Durante el cierre de su participación en el debate electoral organizado por el diario El Comercio, el candidato presidencial Yonhy Lescano, del partido Acción Popular, se refirió a los principios éticos bajo los que dirigiría un eventual gobierno suyo. En ese contexto, afirmó lo siguiente: “Ama Quella, Ama Sua, Ama Llulla son los postulados sabios del Imperio [de los incas]”. Luego de revisar antecedentes sobre el tema, la red Ama Llulla concluye que esa afirmación es falsa.

En principio, las tres frases a las que se refirió Lescano están en quechua, la lengua originaria más hablada del Perú, y durante mucho tiempo se difundió como un trílogo que definía la moral del tiempo de los incas. Las frases específicas tienen esta traducción:

Ama Quella: no seas ocioso.

Ama Sua: no robarás.

Ama Llulla: no mentirás.

Sin embargo, esta versión ha sido cuestionada desde hace varios años, pues no existe evidencia de que dichos postulados hayan sido establecidos como tal durante el Imperio de los incas (1438 - 1532). Por el contrario, diversos investigadores han precisado que se trata de una versión surgida en épocas posteriores.

Consultado para esta verificación, Raúl Asensio, historiador e investigador principal del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), precisó que no hay registro bibliográfico que evidencie que dicho trílogo provenga de los días del Tahuantinsuyo. Esto debido a que la primera mención de la que se tiene conocimiento hasta la fecha fue consignada en el libro “Memorias del general Miller al servicio de la república del Perú”, publicado en Londres en 1829 (siglo XIX). Es decir, por lo menos 290 años después del fin del incanato. En noviembre del 2020, una reedición del libro fue presentada por el Proyecto Especial Bicentenario en la Feria Internacional del Libro de Lima.

“No hay nada previo: ni en las crónicas de los conquistadores ni tampoco en toda la literatura quechua del siglo XVII y XVIII”, indicó Asensio.

Por su parte, el arqueólogo Sergio Saez, director del podcast especializado en historia andina “Más de 200”, detalló que, por ejemplo, no hay mención de dichas ‘leyes’ en las crónicas de los españoles Pedro Cieza de León o Pedro Pizarro; tampoco en las publicaciones de cronistas como Felipe Guamán Poma de Ayala o Juan de Santa Cruz Pachacuti.

Respecto al libro, Guillermo Miller fue un militar británico que participó de la gesta de la independencia en batallas como las de Junín y Ayacucho. El contenido de la publicación, redactado por su hermano John Miller en base a sus escritos y memorias, está situado en un lapso de tiempo entre 1817 y 1825, desde su desembarco en Buenos Aires hasta su retorno a Inglaterra.

En la página 417 de la reedición publicada para el Bicentenario, con referencia al sistema educativo, moral y jurídico de los antiguos peruanos, se lee lo siguiente:

“Tres concisos preceptos formaban la base de todo el sistema [jurídico y moral incaico]: Ama sua - Ama quella - Ama llulla. No hurtarás, no mentirás, no estarás ocioso. Sobre estos tres principios cardinales estaba fundado el código de sus leyes civiles; el cual abrazaba el todo de las necesidades y relaciones de la sociedad civil [...]”.

Esta referencia bibliográfica está consignada en el estudio “Sobre el carácter espurio de la trilogía moral incaica”, escrito por el lingüista Rodolfo Cerrón Palomino, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Los especialistas consultados coincidieron en señalar que la investigación es una de las más completas y documentadas en la materia.

Allí, Cerrón Palomino explica que “de basarnos exclusivamente en la documentación colonial relativa al incario, no podemos sino concluir con ellos que tales máximas [la supuesta trilogía moral incaica] brillan por su ausencia en las fuentes escritas de la época, sean estas tempranas o incluso tardías”. Y agrega lo siguiente: “Si no hay registro documental, lo más probable es que estemos ante un breviario moralizante de carácter apócrifo y de procedencia desconocida, por lo que conviene preguntarse sobre la antigüedad y procedencia del mismo”.

