Hoy se transmite, en estreno para señal abierta, una de las películas peruanas que más han resonado en los últimos tiempos: "El evangelio de la carne", por América Televisión, a las 10:00 pm.

Vale la pena verla (o volver a verla, según sea el caso). La película, dirigida por Eduardo Mendoza de Echave sobre un guión suyo en colaboración con Úrsula Vilca García, tiene numerosas virtudes, y sin duda marca un paso adelante en el desarrollo de un cine comercial de calidad en el Perú. 

Pero me parece importante también señalar que se trata de una cinta imperfecta, y que su imperfección más notoria es de fondo antes que de forma. Es una imperfección de concepto, que en última instancia malogra la experiencia ofrecida por el buen manejo técnico que caracteriza al filme. Al menos, la malogró para mí.

El problema es este: aunque el plot es multifocal, el relato está en buena parte centrado en las emociones y acciones de un personaje dominante, el policía Vicente Gamarra (Giovani Ciccia), y estas emociones y acciones a su vez son motivadas por su contacto directo o indirecto con dos mujeres: su esposa enferma, Julia (Jimena Lindo) y la muchacha que lo seduce, Nancy (Cindy Díaz). Un tercer personaje femenino, la beata Rosario (Ebelín Ortiz), es central a una segunda historia, la de Félix (Ismael Contreras), a quién rescata del suicidio y le muestra el camino de la redención, prefigurando el tema religioso que subyace al relato de Gamarra y lo culmina.

Este pequeño resumen ya da una idea de cuál es la dificultad aquí. Los tres personajes femeninos son absolutamente estereotípicos: la tríada "mujer buena" (religión, no sexo), "mujer mala" (sexo hasta por las puras) y "mujer sufriente" (tuvo sexo pero ya no puede). Ninguna de ellas existe con independencia del hombre en torno al cual orbitan: tampoco ellas tienen agencia, salvo la que logran a través de y para Gamarra o Félix, o a través de algún otro personaje masculino.

vicente gamarra salva a su esposa enferma.

En suma, el tratamiento de los personajes femeninos en "El evangelio de la carne" es bochornoso en su arbitrariedad. Las tres figuras mencionadas (y otras, como la mala madre interpretada por Liliana Trujillo en la historia de los barristas) representan un complejo ideológico: una forma de mirar lo femenino que tiene poco, muy poco que hacer en una película contemporánea, y que debe ser cuestionada. 

Lo dicho: esta arbitrariedad del guión malogra la experiencia de una película que por lo demás está hecha con atención, inteligencia y cuidado. Y nos obliga a preguntarnos qué hay en la cultura peruana actual que permite que esta visión tan reaccionaria de las mujeres ocupe tanto espacio en un guión cinematográfico y pase desapercibida, tanto para los críticos (no recuerdo que nadie la haya comentado) como para el público en general.


(*) Versión editada. La primera versión de este post confundía algunos detalles de la trama de la película. El texto ha sido redactado para clarificar esos detalles, sin perjuicio de su tesis central.