#ElPerúQueQueremos

"No lo mordió una araña radioactiva existencialista..."

Una conversación con Jesús Cossio sobre su tira 'Las increíbles aventuras del hombre que NO se hacía dramas'.

Publicado: 2014-11-08

Jesús Cossio (Lima, 1974) es probablemente el autor de cómics peruano más importante de su generación. Ha publicado numerosos libros y revistas, entre ellos El cerdo volador, Pánico, Juventud Moderna, y Ciudades convertidas en selvas en colaboración con editores del Perú y otros países de América del Sur. En el 2003, Cossio fue galardonado con una beca de la Fundación Rockefeller en Humanidades junto con Luis Rossell y Alfredo Villar. Gracias en parte a esta subvención, su grupo fue capaz de producir la novela gráfica Rupay - Historias Graficas Sobre La Violencia Política 1980-1984. A la que siguió Barbarie - Cómics Sobre La Violencia Política 1985-1990, realizada por Cossio en solitario; ambas son colecciones de historias gráficas que denuncian las atrocidades cometidas por las fuerzas armadas peruanas y Sendero Luminoso durante la guerra interna que vivió nuestro país.

Cossio publica desde finales del 2013 a través de Facebook la tira Las increíbles aventuras del hombre que NO se hacía dramas. Un cómic que, a diferencia de su trabajo habitual, se centra en explorar las ilusiones que tenemos y las falacias que reproducimos respecto a las relaciones afectivas en la sociedad contemporánea.

El personaje que da título al cómic es un ácido e incurable crítico de sí mismo y la gente que lo rodea; aunque como él mismo dice, en vez de desafortunado en el amor se considera experimentado en el amor. Conversamos con su autor sobre el origen, las influencias y el futuro de este cómic.


¿Cuál es el génesis del Hombre Que No Se Hace Dramas?
Surgió de una experiencia personal. Quedé para salir con una chica con la que al parecer había onda y dos veces, un día antes, cancelaba debido a “sentirse melancólica” o “bajones anímicos”. A la tercera, cuando volvió a cancelar y disculparse por su “inestabilidad emocional” le dije que ya no estaba interesado. A diferencia de otras ocasiones, corté sin preguntarme luego porque tuvo esa actitud, sin preguntarme si esperando a conversar con ella vería cuál era el problema; es más, sentí que debí haber cortado tanto rollo antes. Me pregunté cómo sería alguien que puede reaccionar siempre de esa manera, siendo muy consciente de no hacer drama, ni especular, ni lamentarse de situaciones propiciadas por otras personas y así hice la primera tira.
Siempre tu trabajo ha tenido una aproximación crítica, pero en este caso hay un especial refinamiento. ¿Dirías que la tira es un trabajo de madurez? ¿O es que el tema permite ser más sutil?

Sí, creo que tiene que ver con algo de “madurez”. Tengo 39 años y seguramente soy inmaduro en muchos aspectos, pero en cuanto a los rollos sentimentales, me lo tomo con más calma que antes. Hay cosas que me impacientan más, sobre todo porque vivo solo y paso gran parte de mi tiempo haciendo cosas que me gustan; por lo tanto, consumir tiempo y concentración en situaciones que nacen de la inseguridad y de la dependencia me exaspera. Mi personaje es una manera de llevar eso a un estado más radical, tanto que no me identifico con él. Siento que la tira es sutil en cuanto al tema de las relaciones afectivas y lo patológicas que pueden ser, pero muy directa en cuanto a la manera de lidiar con ciertas situaciones. Enamorarse puede ser hermoso, pero en una cultura enferma como la nuestra es lógico que las relaciones reproduzcan parte de esa enfermedad en forma de posesividad, manipulación psicológica y miedo. La tira es una crítica a ese tipo de relaciones, no a la posibilidad de enamorarse. Como dice una canción de Tool: “No me llamen pesimista, traten de leer entre líneas”.

© Jesús Cossio.

La crítica a cierta ideología sobre el amor y las relaciones humanas que desarrolla la tira es a un tiempo ácida y empática. ¿Cómo logras este balance?

