Una entrevista de Daniel Parodi Revoredo
Recientemente el candidato de Ahora Nación, Alfonso López Chau ha estado en el ojo de la tormenta tras saberse que estuvo en prisión durante el régimen militar de Juan Velasco Alvarado. En esta entrevista, el aspirante al sillón presidencial nos cuenta al detalle su experiencia tras las rejas, qué la motivó, y, con detalle, los pormenores de una época apasionante.

foto de daniel parodi
¿Cuál es el contexto que explica que en 1970 Ud. cayese preso bajo la dictadura de Juan Velasco Alvarado?
Para hablarte de ese episodio de mi vida, debo comenzar por mencionar la Jornada Estudiantil de Trabajo que fue una iniciativa de los movimientos juveniles peruanos que en ese entonces hacían activismo político o trabajo popular. La Jornada era multipartidista e incluía a vastos sectores no partidarizados también. Y era masiva, multitudinaria, esa fue una época de gran agitación política y de movimientos sociales muy activos y movilizados.
La Jornada era un voluntariado a favor del pueblo para realizar labor social, y recababa fondos para tal empeño, Para entonces, abriéndose la década de 1970, la dirección de la JET decidió levantar una escuela para la educación de los más pobres y vulnerables
Este gran movimiento juvenil y estudiantil estaba hegemonizado por la JEC, Juventud de Estudiantes Católicos, que estaban inmersos en todo ese gran movimiento de la Teología de la Liberalización que sacudió América Latina, acercando a la Iglesia a estar más cerca de los pobres y a luchar por la satisfacción de sus necesidades más urgentes.
¿Qué personajes que Ud. recuerde formaban parte de La Jornada?
En el grupo había gente de toda procedencia, estaba Sofía Macher Batanero, destacada socióloga de la PUCP que luego integró la CVR, el economista y filósofo Edgar Montiel, sanmarquino, doctor por La Sorbona y funcionario de la Unesco, la periodista y escritora afroperuana Zelmira Aguilar y el destacado jurista Alberto Borea Odría, aprista, que dejó el PAP junto a Andrés Townsend cuando se produjo la secesión entre este y Armando Villanueva del Campo en 1982. Éramos toda una generación juvenil de nacidos a inicios de la década de 1950.
La junta directiva de la JET la presidía Arroyo, perdona si se me escapa el nombre, yo era el Secretario de Economía, y entonces tenía solo 19 años y era menor de edad. Conforme a la Constitución de 1933, que todavía estaba vigente, la mayoría de edad recién se obtenía a los 21 años.
¿Y cómo comenzaron los problemas con la dictadura de Velasco?
El ministro de Educación de la dictadura era el general EP. Alfredo Arrisueño Cornejo, quien ejerció el cargo entre 1969 y 1972. Un buen día nos convoca, no estaba contento, nos amenazó por tanta protesta que hacíamos por la gratuidad de la enseñanza, por subirle el sueldo a los maestros, por mejorar la calidad de la educación y tantas otras cosas. Arruiseño nos dijo con voz de mando que nos iba a meter preso a toditos pero el compañero Alejandro Espinoza, muy pícaro él, que, al igual que yo, venía del Colegio 2 de Mayo del Callao, le respondió con astucia: “mi general, le van a faltar celdas, somos muchos”.
Después intervino Carlos Castillo Ríos, intelectual velasquista que dirigía el Consejo Nacional de Menores. Nosotros ciframos alguna esperanza en él pero al final lo que quiso hacer fue imponerle una directiva títere a La Jornada, desde adentro, lo mismo que quiso hacer la dictadura con las centrales sindicales, crear entidades paralelas, digitadas desde dentro del régimen, corporativamente.
Pero, al final la nueva junta directiva de la JET o Jornada igual trabajó para nosotros, porque todo ese gran movimiento era nuestro, era místico. Por más que impusiesen una y otra junta directiva, los nuevos dirigentes siempre iban a ser nuestros y así sucedió efectivamente.
¿Y cómo así terminaron presos?
Las circunstancias en las que un grupo de jóvenes de la JET caímos presos en el Callao fueron muy curiosas. Yo entonces formaba parte de la juventud aprista pero por mi trabajo con la Jornada paraba con amigos y amigas de distintas ideas y agrupaciones. Ese día estaba cerca al puerto, junto a un grupo de dirigentes estudiantiles entre los cuales se encontraba el trotskista Jan Suárez, yo discrepaba con él en su visión general, pero coincidíamos en el trabajo juvenil que veníamos realizando.
De repente nos encontramos con “el chato” Carmona, que era el guardián de las instalaciones de la casa Grace, la misma del famosos contrato después de la Guerra con Chile, que quedaba muy cerca al desembarcadero. “El chato” era un moreno muy alto y agarrado, muy buena persona, nos dijo que tenía un “piscacho” adentro y nos invitó a pasar para calentar cuerpo, un rato nomás, eran como las once de la noche, y en el trance en el que “el chato” abre la puerta, pues nos cae la policía y nos arresta. Al comienzo nos confundieron con ladrones, pero luego detectaron, porque nos tenían fichados, que varios éramos de Jornada, allí las cosas se complicaron.
