Por Gabriela Wiener 

En la colonia ecoindustrial postcapitalista de Calafou (Barcelona) se está cuajando un auténtico motín de cuerpos. Hartas de que la autoridad que ostentan las batas blancas centralicen el conocimiento y, por lo tanto, el poder sobre nuestros cuerpos, el proyecto GynePunk se adentra en la ardua búsqueda de la autogestión sanitaria y ginecológica.

Klau Kinki es una performer y activista de origen peruano y forma parte de este colectivo que a medio camino entre la biología y la electroquímica lleva a la práctica la apropiación tecnológica bajo la premisa de una autonomía radical. Desde 2013 trabajan desde el llamado PechblendaLAB (hardlab-transhack-feminista), un laboratorio de hardware libre que se desarrolla fiel al DIY y consciente de que, tanto en la ciencia como en la tecnología, el proceso de despatriarcado es urgente y necesario. Un aprendizaje que surge de la experimentación cruda: el cuerpo y el noise como campos performativos y lúdicos, experimentación con turbinas, iluminación sostenible y por supuesto, la reparación electrónica y de electrodomésticos. Este laboratorio también pretende desactivar la lógica de la obsolescencia programada “haciendo fuerte hincapié en la autoformación y el DIY-DIWO- DIT (do it yourself- do it with others- do it together) para la emergencia de conocimientos libres y potenciando la creación colectiva en red y de tejidos abiertos y dinámicos”, como aseguran en su manifiesto.

De esta manera se va conformando una red de conocimientos teóricos y prácticos que en el ámbito de la salud ha permitido crear métodos de diagnóstico accesible, con los que combatir la idea de que nuestra dependencia de las HI TECH médicas es insoslayable; producir prototipos e instrumental a partir de materiales reciclados y, por lo tanto, low cost; y colectivizando técnicas de autoexploración que nos permitan ser más conscientes de nuestros cuerpos y de cómo cuidarlos, sin despreciar el potencial curativo ancestral que conocemos, por ejemplo, de las plantas medicinales.

Gynepunk pone en el punto de mira las herramientas y narrativas propias de la colonización médica para repensar y codiseñar alternativas de exploración biológica.


 ¿A partir de qué momento empiezas a interesarte por la autogestión ginecológica? 

A principios de 2013 tenía que proponer un texto para el Grupo de Lectura de Calafou (donde vivo), y decidí presentar “Mi Placer se Corre como Puñales” de Chiara Chiavone, del colectivo ideadestroyingmuros. Preparando la presentación del texto, empecé a investigar más en detalle las glándulas de eyaculación, desde la composición de los fluidos que excreta, hasta la historia y origen de su nombre, sobre quién era Skene, el ginecólogo cuyo apellido se ha usado para denominar comúnmente estas glándulas. Esto me llevó irremediablemente a investigar en los inicios de la ginecología y conocer a Sims, el gurú de Skene, y su experimental investigación de la fístula vesico-vaginal de esclavas negras en las plantaciones de algodón en Alabama alrededor de 1840. Así llegué a conocer la desgarradora historia de Anarcha y las de muchas otras mujeres. Desde ese momento investigo de manera independiente y autónoma, ramificando y profundizando intensamente en la historia de la ginecología y en sus herramientas.


Anarcha, Lucy y Betsy eran tres esclavas negras que fueron usadas como conejillas de indias, sin anestesia, en las macabras investigaciones de uno de los padres de la ginecología ¿hasta qué punto la historia de la ginecología se ha escrito, literalmente, sobre los cuerpos de mujeres pero con nombre de hombre?

Ellas y una cantidad incalculable de mujeres anónimas invisibilizadas han escrito la historia de la ginecología con su propia carne. Sus historias me dejaron en shock, me repugnó una vez más la ignorancia histórica que llevamos encima, de cómo se asumen lenguajes sin cuestionar o entender de donde proviene su construcción. Me parecía absurdo e insultante mantener este silencio y sobre todo mantener vigente el imaginario del opresor, validarlo, reafirmarlo. De aquí nace la propuesta de renombrar las glándulas eyaculantes femeninas como Glándula de Anarcha, y las glándulas lubricantes como Lucy y Betsey. “En un mundo donde el lenguaje y el nombrar las cosas son poder... el silencio es opresión y violencia.” como expresara Adrienne Rich, poeta feminista. Invisibilizarlas, ignorarlas es genocidio cultural, una memoria corporal cercenada, mutilada. Y a la inversa, visibilizar e invocar a la memoria es minar el discurso logocéntrico, patriarcal, masculino, territorializado. Es crear genealogías radicales.


