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Norma Martínez: "El teatro es el lugar para hablar de lo que normalmente no se puede hablar"

Tras cuatro años alejada de la actuación, ha vuelto con 'Solo cosas geniales', de Duncan Macmillan, el mismo autor de la exitosa 'Pulmones'. ¿Cómo abordar la depresión y el suicidio desde el humor?

Publicado: 2018-07-18

Desde una hora antes de que se inicie la función, la gente empieza a abarrotar el foyer del Teatro Ricardo Blume, en Jesús María. La expectación por ver en escena a una de las actrices más importantes del país después de cuatro años, en los que se dedicó a dirigir diversos montajes y llevar adelante proyectos audiovisuales, inunda el ambiente y los minutos parecen eternos. El interés es aún mayor porque ha decidido volver a pararse en un escenario presentando por primera vez en su carrera un unipersonal. Pero lo que ninguno de los presentes imagina es que no serán solo un público, sino que están a punto de partir en un viaje que los convertirá en coprotagonistas de una historia cuyo tema principal no es algo de lo que estemos dispuestos a hablar.

Cuando el reloj marca el tiempo exacto establecido para el inicio del viaje, Norma Martínez abre desde adentro las puertas de la sala. Vestida de rojo y con una enorme sonrisa da la bienvenida a todos y los invita a pasar. La expectación se transforma de repente en asombro y mientras van entregando sus entradas y buscando una butaca, los asistentes intentan descubrir qué es a lo que están a punto de enfrentarse. Un intento que algunos no terminan de entender cuando de repente tienen a la misma Norma a su lado con algún papel en la mano conversando y explicándoles que 'Solo cosas geniales' será posible si todos ponen de su parte. Y así, uno a uno, lugar por lugar, mientras un viejo tocadiscos lleva a la nostalgia a algunos y a los más jóvenes -algunos les llaman millenials- a preguntarse qué es aquel único elemento en el escenario que los invita a no pensar siquiera en qué tiempo se encuentran.

Y de repente Norma deja de ser Norma y tiene siete años. Su mamá está en la clínica. Su papá dice que ha hecho algo estúpido. A ella le cuesta mucho ser feliz. Entonces hace una lista de todas las cosas geniales que existen en el mundo. Todo por lo que vale la pena vivir: helados, tirar globos de agua en carnavales, quedarte despierta pasada la hora de dormir y que te dejen ver televisión, el color amarillo, cosas con rayas, montañas rusas, la gente que se tropieza y cae. Y el viaje -previa petición de apagar los celulares o ponerlos 'en modo avión', para estar acorde a las circunstancias- arranca.

Una vez que aterrizamos en medio de aplausos, Norma Martínez vuelve a tener 48 años, vuelve a ser la actriz apasionada que hasta ahora no ha encontrado la fórmula para diferenciar el trabajo de la vida misma, que se hizo extrañar y que acepta conversar sobre esta última aventura.



La depresión y sus posibles consecuencias, como el suicidio, siguen siendo temas que pocos se atreven a tratar incluso en un escenario. Y si se hace desde allí, siempre se muestra desde una perspectiva exagerada, trágica. ¿Por qué atreverse con un monólogo que pretende tomarlos precisamente desde el lado contrario?

La depresión y el suicidio siempre han sido temas que me han interesado, tal vez por tener un gustito por lo maldito y lo romántico porque yo empecé a desarrollar una pasión por la literatura desde muy chibola. Cuando tenía 12 años leí Demian, de Herman Hesse, Bajo las ruedas, El lobo estepario... No sé si lo entendía o no, pero generaba algo. Yo he crecido en los setenta, había como un poquito de esa ola de malditismo y oscuridad, y creo que el coletazo de eso llegó hasta mí.

