Con lupa en el Congreso

Los últimos supervivientes del pueblo akuntsu. Los demás miembros de su pueblo fueron aniquilados / Foto: Survival

Los pueblos invisibles

El Mundial refuerza la invisibilización de la problemática indígena en Brasil. Estas son las historias de resistencia que oculta el fútbol.

Publicado: 2014-06-18

Mientras se vive un Mundial de fútbol con toda la algarabía que llega de costumbre con él, los indígenas de Brasil no la viven así: ellos permanecen en la lucha por los derechos que les corresponden por sus territorios. Y no solo eso, algunas comunidades luchan por no desaparecer. En tierras brasileñas se viven realmente graves crisis humanitarias, invisibilizadas aún más con la llamada fiesta del fútbol.

La organización Survival, repasa algunas de los problemas que con la llegada de la FIFA y la venia del gobierno de Dilma Rousseff y de algunas multinacionales, han pasado a un segundo plano.

A continuación, la revisión de Survival de los problemas que los indígenas pasan en plena efervescencia futbolera.

1) Estadios de Río de Janeiro, São Paulo, Porto Alegre y Curitiba

Estas ciudades se encuentran en estados que todavía tienen algunos de los conflictos territoriales más acuciantes. Los pueblos que habitan en el sur de Brasil (los guaraní-mybás, los guaraní-ñandevas, los kaingangs, los xoklengs y los xetás) viven en diminutas parcelas de tierra, a raíz del robo de la mayor parte de sus territorios por los colonos.

Las tierras de los guaraníes fueron robadas por terratenientes ganaderos y agricultores de caña de azúcar, que han arrasado sus bosques. Los indígenas ya no tienen dónde vivir más que a los lados de las carreteras.
© Paul Borhaug/Survival

Pueblo amenazado: los xetás resultaron prácticamente exterminados en la década de los años 50 como consecuencia de la usurpación de sus tierras. En 1999 solo quedaban ocho supervivientes: tres hombres y cinco mujeres, todos ellos emparentados entre sí.

2) Estadio de Manaus

Manaus, la capital del estado Amazonas, es la única ciudad amazónica que acoge la Copa del Mundo. El estadio ha sido construido imitando el estilo de una cesta indígena. Manaus recibió este nombre tras la extinción del pueblo indígena manáos. Este pueblo luchó contra la dominación portuguesa en la zona, encabezado por su gran líder Ajuricaba, que unió a varias etnias en la resistencia, pero que finalmente fue derrotado.

Un hombre waimiri-atroari enseña a los niños cómo hacer una flecha.
© Fiona Watson/Survival

A 100 kilómetros de Manaus está la tierra de los indígenas waimiri-atroaris. Desde el siglo XVIII este pueblo ha resistido con valentía a los cazadores invasores y a los trabajadores del caucho, y muchos perecieron en violentos conflictos. Pero el contacto se estableció en la década de 1970 cuando el Gobierno construyó una carretera a través de su territorio. Centenares murieron por enfermedades contraídas y en violentos enfrentamientos con unidades del ejército enviadas a la zona para sofocar cualquier tipo de resistencia a la carretera. El General Gentil Noguera Paes dijo: “La carretera debe finalizarse, incluso si para ello tenemos que abrir fuego sobre esos indígenas asesinos. Ya nos han desafiado en gran medida y se están interponiendo en la construcción”. La Comisión Nacional de la Verdad de Brasil está investigando las atrocidades contra los waimiri-atroaris durante este periodo.

3) Estadio de Cuiabá, estado de Mato Grosso

Entre los pueblos que viven en esta zona se encuentran los nambiquaras, los umutinas y los parecis. Los umutinas fueron diezmados por el sarampión y otras enfermedades. De los 400 miembros que eran en 1862, únicamente sobrevivían 73 para el año 1943. En la actualidad su población se va recuperando lentamente. Los nambiquaras sufrieron terriblemente cuando la autopista BR-364, financiada por el Banco Mundial, invadió el fértil valle que era su hogar. Eran 7.000 en 1915, pero en 1975 solo sobrevivían 530. Hoy en día la población de los nambiquaras alcanza los 2.000 pero sus tierras siguen siendo invadidas por mineros de diamantes, madereros y ganaderos.