La violencia obstétrica empieza a ser algo denunciado gracias a mucha gente que reivindica un embarazo, parto y puerperio respetuoso. ¿Crees que con la ginecología ocurre algo parecido?

Ambas necesitan muchas veces las mismas infraestructuras humanas y tecnológicas (conocimiento uterino, hormonal, herramientas de diagnosis de fluidos, ultrasonido, cánulas o endoscopios u otros aparatos). Me parece profundamente perturbador que hoy se mantenga la figura del ginecólogo masculino como máximo exponente válido e incuestionable de la salud femenina. Que para hacerme un jodido cultivo de cándida o gardenella, por nombrar algunos, además de tragarme la tortuosa y anodina sala de espera de un centro de salud, sea obligada a responder (o vomitar en arcadas) buro-cuestionarios o formularios estadísticos de rigor como en un juicio ante un jurado popular, que no se corta un pelo en condenar tus prácticas, capacidades y decisiones. Lo que hacen es curiosear con reflujo de moralinas morbosas, rascando datos sobre tu promiscuidad, uso de drogas, orientación sexual y rituales de higiene, relacionados con los estereotipos de turno. Que técnicas autogestionarias como, por ejemplo, la Extracción Menstrual sean casi una leyenda underground; o que la hiper-dependencia del ritual de bata blanca, del examen hiper-tecnologizado y prohibitivo ni se cuestione; o que se desconozca en absoluto la sencillez de la prueba del Vinagre, por ejemplo, para detectar el cáncer de cérvix, son solo algunos de los vacíos de información, y encima en países en vías de desarrollo, donde ni los laboratorios ultraequipados, ni los profesionales de primera son un escenario posible.


Perdón pero, ¿podrías contar la prueba del vinagre aquí por favor?

La prueba se lleva a cabo aplicando vinagre con un algodón hisopo en la cérvix. Tras un minuto, el cuello del útero se examina a simple vista utilizando una lámpara. Si el tejido se vuelve blanco es síntoma de células malignas o pre-malignas, mientras que si el tejido uterino está sano no se produce ningún cambio de color.


¿Cuáles son las consecuencias de la aceptación generalizada del abandono de nuestros cuerpos en manos de los médicos? ¿Qué se está haciendo al respecto?

Delegar el cuerpo repercute en cuán poderosas serán las infraestructuras de dependencia que perpetúan la violencia médica institucionalizada. Abandonarnos en manos ajenas genera conocimiento jerárquico e impide que las mujeres puedan conocer más sobre su propio cuerpo. Por suerte actualmente hay movimientos muy potentes en respuesta a esta dictadura corporal, como las doulas (parteras), la ginecología natural (sobre todo en la circulación de fanzines autoeditados anarcofeministas), las maternidades subversivas (crítica al sistema médico y a la infantilización del embarazo) o el biohacking (reapropiación tecnológica desde la investigación y experimentación colectiva de técnicas low-tech). Si bien desprogramarnos del sistema médico normativo hegemónico no es tarea fácil tras siglos de manipulación en torno a la salud, se trata de un gran desafío, algo que ha de construirse constantemente. Sin embargo, el conocimiento adquirido y las prácticas desarrolladas fuera de las clínicas u hospitales muchas veces sigue dependiendo de las infraestructuras físicas y tecnológicas de la ginecología institucional hegemónica, y esto ha de subvertirse a toda costa. Creo con furia que la salud autogestionada, colectiva y horizontal ha de radicalizarse in crescendo y estratégicamente.


¿Hasta qué punto podríamos tener ya una independencia total respecto a las instituciones médicas hegemónicas?

Las Hi-tech-nologías de los laboratorios "serios" y restringidos para estos exámenes son sistemas más sencillos de lo que parecen. En el fondo de trata de inducir dependencia a ciertas tecnologías que se presentan como exclusivas, complejas, costosas, inalcanzables e inaccesibles. Gracias al tiempo que he dedicado a la experimentación en comunidades de biohacking y biopunks, sin formación científica previa, he comprobado que se puede aprender si el bicho de la curiosidad pica.


¿Cómo se descoloniza un coño?

Depende del coño. Pero citando al colectivo boliviano Mujeres Creando: Para descolonizar hay que despatriarcalizar. Open your ass and your mind follow!


Bonus track:

Entrevista que forma parte del proyecto de investigación "Máquinas de guerra" sobre producción cultural transfeminista en catalunya en los últimos 10 años. Klau Kink fue entrevistada para indagar en el eje de "Transfeminismo y tecnologías" en Calafou (Vallbona d'Anoia).