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Christiane Taubira: “Si la política solo decide y no explica, las conquistas no duran”

La activista por los derechos humanos, que fue la primera mujer afrodescendiente en ocupar el Ministerio de Justicia en Francia , visitó Lima esta semana.

Publicado: 2016-12-15

Por Raúl Lescano y Ginno P. Melgar

“Es la ley la que ayuda a que las conciencias evolucionen”, afirma Christiane Taubira, la ex ministra de Justicia de Francia que logró que se aprobara el matrimonio igualitario en el 2013 en una sociedad con una amplia base electoral conservadora. Su liderazgo fue tal que la ley es conocida como la 'ley Taubira'.  

La economista, nacida en la Guayana Francesa en 1952 – en una familia monoparental en medio de “una sociedad muy estratificada, con mucho menosprecio con respecto a las personas pobres”, como recuerda- se convirtió en la política más progresista del gobierno de François Hollande. Su llegada al Perú, como invitada especial para el Hay Festival, coincide con una coyuntura nacional en la que el discurso político se ha degradado fuertemente y nos recuerda por contraste que la política, cuando se encamina en el respeto, puede hacer que las sociedades continúen evolucionando. No en vano el discurso que brindó también esta semana en una charla sobre el Matrimonio Para Todos en la Alianza Francesa, se centró en el potencial de cambio que tiene el diálogo y el debate más cotidiano de cualquier persona, al que ella llama “la intensidad de la reflexión colectiva”.

Para Taubira, si bien existen reformas legislativas puntuales, todas estas deben apuntar a una “reforma de la civilización”. Su discurso político está lleno de conceptos como la libertad y la igualdad -sobre todo la igualdad-, temas  que los políticos más progresistas, asegura, se han olvidado de reafirmar en varios países incluyendo a Francia. De todos modos, hablar de la política interna en el país europeo no ha estado dentro de sus intereses durante sus días en Lima por más que buena parte de la sociedad francesa la ve como una posible carta para las elecciones presidenciales del 2017.


¿Hay que esperar a que una sociedad esté preparada para ciertos derechos o son las leyes el punto de inicio para que una sociedad cambie?

En algunos países la ley ha impuesto el matrimonio de personas del mismo sexo, así como en otros la ley impuso el fin del racismo señalando que es un delito y que debe castigarse. En Francia, a menudo, es la ley la que logra estos progresos, pero siempre hay grandes debates en la sociedad. Estas discusiones son las que hacen que la conciencia colectiva avance. Por otro lado, hay países donde no es la ley sino las decisiones de justicia las que hacen progresar el derecho.  

Es con lo debates legislativos que los congresistas deben ser claros para explicar los desafíos y lo que está en juego. La gente puede estar en contra de una libertad o un derecho, pero una vez que está instalada y la gente ve que no hay ningún cambio radical en la sociedad, ya no se protesta contra ello. Va a seguir existiendo gente que va a estar en contra pero ya no habrá una molestia colectiva. Es la ley la que ayuda a que las conciencias evolucionen.

Ante el proyecto de Matrimonio Para Todos, la oposición siempre fue virulenta. Usted, sin embargo, decidió aparecer lo menos posible en entrevistas y centrarse en exponer los argumentos en los debates parlamentarios. ¿Cómo se logró entonces que la mayoría de franceses, incluso en zonas rurales, estuvieran a favor o que por lo menos les diera igual que dos homosexuales se casaran?

En Francia la política se caracteriza por estar llena de disputas, comentarios, críticas, así que decidí tener un discurso no frecuente pero solemne. Consideré que el Parlamento era el lugar de presentación y confrontación de argumentos. Recibía por lo menos diez invitaciones diarias para presentarme en los medios de comunicación, pero decidí no dispersarme de los lugares donde se debía defender la ley. La consecuencia de esto fue que se creó una dinámica de interés de parte de toda la sociedad francesa respecto al debate en el mismo Parlamento. Es necesario que los ciudadanos vean cómo se fabrica la ley en un lugar solemne y que el comportamiento tanto del ministro como de los parlamentarios esté a la altura de lo que se está debatiendo. Creo que fue una decisión justa para la sociedad porque la opinión no se interesó en una frase que yo hubiera podido decir en la radio, sino que se interesaron en el mismo debate. A pesar de la violencia de las manifestaciones y las protestas, la gente se interesó en seguir lo que estaba ocurriendo.