Un joven nambiquara fotografiado por el célebre antropólogo Claude Levi-Strauss en 1938.
© C. Levi-Strauss

“Se enfrentaron a perros, cadenas, Winchesters [fusiles], ametralladoras, napalm, arsénico, prendas contaminadas con viruela, certificados falsos, expulsiones, deportaciones, carreteras, vallas, fuegos, marihuana, ganadería, decretos ley y la negación de los hechos”, dice Darcy Ribeiro, senador brasileño y antropólogo. Pueblo amenazada: a 1.400 km de Cuiabá (más o menos a medio camino entre los estadios de Manaus y Cuiabá) viven los kawahivas, uno de los pueblos no contactados más amenazadas del mundo.

4) Estadio de Brasilia

A solo cinco horas en coche de Brasilia, diminutos grupos de indígenas se han estado escondiendo en la vasta tierra de matorrales espinosos. Son avá-canoeiros, cuya población es actualmente de solo veinticuatro personas: los últimos supervivientes de un orgulloso y fuerte pueblo que lleva huyendo desde 1780, y que se encuentra ahora al borde de la extinción. A principios de los años 80, cientos de trabajadores de la construcción se trasladaron a la región para construir una presa hidroeléctrica en el río Tocantins, en la tierra de los avá-canoeiros. El pantano de la presa inundó el último refugio de los indígenas y sus zonas de caza. Cuando comenzó la construcción, FUNAI organizó una misión urgente para contactar a los grupos remanentes: pronto fue evidente que muy pocos avá-canoeiros sobrevivían.

La mayor parte del territorio de los avá-canoeiros fue anegado por la presa de Serra da Mesa en 1998, quince años después de haber sido contactados por primera vez.
© Walter Sanches/FUNAI

Finalmente, en 1983 se estableció contacto con una pareja avá-canoeiro, Iawi y Tuia, así como con la madre y la tía de esta última, Matcha y Naquatcha respectivamente. El pequeño grupo había sobrevivido a una terrible masacre en 1962, y llevaba veinte años escondido en cuevas, en lo alto de las montañas. Iawi y Tuia habían tenido dos hijos: Trumak y Putdjawa. Este último también tenía un hijo bebé llamado Paxeo, concebido por una mujer indígena tapirapé. Otro pequeño grupo de avá-canoeiros, que sumaban alrededor de una docena de personas, fueron contactados en 1973. Prácticamente todos ellos tenían cicatrices de balas disparadas por pistoleros contratados por la hacienda ganadera de Camagua, propiedad de un banco brasileño. Se encontró al grupo viviendo escondido junto a un pantano, su último refugio, donde había estado su fuente de caza, ahora dividido por alambradas con pinchos; los indígenas estaban desnutridos.

5) Estadio de Belo Horizonte, estado Minas Gerais

A unos 100 kilómetros al nordeste de Belo Horizonte se encuentra un territorio indígena llamado “Fazenda Guarani”, que habitan los krenaks y los pataxós. Ambos han sufrido enormes pérdidas mientras intentaban oponer resistencia a la expansión de la frontera colonial.

En la década de 1960, el estado brasileño estableció dos prisiones secretas dirigidas por la policía militar para castigar y reformar a los indígenas que se resistían a la invasión de sus tierras. Un ex recluso las llamó campos de concentración donde se forzaba a los indígenas a trabajar, y donde se los golpeaba y aislaba en solitarios confinamientos si se negaban a ello. “Yo fui prisionero aquí durante doce años. La policía nos golpeaba tanto a los krenaks que luego teníamos que bañarnos con agua y sal”. Manelão Pankararu. La Comisión Nacional de la Verdad de Brasil está investigando el maltrato a los indígenas en las prisiones. Pueblo amenazado: los krenaks suman hoy 350 miembros.

6) Estadios al nordeste, en Recife, Salvador, Fortaleza y Natal

De los veintitrés pueblos de la costa nordeste, solo los fulnios mantienen su lengua. Este área fue una de las primeras en ser colonizadas. En la actualidad es el escenario de algunos de los más amargos conflictos territoriales. Los pataxó hã hã hães han luchado por sus derechos territoriales durante décadas, en las cuales han sido objeto de la violencia y el asesinato de sus líderes.

A seis horas en coche de Salvador, los indígenas tupinambás sufren la persecución de la policía, que ha asaltado sus comunidades para expulsarlos de su tierra en favor de los ganaderos. En agosto de 2013, cuatro tupinambás fueron asesinados y sus cuerpos mutilados; veintiséis de sus hogares fueron destruidos.

Lee aquí lo que la FIFA gusta de ignorar sobre Brasil según Survival.



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Escrito por

Daniel Ávila

avilamonroydaniel@gmail.com


Publicado en

Redacción mulera

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