"Juan Manuel Santos habría podido promulgar el acuerdo sin necesidad de plebiscito pero cedió a la tentación de conseguir, junto con esa paz, el apoyo de sus votantes fugitivos", escribió el periodista argentino Martín Caparrós en una columna de la edición en español de The New York Times. 

Estas palabras describen, con concisión, la poca capacidad que tuvo un político para escuchar a sus compatriotas. Parece que la cabeza del mandatario colombiano se distrajo demasiado con las imágenes de lo pactado en La Habana. En ese trance, no estuvo solo: los altos mandos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC) lo acompañaron. 

Las flores amarillas tendrán que esperar. La ajustada victoria del No y el histórico ausentismo registrados el último domingo constituyen un llamado de atención a la clase política colombiana. Si como reza el dicho "nada es gratis en la política" (y un acuerdo de paz es un entendimiento político) el Gobierno y las FARC olvidaron que el protagonista principal, los ciudadanos colombianos, también tienen demandas. 

Ahora bien, es cierto que la polarización que se vivió durante los últimos meses en el país sudamericano no ayudó a ver "la escala de grises".

Conocido los resultados, muchos colombianos criticaron a los votantes de No por no tener empatía con sus compatriotas de la regiones que más han sufrido con una guerra de más de cinco décadas (donde el Sí ganó mayoritariamente). Para otros, en cambio, el resultado es un síntoma de un problema global: el hartazgo ciudadano de una clase política obsoleta que empuja a votar por 'aventureros políticos' (y sus ideas). Héctor Abad Faciolince, escritor colombiano cuyo padre fue víctima de la violencia política, escribió en El País

"El pueblo prefiere votar por ellos con tal de cambiar. ¿Un salto al vacío? Sí. Es preferible el salto al vacío que el aburrimiento de la sensatez. La sensatez no da votos: produce bostezos. Y a lo que más le temen los votantes es a aburrirse. Un pueblo incapaz de aburrirse con buena música, con libros, con cultura, es un pueblo dispuesto a votar por cualquier disparate con tal de divertirse un rato; con tal de ver derrotados, pálidos y ojerosos a los políticos que, por llevar años en la televisión y en el poder, más detestan. Mejor cambiarlos por otros, aunque sean locos. Es una especie de borrachera, de viaje de drogas, de danza dionisiaca". 

La realidad, sin embargo, no es cuadrada. Farid Kahhat lo recordó en una entrevista en Cuarto Poder. El internacionalista señaló que probablemente los colombianos que votaron por el No, no lo hicieron por todos los puntos del acuerdo de paz (que tiene más de 200 páginas). 

En ese panorama, Mayra Lázaro, periodista peruana radicada en Medellín, salió a la calle a preguntarle a las personas sus razones por las cuales rechazaron el acuerdo de paz. LaMula.pe pudo tener acceso a esos diálogos y notó, de manera clara, dos aspectos que se rechazan: la participación política y el castigo a los guerrilleros. 

"No estoy de acuerdo con que tengan participación política sin el voto del pueblo", señala Javier Arroyave, publicista de unos 37 años. "Llevan 50 años haciendo daño", agrega.  El entrevistado se refiere a la sección que establece que a los miembros de las FARC se le reservará 10 curules (5 en el Senado y 5 en la Cámara) por dos periodos constitucionales en caso no logren la votación requerida. 

Los colombianos consultados, a su vez, exponen su fastidio por el hecho de que los guerrilleros culpables de diferentes crímenes no recibirían las penas adecuadas. Al respecto, recordemos que -según el acuerdo de paz- todos los responsables de los crímenes más graves serían sancionados. Los culpables recibirían penas de entre 5 y 8 años de prisión efectiva. No obstante, quienes faltaran a la verdad, es decir, no confesaran todos sus delitos serían enviados a prisión a 20 años. "Le están dando muchas prebendas. Ellos no han reparado a nadie", señalaron dos colombianos mayores de 50 años. 

EL FACTOR URIBE

¿Todos los votantes del No son seguidores de Álvaro Uribe? Por supuesto que no. Sin embargo, sí podemos decir que el expresidente supo captar el descontento de un grupo de colombianos que no estaban de acuerdo con todos los puntos del acuerdo. Por supuesto, el actual senador también apeló a la demagogia y a la exacerbación de miedo. 

Lo curioso es que el principal opositor a Santos, en sus más recientes declaraciones, se mostró a favor de otorgar una amnistía a los guerrilleros que no han cometido delitos graves. E incluso ha pedido que se les brinde protección. Su partido, además, ha nombrado tres representantes-  Óscar Iván Zuluaga, Carlos Holmes Trujillo e  Iván Duque- para reunirse con el Gobierno. 

Y es que Uribe sabe que sus compatriotas no quieren retroceder. Quieren la paz pero no está clara la fórmula. Su gran problema es que todos los lentes pesan sobre él. Su propuesta de paz deberá ser más convincente que la de Santos. Claro, si es que la tiene.

[Foto de portada: AP]

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