Había un monólogo que me interesaba mucho de una autora que se llamaba Sarah Kane, una británica que se suicidó a los 28 años y que tiene una obra que se llama Psicosis 4:48, donde tratan el tema pero desde una oscuridad y densidad en la que no voy a entrar porque no quiero bucear en esas aguas. Y de pronto cuando estábamos haciendo Pulmones, obra que dirigí y fue el primer proyecto de Animalien, leí toda la obra de Duncan Macmillan y me encontré con este texto. Terminé de leerlo y dije 'esto es lo que yo quiero hacer'. Primero, porque era un reto actoral enorme, la sensación de romper la cuarta pared y realmente involucrar al público. Y segundo porque de verdad se habla con esta simpleza y forma tan directa. Simple pero a la vez amoroso. Me interesó muchísimo esa aproximación y el cómo hacer humor de ese tema. Es brillante y conmovedor este juego que Macmillan propone de crear una pequeña comunidad: la posibilidad de por poco más de 80 minutos ir creando un sentido de comunidad que nos falta tanto hoy en día en absolutamente todo.

¿Sigues creyendo que el teatro es un espacio para tratar este tipo de temas?
Estoy convencida de que el teatro es el lugar para hablar de lo que no se puede hablar normalmente y tanto el suicidio como la depresión, me parecen aún de los pocos temas tabú que no se tocan. ¿Por qué? Porque está muy estigmatizado, da culpa, da vergüenza, no se habla con naturalidad. Todo se ve afectado. Por ejemplo, a los deudos de un suicida se les dice sobrevivientes, y esas personas además de lidiar con el dolor de una muerte por suicidio, que es totalmente diferente que otro tipo de deceso, lidia con la culpa y la vergüenza. Eso lo aprendí en la investigación para hacer este personaje. Por eso me interesaba este texto, por la forma de tratar el tema sin que sea denso, pesado, trágico.

