El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) proclamó este viernes 3 de julio a Keiko Fujimori como presidenta electa del Perú para el período 2026-2031, poniendo fin oficialmente al proceso electoral iniciado con la segunda vuelta del pasado 7 de junio.
La ceremonia se realizó al mediodía en la sede del organismo electoral, en el distrito limeño de Jesús María, y fue encabezada por el presidente del JNE, Roberto Burneo. A diferencia de otros presidentes electos, Fujimori no asistió personalmente al acto y siguió la proclamación desde el local de Fuerza Popular, en San Isidro, mientras su partido estuvo representado por sus personeros legales.
Con esta proclamación, Keiko Fujimori se convierte en la primera mujer elegida por voto popular para ejercer la Presidencia de la República. Dina Boluarte había llegado al cargo en diciembre de 2022 por sucesión constitucional, tras la destitución de Pedro Castillo.
Resultado ajustado
Según los resultados oficiales de la ONPE, Fujimori obtuvo 9’223,396 votos (50.135%), frente a los 9’173,755 votos (49.865%) alcanzados por Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú. La diferencia final fue de 49,641 votos, uno de los márgenes más estrechos de la historia electoral reciente.
Dentro del territorio nacional, Sánchez obtuvo una ligera ventaja; sin embargo, el voto de los peruanos residentes en el extranjero terminó inclinando el resultado a favor de la candidata de Fuerza Popular.
Con la proclamación concluye formalmente el proceso electoral y se inicia la etapa de transferencia entre el gobierno de José Balcázar y la administración entrante. El próximo 15 de julio, el JNE entregará las credenciales oficiales a la fórmula presidencial, integrada además por Luis Galarreta y Miguel Torres, mientras que la juramentación está prevista para el 28 de julio.
“Empieza una nueva etapa”
Tras la proclamación, Fujimori difundió un mensaje en redes sociales en el que agradeció el respaldo recibido.
“Concluido el proceso electoral y proclamados los resultados por el JNE, recibo con profundo agradecimiento la confianza que millones de peruanos han depositado en mí”, escribió.
Asimismo, anunció el inicio de la transición y la creación de la denominada “Oficina de la Presidenta Electa”, desde donde —según indicó— informará sobre las actividades previas al cambio de mando.
Horas más tarde, en conferencia de prensa, afirmó que su equipo ya comenzó a trabajar.
“No vamos a esperar un minuto más, estamos aquí para resolver los problemas del país y tomar decisiones. Hemos puesto en marcha la Oficina de la Presidenta Electa”, declaró.
Ausencia en la ceremonia
La decisión de no acudir personalmente a la proclamación llamó la atención.
El excongresista Virgilio Acuña, por ejemplo, señaló en la red social X:
“Keiko Fujimori es proclamada Presidenta del Perú por el JNE. Llama la atención que no vaya a la ceremonia, en Jesús María, y se quede en el local de San Isidro. Política son gestos. Empieza mal”.
Un gobierno que llega tras una década de influencia política
La llegada de Keiko Fujimori a Palacio de Gobierno ocurre después de más de diez años como la principal figura de Fuerza Popular, partido que, especialmente desde 2016, ejerció una influencia determinante sobre la política peruana aun sin ocupar la Presidencia.
Durante ese periodo, la bancada de Fuerza Popular protagonizó la censura e interpelación de numerosos ministros, impulsó la renuncia del entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski en medio de un proceso de vacancia, respaldó la vacancia de Martín Vizcarra y también votó a favor de la destitución de Pedro Castillo por permanente incapacidad moral. Actualmente, Castillo permanece privado de su libertad mientras afronta un proceso penal en el que el Ministerio Público lo acusa de los presuntos delitos de rebelión —o, alternativamente, conspiración para la rebelión—, abuso de autoridad y grave perturbación de la tranquilidad pública, a raíz de los hechos del 7 de diciembre de 2022.
Bajo la mayoría parlamentaria conformada junto a otras bancadas, el Congreso también participó en el rediseño de instituciones clave como el Tribunal Constitucional, la Junta Nacional de Justicia y, posteriormente, el Ministerio Público, mediante decisiones que diversos especialistas han considerado parte de un proceso de captura institucional. En ese contexto, distintos sectores han señalado que el Poder Judicial permanece como uno de los pocos contrapesos frente a esa concentración de poder, especialmente por decisiones de jueces que han inaplicado leyes consideradas incompatibles con la Constitución o con los tratados internacionales sobre derechos humanos.
La trayectoria política de Fujimori también ha estado marcada por diversos episodios controvertidos. Uno de ellos fue la difusión del denominado chat “La Botica” y por revelaciones como la de la excongresista Yesenia Ponce, quien afirmó que Keiko Fujimori le dijo: “No me importa que se perjudiquen 10 mil o cien mil peruanos, esa obra se hará cuando yo sea gobierno”, declaración que generó amplio cuestionamiento por reflejar una supuesta disposición a privilegiar objetivos políticos pese a los eventuales perjuicios para la población.
Otro episodio relevante fue el conflicto interno con su hermano Kenji Fujimori tras el indulto concedido a Alberto Fujimori en 2017. La ruptura derivó en la expulsión política de Kenji del entorno fujimorista, su desafuero como congresista y posteriores procesos judiciales, en un enfrentamiento que terminó fracturando públicamente a la familia Fujimori.
Con la proclamación oficial del JNE, Keiko Fujimori inicia ahora la transición hacia un gobierno que asumirá funciones el 28 de julio, en un escenario de alta polarización política y con el desafío de responder a las expectativas y cuestionamientos que han acompañado su actuación pública durante la última década. Veremos si gobernará como su padre, que fue sentenciado por graves delitos de corrupción y violación de derechos humanos, como dijo durante la campaña o si será "más institucional" que él, como dijo recientemente en una entrevista con Ismael Cala, aunque su ausencia en la reciente ceremonia del JNE demostraría lo contrario.
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