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portada del primer número elaborada por  Manuel Gómez Burns 

Escritura salvaje en español

En la última edición de la Feria Internacional del Libro de Lima, se presentó el primer número de la revista de literatura, editada en New York, "Los Bárbaros".

Publicado: 2014-08-17

El 21 de julio pasado, en el marco de la  19°Feria internacional del Libro de Lima, se presentó la revista literaria neoyorquina Los Bárbaros, dirigida por el académico y escritor peruano, Ulises Gonzales, autor de la novela País de hartos.

foto: ulises gonzales

Aquella noche, el director de la revista, con la compañía de algunos escritores que colaboraron con el primer número, conversó con el público sobre las dificultades que significa editar una revista de literatura (en español) en una de las ciudades más importantes del mundo: Nueva York. Asimismo, señaló que muchos de sus colaboradores (latinoamericanos y españoles) son profesionales que viajaron a Estados Unidos para estudiar el postgrado en Literatura. 

Desde la portada, elaborada por el ilustrador Manuel Goméz Burns, se vislumbra la estética de esta nueva publicación: el deseo de unir Nueva York con el mundo hispanohablante. La ilustración recuerda el cuento El otro en el cual un Jorge Luis Borges maduro se encuentra con su versión más joven leyendo (atención con el detalle) 2666, la obra póstuma de Roberto Bolaño, un libro leído con intensidad, tanto en español como inglés, y constituyéndose así en un puente entre dos idiomas. Así lo señala el propio Gonzalez en el manifiesto que inaugura el primer número:

“Ya son demasiado años esperándonos.
Nueva York fue tomada hace décadas por los laberintos de Borges. Hoy convive con los detectives que cruzan la ciudad y se duplican con el código escrito en la frente: 2666”

Los Bárbaros es una revista que reafirma la diversidad de la literatura hispanoamericana y como esta ha sabido “beber” de la literatura escrita en inglés como se menciona también en el manifiesto aludido.

Pero, ¿quiénes son los bárbaros del primer número? A continuación, una reseña de los principales textos que encontramos en esta revista con olor neoyorkino.

1

 Alexis iparraguirre/ Foto: facebook del autor

Alexis Iparraguirre (Lima,1974) es uno de los pocos escritores peruanos que se han dedicado con empeño a desarrollar el género fantásticos en su literatura. A pesar contar con solo un libro publicado, El inventario de las Naves (recientemente reeditado por la editorial Sudaquia), el autor peruano ha sabido ganarse a un público lector deseoso de probar nuevas estéticas, alejadas del tradicional realismo peruano. No obstante, Los misterios de rosario, es un cuento que se alejada de su estética personal. Una especie de traición cuyo origen, según el mismo autor, fue un ejercicio propuesto por Antonio Muñoz Molina, quien fuera profesor de Iparraguirre en la maestría de Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York (NYU). El cuento es una historia costumbrista, que nos revela la necesidad del inmigrante por comunicarse en su lengua nativa y de los sacrificios que este puede hacer para lograr su objetivo. El protagonista, Mamani, decide buscar a un tío médico para conversar con él, en español, y acabar con el insomnio que lo atormenta. Reunirse con su pariente lo obligará a asistir a la lectura del rosario que comienza a las seis de la tarde en el consultorio médico. El evento religioso le permite, al protagonista, observar cómo la familia de su tío mantiene en la religiosidad, los orígenes peruanos. La hija y esposa de Mamani, han transfigurado una oficina médica en un espacio sacrosanto que al mismo tiempo, difunde un testimonio de lo difícil que es liberar las ataduras religiosas de la identidad cultural: “El tío Beto invitó a Mamani a que tomase asiento frente a él. La tía Ida se ubicó en su sitio al lado del tío, y la prima Jesusa se acomodó en un sillón entre ellos y su primo. Al otro lado, quedó la repisa con el cuadro del Señor de los Milagros, escoltado por San Martín de Porres y la Virgen de Fátima” (Pág.13).

Poco a poco, Mamani se da cuenta de que su tío tampoco es muy cercano a la fe católica cuando le pregunte por la sorpresiva mejora de un paciente: “Los milagros los hace Dios. Acá yo no he hecho nada. Y no creo en el rosario, más que cualquier petición. Más bien parece para fregar la paciencia. ¿Crees que quiero ir hacer esos testimonios que quiere tu tía?” (Pág.14). Así, la religiosidad sirve más como una conexión nacional más que una búsqueda salvífica. El mismo Mamani combatirá su orfandad de inmigrante gracias a los recuerdos que le generan el rezo del rosario. Memorias de un niño que rezaba: “La tía Saturnina le enseño el padrenuestro y, en las noches de verano, hundía su mejilla en su brazo frío para refrescarse. También le enseño, en un par de años, a que identificara a casi cien santos católicos por su efigies y sus prendas distintivas. Y, aunque ahora hubiese olvidado todos los nombres, se sintió muy cercano a ella” (Pág.15).

