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La primera novela peruana fue futurista

Tras más de 170 años de haber sido escrita, 'Lima de aquí a cien años' (1843) ha sido reeditada al fin. LaMula.pe conversó con Marcel Velázquez, el responsable de este valioso rescate literario.

Publicado: 2014-11-22

El catedrático Marcel Velázquez es uno de los principales investigadores locales especializados en lo concerniente a la sociedad y cultura del siglo XIX peruano. Formado en la especialidad de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde obtuvo el grado de magíster, actualmente se dedica a la docencia en su alma mater, así como en la Universidad Católica. 

marcel velázquez, responsable de la nueva edición de 'lima de aquí a cien años'

Velázquez es autor de los libros Las máscaras de la representación: el sujeto esclavista y las rutas del racismo en el Perú (1775-1895), de 2005, y La mirada de los gallinazos. Cuerpo, fiesta y mercancía en el imaginario sobre Lima (1640-1895), de 2013. Asimismo, ha estado a cargo de la edición de los volúmenes Fuegos fugitivos: antología de artículos de Corpus Barga, 1949-1964, de 2003, y La República de papel: política e imaginación social en la prensa peruana del siglo XIX, de 2009.

Ahora se ha embarcado en un nuevo proyecto: la colección Bicentenario, una iniciativa surgida de la unión entre la Casa de la Literatura y la editorial San Marcos. El primer título que aparecerá como parte de ella es una obra que viene a ser la primera novela escrita en Perú: Lima de aquí a cien años (1843), del enigmático escritor y periodista Julián M. del Portillo

Conocida tan solo por los especialistas en la materia, la reedición de la novela es una excelente oportunidad para que el público interesado acceda a una obra que, en palabras de Velázquez, pese a escapar del modelo realista, el dominante en nuestra literatura a lo largo de los años, funda una tradición que llega hasta Mario Vargas Llosa: la novela política.

A propósito de ello, además para conocer más sobre la historia del libro y su autor, LaMula.pe conversó con Velázquez.


