sin ciencia no hay futuro

“Lima es una madrastra para todos los escritores”

Una conversación con Domingo de Ramos, uno de los poetas peruanos más importantes de la actualidad, que esta semana presenta sus obras reunidas, en publicación del Congreso de la República.

Publicado: 2014-05-25


Fotos: Ana Cabrera

La poesía de Domingo de Ramos es un vértigo, es un disparo frenético, que cabalga entre neologismos, quiebres, asperezas. Una bala disparada de la sien, parafraseando a Martín Adán, y es que esta obra sale desde los bajos fondos. Poeta de las entrañas, de la katabasis. Su difícil trabajo es traernos la perturbación del abismo y arrojarnoslo a la cara.

Domingo sigue fiel a su credo poético, no en vano resalta que antes que nada el compromiso del artista es con su obra. Ahora esta obra podrá calibrarse en su totalidad con la reciente edición que publicará el fondo editorial del Congreso del Perú: In-sufrido fuego. Frente a la pregunta de si en algún momento, en sus inicios en los 80, pensaba en ver su poesía reunida, afirma categórico que “un poeta no piensa en la posteridad”.

Acaso recordando peripecias vitales, Domingo considera que la condición para ser poeta es, sobre todo, una “capacidad de terquedad inmensa”. Esta terquedad hace que la poesía (y también el teatro, acota él) se mantenga incorruptible ante un mundo secuestrado por la mercancía, donde “todo se vuelve objeto”. En una sociedad absurda como la nuestra, en la cloaca que aún somos, el poeta es un mártir.


En 1988 sale tu primer libro, "Arquitectura del espanto", pero ¿por qué no publicarlo durante los años de Kloaka?, ¿cuáles eran las dificultades editoriales de la época?
En principio yo no tenía plata, no trabajaba, solo estudiaba en San Marcos; Roger Santivañez sí tenía facilidades, él estaba mejor ubicado económicamente y también algunos otros miembros; los que tenían plata podían publicar por su cuenta, pero yo no. Esa es la dificultad y no había editorial; si la había era más para narrativa, gente que de una u otra manera en ese tiempo tenía cierto status; estaba Peisa, pero nosotros no contábamos para ellos y Milla Batres, quien publicaba en los 70 y a quien, personalmente, no conocí.
¿Y cómo lograste publicar con Asalto al cielo?
Es por un amigo, que era amigo de todo el grupo y quien tenía una empresa y funda una editorial junto con otros poetas más, lo cual posibilita publicar los libros, tanto el mío como el de otros.
"Pastor de perros" podría considerarse tu libro más inquietante o perturbador. ¿Consideras que escribir este libro fue una temporada en el infierno?

Sí. Es un libro que conectó con los jóvenes de la época, por el deterioro, las drogas duras, la bohemia y la ilusión de cambiar el mundo, todo ello concertó para llevar a buen puerto esta obra, por eso es que conectó por esa época, y también seguramente más adelante pero ese no era mi propósito; mi propósito era escribir nada más. Tiene que ver con los ochenta más que con los noventa.