2

El 11 de septiembre del 2001 es un día trágico para los Estados Unidos. El derribo de las Torres Gemelas por fuerzas terroristas cambió la vida del país de norte pero fueron los neoyorkinos quienes llevaron la peor parte. Fueron ellos quienes asumieron el duelo mundial. Sobre sus hombres reposa la inseguridad y el temor de que todo puede acabarse en cualquier momento. El destacado escritor y cronista mexicano Juan Villoro (Ciudad de México,1956) nos regala un texto, Reminicencias, que data del 2011 y retrata, de manera personal, lo que significa conmemorar la triste fecha.

 juan villoro/ foto: la tercera

El novelista comienza con la referencia de una obra de teatro Sweet and Sad de Robert Nelson, cuyo argumento se sitúa entre las dos y las cuatro de la tarde del 11 de septiembre del 2011. Villoro pone énfasis en la imposibilidad de los personajes el tratar un tema doloroso. Al mismo tiempo, la fecha que se conmemora ahonda el drama familiar: “Las pérdidas, los afectos y las diferencias de la familia se expresan a contraluz de un drama mayor que no puede decirse. La angustia por lo que pasó diez años atrás aflora través de dudas sin respuesta. La historia y la política llegan como invitados incómodos, que lastiman con su silencio” (Pág.61).

Así, Villoro nos inserta en el doloroso proceso de hacer memoria, de conmemorar la tragedia inicial de un nuevo siglo. Al mismo tiempo, señala como a través de otras manifestaciones artísticas, como la fotografía, se reafirma el deseo, a veces inconsciente, de mantener un testimonio: “Entre sus muchas cosas retratadas, Torres escogió una para trasladarla a la galería: el barco de papel que un niño llevaba en un vagón de metro. El día en que todo se vino abajo no hubo nada más resistente que lo frágil: el papel, la memoria, la mirada de un fotógrafo” (Pág.63).

3

diego trelles paz/ foto: la república

Nunca he sabido cómo hacer para odiarla, escrito por Diego Trelles Paz, finalista del premio Rómulo Gallegos por su novela Bioydibuja con gran solvencia el panorama limeño durante de la década de los noventa. Diego, el protagonista, es un adolescente clasemediero y consumidor de drogas que pasa sus veranos en un playa alejada de Lima (San Bartolo). Su vida despreocupada es una elegía al hedonismo: “Me drogaba para correr y luego de correr olas comía y luego me echaba a dormir pensando en lo lindo que era despertar para volver a fumar. Mi vida era simple: leía por placer, actuaba por instinto. Perdí mi virginidad como un animal, a los trece años, trepado en Mercedes y moviendo mi cintura hacia ella por tres frenéticos minutos" (Pág. 28)

Cuando conoce a Penélope, una chica atrevida y rebelde que compartirá con el protagonista su ideario de vida desbocada. Pero junto con el placer que representa el personaje femenino, Diego se topará de bruces con el Perú fujimorista. El padre de ella es un general, siempre custodiado por una escolta. El general Valdivieso, representa las dos caras del régimen: “Es también muy probable que, por mi estado ausente, no supiera percibirlo, que el General Valdivieso fuera tímido y ejemplar para los niños e invitados y las sirvientas y tuviera un talento especial para reinventarse en esos pocos días que paseaba en el balnerario: ocultar quedamente al otro, la cara transfigurada del otro, otro que físicamente se parecía al mismo hombre de cabellos blancos y talle firme pero que era, sin embargo, su doble degradado y tenebroso, despojado ya por completo de esa imagen cariñosa que había construido con paciencia entre la gente aún inocente de su entorno” (Pág.31).

Esa cara oculta se mostrará luego de que de Diego junto con un amigo suyo, Abraham, sufran un golpiza a manos de un grupo desconocido. Los custodios del general Valdivieso se transmutan en “justicieros” para vengar la afrenta. Pero la justicia para este militar no es otra cosa que instaurar la violencia sobre el más débil. A pesar de que Diego identifica al culpable, quien recibe los golpes es el más débil: “No entendía muy bien por qué me daba tanta rabia el acto y sus consecuencias (la actitud sumisa del Quemado ante lo que quién sabe qué habían hecho para intimidarlo), pero sabía muy bien que mi apatía era producto de mi indignación, de verlo en la calle y entender que los custodios no habían secuestrado a quien yo había señalado sino al más débil e indefenso, al único de los tablistas que no hubiera podido hacer nada para denunciarlo porque era pobre y vivía en San José y estaba condenado a actuar y presentarse como alguien distinto para ser aceptado en la playa” (Pag.36).

A partir ahí, Penélope ya no solo representará ese hedonismo de adolescente tardío, sino que se ha convertido en un punto de inflexión que acompañara al protagonista hasta Nueva York, desde donde escribe la historia.