En su estudio se señala el hecho de que 'Lima de aquí a cien años' estuvo como “extraviada”. 
Sí, se publicó en el año 1843 en El Comercio como novela de folletín y luego de ello fue rescatada parcialmente por la revista Ajos y Zafiros, que publicó algunas secciones pensando que era la totalidad de la obra. Luego Wily Ludeña y Carlos Bonífaz, en la revista Urbes, identificaron el conjunto, pero solo la publicaron parcialmente; además ellos no identificaron el carácter intruso de Cusco de aquí a cien años, que es un texto que parodia a Lima..., pero que no es de la autoría de Portillo, al contrario, se burla de él. Esto es algo que no se ha entendido por la mayoría de los que han leído el texto. Esta es la primera oportunidad en que se publica de forma completa ambos títulos.
En consideración de este detalle, el que 'Lima...' no funde ni forme parte de la tradición porque fue “ocultada” en el tiempo, ¿qué se puede rescatar de ella?, ¿cómo hay que leerla?
Es una novela que inaugura una línea futurista, dentro de la narrativa peruana, que casi no ha tenido cultores en el siglo XIX. Digamos que sus herederos estarían en el siglo XX, con la obra de Castellanos o de Adolph. Es una novela que incorpora algunos elementos fantásticos, pero que, sobre todo, trata de criticar el presente a partir de una construcción ideal de una ciudad futura. Algo que no era tan extraño en el XIX: hay otros ejemplos en México o Argentina. Este rescate busca dos cosas. Por un lado, interpelar al paradigma dominante que postula al realismo como la tradición central de nuestra novelística ya que tenemos una novela que es la primera y que tiene otras características. Y la segunda es que confirma la relevancia de la prensa en el origen de la novela. No podemos entender los orígenes del género en el Perú sin el estudio de la prensa, y en particular de El Comercio, que es donde se publicaron novelas europeas y peruanas en el formato de folletín. En este marco comunicativo, destaca la capacidad de reacción de los lectores para parodiar, exagerar y, de alguna manera, enfrentar el proyecto de Portillo.
Más allá de que Portillo fuera francófilo y masón, y más allá, también, de las referencias en la novela a la ciudad de París y al fuerte simbolismo que tiene un sitio como la biblioteca, ¿'Lima...' es una declaración manifiesta de las ideas de Portillo?
Es difícil decirlo porque Portillo también es un enigma. Se tiene algunos datos de él, pero no los suficientes como para tener una imagen de autor, como para poder contrastar la trayectoria de este autor con lo que escribe. Sin duda, hay algunas coincidencias evidentes. Desde la forma, por ejemplo, hay una serie de giros y de palabras que provienen del francés, y que están en el original. Hay, también, una defensa de la tolerancia de cultos, que era parte del ideario masón. Se habla de “genio sublime” y se refiere a la divinidad con una serie de imágenes que no pertenecen estrictamente al lenguaje cristiano ortodoxo. En muchos textos del XIX peruano, no había una gran diferenciación entre la posición ideológica y lo que pretendía el autor real y las características del narrador al interior del texto. Muchas veces el narrador termina enarbolando los ideales del mismo autor. En Lima…, se apuesta por un futuro mejor y una condena a la crisis y a los conflictos del presente. Hay una dimensión política de la novela que no debe olvidarse. Es una acusación contra su tiempo.
Algo que ha llamado mucho mi atención es este apunte que se hace en su estudio sobre Ricardo Palma, que es parte de este grupo de personas que ataca a Portillo, ya que así se revela un lado no tan conocido —o no tan difundido— de un autor que en algún momento llegará a ser cabeza de la tradición literaria local. ¿Qué pugna había detrás?
El campo literario estaba muy imbricado con el campo político. Entonces no había una figura de autor literario especializado y diferenciado del ámbito político. Por eso, muchas de estas disputas tienen un carácter político de fondo. Por otro lado, en el siglo XIX había una cultura muy extendida del agravio, de la disputa verbal, muchas veces con adjetivos hirientes. Sin duda, el grupo de Palma, que era un grupo que no había viajado todavía a Europa, que era un grupo local muy joven, veía estos intentos de Portillo como expresiones que le disputaban un espacio que ellos consideraban propio y con una posición política más liberal y distinta a la suya. Ellos están más interesados en la poesía o en el teatro en ese momento, y estos primeros intentos de novela van por otros caminos. De ahí se produce el ataque, que es un poco injusto. Como el propio Portillo lo retruca en un texto posterior. Había una cultura limeña de ataque político y literario muy fuerte. Alguien publicaba un texto y se veía expuesto a las más distintas burlas y ataques, como le pasa a Portillo. La burla mayor no viene de Palma, sino de un autor anónimo que un texto (Cusco de aquí a cien años) que parodia y lleva a la hipérbole grotesca la propuesta de Portillo.
Esta costumbre de atacar a alguien por los medios era algo común en la época por lo visto...
