El presidente de EEUU, Donald Trump, está a punto de sufrir su segundo revés político (el primero fue su reforma sanitaria) en lo que va de su administración, y esta vez en una de sus mayores apuestas de campaña: el muro en la frontera sur del país, el cual prometió primero que México lo iba a pagar y luego que lo iba a financiar con dinero público y que vería la forma en que su vecino le reembolse lo gastado. 

Pero ni uno ni lo otro. El magnate va rumbo al fracaso en su intento de incluir en los próximos presupuestos federales fondos para la construcción del muro, ante el rechazo de esta medida tanto de los demócratas como de legisladores de su propio partido. El plazo para llegar a un acuerdo en este sentido entre el Congreso y la Casa Blanca vence el viernes de esta semana a la medianoche, pero las diferencias que hay en torno a la construcción parecen insalvables.

De hecho, el lunes, horas después de que en el Capitolio se iniciaran las últimas rondas de negociaciones y ante la falta de consenso, el presidente Trump declaró ante un grupo de periodistas en la Casa Blanca que está dispuesto a posponer su proyecto del muro fronterizo hasta septiembre, según ha confirmado el portal Politico.

Las tres grandes fuerzas que participan en la negociación son la Casa Blanca, que busca sacar adelante los primeros presupuestos federales de Trump; los republicanos, que quieren demostrar al presidente que pueden avanzar sus propuestas legislativas, y los demócratas, cuyo voto es necesario para aprobar la legislación, pero han negado su apoyo a condiciones que no son negociables para el mandatario.

Mick Mulvaney, director de la Oficina de Gestión y Presupuesto (OMB, por sus siglas en inglés) declaró a la agencia AP que "sabemos que hay mucha gente en el Capitolio, especialmente en el Partido Demócrata, a quienes no gusta el muro, pero ellos perdieron las elecciones. El presidente debería tener la oportunidad de financiar una de sus grandes prioridades en la primera ley presupuestaria de su mandato”.

Para los demócratas, dar presupuesto para la construcción en las frontera no es negociable. Su líder en el Senado, Chuck Schumer, asegura que no accederán a financiar el muro cuando los republicanos quieren retirar fondos del sistema público de salud para costearlo.

Los republicanos tampoco están convencidos. Ninguno de los legisladores de Estados fronterizos con México respalda la construcción, lo que puede dificultar aún más los planes de Trump.

En el caso de no llegar a un acuerdo entre las tres partes, el Gobierno federal se vería obligado a cerrar el tema, provocando una crisis política similar a la que paralizó Washington durante 17 días en octubre de 2013. Por ello, los republicanos del Congreso negocian desde hace varias semanas, tanto con la Casa Blanca como con los demócratas, para evitar este panorama.

Este episodio obligaría a recortar servicios públicos y pedir a miles de funcionarios que dejen de acudir al trabajo hasta que se acuerde un nuevo presupuesto que permita cubrir sus salarios.

Sin embargo, esta vez el escenario es aún más insólito, ya que el Partido Republicano tiene mayoría en ambas cámaras legislativas y ocupa la Casa Blanca. En aquel momento, el cierre fue la consecuencia del enfrentamiento entre el presidente de entonces, Barack Obama, y la oposición republicana en el Congreso.

Hasta ahora, la Casa Blanca no ha especificado donde están sus límites negociables de la que depende que el próximo sábado Trump amanezca listo para celebrar sus primeros 100 días con una crisis presupuestaria bajo el brazo o, por el contrario, con sus cuentas aprobadas.

Imagen de cabecera: EFE

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