Hablemos del tono y estilo de tu obra. En "Ósmosis", por ejemplo, hay un recurrencia por los poemas largos, con quiebres marcados. ¿Cuándo escribes cuál es tu principal búsqueda?
Hay una preocupación sonora, musical, rítmica, por aprendizaje, por haber leído a Rubén Darío, que es un referente en cuanto a la oreja. Eso lo traslado hacia el verso libre, y el verso libre es una cuestión técnica, obviamente. Esto y los giros barriales o giros de la calle me interesa incrustarlos, meterlos ahí, de tal manera que hagan unas detonaciones dentro de todo el desarrollo del poema, porque los poemas son largos y no se puede aburrir a la gente, no se puede aburrir al lector, entonces pongo estos dispositivos explosivos de cambio de lineamiento, incluso de tiempo. Esa es mi perspectiva, esa era mi intención, y sigue siendo mi intención para poder atrapar al lector.
De hecho se percibe un sonido marcadamente áspero
Sí, sí, hay mucho de ello, sobretodo del Vallejo de Trilce.
¿Y eres un poeta que suelta los poemas de frente?
No, no, yo corrijo mucho, yo no soy espontáneo. Trabajo mucho para buscar no solo la sonoridad sino también la plasticidad y para todo ello hay una estrategia de lenguaje.
Otra característica de tu obra es que has ido dejando huellas de un eros desolado, de aquí que te pregunté ¿qué ha significado el amor en la poesía de Domingo de Ramos?
No hay un amor muy clásico, romántico; hay otra forma de entender el amor: amor a la soledad, a las desgracias, un amor antirromántico, es decir, hay una actitud contraria hacia esas tipificaciones que yo como persona, como ser humano, no la comparto. Porque hay un problema, yo tengo esta esquizofrenia de que uno es el que escribe y el otro es el que tiene su DNI. Nunca nos hemos puesto de acuerdo, en el trasvase de las experiencias ha sido muy difícil que coincidan, entonces uno el que escribe niega todo lo que el otro tiene y ahí está lo áspero del lenguaje. Lo áspero del lenguaje es también la vida cotidiana, la vida que uno lleva, la vida que uno sufre, las desilusiones y todo ello. Dentro de eso, a pesar de todo, existe una forma de amor. Hay una forma de amor al lenguaje, una forma de amor al arte, de amor a la belleza.
¿Cuál es tu método de escritura?
Trabajo como viene la idea, le doy vuelta, porque el problema conmigo es que tengo un lenguaje desbordado, acumulativo y me puedo dispersar, me puedo ir demasiado para otros lados y desviarme e irme por las ramas, entonces necesito tener una idea, esa idea ordena todo el conjunto. Dentro de ese conjunto hago las ramificaciones que tengo que hacer, hay un tronco, y eso es un método.
¿A qué se debe el perfil narrativo de tus poemas? ¿Cuáles son tus influencias al respecto? 
Mis libros están llenos de personajes, sobre todo personajes narrativos, y yo creo que la influencia es de la poesía anglosajona: Pound, toda la década del 20 en la poesía norteamericana y los beatniks, y también Walt Whitman que lucha por una forma libre y democrática de ver el mundo, ellos son los que me han influenciado. Después la literatura latinoamericana (la vanguardia sobre todo), y de ahí la literatura vanguardista europea.
¿Cuál ha sido la importancia de Lima en tu obra?

Es un escenario muy difícil para mí, yo no soy limeño entonces tengo un amor-odio a Lima, que sin embargo me cobija, pero también la desprecio. La forma de convivir con Lima es ver precisamente los planos oscuros que tiene, y eso es la poesía, la poesía ve sus lados más oscuros, sus vericuetos más oscuros. Esa es mi labor, de ir y ver esa parte que tiene Lima. Pero no solo yo, lo ha hecho también uno de los mejores escritores de los años 50, que es Sebastián Salazar Bondy, cuando él dice “Lima, la horrible”, y también lo dice César Moro. Lima es una madrastra para todos los escritores, y cómo gran madrastra tenemos conflictos muy duros de convivencia, tal vez en esa parte es donde no hay una reconciliación.

Roger Santiváñez gusta decir que Kloaka, antes que un movimiento underground, fue un “andesground”, en este sentido ¿qué importancia tiene en tu poesía el mundo andino?
Yo vengo de familia migrante y por lo tanto tengo esa lectura, lectura arguediana del mundo, y también de Vallejo, de Gamaliel Churata, por ejemplo, todos escritores andinos que me interesan a mí. Me parece que el Perú es plurilinguístico, pluricultural, y por lo tanto eso potencia el lenguaje, potencia la lengua, potencia el idioma. Por eso hay neologismos, por eso hay rupturas, hay quiebres y fracturas, porque no todos hablan español; tenemos un español muy diferente a la metrópoli. Es como los chicanos en EE.UU. que no hablan español pero tampoco hablan inglés. Ves cómo las culturas cuando ingresan confrontan una sociedad hegemónica, hay pues rupturas que se traducen en la poesía o en el arte. En ese caso sí hay una cultura “andesground”, se podría decir. Lo que pasa es que la cultura migra justamente desde el lado más alto, como también de la selva, traspasa y llega a Lima o llega a las costas; hay un español determinado que no se habla ni en uno ni en otro lado, entonces eso entra en conflictos y ellos conviven con ellos.
Ya que lo mencionaste, ¿cuál es tu relación con Arguedas?
Dorada Apokalypsis es un libro arguediano, en el sentido que manejo un lenguaje místico, ritual, del mundo en la costa, del zorro de abajo; el zorro de abajo enhebra una suerte de traer todo lo que ellos hacían en otros lados, pero transportándolo hacia la costa, y que crea una forma de hidridez, eso es lo que me interesa; ahí veo al migrante hablando, actuando, danzando, fundando, todo ello lo veo, porque hay asentamientos humanos donde se practica todo eso, uno va y percibe en todo sentido, y eso tiene toda una exploración que hay que hacer.
¿Consideras que los problemas de la Lima de los 80 siguen vigentes?

Sí, por eso Lima es “Lima, la horrible”, se determina así porque conserva esas taras, ese atraso que viene desde la época republicana, donde nada se solucionó, porque los criollos fueron los que gobernaron y excluyeron a un gran sector, un sector popular, indígena, y marcaron un desprecio profundo hacia ellos, y es por lo cual Lima viene a ser lo que es: “una anticapital” de la capital.

