¿Qué piensa un hombre, segundos antes de dispararse a la sien? Esta es una pregunta imposible de responder. En el caso de José María Arguedas (1911-1969), sin embargo, podemos conocer la maquinación que él mismo hizo de su suicidio. Un panorama que está al alcance de cualquier peruano. Tan solo basta abrir un ejemplar de 'El zorro de arriba y el zorro de abajo', la última novela del escritor nacido en Andahuaylas y publicada de manera póstuma en 1971. 

El libro es un hito en la literatura en lengua española. Como pocas veces, un autor interviene en la ficción e inserta sus diarios para anunciar la decisión de acabar con su vida. Un texto literario que no termina cuando lo personajes exponen su desenlace final, sino cuando el autor muere. Aquí no hay juegos ficcionales. Aquí hay una realidad 'pura y dura'. Y un libro de este calibre no deja indiferente a nadie. 

"La primera vez que leí la novela me dejó muchas emociones opuestas. Por un lado sentí una cercanía tremenda a la intimidad presente en los diarios y por otro había algo casi impenetrable, una resistencia presente en el mundo caótico y casi hasta apocalíptico del relato en sí", dice a LaMula.pe Daniella Wurst, candidata a Ph.D en Literatura en la Universidad de Columbia en Nueva York (Estados Unidos).

'Cartas de Chimbote', obra teatral de Yuyachkani inspirada en  'El zorro de arriba y el zorro de abajo' /foto: musuk nolte

A partir de sus estudios de pregrado, ella conocía la visión de la crítica sobre 'El zorro de arriba y el zorro de abajo': una lectura de crisis que expone un proceso dramático tanto literario como personal. Al voltear la última página, su percepción fue otra. 

"La sensación que me dejó fue una casi utópica del poder de la escritura, capaz de cargar la palabra con 'la materia de las cosas'. Y aunque al leerla se experimenta una especie de cataclismo, de apocalipsis, también está la sensación de que se cierra un mundo y se abre otro ciclo- que hay un horizonte universal en la escritura- en las posibilidades de la narrativa, del lenguaje y de la propia labor del escritor como tal".  

Desde las vísceras

Arguedas no fue un escritor cerebral, sino de vísceras. Su oficio se nutría de las experiencias vividas. Se enorgullecía de que fuera así y se reafirmaba como un escritor no profesional. 

"Yo no soy escritor profesional, Juan [se refiere a Rulfo] no es escritor profesional, ese García Márquez no es escritor profesional. ¡No es profesión escribir novelas y poesías! O yo, con experiencia nacional, que en ciertos resquicios sigue siendo provincial, entiendo provincialmente el sentido de esta palabra oficio como una técnica que se ha aprendido y se ejerce, orondamente para ganar plata. [...] Escribamos por amor, por goce y por necesidad, no por oficio". (Pág. 33-34). 

La narrativa del escritor estuvo ligada a su vida y a los procesos sociales de los que fue testigo. Así lo expresan, por ejemplo, Yawar Fiesta y Todas las sangres. Pero en el que fue su último libro, Arguedas quiso retratar la ebullición de Chimbote, en plena efervescencia del boom pesquero de los años sesenta. Una novela que refleja las dinámicas humanas y sociales que se generaban en esa zona costeña a partir del funcionamiento del capitalismo. Prostitutas, pescadores, empresarios, blancos, afroperuanos, indígenas, mestizos. El Perú contenido entre las arenas y la sal. 

edición de la editorial losada/imagen: mercado libre

"Al trasladar el centro de gravedad del país de la sierra a la costa, el discurso del migrante se agudiza, se expresa el desarraigo de los campesinos indígenas que tienen que ingresar en un sistema cíclico e inescapable en el que se debe trabajar para un capital que es invertido nuevamente en el sistema mediante el consumo de alcohol, vicios y prostitutas y que fuerza al sujeto a despojarse de su singularidad andina", reflexiona Wurst. 

Un relato que le costaría mucho al autor nacional. La depresión clínica que lo aquejaba le dejaba pocos espacios de tranquilidad para escribir, pero en ese combate contra sí mismo Arguedas expuso una compleja y honesta reflexión sobre el ejercicio literario lejos de la diplomacia o las 'buenas formas'. Sabía que cuando sus diarios fueran leídos estaría muerto. No tendría que soportar críticas malintencionadas o sin fundamento.