¿Cómo fue su experiencia de preso e incomunicado en el célebre penal El Sexto?
Ya detectados como activistas políticos juveniles, incómodos para la dictadura nos llevaron al célebre penal de El Sexto donde tantos estuvieron recluidos inclusive el “Taita” José María Arguedas, de allí su célebre novela del mismo nombre. A mí me incomunicaron varios días y en semioscuridad, al punto que no puedo recordar el tiempo que pasé en esas condiciones.
Yo era menor de edad, estaba incomunicado, en las celdas no había colchones, solo había las llamadas “garras” que era como en jerga les decíamos a las colchas, yo doblaba la mía cuatro veces sobre sí misma y me hacía una simulación de colchón para no dormir completamente contra el suelo, pero, eso sí, sin almohada, y sin nada que me protegiese del frío, por las noches tiritaba.
Pero lo que a mí me animaba en la cárcel era mi escuela política, lo que había leído del encierro aprista que sucedió décadas antes en esas mismas celdas. Esa mística me animaba, así como mi profundo cristianismo. Yo no soy solo cristiano, yo soy ecumenista, entonces estaba preso pero me sentía en libertad, porque mi alma seguía libre. Así que mis fortalezas, durante los aciagos días de prisión, fueron mi cultura de la persecución y mi profundo ecumenismo. Mi hermana Cristina me venía a visitar y lloraba. Yo no lloraba, yo me sentía en un retiro espiritual, consciente de que estábamos siendo perseguidos y encarcelados injustamente.
De allí me trasladaron al penal de Lurigancho, al pabellón de los presos políticos. En Lurigancho pasamos más de un mes y nuestra situación era bien incierta pero justo un mes después vino la Ley de Amnistía a los presos políticos y todos los jóvenes de JORNADA y muchos presidiarios más, pudimos salir en libertad.
¿Ud. relaciona su experiencia de lucha juvenil con su apoyo a los jóvenes que le pidieron protección en la UNI el año 2023?
Yo creo que a mí Dios me compensó. Tras el tiempo que pasé en prisión, mi padre acabó pobre, él era obrero del frigorífico del Callao y se gastó todos sus ahorros en conseguirme un abogado. En lo académico, yo no tenía claro cómo iba a continuar mi preparación profesional pero logré matricularme en la Universidad Nacional del Callao.
Y entonces comencé una nueva vida: me gradué de economista, adquirí un doctorado en la UNAM de México, fui Catedrático condecorado del CAEM, fui director del BCRP, Rector de la UNI y ahora candidato a la presidencia del Perú por Ahora nación.
Como comprenderás, con esta trayectoria de lucha juvenil cómo yo no les iba a abrir las puertas de la UNI a los jóvenes que me pidieron cobijo a inicios de 2023, cuando la dictadura de Dina Boluarte los estaba matando y quería hacer con ellos lo mismo que hizo con sus pares sanmarquinos. Alguien que proviene de las luchas juveniles universitarias, y que fue preso en virtud de tales luchas, cómo no iba a acoger a los estudiantes asediados por la represión de un régimen de facto. Pueden estar seguro de que si sucediese mañana volvería a hacer lo mismo.
Un tema se me queda en el tintero, en determinado momento de su juventud, Ud. se aleja del PAP…
Es que yo siempre he sido ideólogo, y mis actos se basan en mi concepción ideológica de la realidad, yo parto del concepto, de la teoría. Llegado a un punto, entendí que las posiciones del PAP, avanzada la década de los setenta, no se correspondían con la idea del cambio social que tenía yo. Sin embargo, siempre me mantuve en la izquierda democrática, pero comencé la década de los ochenta luchando al lado de Alfonso Barrantes Lingán quien pensaba, en tiempos donde había mucho marxismo, que una izquierda con democracia, sin dictaduras proletarias, ni violencias políticas, ni mucho menos subversivas, era posible en el Perú. Y yo coincidía con esas ideas.
Después de lo que nos ha narrado, ¿Ud. diría que es un héroe de la democracia peruana?
No, yo solo soy un granito de arena en la lucha del pueblo peruano por conquistar la auténtica democracia, por forjar una nación que sea patria y proyecto de desarrollo para su bienestar al mismo tiempo, por colocar las instituciones republicanas al servicio del país. En ese empeño estuve cuando me metió preso Velasco, en ese empeño estoy ahora en la campaña por llegar a Palacio de Gobierno y en ese empeño estaré hasta el último de los días de mi vida.
¿Qué les diría a quienes lo critican por haber estado preso?
Que la prisión por corrupción envilece el alma, pero la prisión por convicción la enaltece