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"Lo que hemos hecho es otorgarles una identidad a los heterosexuales"

La Mula conversó con Vero Ferrari, expresidenta del MHOL, sobre los temas que la llevaron a emprender una vida de militancia y que, en definitiva, siguen siendo fundamentales no solo para las personas LGBT sino también para la afirmación de nuestra democracia.

Publicado: 2014-04-19

Vero Ferrari es, indudablemente, uno de los personajes más interesantes de la esfera política local. Es lingüista, activista, columnista de Diario16 y, hasta hace unos días, era también presidenta del Movimiento Homosexual de Lima (MHOL). Su renuncia a este cargo sorprendió a más de uno, especialmente en el contexto de una lucha por la Unión Civil que aún está en proceso y que, a decir verdad, nadie sabe cómo va a terminar. 

Tomando este evento inesperado como excusa, nos sentamos a conversar con ella sobre los importantes temas de fondo que vienen motivando desde hace ya siete años su trayectoria excepcional de militancia y que, aún hoy en que parece haberse alejado de los reflectores y de la comidilla mediática, siguen siendo el motor de numerosas reflexiones -y, quién sabe, quizá también el motivo de grandes proyectos en el futuro.


¿Qué piensas de las representaciones de personas gays, lesbianas, bisexuales, etc., en la cultura popular peruana? ¿Qué te dicen esas imágenes?
Creo que se ha construido una imagen de un ser deficiente, prácticamente sin alma, a veces un monstruo, a veces una suerte de ser vacío, como una especie de impostor que trata de ser algo que no es, que intenta llenar esos vacíos. El problema por mucho tiempo ha sido que estos vacíos no han sido llenados por nosotros, han sido llenados por otros. Y han sido llenados de una forma totalmente escatológica. Hemos sido construidos así y en general todo lo diferente ha sido construido así en el Perú: lo indígena, lo afro, la mujer, el pobre, los que no entran en los cánones de belleza que se nos han impuesto. Todo eso ha sido construido para ser deslegitimado o para que no tenga la misma capacidad de agencia. Pero creo que de un tiempo a esta parte hemos podido darle la vuelta a esos imaginarios, al imaginario del deficiente, de la persona a la que le falta algo, al imaginario del monstruo ligado a violencia, muerte, perversión.
Cuando dices que le han dado la vuelta, ¿a qué te refieres, por ejemplo?
A que se ha podido construir en paralelo una imagen que por fin tiene una voz, no solamente una representación desde los otros sino una representación desde uno mismo, y eso se ha logrado sobre todo gracias al activismo de mucha gente. Tal vez se ha logrado también a través del arte, pero creo que de una forma mucho más lenta. El activismo ha sido un discurso que iba directo a confrontar este tipo de imaginario; el arte llega por otras vías, y pienso que a veces esas vías son muy cerradas en un país estamental como el nuestro, porque es obvio que la cultura no llega a todo el mundo. El arte llega a un grupo pequeño de personas que pueden disfrutar de la actividad de cuestionarse, de reflexionar, pero no va más allá; el activismo en cambio llega a una población mucho más grande -igual no a todo el mundo, igual no de la misma forma, igual no siempre como hemos querido, pero llega más.
Consideras que existen luchas de otros sectores marginales que se pueden aglomerar en torno a esta lucha por la visibilidad y el empoderamiento de la comunidad LGBT?

Yo creo que sí, esa es la idea, la idea es que todo lo marginal en algún momento deje de serlo y que pueda generar un tipo de agencia en las personas que luchan para contrarrestar esta clase de exclusiones. Igual, nosotros nos insertamos en este movimiento desde posiciones muy distintas: no solo somos lesbianas o gays, también somos pobres o ricos, somos afros, somos mestizas, somos más machonas que otras, somos más maricas que otras. Nos atraviesa una serie de condicionantes que van a determinar nuestro actuar en la vida. Pero yo creo que es muy difícil que la mayoría de gente se dé cuenta de esto, se dé cuenta de que ha sido condicionada por su raza, por su género, por su sexo o por el territorio en el que ha nacido, por determinados discursos. Es bien complicado y se necesita una autoconsciencia, una autorreflexión que poca gente quiere hacerse.  