Cerrón Palomino postula la hipótesis de que Guillermo Miller “se habría limitado a registrar algo que circulaba en boca de los patriotas, como un cliché que sintetizara, en tres postulados sencillos como categóricos, toda la historia idílica y romántica a la vez del Imperio incaico”.

Por su parte, el historiador Raúl Asensio, en base a la evidencia disponible, agregó que es poco probable que los tres preceptos hayan sido una completa invención de Miller. “Él desarrolló buena parte de su carrera en Cusco, y es probable que haya recogido [este trílogo] de una suerte de fermento local, en el cual estas ideas venían circulando, aunque quizá de una manera no tan estructurada. Pero, definitivamente, no viene del Tahuantinsuyo”.

En su estudio, Cerrón Palomino incluye otras tres referencias bibliográficas sobre estos supuestos preceptos, todas situadas en años posteriores a la de Miller. La dos primeras se basan en la investigación previamente realizada por el historiador y catedrático sanmarquino Carlos Araníbar (1928 - 2016), experto en fuentes históricas coloniales y en historiografía peruana.

Estas pesquisas fueron referidas brevemente en el artículo “Una novela histórica de Tord”, publicado por Araníbar en el volumen 34 de la revista Hueso Húmero (1999):

“Fue [Cesare] Cantú el inventor de la manida fórmula de las tres prohibiciones andinas ‘no robar, no mentir, no ser ocioso’. Esta terna fue absolutamente desconocida por toda la crónica colonial. Pasada en 1878 al idioma quechua por un fantaseador de calibre, el cuzqueño Pacheco Zegarra, se alzó la frase desde entonces al rango espurio de socorrida clave social y resumen apodíctico de la moral incaica: ama sua, ama llulla, ama quella”.

Cesare Cantú fue un historiador italiano autor de la enciclopédica “Historia Universal”, que empezó a publicar por tomos en 1838 (en castellano, en 1856). Es decir, casi una década después que las memorias de Miller.

En el estudio de Cerrón Palomino se incluye esta cita literal de Cantú sobre la moral incaica (p. 667): “se reducía a tres prohibiciones: no robar, no estar ociosos, y no mentir; estaban persuadidos [los antiguos peruanos] de que las desgracias públicas y privadas nacían de las culpas [...]”.

Por otro lado, el traductor cusqueño al que se refirió Carlos Araníbar en su artículo de Hueso Húmero fue Gabino Pacheco Zegarra, famoso por haber traducido el drama quechua “Ollantay” al francés (1878). En el texto introductorio de esa edición del drama ollantino —publicada medio siglo después que las memorias de Miller—, Pacheco hace la siguiente referencia a la moral de los incas: “[...] en el simple saludo que se daban los indígenas, se puede constatar este espíritu de avanzada moral: Ama suwa, ama llulla, ama killa. No robes, no mientas, no seas ocioso, dice la persona que saluda, y la otra le responde: Hinallataj kanpas: Del mismo modo tú también”.

Finalmente, la tercera referencia que consignó Cerrón Palomino en su investigación es la del libro “Cusco y Lima: un viaje a la antigua capital del Perú y una visita a la capital y las provincias del Perú moderno”, escrito por el historiador brtánico Clements R. Markham y publicado en 1856, en base a un viaje a territorio peruano que comenzó en 1852. Es decir, dos décadas después que las memorias de Miller.

En la página 201 de la edición consultada por Cerrón Palomino, Markham clasificó en cinco “mandamientos” las “muchas virtudes sociales” de los antiguos cusqueños:

Ama quellanquichu: no seas ocioso

Ama llullanquichu: no seas mentiroso

Ama suanquichu: no seas ladrón

Ama huachocchucanqui: no cometas adulterio

Ama huañu chinquichu: no matarás

Todas estas referencias, como ya se indicó, están situadas en publicaciones hechas más de dos siglos después del fin del incanato.

Un asunto lingüístico

El arqueólogo Sergio Saez explicó a la red Ama Llulla que lo escrito por Markham “nos da otra pista sobre el carácter espurio de estas supuestas leyes, porque las corrige: Ama sua, Ama llulla y Ama quella están mal escritos en quechua. Él era un conocedor del quechua, estudioso de las lenguas indígenas”, indicó.