Foto: Guillermo Gutiérrez / lamula.pe

En su presentación en la Alianza Francesa señaló la conquista del derecho de las mujeres y de los niños como un referente de la conquista de libertades. Sin embargo, el cuidado de los niños suele ser un argumento de los opositores a los derechos LGTBI. Aquí mismo, actualmente, existe la campaña "Con mis hijos no te metas", una campaña en contra de insertar el enfoque de género en la currícula escolar. No le pedimos que opine sobre este caso particular, pero sí nos interesaría saber cómo el derecho de los niños puede ser una referencia para temas LGTBI.

Para empezar yo considero que la igualdad de género es un tema principal, de matriz. Todos los temas con respecto a las desigualdades parten de la desigualdad entre el hombre y la mujer. Una sociedad que lucha por otros derechos sin exigir la igualdad entre hombres y mujeres, va a lograr solo algunos progresos no muy importantes o incluso puede permitir ciertos retrocesos. 

Ahora bien, respecto a los niños, se necesita que haya una protección específica para ellos. En la Convención Internacional de los Derechos del Niño de 1989, además de los otros protocolos adicionales, tenemos hoy el tercero que da a los niños el derecho de recurrir directamente a la justicia para decir que son víctimas de desigualdades, violencia o discriminación. Protege una categoría muy vulnerable de la sociedad, pero se trata de protegerlos contra la violencia, la negligencia, el abandono, la discriminación, no de padres que los aman, ya sean homosexuales o heterosexuales. Para las parejas homosexuales el tema de los niños solo se plantea si son incapaces de criarlos o ejercen una violencia sobre ellos. Estos casos, obviamente, deben ser verificados y es válido también para las parejas heterosexuales y las familias monoparentales. No podemos decir desde el principio, por ejemplo, que un niño no va a ser feliz en una familia monoparental, que no va a crecer bien en una familia homoparental y tampoco podemos decir que va a ser automáticamente feliz porque está en una familia con un papá y una mamá heterosexuales. Protegerlos es un deber de la sociedad, pero esto no puede servir de pretexto para prejuicios contra categorías de familia.

Durante las últimas décadas ha habido un avance de los derechos civiles en distintos países. Sin embargo, en los últimos años, diversas votaciones han terminado marcando un giro mundial hacia la derecha que ha sido coronado con la elección de Donald Trump. ¿Cómo explica que un periodo de conquistas civiles haya tenido como respuesta la apuesta por posturas menos progresistas?

La izquierda, que a través de la historia ha sido la fuerza política que mayormente ha defendido la igualdad y la protección de los más vulnerables, no lucha desde hace aproximadamente 30 años. Ya no explica sus ideales ni los transmite ni carga con ellos. La democracia, el progreso, los derechos civiles, sociales, culturales, todo esto requiere energía, dinamismo, no es algo que aparece solo. Si la política solo decide y no explica, no da vida a las causas y no permite que las conquistas duren.  

En Estados Unidos muchos pobres decidieron que era mejor votar por Trump, un billonario que hace 18 años no paga impuestos. Los impuestos permiten que se construyan los colegios, los hospitales, las carreteras. Y la gente pobre que necesita hacer uso de esos impuestos y necesita trabajo votó por alguien que es billonario, que desde hace 18 años no paga impuestos, que no ha aumentado el salario de sus empleados, que ha liquidado empresas, que ha realizado especulación, que critica el sistema de salud. ¡Es absurdo! Si no se explica lo que es la solidaridad, cómo en una sociedad debemos ayudarnos para progresar juntos, aceptar la igualdad y llevar a cabo estas luchas, entonces dejamos el terreno a demagogos y populistas como Trump y otros. En Francia ya tenemos algunos. En Hungría, Polonia, Austria, ya hay otros demagogos también.

Si queremos que las conquistas sociales de los derechos civiles progresen y duren, hay que ser dinámicos, llevar a cabo batallas políticas, decir que la igualdad es algo que le conviene a todo el mundo, que los servicios públicos es algo bueno para la sociedad.

"Taubira cierra la puerta" / foto: afp

Usted renunció al gobierno de Francois Hollande cuando este implementó, dentro de las medidas antiterroristas, la retirada de la nacionalidad a los terroristas binacionales nacidos en suelo francés. Usted tenía un gran respaldo y era la líder de muchas de las causas que defendía. ¿Qué le puede hacer decidir a uno dejar el cargo alcanzado desde el que puede ayudar a muchos por una decisión incorrecta del gobierno?

