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Natalia Iguiñiz: "Para los momentos Kodak está la publicidad"

Una conversación con Natalia Iguiñiz a propósito de su muestra 'Pequeñas historias de maternidad 3'. Hasta el 12 de abril en la sala Luis Miró Quesada Garland.

Publicado: 2015-03-07

Natalia Iguiñiz Boggio (Lima, 1973) se formó originalmente como pintora, pero rápidamente su trabajo se extendió a una variedad de medios que incluyen la fotografía, el diseño gráfico y el video. Su obra aborda y cuestiona los conceptos tradicionales en torno a los derechos humanos, la maternidad y la identidad de género.

Su producción se ha concentrado en proponer una mirada crítica a las relaciones de poder entre los sexos, la subjetividad femenina, la moral conservadora y la violencia instalada en el lenguaje cotidiano.

Desde hace una década la artista se dedica a explorar la maternidad desde adentro y muy a fondo. Producto de estas exploraciones son sus muestras Pequeñas historias de maternidad 1 en la Galería Forum en 2005 y Pequeñas Historias de Maternidad 2 en la Sala Raúl Porras Barnechea del Centro Cultural Ricardo Palma en 2008; a estas se suma ahora la parte final de esta trilogía de exhibiciones de la maternidad, que presenta este 12 de marzo.

Tal vez el giro más interesante de esta última sea que Iguiñiz ha asumido un rol parecido al de la curadoría, incluyendo en la muestra obra de otros artistas. Entre ellos se encuentran Abel Valdivia, Doña María, Wilma Ehni, Christian Bendayán, Valeria Ghezzi, Jaime Higa, Andrea Francke, Milagros de la Torre, Bastian Bestia, Mona Herbe, Sylvia Fernandez, Ralph Bauer, Pati Camet, Angelo Danilo Guardia Nanetti, Santiago Salvador Buntinx Torres y Haroldo Higa. Esto dota a la muestra de un carácter especialmente dialógico y permite un recontextualización constante del trabajo.

Conversamos con la artista sobre la capacidad de reelaborar y reconstruir una experiencia tan personal y a la vez tan normalizante como la maternidad.


Hace diez años que vienes trabajando este tema y esta es la tercera exhibición de la serie 'Pequeñas historias de maternidad'. ¿Como ves las muestras anteriores respecto de esta?

La primera estaba mucho más centrada en el dilema de ser o no ser madre; porque hay esta ecuación: mujer = madre. Se trataba del mandato cultural. La segunda tenía más que ver con la experiencia física, biológica y corporal... el parto, la lactancia etcétera. En esta, que espero sea la última, el sujeto esta descentrado. Lo que me interesa es el vínculo; y no solamente el de una madre con sus hijos, sino el vínculo intersubjetivo de las presencias que generan otras personas en tu cabeza. La idea de la poca posibilidad de control que hay en las relaciones humanas. Esta vez he intentado soltar mucho más y hacer trabajos donde la misma composición de la imagen no esté tan controlada, donde el azar juega un papel. Es como rendirte un poco al caos, antes que tratar de controlarlo.

foto: bruno sanchez / lamula.pe

Las muestras han sido muy espaciadas una de otra, esta última especialmente. ¿Qué ha cambiado y por qué hacer esta última?

Antes de tener hijos me metí a estudiar una maestría en género y sexualidad; y mi tesis era sobre la maternidad. Todos mis trabajos de la maestría eran sobre la maternidad. Y en el camino tuve dos hijos. Por eso luego de la muestra he pensado hacer un libro que mezcle esos tres niveles: la reflexión teórica, la práctica artística y el testimonio de la maternidad. Espero que esta sea la última, porque estos diez años han sido una inmersión. Toda tu vida está organizada en función de esto.