La prensa era el lugar donde se formaba una opinión pública y, muchas veces, el lugar donde se exponía la vida de las personas a través de los “Comunicados”. El Comercio, por ejemplo, tenía una política para promover los “Comunicados”: las personas pagaban, tenían derecho a una pequeña columna y allí, normalmente, lo que hacían era atacar a algún rival de negocios, a alguien de la política o a alguien con quien tenían un pleito privado. Había una extendida costumbre de atacarse públicamente en la prensa. Y eran ataques de diversa índole. En ese sentido, la novela se va a publicar y rápidamente va a generar un conjunto de textos que la van a evaluar, la van a juzgar, la van a condenar, mientras otros la van a defender.
Estos son los casos presentes en las cartas que han sido incluidas como material anexo.
Las cartas, juicios de valor y poemas que hemos incluido al final son fuentes documentales que nunca se habían puesto a disposición de los críticos y los lectores, y que permiten entender en qué condiciones se escribía en ese momento. El novelista tenía que enfrentar una tempestad de agravios, de censuras, de burlas. Este fenómeno de contienda verbal incesante se inscribía en una cultura mayor, no solo pasaba en la literatura.
¿Esta costumbre por cuánto tiempo se extiende? ¿Hasta cuándo se le llega a rastrear con esta intensidad?
Tiene fuerza durante todo el XIX. Hay muchísimos autores que no distinguen la obra y las ideas del personaje, entonces atacar al personaje, a la persona, es atacar a las ideas. Y eso se va a prolongar por lo menos hasta finales del XIX, luego empezará a declinar porque va a haber también una legislación mucho más “proteccionista” del honor de las personas. Entonces ya no se puede atacar impunemente porque se corre el riesgo de sufrir un juicio. Así empieza a haber contención por la acción de las propias instituciones legales.
Usted señala que Portillo no imagina mucho: elementos propios del XIX solo son maquillados para que luzcan como del futuro. ¿Se puede decir que no arriesga?
Es una novela que construye una utopía sociopolítica urbana. En la dimensión estrictamente tecnológica en Cusco… se arriesga más. Creo que están equivocados aquellos que sostienen que es una novela de ciencia ficción, esta valoración equivocada surge sin conocer completamente el texto ni las condiciones en la que se produce, solamente a partir de la lectura de los fragmentos que han circulado antes. Pero ese es un error. Para comenzar, “ciencia ficción” es un concepto de fines del XIX e inicios del XX, y la novela se publica en la primera mitad del XIX. Es una novela futurista, sin duda, con elementos contrafácticos, pero tampoco estamos ante una imaginación desbocada ni hay un desarrollo de situaciones completamente ajenas a su propia experiencia. Lo que hay es una intensificación de un conjunto de inventos tecnológicos y de comunicación que ya en su época eran conocidos, así como este ideal —que es muy contemporáneo— de colocar al Perú en el centro de las relaciones comerciales e internacionales. La idea de que el Perú tiene que ser el eje del comercio internacional marítimo, la ilusión de una ciudad-puerto que comercie incesantemente con el mundo. Cualquier parecido con el presente no es ninguna casualidad.
¿Cuál sería la figura de escritor, de intelectual, que se estaría proponiendo desde la obra?
Es un proyecto racionalista con ecos ilustrados y tintes románticos. Promueve los ideales del progreso, orden, trabajo, comunión nacional y, por supuesto, libre comercio. Hay una confianza ingenua en los ideales del progreso decimonónico. El hombre moderno debe ser competente en el lenguaje. Por ejemplo, una de las cosas que el protagonista detecta como un síntoma de modernidad inequívoco es que ahora sí en los espacios públicos de Lima se escribe bien, se escribe correctamente, ortográfica y sintácticamente. También está el ideal del amor burgués, que se vive con intensidad, pero debe apuntar finalmente a la reproducción social en cauces propios de la experiencia burguesa. Se rechaza el desborde de la cultura popular y sus excesos, y se valida un sujeto sobrio, es un ciudadano lector, cosmopolita, culto, y racional. Esos son los paradigmas, que son típicos del proyecto modernizador del siglo XIX. A pesar de su título, no podía escapar a su tiempo. Esta novela funda una línea de nuestra tradición que tiene cultores hasta Vargas Llosa de forma continua por más de 150 años y es la novela política, la imaginación literaria como arma contra las miserias y problemas del presente.
Esta novela está siendo editada como parte de la colección Bicentenario. ¿Qué objetivos persiguen con dicha colección y qué otros libros serán publicados?

Es una alianza institucional entre la Casa de la Literatura y la Editorial San Marcos para rescatar textos de nuestra tradición literaria pertenecientes al periodo republicano que no se han difundido plenamente. Hemos iniciado con esta novela que nos parece fundamental y luego vamos a seguir con una edición completa de los relatos breves de Clorinda Matto y también va a haber una antología del relato en el siglo XIX, entre otros proyectos. La idea es que nuestro canon se ha construido solamente a base de libros, pero muchos textos que aparecieron en diarios y revistas, y que no salieron como libros, no se convierten en textos que nos interpelen o que dialoguen con el presente. El objetivo de esta colección es ese: traer esos textos del pasado para que se incorporen críticamente al canon y dialoguen con nosotros.


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Escrito por

Paulo César Peña

Literatura. Historia. Arte. Lima. Y también dibujo ciudades en mis ratos libres. @dinamodelima


Publicado en

Redacción mulera

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