Bueno, ácida es, pero muchos lectores ven al personaje bastante frío. Yo creo que la tira es empática con aquellos que están hartos del melodrama que la cultura y los medios nos venden como “amor”, esa mezcla de sufrimiento y celos que se supone nos dará felicidad. Dos de mis principales influencias para hacer la tira son Erich Fromm y Aleister Crowley. Fromm fue un psicólogo que escribió El arte de amar, parece el título de un libro de autoayuda pero es un libro muy recomendable acerca de cómo funcionan las relaciones afectivas en las sociedades modernas. En un episodio analiza los enamoramientos repentinos, las personas que encuentran al “amor de su vida” en días u horas; para Fromm, eso no es un indicio de que alguien tenga “mucho amor para dar” sino un síntoma de la soledad de las personas que, al encontrar a alguien con el cual sintonizan, dejan caer sus barreras súbita y casi desesperadamente. Poner tantas expectativas en alguien lleva a la decepción, pues eventualmente vemos su lado menos idealizado. Lamentablemente, la mayoría de personas creen que el drama es “no encontrar a la persona correcta” en vez de percatarse de los mecanismos de su “amor”.  

Aleister Crowley fue un ocultista, aunque erradamente se le llama “satanista”. Digamos que fue alguien que exploró las posibilidades de la mente humana mediante el estudio de la magia ceremonial, las drogas psicotrópicas y el cuestionamiento de la moral vigente. Él estableció el siguiente principio para una vida libre de condicionamientos sociales: “Haz lo que quieras será tú única Ley”. No debe interpretarse esta frase como un llamado al egoísmo, al narcisismo o al individualismo tan en boga, sino como una llamada a ser sinceros con los sentimientos propios y no actuar por un falso sentido del compromiso o por culpa. Ser libre de buscar tus deseos e intereses en armonía con la búsqueda de los demás, sin dañar a nadie a propósito o limitando a otros. Hay un principio que siempre debe acompañar al anterior: “El amor es la ley, sometido a la voluntad”; implica que para hacer lo que quieres, debes saber quién eres, conocerte íntimamente e ir más allá de las mentiras que hemos aprendido e inventado sobre nosotros mismos a lo largo de nuestras vidas, y que muchas veces usamos para lastimar a otros. 

Así que entre esos dos polos está el balance de la tira. El centro viene de la gran influencia que tiene uno de mis historietistas favoritos, Chester Brown. Todos sus libros me gustan, pero el último, Pagando por ello – Memorias de un putero es brutal. En ese cómic autobiográfico, Brown renuncia al amor romántico por sus idealizaciones dañinas y describe sus interacciones con prostitutas. No está interesado en el amor pero sí en el sexo, y le parece más honesto pagar por sexo que mentir por “amor”. No suscribo todas sus opiniones, pero su honestidad y claridad me dieron muchas ideas para la tira.

© JESÚS COSSIO.

Mi preferida es la del personaje que decide volver con su ex, creo que cualquiera puede identificarse con él y también con la respuesta del personaje principal. ¿Es difícil para ti condensar esta clase de "aprendizajes" en un espacio tan pequeño? Puesto de otro modo, ¿por qué elegiste el formato tira y no un historia larga para este personaje?

Yo veo la tira más como una anti-tira, es decir, como algo que va contra las fórmulas habituales de hacer historietas seriales: no utiliza lo “ingenioso” ni la cursilería, tiene una viñeta que sólo dice “FIN”, el personaje no tiene nombre ni historia de respaldo… Es un reto trabajar bajo esos parámetros, sumados a otros relativos al dibujo: no pongo fondos, los personajes casi siempre salen en un solo plano, el trazo es sencillo, estricto blanco y negro entintado a mano, el uso de gestos contenidos. Expresar algo con apenas un pequeño movimiento de cejas, una mirada fija, es un desafío. Funciona porque es una tira que puedo sentarme a hacer una vez por semana, pero una historia larga implica más trabajo. Condensar ciertos aprendizajes no es lo más difícil; soy alguien que cuando está en confianza bromea bastante y se me ocurren situaciones absurdas sobre situaciones cotidianas con amigos y amigas. Lo difícil es traducir las situaciones que se me ocurren sobre el personaje a tres viñetas sin la brutalidad que a veces expresa en crudo, en mi cabeza.

© JESÚS COSSIO.

