabilidad que debe iniciarse en políticas públicas basadas en evidencias y no en posiciones ideológicas.




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