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"Es la vida no más; sólo la vida"

Vallejo contra la vida autómata, una lectura para cavilar humanamente.

Publicado: 2014-03-17

El sistema de nuestra sociedad nos ha obligado a vivir con prótesis, rodeados de artefactos, siempre con máscaras, a veces evidentes, otras sutiles, pero finalmente interferencias en nuestra relación con el mundo. Para una psicóloga que conozco esto se trata de la mejor forma de protección, del camuflaje como modo de sobrexistencia. Es la norma, es lo que nos han hecho creer. 

Pero pensemos en lo siguiente: alguien sin ninguno de los instrumentos o distracciones que nos rodean por doquier, solamente con él mismo, enfrentado a su soledad, a sus huesos. Espectáculo notable del hombre a solas y sin intermediarios, diálogo duro, para cavilar y cavilar.

La situación actual nos dice que el autoánalisis es un tema a olvidar, vale más el entretenimiento y esos aplazamientos de la cita con nosotros mismos, esto es, vivir como un autómata. Justo hoy, en una conversación opípara, coincidimos con una pintora en la forma en que la vida hoy se maquilla demasiado, con muchas interferencias que nos alejan de nosotros mismos.

En este sentido he creído en la capacidad del arte para golpearnos y hacernos reaccionar. De entre los varios medios, ya sea en la pintura con Bacon o en el cine con Herzog, todo arte debiera ser un cuestionamiento, mejor dicho, conducirnos a cuestionarnos. 

Esto no tiene que ver con la erudición, pues de hecho muchas veces los más eruditos son quienes viven con más taras y se convierten en incapaces de autoanalizarse debido a tanto esquema. Y es que también la demasiada cultura es una forma que nos esquematiza: no en vano podría, por ejemplo, hablarse de una estandarización del modelo de estudiante de literatura o de filosofía.

Entre los poetas pienso siempre en Vallejo por su ahondamiento en las entrañas y miserias humanas. Vallejo escarbó en esa oscuridad, en ese absurdo, en esa locura, para que despertemos y veamos la realidad en toda su plenitud concreta, material y explosiva. 

En este sentido es comprensible que Vallejo haya sido un desconfiado de las vanguardias, pues consideraba que se trataba solo de un arte banal o técnico, que solo aprovechaba los aspectos más superficiales de la época. Él, en cambio, aspiraba a comprender los dolores, las perturbaciones de aquella “nueva sensibilidad”, por esto mismo rechazó además el surrealismo, movimiento que según su criterio era una pura moda.

Para el poeta peruano se trataba que el hombre encontrará un equilibrio entre su animalidad y el raciocinio, libre de cartografías impuestas por la religión (el diálogo de Vallejo con Dios acaso es el más intenso en la poesía peruana) o la filosofía (en más de una ocasión sus refutaciones nos mostraban el absurdo incluso del materialismo histórico).

Frente a los mil modos que el hombre ha inventado para complicarse la vida, Vallejo hace un pare y nos recuerda que ante tanta tragedia y escándalo uno debe recordar que todo este trance terrenal debe comprenderse sencillamente, así nos dice en "Dos niños anhelantes": “Es la vida no más; sólo la vida”. 

Esto, claro, no significa que sea una tarea sencilla, por el contrario es la que exige más de nosotros. A Vallejo no le interesa que seamos vallejianos, filósofos o escritores, lo que él nos recuerda en cada poema es que seamos hombres humanos, así podríamos recordar el final de "Los nueve monstruos" o estos versos de "Otro poco de calma, camarada":

Necesario es que sepas 

contener tu volumen sin correr, sin afligirte,

tu realidad molecular entera

y más allá, la marcha de tus vivas

y más acá, tus mueras legendarios.

Vivir nuestra humanidad fue en los tiempos de Vallejo un anacronismo y ahora aún más, entre interferencias cada vez más consumistas. De esta manera la vida sigue siendo una búsqueda, un descubrimiento que tiene un poder regenerativo y que solo puede ocurrir a solas, lentamente, profundamente, así nos lo describe Vallejo en "Hallazgo de la vida", personalmente el texto vallejiano más aleccionador sobre lo que venimos escribiendo y que nos gusta tanto a Lenin, César y a mí: 

"¡Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida. ¡Señores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento para saborear esta emoción formidable, espontánea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez, me extasía y me hace dichoso ante las lágrimas". 

La vigencia de Vallejo en el mundo moderno


Escrito por

Christian Elguera

Escritor y corresponsal de literaturas indígenas en Latin American Literature Today


Publicado en

Redacción mulera

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