Nueve mujeres denunciaron por acoso o abuso sexual al exmandatario de Costa Rica y Nobel de la Paz, Óscar Arias, en un caso que se convirtió en el de más alto perfil del movimiento #MeToo en América Latina. Pero el temor de las víctimas de hacer públicas sus acusaciones y problemas para conseguir representación legal entorpecen el camino para que sus denuncias contra uno de los hombres más poderosos del país centroamericano sean atendidas. 

Una de las denunciantes, Yazmín Morales, exreina de belleza en Costa Rica, relató por ejemplo que al menos tres de los principales abogados del país rechazaron representarla en esta causa. Morales rompió la semana pasada su silencio y contó que lloró de rabia después de un encuentro, hace cuatro años, en el estudio lleno de libros del estadista más respetado de Costa Rica. Óscar Arias la empujó contra una puerta hasta dejarla inmovilizada, afirma ella, para besarla y tocarla a la fuerza.

Acostumbrado a vivir de la gloria y el reconocimiento público que le dio su Nobel de la Paz de 1987, y de sus 70 doctorados honoris causa que le otorgaron por todo el mundo, el exmandatario ahora enfrenta serias denuncias a sus 78 años. Porque además Yazmín Morales, otras ocho mujeres lo han acusado de ser un abusador.

De hecho, la primera en denunciarlo ante la fiscalía costarricense fue Alexandra Arce von Herold, una activista antiarmas que, según dijo, fue acatada sexualmente por Arias durante una visita que le hizo a su casa para pedirle apoyo por una causa contra el armamento nuclear. "Es la denuncia (de abuso sexual) de más alto perfil en la región hasta la fecha", reseñaba el texto The New York Times que recogía la imputación penal y las dificultades que afrontan las víctimas para que se les crea.

Yazmín Morales, de 48 años, dijo que mientras buscaba a un abogado de un alto perfil que la representara, descubrió que todos a los que contactó tenían algún tipo de conexión o relación con Arias. Dos de los abogados con los que se reunió eran exministros de Justicia y uno había si incluso su rival por la presidencia. Ninguno quiso tomar su caso: uno le dijo que era amigo de la esposa de Arias; otro alegó que no llevaba casos de abuso sexual y el último que estaba muy ocupado. "Tenía miedo. Si los abogados no querían apoyarme, nadie más lo haría", indicó Morales, quien se negó a revelar los nombres de los abogados. "Ya tengo miedo de Óscar Arias", dijo. "Dar más nombres lo haría aún más difícil", agregó.

Yazmín Morales con su actual abogado, Arcelio Hernández, en san josé. (NYT)

Larissa Arroyo, abogada que pertenece a un grupo en San José que trabaja para prevenir la violencia y la discriminación basadas en el género, expresó que las mujeres que quieren presentar cargos sin apoyo legal son muy vulnerables. 

"No es verdad que el acceso a la justicia es el mismo para todos".


El 10 de febrero, la lista de acusadoras de Arias creció de nuevo. Esta vez Carina A. Black, de 52 años, una politóloga en la Universidad de Nevada, en Reno, EEUU, le contó al Times que Arias intentó tocarla y besarla en 1998, cuando este visitó la universidad como conferencista. Según contó, en ese contexto se cruzó a solas con Arias en un elevador, y  este la empujó contra la pared del ascensor, le tocó los pechos e intentó besarla. "Lo empujé y lo golpeé en la cara", relató ella.

Oscar arias, acusado a abusos sexuales. (AFP)

En los dos días siguientes, cuatro mujeres más contaron sus experiencias de violencia o acoso sexual que vivieron con el expresidente, y  Arias quizá nunca imaginó que esas historias relacionadas a la conducta sexual que por décadas fueron objeto de rumores entre sus fieles, sus conocidos y sus críticos vería la luz, y de este manera. Quizá por ello, en 2006, el embajador de Estados Unidos, Mark Langdale, en ese entonces lo describió con rasgos que había mantenido lejos de los reflectores púbicos. "A pesar de su flemático y lúgubre aspecto, Arias goza de una reputación de mujeriego", escribió en un cable diplomático que se difundió en la filtración masiva de Wikileaks en 2011.

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