Hace dos años, los hermanos periodistas Víctor y Jaime Tipe Sánchez, convencidos de que los militares estuvieron presentes y azuzaron a los comuneros de Uchuraccay en el asesinato de ocho periodistas ocurrido el 26 de enero de 1983, decidieron emprender una nueva investigación que diera luz a las interrogantes que aún hacían sombra a esta tragedia.
Así los Tipe recogieron el testimonio de más de 90 personas (una veintena de campesinos de Uchuraccay, periodistas, familiares de las víctimas, miembros de las comisiones que investigaron los hechos, políticos, sociólogos, antropólogos, entre otros), recorrieron cinco veces el trayecto de diez horas que hicieron los periodistas hasta llegar a la comunidad, ubicada en las alturas de la provincia de Huanta, en Ayacucho. Y una y otra vez la conclusión de su investigación acabó por refutarlos.
Investigaciones anteriores a la de los Tipe Sánchez ya habían pretendido zanjar el caso. La primera, el informe de la Comisión de la Matanza de Uchuraccay que presidió el escritor Mario Vargas Llosa, la segunda el informe judicial que terminó con la condena de tres comuneros sindicados como los homicidas; y la tercera, el informe de la Verdad y la Reconciliación. En todos los informes, los comuneros son identificados como los responsables del hecho, lo que varía es el papel que jugaron los militares en la masacre. Los Tipe estaban seguros que éstos tenían una responsabilidad directa.
Sin embargo, su propia investigación que se ha transformado en el libro “Uchuraccay. El Pueblo donde morían los que llegaban a pie” que acaba de publicarse bajo el novel sello “G7 Editores” los contradijo. En la tragedia, a despecho incluso de la sentencia judicial que sostiene que durante la masacre estuvieron presentes militares, los Tipe concluyen que solo estuvieron los comuneros.
Víctor Tipe, que también es autor del libro "Abimael Guzmán. La captura", señala que la versión de los infiltrados militares, fue dada por Juana Lidia Argumedo, hermana del guía, quien perteneció a Sendero Luminoso. "Me pregunto es válida esta versión? Por supuesto que no", afirma.
El libro recuerda como Juana Lidia Argumedo reveló que varios militares presentes en el pueblo la tarde del 26 de enero de 1983 ordenaron la muerte de los periodistas. Esta misma versión es la que dio en el juicio. Argumedo señaló que recogió las versiones de campesinos de Uchuraccay durante los meses que buscó el cuerpo de su hermano. Sin embargo, las declaraciones recogidas por los hermanos Tipe Sánchez señalan que ella formaba parte de las columnas senderistas que ingresaban a Uchuraccay. Asimismo, los testimonios revelaron que un joven poblador de esta comunidad quechua-hablante, Miguel Figueroa Morales fue captado por Sendero Luminoso y asesinó a varias personas con "sus manos". Según el libro hasta hoy vive oculto en la selva.

Sin embargo, el libro no se conforma con develar los hechos de ese fatídico 26 de enero. Como lo indica la portada en la que están presentes los nombres de los periodistas asesinados, así como de los comuneros, el libro se propuso explicar los antecedentes que provocaron aquel nivel de insania y terror que cundían en la zona. No es un libro de respuestas, como sus propios autores reconocen, aunque de hecho las hay. La pretensión del libro es provocar la reflexión e incitar a la investigación de otros tantos episodios trágicos que se produjeron en la lucha contra el terrorismo y que se han quedado sin respuesta.
"Lo acontecido aquel día no fue un hecho aislado. No puede ser asilado del contexto de violencia que imperaba en la zona desde que Sendero Luminoso hizo su aparición en ella para tratar de captar adeptos a sangre y fuego. Ahora sabe que el mutismo de la comunidad no tuvo un afán cómplice, sino que obedeció al temor fundado frente a la violencia que imperaba en aquellas alturas andinas. El silencio tampoco los libro de la muerte:135 habitantes de Uchucarracy fueron asesinados en menos de un año, la mayoría en sanguinarios ataques de Sendero Luminoso, que encontraban a los poblados completamente desprotegidos", reza el libro.
