Es un hito en la historia política peruana de las últimas décadas. Miles de jóvenes se unieron para luchar en las calles contra una ley que atentaba contra sus derechos laborales y lograron su objetivo: los congresistas y el mandatario retrocedieron y derogaron la 'Ley Pulpín'.

El 11 de diciembre del 2014, durante el gobierno de Ollanta Humala, el Congreso de la República aprobó la Ley 30288 que llevaba el nombre de "Ley que Promueve el Acceso de Jóvenes al Mercado Laboral y a la Protección Social”. La norma, sin embargo, no beneficiaba a los jóvenes.

Con esta ley, los jóvenes, entre 18 y 24 años, no habrían contado con Compensación por Tiempo de Servicios (CTS), gratificaciones, seguro de vida, asignación familiar, pago de utilidades, seguro por trabajo en riesgo y sus vacaciones solo serían de 15 días al año.

¿Beneficios para los jóvenes? Ninguno. Esta norma, llamada luego 'Ley Pulpín', venía del Poder Ejecutivo impulsada por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), que había tomado las propuestas de la Asociación Peruana de Exportadores (Adex), la Sociedad Nacional de Industrias (SNI) y la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales del Perú (Confiep).

La noticia de la aprobación de la 'Ley Pulpín' circuló rápidamente en redes sociales y se convocó a una marcha para el 18 de diciembre (18D), nombre del colectivo que se formó a partir de esta movilización. A pesar de las críticas, Humala promulgó la ley el 16 de diciembre. Dos días después los gobernantes escucharían el rechazo en las calles.

foto: valentina pérez / lamula.pe

Esta primera marcha dejó detenidos y heridos por enfrentamientos con policías, que reprimieron violentamente desde el inicio de la lucha contra la 'Ley Pulpín'.

Cuatro días después, los jóvenes cargaron energías y se organizaron mejor para volver a las calles. Surgieron 'Las Zonas', grupos en Facebook para que los jóvenes puedan reunirse de acuerdo a sus distritos de origen. Las 14 zonas se juntaron para pintar pancartas, armar piquetes en las calles y cuidarse entre ellos en los momentos más violentas de las marchas.

foto: fermar / @fermarsh / twitter

El #22D fueron más de 20 mil personas en las calles de Lima, con replicas en las regiones. Marcharon desde el Centro de Lima hasta el centro empresarial en San Isidro. Hicieron una parada frente al local de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales (CONFIEP) para decirle a los empresarios que iban a defender sus derechos.

Luego, hicieron otra parada en el Óvalo de Miraflores y regresaron a la Plaza San Martín, a dónde llegaron alrededor de la medianoche. Recién ahí comenzó la represión policial. Imágenes demostraron luego que habían policías "terna" infiltrados para realizar detenciones arbitrarias.

El #29D se vivió una jornada parecida. Pero esta vez la CONFIEP fue clausurada (simbólicamente) por violar los derechos laborales. Así terminó el 2014 para el gobierno de Humala: con miles de jóvenes en las calles exigiendo que el Estado haga respetar sus derechos y los sindicatos desfilando frente al local de Confiep.

El 15 de enero (#15E) la protesta fue a nivel nacional. En Lima, los jóvenes se concentraron desde las tres de la tarde en la Plaza Dos de Mayo, Plaza San Martín y Campo de Marte. Los miles de jóvenes recibían cada vez más apoyo de diferentes sectores de la sociedad y la ley se hacía insostenible. 

Pero así como el apoyo social era más fuerte, la represión de la Policía también.

Luego de la cuarta marcha, el gobierno puso fecha a una sesión legislativa extraordinaria del Congreso para votar por la derogatoria de la Ley Pulpín.

El 26 de enero, los jóvenes despertaron con la esperanza de que su objetivo estaba cerca. Desde el mediodía, se concentraron en los exteriores del Congreso, donde en la tarde los parlamentarios votarían por un proyecto que iba a derogar la ley a la que habían rechazado en cuatro marchas.

Antes de las cuatro de la tarde, el Congreso retrocedió y derogó la Ley Pulpín. 91 parlamentarios votaron a favor, 18 en contra y 5 se abstuvieron.

Cinco jornadas de lucha y los jóvenes celebraron hasta el anochecer.

Como señala el sociólogo Enrique Fernández-Maldonado, autor de 'La rebelión de los pulpines' (2015), estos jóvenes que lucharon contra la Ley Pulpín lograron "lo que ningún partido político, movimiento social u organización sindical había logrado en varias décadas: derogar una ley diseñada en el Ejecutivo con asesoría de el Gran Capital, aprobada por el Congreso y santificada por los medios de comunicación de la concentración mediática”.


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