foto: difusión / Natalia iguiñiz

Y antes de tener hijos, ¿por qué el tema te interesaba tan fuertemente?
Creo que por mi propio dilema. Después tuve unos problemas médicos y no sabía si iba a poder tener hijos. Y es gracioso, porque cuando no tienes ningún problema médico, dices: bueno, ser o no ser. Pero cuando te dicen no ser; dices ahora sí quiero. Era el dilema en el que me encontraba en ese momento. Y por supuesto, toda la fantasía que me hacía pensar que un hijo iba a cambiar mi vida; lo cual es absolutamente cierto. Pero para los momentos Kodak esta la publicidad. Lo ambivalente, lo contradictorio es de donde surgen estos trabajos.
Hay un comentario de Jorge Villacorta que dice que parte del giro de esta muestra es que has asumido el rol de curadora y has generado un dialogo con la obra de otros artistas. Creo que eso está enlazado con el fin del proceso también, con una afirmación del rol de madre más internalizado.

Justamente el hecho de que la muestra trate más sobre el vínculo que la experiencia, hizo que ese vínculo se empiece a dar más allá de yo y mis hijos. Empiezan a aparecer las obras de otros; y sentía que lo quería decir estaba tan acompañado de cosas que otros han dicho, me parece un lujo poder incluirlos en mi propia exhibición. Entonces es una combinación de cosas de las dos muestras anteriores, cosas nuevas y obras de otros sobre maternidad que siempre me habían gustado. Algunas no son estrictamente sobre maternidad, pero yo las vinculaba al tema. Incluso hay piezas que he hecho a partir de las piezas de otras personas.

FOTO: DIFUSIÓN / NATALIA IGUIÑIZ

Por eso mismo de algún modo esta muestra es y no es una individual.

La idea es que el conocimiento sobre algo se da de manera más colectiva; hacer explícito que cuando haces cosas hay otros trabajos que están en tu cabeza o hay gente para la que los haces. Cosas así. Me parecía bueno poner eso en escena, mostrar que el proceso colectivo de retroalimentación. Esta muestra tiene una visión más positiva de la maternidad, porque las anteriores eran un poco hardcore. Esta es un poco más juguetona e irónica.

FOTO: BRUNO SANCHEZ / LAMULA.PE

No me parece que las exhibiciones anteriores tuvieran algo específicamente negativo; quizá tenían una carga más fuerte o visceral.

Más que negativas, eran un poco duras. Era bien gracioso, porque había dos públicos totalmente diferentes: Las madres, que se sentían completamente identificadas y la demás gente; que decía ¿tan fuerte, tan duro? Entonces me preguntaba qué estaba haciendo que la gente se espantaba. No es que esta muestra sea para nada ligera, pero sí mi propia experiencia es menos dramática. Vivo la experiencia de la maternidad de manera menos dramática.

FOTO: DIFUSIÓN / NATALIA IGUIÑIZ

¿Es por qué tienes más distancia para mirarla?
Sí. Porque justamente no están dentro de tu cuerpo, no pasa por tus entrañas literalmente. Además porque uno se va volviendo experta en el tiempo: tienes un hijo, después otro. Quizá ya no es tan extraño. Lo extraño quizá es que las categorías que piensas que ahora vas a poder utilizar para organizar las cosas están constantemente cambiando, escapando.
Parece que la condición por excelencia que viene con ser madre es la incertidumbre, ¿qué es lo que se mantiene como una certeza?

Es una buena pregunta; porque justamente creo que lo que hace difícil la maternidad es que la presencia de los niños no cambia. La incertidumbre siempre va a estar ahí; los vínculos con las demás personas pueden disolverse. Pero con niños chicos por lo menos no. Puedes pelearte, sacarte los ojos y esos niños al día siguiente tienen que comer. Tienen que dormir, a la casa no le puede faltarle agua y luz. Hay una constante presencia que es contradictoria con la incertidumbre; y que finalmente tiene un lado terrible, que es la demanda constante, pero a la vez te hace sentir medio omnipresente. Sentirte necesario, acompañado, etcétera. Y eso también es divertido.

