Están disueltos, pues

“Es como hacer pop pero no ser complaciente”

A propósito del lanzamiento de "Aguas de Marte", el soberbio segundo álbum de la banda nacional Moldes, La Mula conversó con Katia De la Cruz, vocalista y tecladista de la agrupación. 

Publicado: 2014-03-08

1. Serendipia 

Corría el año 2009. Era de noche, hacía calor, y caminaba a solas por la Avenida Arequipa sin rumbo aparente. Recuerdo que ese día la vi por primera vez a las afueras del edificio de Centro Fundación Telefónica; apoyada sobre el muro de la fachada junto a Efrén Castillo, su más conspicuo secuaz, relojeaba nerviosa antes del inicio de un espectáculo que, me enteré luego, la tendría como protagonista. En ese entonces Katia De La Cruz, la vocalista de Moldes, no había adquirido aún la notoriedad mediática que tiene hoy, ni el cuidado look de estrella pop que ha venido cultivando de un tiempo a esta parte; pero eso no fue un obstáculo para caer rápidamente en cuenta de que estaba ante un talento mayor, y que el sonido de esa banda, deliciosamente extraño y experimental sobre la base de una sólida propuesta pop, era básicamente cosa de otro planeta (nótese que vi desfilar esa noche sobre el escenario, además de los usuales instrumentos rockeros como las guitarras y el sinte, instrumentos de juguete, instrumentos modificados, peluches con sonidos pregrabados y varias otras ocurrencias por el estilo). Si de algo me convencí en todo caso al ingresar en el bello recinto luminoso y cibernético que es el local de la Fundación, es que la música que se estaba cocinando en esa escena, y que yo desconocía por completo, no iba a cuadrar fácilmente ni con las etiquetas que tenía a la mano (ya saben: emo, pitupunk, fucking hipster, etc...) ni con la idea más bien limitada que me hacía de la producción musical en la capital.

Fascinado desde entonces, entrevisté poco después a Katia y a Efrén para el proyecto Barriobeat; en ese momento estaban a punto de lanzar su primera placa, la epónima Moldes, y tuve la ocasión de hablar con ellos, entre otros temas, sobre las raíces de su estilo desopilante y provocador, que llegamos a rastrear tan lejos como una visita que ambos habían hecho hace años a una exposición de obras de arte del grupo Fluxus en el MALI. El primer disco incluía temas memorables como “El Amante”, una perturbadora canción que cuenta la historia de una chica que se resiste a aceptar el hecho de que está completamente sumisa a su pareja, o “La Loca Invisible de Barranco”, cuya letra, creada por medio de una sesión de chat a la manera de un cadáver exquisito surrealista, incluye una cita de una famosa canción de Britney Spears transformada (y esta es parte de la magia del grupo) en una suerte de mantra encantatorio y genuinamente desgarrador.

Para una muestra del trabajo que Moldes hacía en esa época, veamos el clip que el proyecto Barriobeat, dirigido por Renzo Belón, produjo en base a una interpretación en vivo de “La Loca Invisible de Barranco”:

El primer álbum de Moldes fue de hecho bastante bien recibido por la prensa local, cosa que para ser sincero me sorprendió por lo bizarra de su estética (el diario El Comercio, por ejemplo, que difícilmente podríamos considerar un paladín de la diferencia, lo nominó dentro de las 5 mejores producciones musicales de ese año) y llegó incluso a llamar la atención de diversas publicaciones internacionales, como la revista inglesa Sounds and colors, que lo eligió como uno de los mejores lanzamientos latinoamericanos de 2010. El periodista Russ Slater escribió al respecto: “Llena de rock cargado y alegres cantos fúnebres, la banda se ha ganado a pulso comparaciones con The Jesus and Mary Chain y Sonic Youth, pero esto sólo cuenta la mitad de la historia. En canciones como "Très Malade" y "El Árbol" se las arreglan para fusionar la estética de garaje con el encanto de un happening beatnik y el tipo de armonías vocales que hizo de los B-52 un acto tan formidable en su día.” 

Eso fue hace cuatro años. Hoy tengo nuevamente la oportunidad de entrevistar a Katia a propósito del lanzamiento del nuevo disco de Moldes, Aguas de Marte. Cómo no voy a estar emocionado.

La hermosa portada del disco es obra del diseñador hector delgado

2. Información técnica

El primer single del nuevo álbum, “El Péndulo”, acaba de ser lanzado la primera semana de febrero, y ya ha empezado a llamar nuevamente la atención de medios locales e internacionales, como ha sido el caso hasta ahora de El parlante amarillo (Colombia), Revista Sono (Colombia), Resonancia Magazine (Mexico), Reconoce Mx (Mexico), y Sounds and colors, entre otros.