Esta postura es compartida por el lingüista Rodolfo Cerrón Palomino, quien calificó de ‘sintaxis quebrada’ a la construcción gramatical del trílogo tal como lo conocemos ahora. “[...] los preceptos quechuas fueron elaborados por alguien que no tenía un dominio pleno de la lengua”, escribió. “Los apotegmas ama suwa, ama llulla y ama qilla, si bien entendibles como expresiones sincopadas, resultan gramaticalmente incorrectos, como cuando en castellano quisiéramos decir ‘no ladrón’, ‘no mentiroso’, ‘no ocioso'”.

Consultado para esta verificación, el literato Américo Mendoza Mori, profesor de quechua y castellano en la Universidad de Pensilvania (EE. UU.), confirmó que la construcción gramatical de las tres frases “no es normativa”, debido a que no sigue el patrón de reglas del uso cotidiano del quechua.

Mendoza Mori señala que el quechua es una lengua que aglutina elementos para su comprensión. En principio, indicó que los verbos en infinitivo terminan en ‘y’. Es decir, que en quechua el verbo ‘hablar’ se dice ‘rimay’. Por otro lado, el especialista agregó que el ‘Ama’ se utiliza con carácter prohibitivo, agregando el sufijo ‘-chu’ para englobar el enunciado.

“Cuando se usa el prohibitivo ‘Ama’, se termina con el sufijo ‘-chu’. Entonces, si alguien quiere decir ‘no hables’, podríamos decir ‘Ama rimaychu’. Por otro lado, si te ordenara que mientas te diría ‘llullay’, mientras que el prohibitivo sería ‘Ama llullaychu’, no mentir”.

Mendoza Mori aclaró que el hecho de no seguir la normativa no desvirtúa el alcance y valor del trílogo, a pesar de que no haya evidencia de su origen en el Tahuantinsuyo. En ese sentido, explicó que en el lenguaje hay expresiones que no son necesariamente normativas, pero que son adoptadas por la población con el paso de los años.

“Algo que no es normativo, eventualmente, debido a su exposición mediática o uso popular, es validado por los mismos habitantes. Es verdad que estas frases no siguen la normativa, pero han tenido la suficiente validación por el uso de los hablantes del quechua”, destacó el literato.

Al respecto, el historiador Asensio señaló que, actualmente, el trílogo “forma parte de un conjunto de ideas que está muy arraigado en la población”. El especialista del IEP explicó que dicho arraigo tiene como elemento clave el movimiento indigenista de inicios del siglo XX, en Cusco, que interiorizó los preceptos de Ama Quella, Ama Sua y Ama Llulla. “A partir de ese momento estas tres ideas comienzan a popularizarse”, indicó Asensio.

De hecho, la vigencia y popularidad de la trilogía es tal que en el 2015 fue reconocida por las Naciones Unidas como un conjunto de normas para una gestión pública eficiente. La decisión se tomó luego de las gestiones hechas por el gobierno de Bolivia mediante su representante en la entidad, Sacha Llorenti. Los tres principios, por cierto, están incluidos en el artículo 8 en la Constitución Política de ese país desde el 2009.

La red Ama Llulla trató de comunicarse con el candidato Lescano para obtener precisiones sobre el sustento de su declaración, pero hasta el cierre de edición no se obtuvo respuesta.

En resumen, hasta la fecha no existen documentos que certifiquen que los tres preceptos motivo de esta verificación hayan sido establecidos como norma durante el incanato. Diversos estudios coinciden en que el registro más antiguo se remonta al año 1829, más de dos siglos después de la caída del Imperio inca. Si bien la expresión ha adquirido un carácter popular y moral —validada por el uso de la población de Perú en general, y especialmente en los Andes—, no es correcto decir que se trata de postulados, preceptos o leyes del Imperio de los incas.

En función a lo expuesto, la red Ama Llulla concluye que la afirmación del Yonhy Lescano, acerca de que la trilogía Ama Quella, Ama Sua, Ama Llulla fue postulada en el Imperio incaico, es falsa.

(Foto: Andina)

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