China es una potencia global y actúa como tal. Pero para el Perú, su presencia económica no solo plantea oportunidades comerciales, sino también riesgos políticos e institucionales. Así lo sostuvo la periodista y antropóloga Patricia Castro Obando en el programa Al Filo, donde analizó cómo el avance del capital chino se inserta en un país con estructuras estatales frágiles y una larga tradición de connivencia entre poder económico y poder político.

China es un gigante, y un gigante a veces pisa fuerte”, explicó Castro Obando.

A su juicio, el problema no es negociar con una potencia, sino aprender a hacerlo desde una posición que proteja el interés público.

“Lo que tenemos que ver es cómo nos relacionamos con China y cómo obtenemos beneficios reales de esa relación”, afirmó.

La especialista recordó que la cercanía entre empresarios chinos y autoridades peruanas no es reciente. Se remonta, al menos, al primer gobierno de Alan García y se consolidó durante la administración de Alberto Fujimori. Desde entonces, congresistas, alcaldes, gobernadores y candidatos presidenciales han sido invitados a viajes al gigante asiático, muchas veces financiados por empresas o inversionistas privados.

Según Castro Obando, estas visitas rara vez son transparentadas y forman parte de “capas” de relacionamiento que se han ido acumulando sin mayor fiscalización.

 “No estamos viendo todo lo que se ha ido construyendo”, advirtió, al subrayar que estos vínculos pueden derivar en conflictos de interés y actos de corrupción.

La analista comparó el momento actual con el escándalo Lava Jato, que involucró a constructoras brasileñas en sobornos sistemáticos en varios países de la región. 

“En países con instituciones débiles, esos océanos de corrupción siempre vuelven a llenarse. En algún momento fueron los brasileños; ahora, al parecer, los chinos”, señaló.

En ese contexto, destacó el papel clave del periodismo de investigación para exponer estos entramados.

“Mostrar estos casos tiene un doble impacto: pone en evidencia a los empresarios involucrados y obliga a retrocesos”, afirmó, citando un proverbio chino: “matar a la gallina para asustar al mono”, en referencia al efecto disuasivo de hacer visibles los abusos.

No obstante, Castro Obando subrayó que el escrutinio no debe centrarse solo en el capital extranjero.

“Está bien poner el ojo sobre el empresario chino, pero también hay que vigilar a nuestros congresistas, políticos y funcionarios, y sus constantes viajes y relaciones personales”, remarcó.

La especialista explicó además que ciertos códigos culturales chinos, como el guanxi —un sistema de redes de favores y relaciones—, pueden ser malinterpretados fuera de su contexto original y convertirse en mecanismos de corrupción cuando operan en países con baja institucionalidad.

“Ahí la balanza deja de ser recíproca y se transforma en abuso”, sostuvo.

Para Castro Obando, el desafío central del Perú no es solo geopolítico, sino interno: fortalecer sus instituciones, transparentar la relación entre autoridades y grandes inversionistas, y evitar que la dependencia económica derive en captura política del Estado.


¿Cómo son hoy las relaciones entre China y Perú?

China es el principal socio comercial del Perú desde hace más de una década. El vínculo se basa principalmente en la exportación de minerales (cobre, hierro y zinc) y la importación de manufacturas. Empresas chinas participan en sectores estratégicos como minería, energía, infraestructura y puertos. Aunque esta relación ha impulsado inversiones y crecimiento, especialistas advierten que la falta de controles claros, la opacidad en algunos convenios y la debilidad regulatoria del Estado peruano incrementan el riesgo de corrupción y dependencia estructural frente al gigante asiático.


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