La mayoría de gente cree que de alguna forma es libre y que puede escapar de estos condicionantes, cuando lo cierto es que están completamente sujetados a ellos. En ellos podemos tener algunos respiros, es cierto, pero más allá de eso no vamos a escapar de estos condicionantes. Y de alguna forma es “bueno” porque te permite ver el mundo de otra manera; ser lesbiana, pobre, con hijos, con VIH, drogodependiente, te permite ver el mundo de otra manera que lo ve una persona que no tiene nada de esto. Es revelador, antes que bueno.

¿Qué significa para ti la figura del travestismo dentro de nuestra cultura, o en general?

La posibilidad de construirse a uno mismo como uno quiere ser. En general te dicen lo que yo te acabo de decir: que no somos sujetos sino que somos sujetados por algo y que la libertad misma es una sujeción. Y darnos cuenta de eso es el primer paso para poder manejar la libertad. Desde este punto de vista el travestismo puede ser una voluntad transgresora, una posibilidad de cambio que contribuye a desmoronar una serie de hechos que se nos ocurren dentro del sentido común como naturales.  

Pero lo que a mí me parece problemático en esta perspectiva es que quizá termina reforzando también determinados estereotipos, porque nosotras como lesbianas feministas tratamos de no ser la mujer que se nos ha obligado a ser y las travestis de alguna forma hacen lo contrario, quieren ser justamente las mujeres que nosotras nos negamos a ser. Realmente no lo sé, no sé si quieren ser exactamente estas mujeres o si han reflexionado sobre el tema. Para nosotras, por mucho tiempo, el maquillaje y los tacos y la ropa ajustada y hacer la dieta y ser delgadas ha sido una verdadera opresión. Y esta es una opresión que muchas transexuales la toman como algo importante en sus vidas. Entonces para mí este tema sigue siendo una interrogante. La gente puede hacer con su vida lo que le da la gana pero no puedo dejar de pensar en este tipo de cosas. El hecho mismo de la prostitución… yo escuché una vez a una trans decir que no solo lo hacen por plata, lo hacen para sentirse mujeres, y esa es una cosa muy fuerte. La prostitución para las mujeres heterosexuales, o para las lesbianas, es una cosa espantosa. Nos deshumaniza, nos convierte en la mujer-cosa, sin ningún tipo de valor, sin ningún tipo de agencia.

Creo entonces que el travestismo puede ser transgresor en el sentido de que significa transformarte en lo que quieres ser, pero no es transgresor cuando eres lo que el mundo ha dicho que determinado ser es y te sometes a esa decisión que ha sido construida desde la hegemonía más opresora.

¿En qué sentido consideras que la visibilidad de identidades LGBT enriquece nuestra cultura?
Pienso que esa visibilidad es importante sobre todo para las generaciones que vienen después de nosotros, para los que vienen sin haber siquiera escuchado la palabra lesbiana. Nosotros escuchamos la palabra lesbiana cuando tenemos 12-13 años, pero las lesbianas sabemos que somos “machonas” mucho antes, porque esa es la primera interpelación que nos hacen desde que somos más pequeñas: esa es la palabra que nos convierte en sujetos, a nosotras como a los “maricones”. La palabra que nos da nuestra identidad es esta que trata de controlar nuestra masculinidad, de alguna forma (porque ni siquiera la masculinidad es de los hombres), y de volvernos al camino de la feminidad. Para estas lesbianas pequeñas, para estos maricas pequeños, para estas trans pequeñas es entonces súper importante ver reflejadas sus identidades, sus vidas, sus experiencias en otras personas mayores, pero verlas reflejadas no solamente como una víctima de algo sino sobre todo como una posibilidad de algo. Una posibilidad de una vida feliz tal vez, una posibilidad de una vida de lucha, una posibilidad de vida profesional exitosa (para ponernos en el imaginario que nos invade actualmente). Para eso es importante. Es menos importante para nosotros que ya somos grandes y ya hemos, de alguna forma, reconstruido nuestras vidas a partir de esta construcción de nuestra identidad que ha sido bastante jodida. Pero todos aquellos que empiezan a construir recién, ellos necesitan estas imágenes, las necesitan con urgencia. Es eso o es morir. Yo creo que la visibilidad nos ha dado la posibilidad de vivir, a todos.
¿Y crees que también es importante que exista esta visibilidad, esta presencia en la cultura, de una sensibilidad gay, lésbica, etc., para los propios heterosexuales?

