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Decenas de inmigrantes trepan por la valla de Melilla / eldiario.es

La paradoja de la hipermovilidad

En un mundo donde millones de personas se desplazan diariamente, las fronteras se fortifican y las políticas migratorias se vuelven cada vez más estrictas. Eso sí, cuando los movimientos son de sur al norte.

Publicado: 2014-03-19

Ayer la Marina italiana socorrió en aguas del estrecho de Sicilia a 13 embarcaciones en las que viajaban cerca de 1,200 inmigrantes procedentes del norte de África. Era el segundo rescate del día. Horas antes habían interceptado en la misma zona a otros 596 inmigrantes, entre ellos 103 mujeres y 62 menores.  

Esta terrible tragedia no es un caso aislado. Millones de personas se desplazan diariamente en todo el mundo, en diferentes direcciones: del campo a la ciudad, de un país a otro y cruzando continentes. Así es la era de la hipermovilidad. El año pasado, la cifra de migrantes internacionales tocó un nuevo máximo histórico: más de 232 millones de personas, es decir, que el 3,2% de la población mundial se ha trasladado a vivir a un país distinto del que nació, conforme los datos de la ONU.

Sin embargo, y paradójicamente, al tiempo que todo esto sucede las fronteras se fortifican y las políticas migratorias se vuelven cada vez más estrictas. Eso sí, cuando los movimientos son del sur al norte. La era que vivimos se caracteriza tanto por forzar como por impedir el movimiento de personas —las de piel más oscura y pobres—en un momento en el que, se dice, domina la libertad individual. Las noticias sobre expulsiones, centros de internamiento o redadas racistas son el pan de cada día, al menos en la esfera europea.

Cosa que no es de extrañar si tenemos en cuenta que a las puertas de Europa han muerto miles de víctimas, casi 20,000 en los últimos 25 años. Y, a pesar de ello, la Unión Europea no ha dejado de invertir millones de euros para seguir reforzando y militarizando las fronteras.

La película Elysium de Neill Blomkamp es la máxima representación de un incierto futuro no tan lejano, el 2154. El film presenta un planeta dividido entre ricos, que viven en una estación espacial avanzada con todas las comodidades y tecnología, y pobres, que malviven en una superpoblada y arruinada Tierra. Aunque la separación entre los dos mundos es un abismo, los pobres son la principal mano de obra para mantener a ese mundo privilegiado. Están condenados a la miseria y los trabajos forzosos sin posibilidad de acercarse a un mejor futuro. 

Pero, si analizamos el fenómeno migratorio y lo relacionamos al capitalismo, ¿no se hace patente el desplazamiento de poblaciones más desfavorables únicamente para garantizar una mano de obra migrante barata? Entonces, ¿será que este escenario no está tan alejado de la realidad? Pongamos ejemplos de algunos de los casos más sonados de la inmigración: 

La valla de Marruecos-España:

La triple valla de Melilla que separa la ciudad autónoma de Marruecos./ Fotografía: J. Blasco de Avellaneda.

La valla de Melilla en España es una alambrada metálica con 12 kilómetros de alambre, cuchillas y mallas que tiene un objetivo claro: contener el sueño europeo. Se trata de una barrera física que separa Marruecos y la ciudad española. Ayer, casi 500 inmigrantes lograron entrar en Melilla en un salto multitudinario. Se trata del segundo salto que registra el paso fronterizo desde el pasado domingo, y el quinto desde que el 6 de febrero fallecieran quince inmigrantes subsaharianos ahogados al lanzarse al mar en su lucha por entrar en la ciudad española. 

El drama de Lampedusa

Marzo de 2011. Una mujer es asistida después de ser rescatada una barcaza que se hundió en la costa de Lampedusa. / Foto: AP

Era 3 de octubre de 2013 cuando, en su intento desesperado por llegar a Europa, 368 personas se ahogaron en las costas de Lampedusa. Nadie fue a su rescate. La indignación posterior sólo refleja un drama que se vive la isla siciliana cada año: 8,000 cuerpos sin vida han llegado a esta costa desde 1990. Cada día, la Isla de Lampedusa recibe cientos de inmigrantes procedentes de Asia y África. Esta cifra creció en 2011, con el estallido de las primaveras árabes, cuando cerca de 50,000 inmigrantes llegaron a la isla. Durante aquel año, 2,700 personas se quedaron en el mar. 