Yo estoy de acuerdo con la lucha contra el terrorismo pero de una forma eficaz, no de cualquier manera para mostrar que uno es más fuerte. Hay que entender por qué estos grupos logran captar gente y convencer, sobre todo a los jóvenes estudiantes, para ponerle fin.  

La medida a la que me opuse era contraria al derecho republicano a la nacionalidad. La historia de Francia lleva más de 200 años pensando en la ciudadanía, en la igualdad y en la elaboración de leyes que lo garanticen. El retiro de la nacionalidad a franceses de nacimiento cuestionaba principios básicos de toda la construcción republicana que reconoce que la sociedad es cívica, no tribal. Hay gente en Francia que dice que los franceses son solo galos, blancos, judeocristianos y esa no es la realidad. La historia de Francia hace que haya magrebinos, porque Francia estuvo en Túnez, en Argelia; gente que se parece a mí porque también estuvo en África y en América del Sur. Cuando se cuestiona esto se niega toda esta construcción nacional, se reniega de ella porque lo que se hace es introducir desigualdades. Esta idea de la igualdad está fundada en el principio del derecho en el doble derecho de sangre, es decir, incluso si un francés vive en otro país, sus hijos son franceses y también pueden tener la nacionalidad del país donde han nacido. ¿Por eso son menos franceses? Este dispositivo en la Constitución estaba creando dos categorías de franceses. Esto no es justo, no va acorde a las decisiones republicanas de la nación. Esto no es la igualdad y por lo tanto yo no estaba de acuerdo.

El presidente François Hollande cuando hace unos días anunció que no sería candidato a la reelección, dijo que el único error que reconocía era esta propuesta. Hubiera podido quedarme en el Gobierno, pero la política es la honestidad, el respeto por los principios y los valores, el respeto por las personas que nos están escuchando y confían en nosotros. Cuando uno tiene algo tan importante con lo que no está de acuerdo y no logra evitarlo, podemos cerrar los ojos, pero eso es una cobardía. A mí me hubiera gustado quedarme porque me quedaba aún una reforma muy importante para hacer sobre la justicia de los menores de edad. Una reforma que la derecha critica muchísimo y yo sabía que iba a recibir golpes durísimos porque nadie más la realizaría. ¿Por qué? Porque a la gente no le gusta recibirlos. Es normal, a mí tampoco, los aguanto pero no me gustan.

¿Cuál fue el hecho o momento concreto en su vida que hizo de los derechos humanos su principal bandera política?

No podría mencionar un momento preciso pero tengo recuerdos desde niña de varias situaciones donde me sentí realmente muy indignada y crecí sabiendo que nunca podría soportarlas. Crecí en Cayena, Guayana Francesa, que era una sociedad muy estratificada, con mucho menosprecio con respecto a las personas pobres. Yo vengo de una familia monoparental y modesta, así que había mucho menosprecio con respecto a este tipo de familia. Mi madre quiso que yo recibiera una buena educación y me pagó con mucho esfuerza un colegio religioso. Ahí también había mucho racismo y desde pequeña fui víctima de él porque las monjas eran blancas y mostraban su preferencia por las niñas blancas, hijas de funcionarios, gente que venía de otros países. Sin embargo, eso no impidió que entre los niños hubiera amistad. Yo siempre fui alguien muy alegre así que no dejé que la injusticia me traumatizara, pero no soporté verla hacia otras personas. Recuerdo a los ocho años haber sido testigo de un incidente contra una mujer de edad y la valentía de mi madre al defenderla, arriesgando incluso su propia seguridad. Luego, cuando me fui a París a continuar mis estudios, también fui víctima de muchos insultos racistas y sufrí injusticias en la universidad. Una vez la víctima fue una mujer de Líbano. Protesté y el profesor a cargo de mi investigación me privó de una beca. Yo sé que hay un precio a pagar cuando uno no acepta las injusticias, y yo siempre lo pagué. Pero prefiero hacerlo, pagar ese precio, a dejar que se cometan y quedarme dormida frente a ello. El sentido es que siempre progresen los derechos de los demás, protegerlos si estoy en la capacidad de hacerlo. Esa es mi vida. Claro, también hago muchas otras cosas: me gusta el espectáculo, las artes, la literatura, el cine. Yo amo la vida, amo la gente, pero no puedo aceptar las injusticias. Ni de cerca, ni de lejos.



Foto de cabecera: Guillermo Gutiérrez





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