FOTO: DIFUSIÓN / NATALIA IGUIÑIZ

Es también un lujo tener la posibilidad elaborar un discurso, tomar distancia frente a eso que es tan cotidiano para todos. Es un poco una salvación, hay gente que no puede exteriorizarlo del mismo modo.

Creo que yo ya estaría en el manicomio. No digo que mi trabajo sea terapéutico, pero creo que hay una dimensión en la que mi trabajo es una plataforma para discutir, tanto interna como externamente, las cosas que me pasan. Pero sí, es un lujo. Cuando pienso en las desgracias de mi vida, pienso cuanta gente realmente puede exponer o publicar sus pajas mentales. Finalmente construyes un lenguaje, pero esa posibilidad de mostrar lo que te pasa o lo que piensas es magnífica.

FOTO: BRUNO SANCHEZ / LAMULA.PE

En tu texto sobre la muestra dices, y creo que la muestra lo refleja, "finalmente me rindo, con frustración y fascinación, ante el caos y la belleza de lo que me excede." ¿Podrías elaborar un poco más al respecto?, creo que es el punto central de esta muestra.

Estas muestras de maternidad no han surgido de ideas o conceptos claves o investigaciones con un objetivo claro. Si no que como su nombre lo indica estas 'pequeñas historias' aparecen frente a la frustración de no tener el tiempo para dedicarme a mi trabajo. Pero mientras daba de lactar iba tomando fotos, mientras hacia otra tarea hacia un dibujo o lo que fuera. La idea era poder reunir esas pequeñas cosas; no esperar a hacer la gran obra o la gran exhibición. Varias de las piezas, por ejemplo, son cosas que encuentro en mi casa tiradas mientras la ordeno. Es el día a día. Hasta que en un momento armé un laboratorio de observación del caos y me puse a fotografiar esos momentos en los que todo se sale de orden. O, por ejemplo, siempre trato de que mis hijos ordenen un tipo de juguete en un taper y otro en otro; ellos en cambio, hacen un cambalache y todo se pierde. Eso me producía tanta desazón que finalmente encontré, en las composiciones que ellos hacían, un universo que rompía mis esquemas pero que finalmente era el de ellos. Muchas de las cosas de la muestra han sido hechas un poco en eso, en el día a día.

FOTO: DIFUSIÓN / NATALIA IGUIÑIZ

Dices también que la idea es transmitir esa sensación de incertidumbre al espectador, ¿qué mecanismos has utilizado para lograrlo?
Bueno, no es como en el marketing, no hay una fórmula. No tengo idea, creo que con los años uno va encontrando maneras de decir. Pero no hay garantías para nada, puede ser que a nadie le interese lo que uno va a exhibir. En todo caso te vas anestesiando, cuando son trabajos como estos, que tienen una dimensión más personal, más autobiográfica; sabes que hay cosas que para ti pueden estar cargadas de significado y para otros no significar nada. Y pasa lo inverso también, cosas que no creías y de pronto hacen eco en un montón de gente.
Volviendo sobre la misma pregunta, ¿en qué momento sientes que esas exploraciones tienen la consistencia suficiente para volverse una muestra? Tomando en cuenta además que en este caso incluyes el trabajo de otros.

Es un dialogo entre todos los referentes que tengo, todo lo que he visto anteriormente. Es igual a como se construye el conocimiento, relacionalmente. Cosas que resuenan por el lenguaje en el que están hechas. Pero yo no tengo una especialidad muy clara: hago fotografía, por ejemplo, pero no soy fotógrafa. Siempre termino buscando asistencia técnica y así. Lo que quiero decir es que nunca estoy segura de saber bien lo que estoy haciendo. Cada cosa en la que me meto me genera una nueva inseguridad. Igual pasan los años y me sigo metiendo en cosas que ignoro. Hay algo de eso que me gusta y me expone a determinadas situaciones. Pasan los años y no puedes estar seguro de cuando se acabó algo; o hay cosas que, mirando hacia atrás, no hubiera puesto en muestras anteriores.

