Escribe: Augusto Ortiz de Zevallos (arquitecto)
Lima necesita liderazgo. Y eso consistiría en primer lugar en que el alcalde asuma ser ese gobernador metropolitano que también es, responsabilidad que ignora: pues es uno de los 25 gobernadores regionales que tiene el Estado peruano.
Y es necesario que también sea ese alcalde distrital del centro, lo que tampoco se asume, desde Andrade. Pese a que en el distrito central viven, y bastante mal, 350,000 personas.
Si no se asume esas responsabilidades, la alcaldía es una más de esas entelequias tan peruanas, en ese chongo que es en el Perú el ejercicio del poder. Un juego del gran bonetón: “¿yo, señor? … sí señor… no señor”, que lo pagamos entre todos, con ciudades cada vez peores y no mejores.
En este siglo que es de las ciudades, porque se juega en ellas el verdadero futuro, lo que hacer recordar que la palabra Ciudadanía nació en ellas y no en los Estados, esos inventos recientes.
El 18 de enero se ha vuelto ya una fecha bastante fetichista.
Se dan discursos sobre Lima, esta ciudad nuestra, donde vivimos, pero cuyo estado nos prueba lo poco que Lima nos importa los demás 344 días del año.
Y con la que nos llevamos bastante mal. Algunos por creerse sus dueños, a pesar de que preferirían vivir en otra (la que va cambiando, pero hace buen rato que es Miami). Otros, la mayoría por no encontrar en Lima lo que necesitan, para vivir bien. No pocos, en cerros, bordes y periferias. Yendo y viniendo, todos los días, como sea, de donde no pasa nada adonde pasa demasiado.
Y este día de aniversario de Lima también se supone que nuestras autoridades políticas municipales deben dar informes y balances anuales, aunque para la ocasión suelen buscar cómo disimular las crisis y conflictos cotidianos, y colgar fotos de algo que sirva para azucararnos y para que creamos que chambean.
Cincuentaivarios años después de Lima la Horrible, el proceso de la ciudad va confirmando ese pronóstico dolido de Sebastián Salazar Bondy (evocando a César Moro). Aunque Lima sea la misma y ya otra. ¿Somos ya once millones ? No lo dudo, y más también si sumamos en una sola realidad metropolitana al Callao y a las verdaderas y extensas ramificaciones urbanas, que van desde Chancay a Cañete y trepan muy lejos por la colapsada Carretera Central.
La Lima real es mucho más extensa que sus muy confusas administraciones, que también son un chongo. 43 distritos en Lima y ya 7 en el Callao: 50 perímetros administrativos, cada vez menos relevantes y donde en cada uno están los problemas pero no las soluciones, que solamente pueden ser metropolitanas.
Y territoriales.
Lo que es la nueva escala a ser asumida hoy en el mundo (y también en países vecinos) por todas las ciudades que quieren afrontar sus problemas y no eludirlos.
Antes de un año habrá otro alcalde en Lima y en las ciudades de todo el Perú.
Y aún no comienza ningún debate serio sobre lo que se juega allí donde vive hoy el 80% de los peruanos.
Los ciudadanos debemos reclamar que esta vez ese debate sí sea sobre nuestras ciudades y no sobre si son o no simpáticos y confiables esos abundantes caudillos que quieren que Lima les sirva de una simple vitrina para tener micrófonos gratis.
La elección anterior fue más un torneo de eslóganes que uno de propuestas claras. No hubo árbol de avenida del que no colgase un letrero que ofrecía lo que sea: “no más delincuencia, no más tráfico, no más inseguridad, soy joven, soy mujer, vota por mí, cuidaré a tus perritos, honestidad, transparencia, experiencia, ya regresa XX…”.
Y hubo toda clase de sorpresas en cambios de camisetas y en colgarse de la imagen de quien sea. Un zafarrancho de fotos, frases, lemas y cuentos de hadas.
Ello en esta ciudad de transporte colapsado y tiempos absurdos, que crece todos los días como sea y donde sea, cuyos planes son mentiras oficiales, y donde no hay ninguna coordinación entre la inversión pública y la privada.
Una ciudad con enormes potencialidades desperdiciadas: sus viejos mercados, y sus centros de barrio, que deben ser reactivados; su espíritu emprendedor; su población mayoritariamente joven. Y con importantísimos escenarios naturales, los tres ríos y su litoral y playas, cuyo estado actual indigna.
Pese a haber proyectos y planes disponibles para iniciar obras fundamentales, esperadas y acordadas, que podrían empezar hoy mismo, lo que todos sabemos que el anterior alcalde boicoteó.

En la Costa Verde existe el Plan Estructurador, que fue firmado por todos los alcaldes distritales en esa autoridad que reúne a seis distritos costeros de Lima (San Miguel, Magdalena, San Isidro, Miraflores, Barranco, Chorrillos). Y en ese plan acordado hay 16 bajadas y conexiones desde los malecones distritales hasta el malecón, que debe acompañar un enorme parque público y conectar todas las playas, que pueden recuperarse, desde La Herradura (agredida a dinamitazos en el 84) hasta defender las existentes y hasta crear nuevas.
Conexiones verticales que son urgentes, además, con los evidentes riesgos de tsunamis. Pero en vez de sacar adelante ese plan, se improvisa, y mal, como todos lo ven, con obras aisladas, y que son tan feas como ilógicas.
Y se desperdicia recuperar el río Rímac, que se ha vuelto un triste vertedero, impidiendo eso que el centro de Lima se revitalice. Y se recuperen y reactiven enormes y poblados distritos ribereños.
Hay también un proyecto listo para empezar obras, que también fue boicoteado por ese mismo personaje caudillista, como yo expliqué públicamente, mostrando los expedientes técnicos. Es incomprensible que esto siga así y que solamente se haga en el centro importantes ciclovías y algunas estudiosas obras exteriores de restauración, sin que así se cambie las causas de la dura crisis. Pues la peor pobreza urbana está, paradójicamente en el centro mismo. Hoy es periferia.
Lima entonces necesita estrategias, mucho más que discursos, frases o eslóganes.
Por eso uno echa mucho de menos a Alberto Andrade: liderazgo, coraje, acciones.
Asumir a Lima como Región Metropolitana, como lo pido y lo establece la ley, permitiría políticas en todos los temas fundamentales: salud, educación, ambiente, empleo, seguridad, servicios, transporte, turismo… calidad de vida y calidad de oportunidades.
Un tercio del Perú: Lima, lo necesita. Redefiniciones y no más de lo mismo.