¿Qué es lo que más te divierte de la tira? ¿Qué has descubierto de ti mismo realizándola?
Eso, que el personaje es bastante distinto a mí, que tengo un lado romántico y aún idealizo situaciones y personas. Para la tira, pienso en una situación que le podría pasar a cualquiera de nosotros y pongo al personaje a enfrentarla; sus respuestas me sorprenden y a veces son tan claras y filosas que me dan mucha risa. A veces me parecen tan rotundas que me producen cierta incomodidad, lo cual es genial también. Al realizar la tira he descubierto dos cosas de mí muy distintas pero que vistas con sentido holístico, integral, no lo son tanto: primero, que verdaderamente hay situaciones por las cuales no quiero pasar de nuevo, situaciones de sentimentalismo y dependencia malsana (muy distinta de la compañía enriquecedora). Segundo, que estoy bien lejos de ser inmune a sentimentalismos e idealizaciones propias del mito del amor “romántico” moderno. He avanzado en ello pero al ver las impecables e implacables respuestas del 'Hombre Que No Se Hace Dramas' me doy cuenta de que me queda mucho trabajo por hacer.
La tira se publica semanalmente en Facebook. ¿Cómo es tener el feedback inmediato de los lectores? ¿Afectó lo que tenías pensado originalmente para la tira?

Sí, los comentarios me dan ideas y me permiten tanto buscarle nuevas facetas a la tira como buscar provocar a algunos lectores. El feedback es alucinante, no me había dado cuenta pero hace poco me comentaron que la interacción (comentarios y debates) es nutrido en relación con otras tiras de Facebook donde hay más “likes” pero los comentarios son más del tipo “genial”, “buenísimo”, etc. De eso hay bastante en la página de la tira y se agradece, pero también hay intercambios sobre lo que es “drama”, cuánto daño nos hace, cuál es la línea entre no hacerse dramas y ser un androide… Phillip K. Dick estaría orgulloso. Era un escritor de ciencia ficción (a él le debemos la novela original en la cual se basó Blade Runner y decenas de películas más) que discutió en varios de sus libros cuál es la cualidad propia de los seres humanos en comparación con hipotéticos androides, si humanos y androides razonan, aprenden y tienen consciencia. Para Dick, los humanos tienen empatía, capacidad de entender los problemas del otro como si fueran propios, los androides, no. Pero entonces, argumenta, hay muchos humanos que son incapaces de tener un mínimo de empatía y sólo comprenden sus asuntos. Antes que 'El Hombre Que No Se Hace Dramas', muchos de los personajes que salen en sus aventuras (y personas en la vida real) son quienes buscan solucionar sus problemas antes que permitir que otros sean como quieren ser. Son “androides” por su carencia de empatía pero actúan como humanos (lloran, se molestan, argumentan falazmente) para conseguir sus fines.

© JESÚS COSSIO.

¿Cuál es el futuro de las aventuras? ¿El personaje principal sufrirá algún cisma personal? ¿Conoceremos cómo llegó a ser quien es?

No planeo nada de ello. Como dije, hay unos retos que me he puesto para el personaje, uno de ellos es no darle una identidad establecida, sino que sus respuestas y acciones sean las que determinen la reacción de los lectores. Es fácil atribuirle a alguien una forma de ser “por cosas que le pasaron”, “porque alguien le rompió el corazón”, “porque sufrió un desengaño”; es un recurso que modestamente no me permitiré con esta tira. Probablemente haya eventos que marquen una evolución pero nada traumático ni exagerado. No lo mordió una araña radioactiva existencialista ni encontró a su primera novia con su mejor amigo al cual había salvado de una venganza de la mafia rusa. Para los maestros espirituales (y los terapeutas también) hay que evitar la identificación con un ego determinado por cosas que nos pasaron, esa identificación evita que crezcamos interiormente sobre situaciones dolorosas o trágicas; a veces la usamos para justificar las cosas lamentables que cometemos: “me enojo rápidamente porque mi padre era así conmigo”, “soy celoso porque una vez me jugaron sucio”. Prefiero que los lectores tengan un criterio más libre y personal para aproximarse al personaje, para bien o para mal.



Notas relacionadas en lamula.pe:

Cuando Robert Crumb Ilustró la experiencia espiritual/alucinatoria de Philip K. Dick.

Joe Sacco y un cómic sobre Gaza

Los cómics de un 'freak'

La isla de los cien mil muertos, un cómic de  Jason y Vehlmann

Dioses y muchachos, sobre Battling Boy de Paul Pope


Escrito por

Andrés Hare

andres.hare@lamula.pe


Publicado en

Redacción mulera

Aquí se publican las noticias del equipo de redacción de @lamula, que también se encarga de difundir las mejores notas de la comunidad.