Foto: instagram Norma martínez

Es curioso cómo la gente conecta de forma tan inmediata con la protagonista. ¿Cómo has conseguido crear el ambiente para que, sin darse cuenta, todo un teatro ya esté interactuando de modo natural e intentando entender qué hay detrás de una historia que podría parecer muy pesada?
Pienso que la gente en ningún momento espera que las cosas van a ponerse cómo se ponen en escena. La posibilidad que todo el público se mire, que todos participen y de generar ese ambiente de intimidad donde de repente interactúo con un señor o una joven que nunca he visto, me hace tener esperanza en el contacto entre seres humanos del que a veces nos olvidamos. ¡Qué rápido esta obra nos permite establecer eso! Un contacto humano de corazón a corazón, no desde el lado cursi, sino profundo, porque somos lo mismo al fin y al cabo. ¿Por qué no podemos vernos y demostrar nuestra vulnerabilidad? De pronto sería todo un poco más fácil. Algo ocurre en esta función, creo que todos nos sentimos un poco vulnerables y eso es bonito.
Hace unos meses dijiste en una entrevista que vivimos engañados. Que creemos que tenemos que 'hacer' en lugar de 'ser'. ¿Es esa obsesión la que nos impide disfrutar precisamente de las 'cosas geniales'?
Por un lado, es ansia de perfección; por el otro, cada vez cuesta más sentirte presente en el momento en el que estás. Estamos siempre viviendo la realidad pero atentos a otra que está ocurriendo en otro lugar, en otro tiempo, en otro espacio. Creo que esta simultaneidad no nos ayuda a eso, a ser. Tú 'eres' cuando estás presente, cuando escuchas, cuando estás en contacto con tus sentidos. Ese estado de presencia y escucha te permite ver que hay muchas cosas geniales, sin que esto signifique ser un ingenuo que no ve todo lo demás. ¡Por supuesto que veo todo lo que no es genial! ¡Por supuesto que lidio como todos con problemas todo el tiempo! Pero eso no necesariamente tiene que impedirte ver esas mínimas cosas que son geniales y nos ayudan a vivir. Estamos muy aturdidos e hipnotizados por esto que en realidad es una ilusión. Todo lo que está fuera de adentro de uno mismo, es una ilusión. 
Pulmones fue un gran éxito y esta puesta en escena parece ir por el mismo camino. ¿Qué tiene Duncan Macmillan que ha terminado atrapándote?
Creo que es el hecho de cómo de una forma muy sencilla, muy simple y al alcance de todos, puede generar una profundidad inusitada que toca tu corazón sin necesidad de ser rimbombante. Recupera esta cosa de la simpleza que a veces también perdemos porque nos llenamos de palabras, de adornos y no somos capaces de ir a lo simple. La simpleza en realidad es muy sofisticada. Y lo que me cautiva de él es esa capacidad para ser tan universal. Porque, por ejemplo, ahora mismo esta obra está en el Perú, en el único teatro circular de Lima, con cosas geniales referentes a nuestro contexto. ¡Macmillan pide adaptar la obra en el territorio que sea para que el público se relacione! Entonces tenemos cosas geniales como Vichayito, Cecilia Tait en los ochenta, alcanzar subirte al micro en el último momento, el primer sorbo de una chela helada, ¡a Irma y Oswaldo! 
¿Y cómo se vive la sensación, en una obra como esta, de tener al público no solo como espectador sino como prácticamente un coprotagonista?
Es apasionante. Al comienzo tenía un poco de miedo porque gente con la que compartí la obra me decía 'uy, no, la gente acá es chupada, no va a querer participar'. Estaba un poco aterrada y por eso decidí recibir yo misma al público para que se genere lo que necesitamos en el espectáculo. Es increíble la energía con que la gente participa, la disposición a jugar. Además, creo también que las formas teatrales se están renovando en este siglo. Por un lado toda esta corriente del teatro testimonial, el hecho de que haya cada vez más movimientos en ese sentido, en buscar eliminar la cuarta pared. Eso me gusta porque se acerca al origen del teatro que tiene que ver con el rito, con el cuento, con ponerse alrededor de una fogata a escuchar historias. Tiene un componente atávico que no sabemos exactamente dónde está pero que ocurre. Un sentido de comunidad, insisto en ese concepto porque me parece importante. Ya no encontramos ese tipo de espacios, de repente la gente en una ceremonia religiosa o en el deporte los encuentran, pero es una comunidad diferente. En el teatro nunca sabremos cómo reaccionar.
Tienes menos de 50 años y es indiscutible que actualmente eres uno de los referentes actorales del país. ¿Eres consciente de la importancia que tienes dentro de la escena peruana y que el público estaba esperando que volvieras a pisar un escenario?

Te lo digo de corazón, no era consciente de eso. Que puedo ser un referente, sí. Pero no de la expectación por el regreso. Hay mucha gente que ahora me lo dice y para mí es como, no sé, wow...