La peligrosa frontera mexicana

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La frontera entre Estados Unidos y México se extiende 3,169 kilometros y cruza desiertos, ríos, pueblos y ciudades desde el Pacífico hasta el Golfo de México. Cada año, se estima que 350 millones de personas cruzan legalmente la frontera. Sin embargo, otras 500.000 tratan de llegar a Estados Unidos de manera ilegal.

Mientras el Congreso estadounidense debatía los cambios más grandes al sistema de inmigración de las últimas décadas, se conocían datos preocupantes: aunque la cantidad de inmigrantes que cruzan la frontera disminuye año con año, la cantidad de muertos se incrementa exponencialmente. Es más, un estudio del Instituto Binacional de Migración (BMI) de la Universidad de Arizona afirma que los fenómenos son consecuencia del refuerzo de vigilancia en la frontera de México con Estados Unidos.

De 1990 a 2012 han muerto 2,238 inmigrantes al intentar cruzar esta frontera, tan solo en el sector de Arizona. Es más, una tercera parte carece de identidad. Las condiciones en que fueron encontrados no lo permite.

¿Hasta cuándo?

¿Cuántos africanos tienen que morir para que se solucione el problema de la inmigración? ¿Cuántos mexicanos perderán en su dura travesía hacia el 'sueño americano'? Resulta, cuanto menos contradictorio, que los gobiernos liberales de los "países desarrollados" mantengan las puertas abiertas para la entrada del dinero, pero las cierren con candado y a prueba de balas para la población que, casualmente, posee menos recursos. 

El caso español es particularmente paradójico. Mientras miles de españoles dejan el país por la fuerte crisis económica, las denuncias por maltratos y violencia para los que intentan entrar por el sur aumenta. Recordemos cómo hace unas semanas, la Guardia Civil española lanzó pelotas de goma contra un grupo de inmigrantes cuando intentaban entrar a España por las costas de Melilla. La justificación: "estaban marcando la frontera en el agua" y el resultado: 15 muertos. Pero esto no es lo peor, el secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, aseguró que la muerte fue culpa de los propios inmigrantes puesto que "no sabían nadar". 

El lugar donde al menos 13 inmigrantes subsaharianos murieron por aplastamiento y ahogamiento en la frontera de Ceuta. / Efe

¿Acaso nacer unos km más al sur les condena a vivir para siempre en la más absoluta de las miserias? ¿Cuántos más tendrán que morir para que los responsables políticos planteen una solución real al problema? Es más, ¿cuánto nadarías tú por salvar tu vida?    

Pero en este mundo interconectado, no hace falta irse tan lejos para observar las dinámicas de este tipo. Actualmente, la migración también está caracteriza por "forzar" movimientos de población. Y es que muchas de las zonas ricas en recursos naturales deben ser deshabitadas. ¿Te suena esto?

Algunos autores como David Harvey hablan de la expropiación en plena crisis económica mundial, dando un carácter contemporáneo a la acumulación originaria de la que hablaba Marx. Así, las empresas multinacionales se lanzan en su carrera por acaparar millones de hectáreas fértiles, tanto en África, Asia como en América Latina. El objetivo: actividad minera y de extracción de hidrocarburos, la construcción de grandes centrales energéticas, etc.. 

Y claro, para ello es necesario el desplazamiento (¿forzado?) de de sus habitantes. ¿Qué ocurre con esta población? Una parte pasa a la migración interna y se traslada a la creciente población de los conos de las megalópolis periféricas; pero otra parte termina en los llamados "países desarrollados" en busca de un futuro. ¿Qué futuro? 


Escrito por

Tamara Lasheras

Politóloga, amante de la música y el buen vino. Buscando formas distintas pero posibles de hacer las cosas.


Publicado en

Redacción mulera

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