¿En algún momento notaste, sentiste que tu poesía pudo haber estado al servicio de alguna doctrina política?
No, no. Nunca he querido ideologizar mi poesía, jamás, la he tratado de hacer lo más lejos posible de ello, no me interesaba, no me interesa y no me va a interesar, porque sencillamente la poesía es libre, la poesía tiene libre albedrío y el poeta puede escribir lo que le venga en gana. Por esto te estoy diciendo sobre la esquizofrenia del escritor, yo soy un esquizofrénico: yo puedo ser marxista y mi poesía puede ser antimarxista. El que ha tenido ello ha sido Louis Aragon, poeta surrealista que se pasó al partido comunista francés, igual ha sido Neruda respecto al partido comunista chileno. Pero el marxismo no te obliga, el marxismo es una herramienta de trabajo, nada más. El marxismo no es una religión, es una herramienta de trabajo, de conocer y ver la realidad, igual como Mariátegui lo ha usado para poder llevar a cabo, en una situación nacional, una crítica sobre el proceso político. El marxismo es otra cosa, no nos va a presionar a los escritores a que hagamos panfletos políticos.
En ese caso ¿se puede seguir hablando de un compromiso del artista con la sociedad? En todo caso ¿cuál sería el compromiso del artista?
Primero, el compromiso del artista es consigo mismo, con su poesía y con su arte, después de eso, superando eso, recién viene un compromiso del hombre con su sociedad y con su ambiente.
¿Qué poemario es el que más te costó escribir?
Yo creo que Las cenizas de Altamira. Es un libro muy complejo, muy difícil. He tenido que salir de viaje, ir a Europa, y al regresar lo escribí. En Europa encontré la respuesta que buscaba, que necesitaba ese libro. Mira lo que costo. Al regreso de Europa el poema se caía así, armando el rompecabezas poco a poco, luego del viaje de cuatro meses. Claro, mientras tanto hacía apuntes sobre lo que me imposibilitaba terminarlo, desarrollarlo y proponerlo.
Como lector, como jurado de premios, ¿qué es necesario para que un poema sea intenso para Domingo de Ramos?
Hay una impronta de las lecturas que se ha tenido; que alguien que quiera escribir haya pasado, pues, ciertos límites, que haya tocado fondo o que haya tenido una experiencia muy traumática o que tenga el talento, un talento muy arrollador y que a la vez se conlleve con lecturas muy interesantes, y sobre todo que arriesgue, que arriesgue mucho. Ese sería el poema o el poemario perfecto.
A treinta años de la disolución del grupo, ¿se puede hablar de un legado de Kloaka?
Kloaka se ha disuelto como grupo, pero mientras más se publique (ensayos, antologías) o que los miembros que han sido parte de Kloaka sigan produciendo, van a seguir hablando, se va a seguir estudiando, y creo que va a trascender. Muertos ellos quedan los libros. Ahora, ¿su envejecimiento?, mira, son treinta años y todavía está vigente, no todo, pero algunas cosas que son muy importantes, y me parece que todavía tiene para rato. También porque ya hay una distancia suficiente para ser objetivos sobre ese tema, permite un balance más serio, desapasionado e interesante, porque ha sido una coyuntura muy difícil, tocó una coyuntura excepcional; los integrantes del movimiento Kloaka no han querido que en ese momento se desate la guerra, tampoco han querido que justo lleguen cuando hay un conflicto armado. Fue una circunstancia excepcional, muy importante, que es un antes y un después; después de la Guerra con Chile esa es otra guerra devastadora por la espiral de violencia que ésta produjo y que hasta ahora no se ha solucionado: las heridas siguen abiertas y van a estar mucho tiempo abiertas; no ha terminado todavía, la violencia sigue allí, el caldo de cultivo está allí, lo que ha generado esa violencia está allí, está presente, está latente. Por eso Kloaka también va a seguir, no será con el mismo discurso sino con un parecido discurso. Kloaka es una interrogación, no, no es una interrogación, es una afirmación de que el Perú está podrido, de que este país no va para ningún lado, de que este país es una gran cloaca, y eso sigue latente todavía.
En una entrevista para Quehacer, en 1986, te preguntaron “¿por qué escribes?”, ante lo cual respondiste tajante “vivir con tanta mierda no es posible”. ¿Sigues creyendo esto?
Sí, pero más elaborado.

Escrito por

Christian Elguera

Escribidor, colecciona cuervos y panteras


Publicado en

Redacción mulera

Aquí se publican las noticias del equipo de redacción de @lamula, que también se encarga de difundir las mejores notas de la comunidad.