El historiador Ponciano del Pino, quien estuvo la noche de la presentación del libro el pasado jueves, resalta este aporte. “La Cautiva” [una obra teatral que reflexiona sobre la guerra contra el terorrismo] es un ejemplo de cómo ante de promover una discusión sobre un tema que implica retos como sociedad y país, se pretende cerrar e impedir que se reflexione críticamente”. “Uchuraccay es una experiencia fallida y traumática para nuestro país, este libro es una reflexión abierta y por tanto valiosa puesto que promueve el debate”.
Pese a la investigación hay espacio para la discrepancia. El periodista José “Chema” Salcedo, director cuando sucedió la tragedia del diario Marka, al que pertenecían tres de los periodista asesinados, fustiga el hecho de que a ningún militar se ha puesto en comparecencia hasta ahora. A Salcedo, si se sigue la línea de la sentencia judicial, no le falta razón.

Y aunque la investigación de los Tipe derriba la teoría de que los militares estuvieron presentes, ellos también consideran que existen miembros de las fuerzas del orden que tuvieron responsabilidad en la masacre. El libro explica que si bien el día del asesinato no hubo militares, éstos en los días previos convivieron con la comunidad, es más los instruyeron precariamente para que se defendieran de los asedios de Sendero Luminoso. “Hubo una promesa de impunidad que la patrulla les ofreció”, asevera Jaime Tipe.
Un mes antes de la muerte de los periodistas, en diciembre de 1982, Sendero Luminoso (hay que recordar que Ayacucho era el epicentro del senderismo) asesinó al presidente de la comunidad de Uchuraccay, Alejandro Huamán y posteriormente a cuatro comuneros más. Sendero buscaba derribar la estructura de poder tradicional para subyugarla a la comunidad a sus intereses. Los campesinos aterrados por los hechos pidieron auxilio a la base militar de Huanta, y éstos unos días después enviaron una patrulla militar que fue la que convivió con los comuneros.
“La instrucción militar básicamente implicaba cómo hacer trincheras, cómo organizarse ante la inminencia de un ataque. Además les dejaron pertrechos militares como granadas, pero sobre todo linternas para que puedan hacer rondas nocturnas. Y nombran a dos coordinadores: Constantino Soto y Olimpio Gavilán. Además les dan una consigna: Ustedes no se haga problemas, maten a todos los que venga a pie. Nada les va a pasar. Nosotros siempre vamos a venir por helicóptero”, explica Jaime Tipe. Promover la formación de comités de autodefensa formaba parte de la estrategia determinada por el manual de la lucha antisubversiva de aquel entonces.
Ante estos hechos, la comunidad acuerda el 1 de enero de 1983, en presencia de los militares, defenderse ante un posible ataque senderista. Luego, el 21 de enero, la comunidad de Huaychao asesina a siete miembros de Sendero Luminoso. Un hecho similar ocurre en Uchuraccay, el 22 de enero. La comunidad ultima a cinco miembros del grupo maoista. Y ante este acto se preparan para la respuesta. En este contexto, llegan los periodistas, quienes desconocían el contexto de terror que se estaba viviendo en la zona. Los periodistas son tomados por terroristas por los campesinos alcoholizados tras una celebración que habían tenido en la comunidad y sucede la tragedia que todos, o la mayoría, recuerdan y que no se debería olvidar.
En memoria
El próximo martes se cumple 32 años de la tragedia en la que se asesino a los periodistas: Jorge Sedano Falcón (La República), Eduardo de la Piniella Palao (El Diario de Marka), Willy Retto Torres (El Observador), Pedro Sánchez Gavidia (El Diario de Marka), Amador García Yanque (Oiga), Jorge Luis Mendivil Trelles (El Observador), Félix Gavilán Huamán (El Diario de Marka), Octavio Infante García (Panorama de Huamanga) y Juan Argumedo García (guía).
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