FOTO: DIFUSIÓN / NATALIA IGUIÑIZ

¿El uso de distintos medios responde a esa estrategia para describir la incertidumbre de la que se desprende este trabajo?

Es posible. Porque en realidad cuando pienso los trabajos, el mismo trabajo es el que da pie a la forma en la que se tiene que hacer. En gráfica, por ejemplo, en los afiches, ya tengo una forma definida. Tengo quince años haciendo afiches en serigrafía. Entonces hay cosas como esa que si se han mantenido constantes dentro de la variedad. En esta muestra la mayoría de trabajos nuevos son fotografías. Video he hecho muy eventualmente, creo que este es el segundo o tercer video que hago. Creo que este video va a ser especialmente divertido, más allá de si eres mamá o no.

FOTO: DIFUSIÓN / NATALIA IGUIÑIZ

También cada manera de hacer te acerca a distinta gente. Algo que me parece increíble de Lima es que hay un montón de gente que no se conoce; y por ejemplo, en la primera muestra yo quería hacer un mate burilado. Me metí al curso del maestro Sixto Seguil y me di cuenta rápidamente de que no había forma de que yo hiciera un mate burilado. Hice un remedo de mate; pero mientras hacia el curso el maestro nos iba contando las diferentes técnicas, como el mate viajaba de la sierra a la costa, qué paso en la época de la violencia interna... y entonces las ideas empezaban a multiplicarse. Finalmente le pedí que mezclara dos técnicas y quedó una cosa súper particular. El mate lo hizo él, yo solamente lo expuse. Esa es una de las piezas que vuelven a estar en la muestra, porque es realmente especial. Entonces, conocerlo a él y su mundo te abre toda una ventana. Luego me invita a los homenajes que se hacen a su madre, que también hacia mates. Terminas por conocer otra Lima. He hecho también trabajos con la Liga de la Leche y de pronto, nuevamente, otro mundo de conocimiento se te abre. Un mundo de relaciones de las que no tenías idea.

Eso es interesante porque es también el paso de lo individual a lo colectivo, que en el arte puede ser muy evidente, pero en lo que cuentas es concreto, palpable.

Sí. Pero se supone que el artista está, hasta cierto punto, consigo mismo. Yo me formé en esa escuela por lo menos. Y ahora con mi trabajo, se han ido abriendo una serie de puertas; por ejemplo, ahora en la muestra hay un trabajo que es el colmo de lo grupal. Es de una chica peruana que vive en Londres y una amiga inglesa suya, que estaba estudiando en la escuela de arte allá y quedo embarazada. Todo iba bien, hasta que hubo una reducción de recursos y se cerró la guardería de la escuela. Todo se fue al diablo. Y ella terminó gestando una guardería como su proyecto final en la escuela de arte. En el proceso se empezó a relacionar con las feministas de los setentas, el arte grupal y se le abrió todo un mundo. Luego empezó a estudiar las escuelas de diseño que hacían muebles para hacérselos uno mismo y ahora lo que va a traer a Lima es una selección de juguetes que se hicieron en la Bauhaus, que se visibilizaron porque no eran cosas muy serias. Y vamos a reproducir uno de los juguetes en la sala, para que los niños que vayan puedan entretenerse mientras los que los crían puedan ver la muestra. A eso se suma que mis alumnos de Corriente Alterna, han hecho turnos para estar en varios horarios enseñando a la gente a hacer los juguetes y hay folletos con las instrucciones para hacerlos en casa. Esto involucra a un montón de gente y es solo un pedacito de la muestra. Pero de algún modo resume el espíritu de esta muestra, aunque yo provengo de pensar más en términos individuales.




Pequeñas historias de maternidad 3 de Natalia Iguiñiz va hasta el 12 de abril en la Sala Luis Miró Quesada Garland [Esquina de Larco con Diez Canseco] De martes a domingo de 10 am a 10 pm. El ingreso es libre.


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Escrito por

Andrés Hare

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Publicado en

Redacción mulera

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