En la gestión del alcalde de Lima, Luis Castañeda, si bien son renuentes a dar la cara y rendir cuentas de sus actos y obras, las pocas veces que deciden hacerlo, suelen dar explicaciones enrevesadas, como lo hizo el ya tristemente célebre José Justiniano, funcionario de Emape, cuando sostuvo que el puente Solidaridad no se cayó sino que se desplomó, o como ahora lo acaba de hacer el regidor oficialista Wilder Ruiz, al comentar el informe de Cuarto Poder que reveló que hay más de 500 rajaduras en el cuestionado by pass de la avenida 28 de julio.

"La construcción es segura y no hay grietas, lo que hay son fisuras que en ingeniería es un término totalmente diferente", alegó el representante de Solidaridad Nacional en radio Exitosa.

Pero lo cierto es que desde su inauguración, en abril del 2016, la obra emblema de Castañeda —que OAS construyó en solo 12 meses, al caballazo y con el dinero de un fideicomiso de US$ 74.5 millones que era del proyecto Río Verde— comenzó a presentar problemas estructurales.

A inicios de junio, El Comercio publicó un informe en el que se habían detectado al menos 100 fisuras y hundimientos en la primera cuadra de la avenida República de Chile. Pero los problemas venían de mucho antes, porque Cuarto Poder reveló el domingo último, en el reportaje en el que detectó 530 grietas, que hace 10 meses el Órgano de Control Institucional (OCI) de la Municipalidad de Lima había alertado que las paredes del túnel del by pass —que no tenía ni cinco meses de inaugurado en ese entonces— presentaban rajaduras.

Este año, el 18 de enero pasado, la OCI volvió a enviar un informa al despacho de Castañeda con un resumen de los nuevos problemas en su obra favorita y le dio 20 días hábiles para subsanar las observaciones. Nunca lo hicieron. El 28 de abril, la oficina de control interno le reiteró al alcalde que la paralización en las obras de la plazoleta que forma parte del proyecto origina que los peatones pasen por el túnel, lo que pone en riesgo sus vidas. 

Castañeda había culpado a Sedapal de estos problemas, al alegar que se debía a la humedad, pero la verdad era que la contratista OAS, que estuvo a cargo de la obra, no cumplió con el cambio de redes que estaba prevista al inicio de la ejecución del proyecto. Ese incumplimiento originó la rotura de redes secundarias y es probable que por ello algunas de las grietas hayan sido provocadas por la filtración de agua, pero los principales problemas del by pass son estructurales, como lo explicaron varios expertos, como Néstor Huamán Guerrero, profesor universitario y consultor en ingeniería vial.


"Estructuralmente esto (el by pass), para mí, está que hace agua. Yo sigo reiterando que este proyecto y esta obra es una cachetada a la ingeniería, especialmente a la ingeniería civil".

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