La costumbre de fin de año es hacer recuentos, evaluaciones y listados. A mí se me ocurre más bien ponerme al día con algunos libros que no comenté cuando aparecieron, pero que me resultan interesantes y me dan qué pensar (y decir). Empiezo hoy con Kloaka, Antología poética, editada por Zachary de los Dolores y publicada en España por Amargord. No quiero decirle a nadie que se trata del libro más significativo del año, o el mejor, o el de mayor relevancia; ese juicio, que será necesariamente subjetivo, lo dejo a los lectores. Sí quiero decir que ningún recuento del año debería dejarlo de lado, y también que, por motivos que son a la vez personales y literarios, esta antología ha sido importante para mí.

El libro tiene dos secciones diferenciadas, de valor distinto. La primera sección reproduce los manifiestos y documentos internos del grupo en su momento álgido de actividad (1982-1984), así como textos aledaños de la época: entrevistas a los integrantes aparecidas en la prensa, crónicas firmadas por alguno de ellos, reportajes y demás, todo lo cual tiene un obvio valor histórico. Pero además incluye algunos textos posteriores: sobre todo, memorias y recuentos hechos luego por los protagonistas, sus compañeros de ruta y amigos, incluyendo comentarios y versiones en torno a la polémica causada en 2012 por el intento de celebrar (en Petroperú, una institución del estado) los 30 años de la fundación del movimiento. Esto es valioso y útil por varias razones, de las cuales destacaré una: nos recuerda la sostenida presencia de Kloaka en la actividad literaria peruana, las controversias que todavía causa y la continuidad raigal que esos años tienen en el trabajo posterior de sus participantes, que lo recuerdan. Algo que además continúa en la selección de textos, donde muchos de los antologados responden a la pregunta "Qué es o que fue Kloaka", en clave más bien testimonial.
Sobre los manifiestos y documentos, creo importante decir dos cosas. La primera es que revelan, o confirman, la intención inmediatamente política de las actividades del grupo. Específicamente, nos recuerdan que la cesura entre la formulación de una estética que se quiere "nueva" y su articulación en una práctica revolucionaria (ese es el término utilizado) no es algo que los poetas de Kloaka hayan querido reconocer, sino al contrario. En sus manifiestos y apariciones públicas, claros herederos de la tradición del vanguardismo literario, estética y política fueron una y la misma cosa.
Señalo esto no porque sorprenda (aunque sí hay un efecto de insistencia en la acumulación de estos documentos, que nos obliga a no perder de vista el tema), sino porque, me parece, contrasta nítidamente con la historia posterior de la poesía y la actividad cultural peruanas. Leer estas primeras páginas de Kloaka, antología poética hace inescapable ese contraste. Estas posturas y estos pronunciamientos son difíciles de imaginar en la cultura peruana de hoy, tres décadas más tarde. Sobre todo, es difícil imaginar que aparezcan como frescos y ganen resonancia, como sí lo hicieron entonces.

roger santiváñez
Y es que aunque Kloaka siempre se imaginó como una vanguardia, no sólo ni principalmente en el sentido histórico-literario sino sobre todo en un sentido social más amplio, quizá hoy es posible pensar al movimiento (según existió entre 1982 y 1984) como otra cosa. No una retaguardia, no, pero sí un punto de inflexión y de quiebre. En cierto modo, un punto final: el punto en el que ciertas formas de activismo literario (y sus consecuencias estéticas), cierto vitalismo y cierto voluntarismo de la praxis dejaron de ser centrales al modo en que se hace poesía entre nosotros.
Este último punto se conecta con lo segundo que quiero decir sobre los manifiestos y documentos incluidos en la antología: que revelan, en su progresión, una deriva crucial al interior de Kloaka en sus dos años de vida. Esta es, quizá, una deriva ideológica pero su expresión más notoria es formal: y va de los ordenados pronunciamientos y declaraciones de los primeros meses, que en poco se distinguen de los de un partido político o un grupo activista, a textos que se reafilian desde su escritura con la praxis experimental y vanguardista. Textos como "El Gran Pacha-Kuti ya comenzó", "Vallejo es una pistola al cinto" o "Mensaje urgente", todos del período final del movimiento, operan sobre el papel ese experimentalismo ambicioso y totalizante, no lo declaran ni lo proclaman; no están tratando ya de explicar nada a nadie, sino de ser ellos mismos poesía.
Quiero identificar aquí una tensión no declarada -de hecho, imposible de declarar en los términos en los que Kloaka estaba hablando hasta entonces- entre la postura politizante del grupo en sus inicios y la historia que estaba sucediendo a su alrededor. Porque lo cierto es esto: decir "revolución" o "práctica subversiva" en el Perú de 1984 no era ya lo mismo que haberlo dicho en 1982. Aunque no nos hubiéramos dado cuenta, ese espacio para hablar políticamente desde el campo literario se estaba cerrando con celeridad, e intuyo que la historia del propio movimiento Kloaka en esos años, expresada en esa tensión de su lenguaje público, terminó por representar o escenificar ese cierre.