"Encontramos, entonces, una tensión entre lo público y lo privado. Un discurso que oscila entre el fracaso y una actitud de confrontación y la exaltación de la cultura autóctona y la naturaleza andina, todo sostenido por la escenografía macabra de la propia muerte", detalla la investigadora. 

El destino de un escritor

Existe en El zorro de arriba y el zorro de abajo una carta (fechada el 29 de agosto de 1969) que puede escarapelar a cualquiera: aquella que dirige Arguedas al editor Gonzalo Losada. En la misiva, el escritor le explica algunos aspectos de su última novela y realiza algunos pedidos para su edición. No obstante, el narrador también le señala que si considera "el relato como insuficiente", le permita a su viuda, Sybila Arredondo, ofrecer el libro a otro editor. Nótese la seguridad de la decisión: llama viuda a su pareja cuando todavía no tiene esa condición. 

La novela, como sabemos, se publicó de manera póstuma dos años después de la muerte de su autor. Su última edición (2013) estuvo a cargo de la Municipalidad de Nuevo Chimbote y la editorial Estruendomudo. La edición fue responsabilidad de Carlos Ramos Lozano. Él tuvo acceso, gracias a la hija de Arredondo, a las fotografías que el propio Arguedas tomó en su estadía en Chimbote, es decir, "el sustrato de la novela". "Eran fotografías variadas: barcos pesqueros, calles, el cementerio, etc. Algunas de ellas tenían escritas anotaciones del propio Arguedas en el reverso", nos comentó. 

A partir del contacto con el entorno familiar del autor nacional, Ramos empezó a prestarle más atención a las "reflexiones luminosas" antes que a los aspectos trágicos de la novela como la preparación del suicidio. Una de ellas -recuerda el editor- tiene como protagonista a un pino hallado en Arequipa:

"En los Andes del Perú los árboles son solitarios. En un patio de una residencia señorial convertida en casa de negocios, este pino, renegrido, el más alto que mis ojos han visto, me recibió con benevolencia y ternura. Derramó sobre mi cabeza feliz toda su sombra y su música. Música que ni los Bach, Vivaldi o Wagner pudieron hacer tan intensa y transparente de sabiduría, de amor, así tan oníricamente penetrante, de la materia de que todos estamos hechos y que al contacto de esta sombra se inquieta con punzante regocijo, con totalidad. Yo le hablé a ese gigante. Y puedo asegurar que escuchó y guardó en sus muñones y fibras, en la goma semitransparente que brota de sus corduras y se derrama, sin cesar, sin distanciarse casi nada de los muñones, allí guardó mi confidencia" (Pág. 212). 

Incluso hoy, algunos consideran que Arguedas se rindió en su lucha por revalorar la cultura indígena y la posibilidad de un cambio social en el Perú. Esa percepción está alimentada por una mirada prejuiciosa que se tiene de él. De hecho, el antropólogo nunca perdió la esperanza en el país. Sucedió simplemente que ya no contaba con las fuerzas para continuar la lucha.  

"Yo no voy a sobrevivir a este libro. Como estoy seguro que mis facultades y armas de creador, profesor, estudioso e incitador, se han debilitado hasta quedar casi nulas y solo me quedan las que me relegarían a la condición de espectador pasivo e impotente de la formidable lucha que la humanidad está librando en el Perú y en todas partes, no me sería posible tolerar ese destino", dice en la misiva a Losada. 

Quizás la influencia cristiana de la cultura peruana nos genera dificultades para entender por qué un hombre renuncia a su vida. Entonces, habría que preguntarse, en un ejercicio saludable de empatía, por la problemática que vive una persona que siente y piensa que ya no tiene nada que ofrecer a sí mismo y ni a su país. Arguedas no se mató por cobarde, sino porque no encontró otra salida a su dilema existencial. No se trata de justificar el suicidio, tan solo de reflexionar sobre una decisión que se preparó tanto en la realidad como en la ficción literaria. Y en esta última estancia fue un logro mayúsculo. 

[Nota. Las citas de 'El zorro de arriba y el zorro de abajo' fueron extraídas de la edición preparada por Estruendomudo y la Municipalidad de Nuevo Chimbote]

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