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Memoria, violencia, literatura

3 novelas peruanas sobre la violencia en el período de la guerra interna.

Publicado: 2014-09-06

La guerra interna que durante 20 años (1980-2000) tuvo lugar en gran parte del territorio peruano dejó profundas heridas que, a pesar del tiempo trascurrido, no han cerrado del todo. Ningún gobierno, en los últimos 14 años, ha sabido tratar el tema con el aplomo suficiente. Por supuesto, la inmadurez política no es la causa principal. Como ha señalado la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR), el conflicto interno reveló las hondas diferencias sociales, así como un vergonzoso racismo, del país. 

A pesar de esta desidia, la memoria sobre este episodio sangriento de nuestra historia reciente ha sabido hacerse un lugar desde la creación. Literatura, cómic, teatro han aportado a una narrativa sobre la guerra. Aquí, una somera mirada a tres novelas que han lidiado, de maneras muy distintas, con el tema.

foto:prisaediciones

En el año 2006, la novela Abril Rojo de Santiago Roncagliolo, publicada un año antes, ganó el premio Alfaguara de novela. El libro catapultó al joven autor como uno de los escritores mejor valorados de la literatura latinoamericana. El protagonista Félix Chacaltana, fiscal adjunto, debe investigar una serie de asesinatos, perpetrados durante la Semana Santa en Ayacucho. Escrito en forma de thriller, el libro, recrea las características de la novela negra americana en la realidad nacional. A pesar de su éxito internacional , la novela tuvo críticas divididas. Muchos resaltaron sus logros estéticos y su capacidad de atrapar al lector desde las primeras paginas. Así lo señaló Miguel Gutiérrez en un extenso artículo La novela y la guerra donde analiza diferentes novelas peruanas sobre la violencia política: "Abril rojo cumple, por lo menos en una primera lectura, con el requisito principal de toda ficción policial: atrapar, enganchar al lector y no soltarlo hasta el momento culminante en que se devela el enigma que la novela plantea. El segundo requisito exige una trama impecable que se sustenta en la invulnerabilidad de la lógica que gobierna el despliegue de los acontecimientos. Y esto es un imperativo que observan tanto los escritores que siguen la tradición de la novela ajedrez, tipo Chesterton o Aghata Christi, como los que cultivan la novela negra". Sin embargo, el mismo escritor piurano se encarga de resaltar que Abril Rojo no es una novela que obligue a una reflexión compleja sobre las secuelas del terrorismo: “En este caso, la novela negra, el modelo de la novela negra, ha servido para banalizar un tema, reduciendo complejos procesos sociales, políticos e históricos a acciones y enfrentamientos de individuos desquiciados” 

Dos años después se publicaría, de manera independiente, la novela Generación Cochebomba. Su autor, Martín Roldán demoró aproximadamente 10 años en escribirla. El libro, a pesar de ser ficción funciona a la vez con un testimonio generacional de quienes fueron niños y adolescentes durante la década de los ochentas. Las idas y venidas de su protagonista, Adrián R, nos revelan una ciudad limeña caótica, pobre, llena de cochebombas y donde no existe ningún futuro posible.

FOTO: generacion-cochebomba.blogspot.com

Al mismo tiempo, la primera novela de Roldán lleva al conflicto a un ámbito familiar. Un familiar cercano del protagonista, es un importante miembro de Sendero Luminoso. Así, el escritor llama la atención sobre una caracteristica a menudo soslayada: la guerra interna fue un conflicto que enfrentó familias. 

Lo resaltante de esta novela es que fue leída al margen de un circuito oficial. El libro fue haciéndose un nombre a partir de las reseñas hechas en diversos blogs. Con el tiempo, el libro llegó a más lectores. Existe, además otro aspecto fundamental: la música. La novela recrea los escenarios de la recordada movida subterránea, un colectivo musical que a través de sus altisonantes canciones atacaban el orden establecido (terroristas y militares incluidos). Todo estos elementos constituyen el fresco de un país al borde del abismo, tal como lo recuerda Gabriel Ruiz Ortega en un texto leído en la presentación de la  segunda edición de la novela: “Este libro es el reflejo “stendhaliano” de un sector de la juventud peruana de los ochentas, juventud que no tuvo otra opción que buscar un refugio, del que sea, formando involuntarios grupos humanos, en los que por el afán de pasarla, y sin ningún tipo de conocimiento en música, decidían formar bandas de rock de garaje (…) Hablemos también de la presencia de Sendero Luminoso en estas páginas, una presencia que se mostraba como solución a un país que se desbarrancaba gracias a la bestialidad del Apra y la incapacidad e inmoralidad del presidente García”.

Una de las novelas más recientes sobre la temática abordada es La sangre de la aurora (Animal de Invierno, 2013) escrita por Claudia Salazar. La originalidad de este libro no radica en el argumento sino en la mirada de las tres protagonistas: la terrorista Marcela, la periodista Melanie y la comunera Modesta. A través de sus propias historias podemos desentrañar un lado pocas veces tratado cuando se tiene un acercamiento a la guerra interna: la violencia de género. En efecto, las tres protagonistas serán marcadas por la violación, la destrucción de su cuerpos, ya sea por parte de terroristas o militares, y sobre todo por la soledad.


FOTO: librerías cOMMUNITAS

No obstante, este destino común no debe engañarnos. Son personajes culturamente distintos. De esta forma, Salazar recrea los “muros invisibles” que se levantaron entre diferentes grupos de ciudadanos. En el caso de de Marcela se observa, el paso de la indignación social hacia una conciencia revolucionaria que la hará abandonar a su esposa e hija. Así, su lucha no solo busca destruir “el viejo estado” sino la reinvindicación de la mujer como agente de cambio. Su devoción por la causa política que enarbola, la llevará a constituirse en una especie de símbolo de su propia organización. Melanie, por su parte, es una periodista vinculada con los círculos de poder que manejan los grandes medios de comunicación. Ella, no obstante, "utiliza una máscara" ya que no puede vivir su homosexualidad libremente. Su inconformidad con su entorno, sumado a su instinto periodístico, la empujará a realizar un viaje a la zona de conflicto para investigar sobre los avatares de la lucha antiterrorista, minimizados en la gran prensa. Por último, Modesta, es el personaje más vulnerable. Salazar, ha querido, simbolizar en este personaje la tragedia de miles compatriotas que vivían en zonas rurales y que estuvieron entre dos fuegos. Además, ella llevará la marca de la violencia política dentro de su vientre al quedar embarazada. Cabe señalar que la novela es finalista del Premio Las Américas a la mejor novela en español publicada en el 2013.


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Escrito por

Manuel Angelo Prado

He publicado dos libros: Estación (2011) y Hemiparesia izquierda (2017). Escribo y tomo fotos.


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Redacción mulera

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