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"Richard Webb no sabe nada de la lengua quechua"

Antropólogo Rodrigo Montoya responde a economista, quien cuestiona continuidad del runa simi.

Publicado: 2014-02-23

Hace dos semanas el economista Richard Webb escribió una columna en El Comercio en la cual mostraba su pesimismo por el futuro del idioma quechua y aseguraba que éste se extinguiría porque cada vez menos gente habla quechua, supuestamente porque con el castellano tendría más opciones de ascender socialmente.

¿Pero qué piensa un especialista que realmente conoce, vive, habla y piensa en castellano y en quechua? LaMula.pe conversó con el antropólogo puquiano Rodrigo Montoya, autor de decenas de libros sobre los andes peruanos, la cultura quechua y los migrantes. 

¿Realmente no habrá una lengua quechua en el futuro? ¿Richard Webb tiene razón?

Lamento que esta opinión provenga de un economista serio que sabe del rigor mínimo que hay que tener para opinar, y él es muy sabio en materia de ganancias y pérdidas, en materia de construcción del capitalismo en el país y en lo que la economía del país requiere para ser moderna y estar como Suiza o Miami, esa es su especialidad. Y en eso él tiene una trayectoria. Pero sobre la lengua quechua, él no sabe nada. No tiene información histórica de la lengua quechua y para hablar de educación bilingüe intercultural se basa en la información de una familia que piensa que para qué van a estudiar quechua sus hijos en la escuela, y la opinión de una antropóloga que le habría dado a él la información de la que parte para concluir que el quechua va a desaparecer.  

Hay libros y libros sobre educación intercultural y una montaña de información para ver que esta opinión que a él le interesó y le provocó la reacción es una de miles de opiniones. Y hay miles de experiencias de casos en los proyectos de educación bilingüe en el Perú del encanto y la alegría de los padres de familia de que sus hijos aprendan tanto español como quechua. Por lo tanto, para tener el rigor y para dar una opinión con peso hay que estar, como ya he dicho, informados, y este no es el caso.

Como desaparecer si en el Perú hay millones que hablan el quechua...

La ONU da una pauta: una lengua que es hablada por menos de 3 mil personas está en peligro de extinción. El señor Webb no sabe que el quechua en el Perú es hablado por al menos 6 millones de personas. Ese solo argumento derrumba lo que el señor pueda decir. La información de la ONU avanza más y coloca más o menos en 15 mil personas el número de habitantes de un pueblo para que su lengua esté todavía con vida. Y del conjunto peruano de las lenguas que tenemos, por lo menos unas 18 tienen vida asegurada. Esto quiere decir 50, 100 años, no quiere decir eternamente.

¿Por qué una lengua tan importante como el quechua estaría en peligro de extinción?

Hay un excelente lingüista de la Católica y de la San Marcos, Cerrón Palomino, y con la autoridad que le dan 50 años en la especialidad él se atreve a decir que en el largo plazo, el quechua tiene riesgos, y podría desaparecer. Y por la autoridad que tengo yo por mi trabajo en años, y como lo digo en mi libro El porvenir de la cultura quechua, ésta tiene dos opciones. Si la lógica de la colonialidad del poder se mantiene, si la persecución, el racismo se mantienen, entonces la cultura quechua y todas las lenguas indígenas tenderán a desaparecer. Si intervenimos políticamente para cambiar ese rumbo, y quienes hablamos las lenguas las defendemos con nuestra propia acción y con nuestra teoría y práctica, las lenguas no van a desaparecer. Y yo soy en ese camino una especie de pequeño soldado en una batalla que hay que dar para defender la lengua, para cuidarla, para protegerla… con la convicción de que hiciéramos lo que debiéramos hacer esa lengua no desaparecería.

El quechua es una lengua grande. Tiene 17 variaciones en siete países. Ocho de esas variaciones están en el Perú, por lo tanto es una lengua madre, rica, diversa, heterogénea, variada. Y en los extremos a veces es difícil el entendimiento. No es fácil que un puneño se entienda rápidamente con un quechuahablante de Quito, o sin ir muy lejos, de Áncash. Entonces, la dimensión geográfica del país, la extensión demográfica del quechua, la convierte en una lengua grande.

¿Desde dónde se trabaja más a favor de preservar y difundir la lengua quechua? Webb dice que esa labor es casi en vano.

En la práctica hay un gran interés de muchísimos sectores por la mantención de la lengua por un lado, y por otro porque se considere el derecho legítimo que los quechuahablantes o los indígenas tienen de que a sus niños se les enseñe en lengua materna. Es un derecho ahora reconocido por la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos, por la Declaración de la ONU sobre los derechos de los niños, por el Convenio Internacional de la OIT, en fin, toda la legislación internacional garantiza ese derecho. Quienes no lo hacen son los ministros de Educación, que poco o nada saben sobre la educación en el país, y que poco o nada saben sobre educación intercultural bilingüe que el país necesita. Yo porque soy relativamente especialista en el tema puedo decirlo tranquilamente. La educación cultural bilingüe tiene muchos problemas en el país, sería tonto decir que es un mundo maravilloso. Es un mundo que tiene contradicciones, problemas muy serios, derivados principalmente de la hipocresía estructural del Estado. Porque el Estado frente a la población bilingüe tiene la política clásica del Sí pero No. “¡Vengan, apoyamos los proyectos, claro! Pero luego dicen, pero, ¿para qué…? Esa es la lógica de Pizarro. Y es la lógica de Ollanta. No ha habido en eso ninguna “Gran Transformación”. Ha habido personas que han intentado cambiar las cosas pero que no han podido. Y entonces, la educación bilingüe intercultural tiene muy buena salud en un momento, tiene problemas en otro… La pregunta es: ¿qué es lo que el Estado está haciendo por eso? Y, ¿qué recursos le da el Estado a ese tipo de educación? Pero ese es otro debate; uno grande, que valdría la pena abrir y participar.