Bueno, apenas salió el afiche ya había expectación, mucha gente ya comentaba, '¿realmente vuelve Norma?'...
(Risas) Es una foto increíble de Alejandra Ipinze con la que se captó exactamente el concepto que queríamos para celebrar las cosas geniales. Honestamente parece que yo hubiera planeado que iba a volver con un unipersonal y no ha sido así. Yo sé que visto desde fuera puede sonar como 'oye, Norma, no te hagas', pero juro que no. Fue simplemente leer el texto y decir 'esto es lo que quiero hacer'. Claro, ahora que lo veo con más distancia digo 'oye, qué brillante' pero no es que lo haya pensado así. En realidad cuando hago un proyecto no veo nada más que el hecho artístico. No pienso si vamos a tener éxito, si vamos a llenar, sino que es simplemente un impulso. Decirnos 'esto hay que hacer y luego nos vamos acomodando'.
Se trata de no pensarlo demasiado, entonces...
¡Claro! Por ejemplo, no me había dado cuenta, hasta después de la tercera función, de cuánta chamba era recibir a la gente y prepararla para el espectáculo. Durante los ensayos nunca tuve que hacerlo. Y después caí en que es una demanda de energía totalmente diferente a la que pensé y me encanta. Todo parte de una intuición, un dejarme llevar antes que tener una cosa ya planeada. ¡Estratégicamente ha sido genial! Pero que me parta un rayo si miento cuando digo que no fue planificado. Y ha sido lindo darme cuenta así que, bueno, es verdad, hay algunas personas que me estaban echando de menos.
¿Y has sentido la pegada de volver a pararte frente a un público después de cuatro años dedicada a la dirección y otros proyectos?
Por un lado sí, pero por otro es totalmente natural estar en el escenario. Es como la bicicleta o la moto: la dejas un tiempo de lado pero después vuelves. Una vez que se aprende nunca se olvida. Me hace feliz volver a estar conectada con la gente, sobre todo de esta manera tan personal, tan íntima.
Has elegido para este regreso el Teatro Ricardo Blume, que es el único teatro circular en la ciudad. ¿Desde un inicio apuntaron a que fuera este el escenario perfecto para esta obra?
Cuando se concretó, que fue muy rápido después del trámite de pedir los derechos y todo eso, para mí era evidente que tenía que ser en este lugar. El Ricardo Blume sigue siendo el único teatro en Lima con estas características. Visité otros sitios donde se podía montar, de hecho ahora pienso que la puedo llevar a cualquier parte, pero esta temporada yo sí quería que fuera aquí porque me parecía el espacio ideal, tiene esta cosa circular que nos permite a todos estar en contacto. Además que es un espacio cálido, familiar, que tiene también esa carga íntima. Y he descubierto una cosa maravillosa, que es que mucha gente está conociendo este teatro gracias a que estamos haciendo 'Solo cosas geniales' en él. Mucha gente que me dice 'wow, no sabía que este lugar existía, ¡qué genial este teatro!' También me parece lindo que la gente tenga la posibilidad de conocer un espacio que ni se imaginan que existe en la parte trasera de algo que desde fuera parece una casa.
Con una trayectoria tan importante e, insisto, referente para quienes buscan descubrir el mundo del teatro, ¿has pensado dedicarte también a la pedagogía?

Sí, me interesa muchísimo. Creo que no lo había hecho antes porque no me sentía totalmente en capacidad, pero después de estos años dirigiendo considero que tengo algo que aportar y que tiene que ver, sobre todo, con una actitud frente al trabajo, una aproximación al hecho actoral como un hecho artístico siempre, no solo como un oficio. Aproximarte a esto como un artista, es decir, preguntarte qué estás poniendo de ti mismo ahí y que es finalmente lo que un artista hace: revelarte su mundo interior para que otros puedan nutrirse, reflexionar, emocionar, pensar, indignarse, yo qué sé. Esa es la capacidad que tenemos, abrir tu corazón, mostrar tu vulnerabilidad, tu todo. Eso es lo que me interesa en la formación de actores, que sean autónomos en ese sentido y que tengan una mística con respecto al trabajo, porque hay que trabajar muy duro para estar parado ahí, hay una responsabilidad, por eso eres un profesional. En este momento estoy dictando ya un taller bastante avanzado para actores que tienen experiencia y a punto de dictar uno intensivo que tiene que ver con compartir una forma de trabajar que tiene una base muy técnica pero a la que se une no solamente esto sino también cuál es tu visión de la vida. Bueno, ahora muéstramela en tu trabajo.


Solo cosas geniales, de Duncan Mcmillan. Una comedia sobre la depresión y sobre lo que somos capaces de hacer por las personas que amamos. Va hasta el 27 de agosto en el Teatro Ricardo Blume/Aranwa (Huiracocha 2160, Jesús María) Jueves, viernes y lunes 8:00 pm/ Sábados y domingos 7:00 pm Entradas en Teleticket y la boletería del teatro.

foto: pilar de la quintana

Foto de cabecera: La Productora

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Escrito por

Ginno P. Melgar

Esperando un mundo regido por la igualdad con base en las diferencias. @ginnoceronte


Publicado en

Redacción mulera

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