En su último libro, China on the Ground in Latin America: Challenges for the Chinese and Impacts on the Region, Evan Ellis, analista de relaciones económicas entre China y América Latina, estudia la creciente presencia china en la región de América Latina y el Caribe, analizando los cada vez más numerosos tratados comerciales, adquisiciones, préstamos y respaldo financiero proveniente del país asiático para gigantescos proyectos de construcción en la región, entre otras cosas. Un fenómeno (el acercamiento de China a territorios no asiáticos) que, anota el autor, no ha sucedido nunca en 5,000 años de historia.

Aunque su investigación se centra principalmente en analizar los tratados comerciales entre las dos regiones, Ellis da también una señal de alarma sobre el impacto que las inversiones chinas tienen en el medio ambiente. David Hill, analista de The Guardian, escogió los 10 datos más ilustrativos de la investigación de Ellis que exploran este punto. 

1)  Las empresas chinas han desarrollado su presencia “física” en América Latina, especialmente, dentro de los sectores económicos más propensos a generar daños ambientales: petróleo (Venezuela, Ecuador y Argentina), minería (Ecuador y Perú) y agricultura.

2)  Uno de los mayores retos para las empresas chinas que buscan adquirir bienes y ganar contratos en América Latina es la oposición de los líderes ambientalistas y las comunidades locales. Por ejemplo, cita Ellis, el caso del proyecto minero Mirador, en Ecuador; la empresa Belo Monte, en Brasil; la minera Río Blanco, en Perú; la minera Lupe, en México; la planta de procesamiento de soja Río Negro, en Argentina, entre otros proyectos más donde las comunidades y los pueblos indígenas se han visto afectados.

foto: blog de malcom mallison

3) Esta oposición y resistencia posiblemente crezca y se expanda aún más debido a los proyectos que China planea realizar sobre áreas ecológicas sensibles. Por ejemplo, se encuentra en plan de explotación las islas de Jamaica y las tierras petroleras de Ishpingo, Tambococha and Tiputini (ITT), ubicadas dentro de la reserva nacional intangible Yasuní, en Ecuador. Esos son lugares en donde China ya realizó estudios previos de exploración petrolera, solo les falta la etapa de perforación para extraer los minerales y el petróleo. 

4)  Una variedad de factores contribuye a hacer las inversiones chinas problemáticas en términos ambientales. Al ya citado impacto que tienen los sectores de interés, Ellis añade la distancia cultural entre Asia y América Latina. "Los altos ejecutivos y administradores chinos asumen que las autoridades locales están en la capacidad de obligar a sus ciudadanos a cumplir con los acuerdos que ellos hagan y trasladar sus hogares a otro sitio… y, erróneamente, asumen que tan pronto como ellos hayan establecido acuerdos con los estados, las comunidades locales y otros actores cumplirán inmediatamente con lo que les manden.”

mineros de la empresa shougang en plena manifestación por sus recortados derechoslaborales. foto: minerocks.com

5) Han habido “quejas por daños ambientales” sobre varios proyectos chinos, por ejemplo, en la minera Marcona, de la empresa china Shougang, en Perú; la mina Cerro Maimon, en República de Panamá; y la minera Cierra Grande, en Argentina.

6) Las empresas chinas “han hecho esfuerzos por mejorar sus prácticas a favor del ambiente en zonas donde lo han creído necesario con el fin de evitar problemas con el gobierno y las comunidades locales”. Ellis cita, por ejemplo, las nuevas tecnologías empleadas por la empresa Bosai que busca solucionar el problema de los residuos causado por la extracción de la roca bauxita en la Guyana y “diez proyectos de protección ambiental ocasionados por las aguas residuales, la basura y la contaminación del aire” en Marcona, Perú.

7) La perforación de petróleo mar adentro representa serios riesgos para las empresas chinas que operan en las costas de América Latina y el Caribe. La razón es que “ellos tienen, relativamente, poco tiempo usando esas nuevas tecnologías para perforar dentro del mar”.

8) Ellis enfatiza el hecho de que, aunque las empresas chinas suelen tener un mal comportamiento “debido a la imposición de prácticas y normas chinas que no se aplican al contexto latinoamericano o, simplemente, porque desconocen las normas locales”; estas, sin embargo, no son peores que sus contrapartes occidentales.

9)  Una porción significativa de la presencia china en América Latina también se encuentra en el sector de energías renovables, en donde las empresas “han sido claves en la llamada revolución verde, disminuyendo el uso de combustibles fósiles”. Ellis revela que las empresas de producción energética prefieren enfocarse en la generación de energía hidroeléctrica y “la nueva ola de proyectos de energía solar ” en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador y México.

captura de youtube rt

10) Pese a que en enero de 2014 se anunció que el canal de Nicaragua comenzaría a fines de este año o inicios del 2015, cuando el libro de Evans Ellis entró a la imprenta, “todavía no se había emitido ningún anuncio sobre la ruta del canal ni sobre los daños ambientales que este proyecto traería para Nicaragua”. Sin embargo, un reporte emitido en setiembre de este año por el Centro de Estudios Alexander von Humboldt en Nicaragua sostiene que “la información técnica sobre el impacto ambiental generado durante el diseño, la construcción y la operación del Gran Canal y proyectos similares se mantendrán como documentos confidenciales” bajo términos del acuerdo de concesión. El mismo instituto llamó la atención sobre el tema, puesto que este proyecto sería la mayor amenaza ambiental hecha al país nicaragüense en toda su historia. 

-Con información de The Guardian

foto de portada: chinanet.com

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