Yo me quedo en casa

España en blanco y negro

Las imágenes de Francesc Català-Roca, uno de los mejores fotógrafos documentales de Europa del siglo XX.

Publicado: 2014-03-20

Salvador Dalí saltando a la comba en 1953, una gitana con un niño en sus brazos junto a las chimeneas de Barcelona, dos mujeres con sus respectivos marineros dirigiéndose hacia un callejón o un cura bendiciendo animales. Estos son algunos de los retratos en blanco y negro de la España de los años cincuenta que retrata el fotógrafo documental Francesc Català-Roca

Sus imágenes transportan a un momento de claroscuros a través de viajes que realizó por España entre 1953 y 1964, y que se presentan en La Sala Kubo de San Sebatian. "Es su época de mayor esplendor creativo", ha afirmado el editor y comisario de exposiciones Chema Conesa, quien destaca "la grandeza de su ojo, su forma de mirarla realidad, además de otras virtudes técnicas, como el perfecto uso de la geometría para dar expresividad a la fotografía, la maestría en los contraluces o el juego maravilloso de las líneas y las diagonales". 

El fotógrafo definió una buena imagen como aquella que reflejaba una historia bien contada que sirviera para reconocer cómo somos y para reconocer a los otros. "Estoy más cerca de la literatura que de las artes plásticas", explicaba y consideraba la fotografía como una vía de comunicación múltiple, cuyo valor residía en la posibilidad de la multiplicación hasta el infinito de las instantáneas para diferentes usos, destacando el documental.  

Considerado uno de los mejores fotógrafos documentales europeos del siglo XX, nació en 1922 en Cataluña en el seno de una familia de fotógrafos. Con tan solo 13 años comenzó a trabajar con su padre en los nuevos lenguajes gráficos, participando en los discursos de las vanguardias de anteguerra.

En 1948 abrió su propio laboratorio fotográfico, lo que le permitió encontrar su propio estilo, alejado de una fotografía más publicitaria de su padre. Fue entonces cuando comenzó a trabajar una técnica muy elaborada. Amante de la minuciosidad buscaba una representación del mundo sin trucos inducidos más allá de los que impone la química fotográfica, centrándose en los detalles.

Aquí dejo unos comentarios de tres fotógrafos del díario Kulturaldia sobre diferentes imágenes del fotógrafo reunidas en la exopsición:

Javier Etxezarreta: “Tiene tanta fuerza que me dejó clavado en el sitio”

“Es un retrato de una niña en las afueras de Barcelona en una jornada en la que también retrató a la Chunga bailando. No es la más representativa de su trabajo, ya que era básicamente un cazador urbano y además no tiene ese toque irónico que caracteriza su trabajo, pero no podía apartar la vista de esta foto. Tampoco es porque sea una niña, o porque sea aparentemente pobre, es por la emoción contenida en la escena. Por un lado la protagonista, que es irresistible, con esa mirada que obliga a preguntarse a qué o a quién está mirando y qué es lo que protege con tanto cariño. Luego están los otros personajes secundarios, que parece que les hace gracia que a un señor como él se interese por ellos. Estar allí y no resultar agresivo con una cámara en la mano es todo un mérito. En cuanto al fondo, es perfecto, coherente con los niños. Tiene un poco de caída hacia la derecha, algo que no puede ser casualidad porque reencuadraba sus fotos varios días después de hacerlas y era un laborante muy minucioso. Es algo que desestabiliza emocionalmente una escena y da la sensación de caerle más peso a la niña, lo cual le aporta más fuerza sin dramatizar. Me encanta porque tiene tantos planos, tanta profundidad y tanta fuerza que me dejó clavado en el sitio”. @etxezarreta

Javi Julio: “Dignificaba a la persona retratada”

“Me gusta especialmente la del padre e hijo comiendo del mismo puchero. Más que por motivos técnicos, me gusta porque, de alguna manera, me hace imaginarme cómo vivía la gente en el campo en aquella época, y me hace imaginarme las historias que contaba mi padre, sobre abandonar la escuela con nueve años por ir a trabajar al campo, compartiendo un puchero entre las personas q hacían este trabajo. La ciudad, el extrarradio y el campo eran los lugares donde trabajaba. A pesar de presenciar situaciones de pobreza y necesidad, era capaz de hacer agradable, tanto para él como para las personas fotografiadas, situaciones que eran incómodas. Dignificaba a la persona retratada. Enaltecía lo más humilde y sencillo. No hacía una fotografía agresiva, quizás cierta ironía, pero no eran situaciones incómodas. A pesar de ser una escena que da pistas sobre la humildad y el estrato social de los protagonistas, muy diferente a las escenas de la ciudad, los retrata con dignidad y naturalidad”. @javijuliophoto

Ainara Garcia: “Nadie la mira, excepto el fotógrafo”

“He elegido una foto que retrata la llegada a Barcelona del Semiramis, con los últimos prisioneros de la División Azul, en 1954. Aparte de ser una foto que personalmente me encanta, creo que describe perfectamente la forma de trabajar de Català-Roca en su totalidad. En la imagen aparece una mujer en medio de la muchedumbre. El gesto de su cara nos da a entender que busca a alguien o intenta decir algo. Pero lo más llamativo es que de todas las personas que hay en ese espacio, nadie la mira. Nadie, excepto el fotógrafo. Català-Roca se plantaba en medio de la calle, en medio de todo el mundo, en medio de mil ojos… y sin embargo, era capaz de fotografiar lo que nadie veía, instantes que para nadie tenían importancia, breves momentos que pasaban desapercibidos… Pero así era él, un artista que de situaciones muy cotidianas y rutinarias fue capaz de inmortalizar instantes irrepetibles que se han convertido en parte de la historia de la fotografía”. @ainaraga


Escrito por

Tamara Lasheras

Politóloga, amante de la música y el buen vino. Buscando formas distintas pero posibles de hacer las cosas.


Publicado en

Redacción mulera

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