Sí. Porque lo que los homosexuales hemos hecho en el fondo es otorgarles una identidad a los heterosexuales. Desde el momento en que aparece el homosexual, automáticamente aparece, por contraste, el heterosexual. Antes de ese momento el heterosexual no puede existir porque la identidad se forma a partir de una oposición. Y sucede lo mismo con el afrodescendiente, con la identidad mujer, etc. Y desde ahí se van construyendo determinadas características para los cuerpos y para los deseos. Todos los deseos son adquiridos; no existe el deseo homosexual o heterosexual en sí, existe la imposición de determinados deseos y el escape de estos.  

Igual, los heterosexuales no suelen pensar así. El mundo se ha configurado bajo un pensamiento heterosexual, blanco, católico, burgués, etc., y el poder más poderoso es aquel que se siente como natural, como sentido común. Eso es lo que ha estructurado la existencia heterosexual, sentirse lo natural y lo común y desde ahí partir. Dejar de pensar así es prácticamente imposible, a no ser que seas homosexual: ese creerse el centro del mundo y designar todo lo demás como el margen. Descentrar esa construcción de identidades es lo que hemos hecho nosotros, nosotros les hemos dicho que este centro no es un centro natural, ni normal, sino que ha sido construido por determinados intereses.

Finalmente nuestra existencia te está diciendo que lo heterosexual no es normal, no es natural, no es sentido común. Que la sexualidad y en general cualquier expresión humana tiene una diversidad de características y de expresiones, que pensar que solamente hay una es reducir nuestra existencia a algo totalmente vano.

En estos 7 años que llevas militando, hasta qué punto ha avanzado la visibilización de lo LGBT?

Ha avanzado muchísimo en el sentido de que se ha insertado dentro del neoliberalismo, este neoliberalismo espantoso en que vivimos. Lo que vemos alrededor, en los medios de comunicación por ejemplo, es siempre la derecha hablando, y ahora vemos también a gays que pegan bien con ese discurso: es por ejemplo el caso de Beto Ortiz, de Peluchín, de Ernesto Pimentel (ni las lesbianas ni las trans existen). Existe entonces una visibilización fuerte, pero es también una visibilización de lo que se considera lo correcto, lo adecuado, lo respetable; todo lo demás ha sido marginado y tratado como basura.  

En cuanto al mundo del activismo, lo cierto es que la mitad de la comunidad LGBT preferiría que los voceros fuéramos blancos y rubios… de esa forma seríamos aceptados por todos. Pero somos mestizos, tenemos el pelo negro, somos gordos, tenemos los dientes chuecos. No somos el ideal de vocero, ni de líder LGBT que le gustaría a esa gente. Ese tipo de visibilidad también ha confrontado y confronta muchos prejuicios y estereotipos sobre qué es lo que nos representa en la sociedad. A muchísima gente le hubiera gustado por ejemplo que en la Marcha por la Igualdad todos fueran blancos, jóvenes y musculosos. Eso por suerte es algo que nosotros desde el movimiento cuestionamos muchísimo y que seguiremos cuestionando, espero. Porque toda esta gente activista nueva que yo conozco, con la que yo me relaciono, es de izquierda, gente que viene de conos, gente muy joven, gente que ha atravesado una serie de experiencias que los ha hecho reflexionar sobre en qué lugar nos posicionamos en el mundo y eso me da esperanza. Esperanza de que cuando venga alguien que crea que lo mejor es lo blanco, lo rubio, lo musculoso, lo que tiene plata, lo educado, se va a poder cuestionar ese tipo de imaginario de lo correcto y de lo bonito. Por ahí va la visibilización que a mí me interesa. No dejar que toda esta gente horrible que ahora nos representa en los medios de televisión, reaccionarios, individualistas a los que no les interesa construir en colectivo nada, algún día dejen de ser representantes de la comunidad imaginaria LGBT.

¿Consideras que existe algún modelo positivo LGBT en los medios peruanos?
En los medios hay mucha gente gay que no reconoce que es gay, y es una lástima porque algunos de ellos podrían haber sido buenos candidatos a ser referentes en nuestras vidas: representantes de éxito en el extranjero, de lucha aquí. Pero son gays en el clóset, un clóset inútil por cierto. Me encantaría que alguien de izquierda, alguien reconocido de izquierda pueda salir, decir que es gay y que tenga toda una historia pasada de lucha impresionante, pero no hay.
¿Hasta qué punto consideras que la izquierda ha incorporado esta lucha dentro de su agenda?