En las ciudades, por lo menos, los migrantes hablan en español para vincularse con el trabajo, la universidad, el colegio. Pero entre ellos, familia, paisanos, fluye el quechua…

El quechua es una lengua viva porque es hablada por las personas. Y está siendo recuperada políticamente de manera espontánea por decenas y centenas de organizaciones. Indígenas, campesinos, organizaciones. Se organizan festivales, reuniones anuales, el festival de la gastronomía, del huayno, de la música, aquí, a nivel departamental, provincial, distrital, a nivel de pagos. Hay una vitalidad que, por supuesto, Webb no la ve. Eso no aparece ante sus ojos. Hay obviamente un tercio de los migrantes del país que no quieren saber nada con su pasado, su tierra, su apellido, con su cara, su papá, su mamá. Porque éste es un país de entenados, inquilinos. Donde no hay papá y mamá plenos para los hijos; y donde hay un tercio de los niños que vive solo con la mamá. Los maestros bilingües lo dicen: “Una es nuestra madre y no sabemos cuántos padres tenemos”, refiriéndose a los grandes procesos de dominación que habido del mundo, en el país. 

Entonces, el quechua es real, es vital, está vivo y eso no se ve desde un escritorio...

Para unos, el quechua se pierde, es real; y para otros, el quechua se gana, se recupera, y hay una alegría enorme ante eso. Los cinco conos de Lima son un laboratorio del quechua, los sábados y domingos de todos los meses. Hay que ser ciego para no ver eso; pero eso no pasa por la televisión, ni las columnas de los periódicos. Entonces, pareciera que no ocurre. Hay una realidad subterránea. Todo lo propio, autóctono del país fue sometido, oculto. Ahora todo eso está haciéndose visible. Se hacen ofrendas a los Apus en todas partes… con la rabia de la Iglesia Católica que no sabe cómo contradecir eso, porque no tiene cómo. Le encantaría mandarlo de vuelta a las cavernas, pero no es posible. Entonces, hay una vitalidad, un florecimiento que no niega la vieja historia colonial de lo que se hace para que las lenguas se pierdan. Y es ahí cuando aparece el fenómeno de la vergüenza. Porque hay gente que tiene vergüenza de ser peruana. Que le gustaría haber nacido en Grecia o en Miami, o en Europa. No estoy hablando de andinos ni serranos, estoy hablando de peruanos. Hay andinos y serranos (como cualquier otro peruano) que no se quieren porque les han enseñado a despreciar a los abuelos, los apellidos, los rasgos indígenas, y por lo tanto sufren. El Perú es un país dramático. Son fragmentos de lo que fue una gran civilización, una gran historia, que está ahí, en pequeños pedazos. Y de lo que se trata es de unir fragmentos para reconstituir algo que pueda llamarse una especie de honor o dignidad peruana. Entonces, eso que este señor lamenta, lo que le pasa a una familia quechuahablante, es la historia del país, es la herencia de Pizarro, y es la herencia de los grandes capitalistas y las grandes empresas multinacionales. Esta es la lógica del capital, de El Comercio y del mundo de Richard Webb.

¿La música cantada en quechua es uno de los mejores ejemplos de la vitalidad de la lengua quechua? 

Sí y no, porque objetivamente las canciones nuevas son más en castellano que en quechua. Eso es verdad. El sentimiento se puede expresar en distintas lenguas. Entonces, hay un sentimiento andino que va en quechua, y un sentimiento andino que va en castellano. Y uno combinado, el típico huayno ayacuchano-cusqueño que juega con el dominio de ambas lenguas para tener una especie de sentido especial del humor. Pero, ese sentimiento en la música es su mayor vitalidad. Cuando la gente es capaz a las 3 am de decir basta de cumbias y de música enlatada, y ahora vamos a pasar a lo serio y viene el arpa y el violín, y la gente canta, se emociona, llora, se ilumina, se entristece… ese momento de afectividad en quechua se vive en quechua y se vive con la poesía en quechua, no en castellano. No se vive con la arpita esta de las bodas, o con los chicheros de acá o con los cumbiamberos, de más allá. De manera que la vitalidad esta en las canciones, en el canto. Lo que hace que los limeños tengan algo de Lima todavía, es su emoción cuando hay un vals. Y aunque tengan 20 u 80 años, mientras puedan conmoverse con una canción, quiere decir que ese mundo tiene importancia para él o para ella. Lo que pasa es que vivimos en una especie de mundo dividido. Por debajo de las formalidades y apariencia esta lo que cuenta y lo que nos importa. Y por encima está la vida de la tele, la música de la tele, sus gustos que –vistos bien– son tan insignificantes.

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Escrito por

ALBERTO ÑIQUEN G.

Editor en La Mula. Antropólogo, periodista, melómano, viajero, culturoso, lector, curioso ... @tinkueditores


Publicado en

Redacción mulera

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