domingo de ramos
Todo esto es, en realidad, una marginalia. Los documentos, manifiestos y entrevistas tienen los valores que he identificado y quizá algunos más. Pero no son lo central de este libro. Es la segunda parte, mucho más nutrida, la que cuenta: una selección de poesía y arte producido por Kloaka no únicamente en aquellos dos años sino también después. Producido por Kloaka, digo, y me refiero a los miembros activos del grupo (Roger Santiváñez, Mariela Dreyfus, Domingo de Ramos, José Alberto Velarde, Mary Soto, Guillermo Gutiérrez Lymha, Lelis Rebolledo y el pintor Enrique Polanco) pero también a sus "aliados principales" (Dalmacia Ruiz Rosas y José Antonio Mazzotti) y sus "compañeros de ruta" (Rafael Dávila-Franco, Rodrigo Quijano, Frido Martin, Bruno Mendizábal y el artista plástico Fernando Bryce, incluidos todos ellos en la sección "La onda expansiva").
Es decir, lo que la antología ofrece es una versión extendida de lo que fue Kloaka, presentándonos el trabajo de autores cuya estética no es fácil de asimilar a la del movimiento (Frido Martin es un ejemplo saltante, pero también lo son Quijano y Bryce) pero que estuvieron en diversos momentos cercanos a él, y esto -además del valor de los textos y los trabajos artísticos, que es abundante- sirve como recordatorio de la influencia que tuvieron esos años, sus apuestas y sus ideas, en la formación de algunos escritores, artistas e intelectuales activos en el campo cultural peruano, hoy.

mariela dreyfus
Y algo parecido puede decirse, además, de la antología considerada como totalidad. Al incluir no solo los poemas o trabajos escritos en la primera mitad de los años 80, sino una selección generosa de los producidos por su autores en las décadas siguientes, nos recuerda cuán significativas son las voces asociadas a Kloaka en la poesía peruana contemporánea. La ya canónica centralidad y la excelencia de Santiváñez, De Ramos o Dreyfus (como las de Polanco o Bryce en las artes visuales) no están hoy en discusión; no lo está tampoco la importancia de la breve obra poética de Rodrigo Quijano, cuyos dos libros -los extraordinarios e inhallables Un acercamiento a S. Colonia (1987) y Una procesión entera va por dentro (1998)- son quizá los mejores ejemplos de la transición entre el momento que Kloaka cierra y lo que vino después.
Y junto a ellos, las figuras menos conocidas y -por diversos motivos- más marginales que la antología incluye, por ejemplo Bruno Mendizábal o Rafael Dávila-Franco (y, en el extremo, el singular Guillermo Gutiérrez Lhyma), nos presentan una multiplicidad de opciones estilísticas y estéticas emergidas de la matriz del movimiento, que nunca apostó por la unidad formal y por ello mismo se expande y se condensa continuamente en la experiencia de la lectura, mucho más allá de su importancia histórica.
Con ello, Kloaka, Antología poética nos devuelve al que debería ser el terreno de nuestro contacto con este movimiento y nuestra evaluación de él: no los cierres y clausuras que, como he dicho, intuyo en su participación pública inicial, sino la continuidad, crecimiento y expansión del trabajo de sus integrantes (y sus aliados, y sus compañeros de ruta) en las tres décadas transcurridas desde entonces. En última instancia, este libro nos demuestra que Kloaka está vivo en esas voces, aunque su momento fundacional haya pasado, y que sigue siendo fundamental para nuestra poesía, y que su vitalidad y sus posibilidades se transforman, pero no van a cesar.
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