La ha incorporado a medias. La ha incorporado porque hay mucha gente LGBT que considera que es de izquierda y que hay una comunidad y una serie de derechos que exigir. Pero en realidad dentro de la izquierda hay una lucha constante para tratar de destapar cerebros y de hacer que entiendan, en algún momento, que estas reivindicaciones son tan legítimas como la lucha indígena, o como la lucha de las mujeres, que también a veces suele ser considerada ilegítima para mucha gente ahí porque generalmente el poder lo tienen los hombres, hombres heterosexuales que le han quitado espacio y posibilidades a mujeres y a LGTBs.  

En el fondo esto tiene que ver con el significado que le damos a la izquierda. Para mí la izquierda es una posibilidad de liberación de una serie de opresiones económicas, culturales, sociales, políticas que son necesarias. Ver entonces que alguien se haga llamar de izquierda y que esté obstaculizando nuestras vidas y nuestra lucha es un contrasentido; para mí eso es un mentiroso, es una persona que tiene una falsa identidad. Puedes llamarte de izquierda, pero si eres homofóbico, machista, te estás mintiendo a ti mismo. Hay mucha gente así, que se llama de izquierda pero tiene un machismo espantoso y tiene un terror a lo homosexual que realmente es impresionante. Ese es el problema, creo yo, de etiquetar a los seres humanos como de izquierda sin tomar en cuenta el conjunto de teorías y de prácticas que deberían configurar lo que es la izquierda. La izquierda es teoría y práctica. Hay personas que creen que asumen la izquierda pero realmente no la asumen hasta el final y por eso deslegitiman otras luchas, luchas tan revolucionarias como las nuestras. Cambiar la idea del género y del sexo, que yo creo que son la base de la opresión en el mundo, es lo más revolucionario que puede haber, pero hay mucha gente de izquierda que no lo entiende.

Te noto algo desencantada respecto al tema de la emergencia de un cierto conservadurismo LGBT, que, si te he entendido bien, tiene que ver con la noción de consumo, de un consumo que le imprime a todo un cierto barniz de respetabilidad…
Es cierto. Cualquiera con plata es aceptado por el mundo entero. Pero luego te das cuenta de que ni la plata es suficiente para evitarte el odio y el desprecio de muchísima gente. Pienso por ejemplo en toda esta gente mestiza que trata de entrar al Opus Dei. Lo cierto es que nunca vas a ser del Opus Dei si no eres blanco, es así de simple; puedes ser un seguidor pero nunca vas a tener poder. O el caso de todas estas mujeres que son monjas dentro de la Iglesia Católica… nunca vas a tener el poder, siempre vas a ser un subalterno, siempre vas a ser un ser despreciable dentro de tu propia comunidad que te dice amarte. Va por ahí el asunto del poder que tiene el dinero: puede darte un determinado estatus, pero se trata de un estatus incompleto, un estatus que siempre va a estar desequilibrado, que siempre va a estar en peligro porque eres cholo, porque eres mujer, porque a veces tienes plata y a veces no. Tener verdaderamente estatus requiere, como mínimo, ser hombre, ser blanco, ser heterosexual. Todo lo demás van a ser solamente esfuerzo inútiles de encajar en donde no encajas porque ya has sido construido de una forma en la que nunca vas a encajar.
¿Consideras finalmente que alguien blanco, heterosexual, privilegiado, puede sensibilizarse honestamente respecto a estos temas y formar parte de la misma lucha? Por decirlo de un modo un tanto grueso, ¿crees que hay alguna manera de redimir a las personas privilegiadas que son históricamente las que los han oprimido?
Sí, pero eso solo ocurrirá cuando cuestionen sus identidades. Porque esas no son identidades en sí: identidad es la plataforma de una lucha. Para mí esa es la identidad, una identidad política. Ser un hombre no es una identidad, porque no tienes nada por qué luchar, y lo mismo sucede con la heterosexualidad o con el hecho de ser blanco. Ser negro, ser mujer, ser lesbiana, ser gay, ser trans, son identidades porque son palancas para hacer cosas. Cuando se den cuenta de eso los hombres blancos, heterosexuales, privilegiados, ahí el mundo recién habrá cambiado.

Escrito por

Alonso Almenara

Escribo en La Mula.


Publicado en

Redacción mulera

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