4

lena retamoso foto: lenaretamoso.com

La poeta y narradora Lena Retamoso ( Lima,1978) recrea, en Nueva York, el doloroso proceso de la despedida de un pareja de amantes. Matilde  es un cuento cuya historia se asemeja al argumento de una película romántica estadounidense. Matilde y su amante ,cuyo nombre nunca se menciona, tienen un pacto: cada año tienen un encuentro intenso por dos días, al final de lo cuales, el amante se despide de ella y de Nueva York hasta el siguiente encuentro. No obstante, harto de la soledad que reina a la vuelta, el amante empieza a forjar una nueva idea: "Aún así, él se había prometido que esta vez sería capaz --llegada la hora-- de cancelar su pasaje de vuelta. Es más, hasta había fantaseado con la idea de que en el umbral de la despedida (con la boca de Matilde estampada en la suya) le transmitiría que le era imposible residir en cualquier espacio que no estuviera habitado simultáneamente por ella" (Pág. 68).

A partir de ahí, se podría pensar que el cuento caerá en esa narrativa dulzona propia del romanticismo que a algunas editoriales les gustan vender. Nada de eso. El amor en esta ficción de Retamoso no muestra ninguna piedad ante las decisiones tomadas a destiempo. El amante, como los héroes griegos, nada podrá hacer ante el destino que toma una trágica dirección. 

De manera similar al texto de Trelles Paz, el objeto del deseo transmuta, de manera violenta, en un recuerdo doloroso, lacerante y, sobre todo, difícil de manifestar: "Durante el vuelo, ninguna lágrima le magulló el rostro y ningún grito aterrador sacudió su garganta, solo un conjunto de palabras que parecían haber escapado de un cautiverio de siglos iba invadiendo la pantalla trasera de su mente, desplegando ante él una imparable sucesión de vívidos recuerdos en los que él  iba hundiéndose y muriendo como si repentinamente hubiera caída en una fina e inmensa red urdida por la más transparente de las arañas..." (Pág. 70).

Con el paso del tiempo, la nostalgia se agrava y se manifestará a través de su cuerpo. El último paso para terminar con el sufrimiento de la expectativa frustrada. 

5

foto: profetica.com.mx

La mitad del camino: notas entre Cuba y Nueva York es un texto inusual ya que ofrece una reflexión sobre el papel del intelectual latinoamericano. Oswaldo Zavala, el autor del texto tiene la inteligencia narrativa para presentarnos un tema complicado en clave crónica. Así,  la reflexión  sobre la crítica cultural latinoamericana, se mezcla con el viaje, que hace el propio protagonista, un profesor del doctorado en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), a Cuba. La sola mención a este país ya genera un giro argumental bastante poderoso. Por años, la isla caribeña y su historia, ha sido el foco de complejas discusiones sobre la identidad latinoamericana: "Anticipaba  con ansia la materialidad de aquellos referentes legendarios de mi educación  que ya no serían mitos translúcidos, sino que tendrían densidad, textura. Las calles  y su gente entraría en movimiento y no serían más esa fotografía inmóvil instalada años atrás en mi memoria ingenua de lector" (Pág.87). La vuelta al único país latinoamericano con régimen socialista permite establecer un vínculo con un texto primordial de la teoría literaria y la crítica cultural, Calibán, escrito en 1971 por el poeta cubano Roberto Fernández Retamar. Un texto donde se rechaza una visión  subalterna del sujeto caribeño por parte de los colonizadores. La referencia, desde luego, no es gratuita. El protagonista, asiste a la Casa de las Américas, institución símbolo de la cultura cubana, y tiene un encuentro con Fernández Retamar, quien no deja de preguntarle por la ciudad donde reside, Nueva York: "... luego me preguntó sobre Nueva York, sobre ciertas calles  alrededor de Union Square que alguna vez habitó" (Pág.89). Algunas líneas después el vate cubano, resume la curiosa situación: "Todo crítico termina traicionando su propia teoría". 

A partir de ahí, el protagonista comprende que todo acercamiento a un espacio histórico y cultural determinado será, ineludiblemente, incompleto: "Allí estuvimos los dos, a mitad de camino de los sueños difíciles, aquellos que salimos a buscar y que perdemos siempre" (Pág.90).

 **

Esta es una pequeña selección del primer número. Por supuesto, el lector encontrará más textos de importantes escritores en lengua española como Issac Goldemberg (Fábula), Lina Meruane (Navidades), Almudena Vidorreta (Lectura en Llamas), entre otros.  Incluye, además, una divertida y ácida historieta hecha por Jesús Cossío. 

Los Bárbaros se publicará tres veces al año (Marzo-Septiembre-Diciembre) y puede ser adquirida  a través de la página web de la librería McNally Jackson y Amazon. Asimismo, Solar Desarrollo Editores se ha encargado de distribuir la revista en librerías limeñas. El próximo número saldrá a finales de mes.    

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Escrito por

Manuel Angelo Prado

He publicado dos libros: Estación (2011) y Hemiparesia izquierda (2017). Escribo y tomo fotos.


Publicado en

Redacción mulera

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