El álbum, editado por el sello A Tutiplén Records (que también ha editado discos de otros notables artistas independientes peruanos como Francois Peglau, Laguna Pai, Los Protones, El Aire, Grita Lobos!, etc.) y producido por David Acuña Sanguinetti junto a la banda, está a la venta en discotiendas locales desde el 3 de marzo y está disponible en todo el mundo a través de servicios como iTunes, Amazon mp3, Spotify, Google Play, eMusic, Rdio, Deezer, etc.

Vale la pena destacar la participación de dos músicos invitados, la thereminista Veronik Valium, una presencia inconfundible en el primer single, “El Péndulo”, y el trombonista Giacomo Novella, quien solea a sus anchas en el track “Mulato (elipsis)”.

El concierto de lanzamiento de Aguas de Marte se llevará a cabo el 21 de marzo en La Casa del Auxilio. Tomen nota.

3. El nuevo sonido

De entrada, notemos que Aguas de Marte tiene un sonido más rockero que su predecesor: la presencia de la guitarra es predominante, hay mucha distorsión, los tempos son en promedio más rápidos y la sección rítmica más precisa y ajustada que en la placa anterior. Me da la impresión de que el cambio de baterista ha estabilizado técnicamente a la banda, y que este nuevo álbum nos presenta a un grupo de músicos que, aunque conserva la frescura de sus inicios, ha empezado a abandonar el rollo de la estética amateur de los años mozos para buscar una mayor precisión en la performances y un sonido más expansivo. Persiste, por supuesto, el experimentalismo amable que hace de Moldes un proyecto tan especial: el humor decadente, la atmósfera de happening, el guiño surrealista. Pero el sonido definitivamente ha cambiado. “Es un álbum denso, a diferencia del primero, que resultó mucho más lúdico” me responde Katia. “Esto quizá se deba a que del 2010 al 2014 hemos cumplido todos 30 años... Siento que eso está plasmado ahí. Esta vez no nos hemos propuesto tanto jugar como entender qué está pasando con nuestro sonido, consolidarlo.”

la banda está integrada por  Katia de la cruz (sintetizadores, voz), efrén castillo (guitarra, voz), ernesto velarde (batería) y giancarlo rebagliati (bajo)

Aunque se inscriben claramente en un formato pop que impone sus propios límites al material, los temas son en promedio más largos y tienen un mayor nivel de elaboración musical; este progreso técnico se siente, por ejemplo, en el hecho de que hay ahora una dosis mayor de improvisación. De especial interés en este sentido es el tema “Mulato (elipsis)”, un improbable ingreso sin escalas a terrenos jazzeros que me recuerda un poco el sonido setentero de proyectos como los de Miles Davis y Herbie Hancock. “En realidad Chicho, el bajista de la banda, es muy jazzero y ese tema fue un jamming total... Aunque todavía no sé cómo vamos a resolverlo en vivo…” Katia se ríe cuando le menciono que su técnica en el teclado ha mejorado: “En esa época estaba con Ricardo Canales, y a él le encanta el jazz. Lo escuchaba tocar todo el tiempo y ya me había alucinado cómo eran las formas y cómo hacer solos. De hecho tenía ganas de hacer en ese tema una cosa medio distinta. Y chévere contar con Veronik y con Giacomo, de Vieja Esquina. Ambos le dieron al álbum ese cuerpo más multi-instrumental.”

Extraño, eso sí, la presencia protagónica de tenía la voz en el disco anterior. “La forma de componer este disco ha sido súper distinta a la del primer disco. En el primero compusimos las canciones en función de la línea melódica vocal, entonces trabajamos mucho la dinámica chico/chica, por ejemplo. Ahora las canciones han surgido por jammings: cogimos una idea y la desarrollamos. Casi todas las canciones han estado compuestas desde hace 2 años, pero la parte vocal no, la parte vocal la hicimos hace medio año, 8 meses. De hecho ha sido bien difícil trabajar esa parte pero resolvimos que la voz no era lo principal, no era el gancho pop de la canción sino que la íbamos a usar más como un instrumento. Partiendo de eso decidimos usar voces más homogéneas.”

El sonido es en efecto más saturado y homogéneo, con un trabajo sobre las texturas que tiende a disolver la diferenciación jerárquica de los planos sonoros: las líneas vocales se han vuelto un instrumento más en el denso entramado sintético. A esto se podría añadir que el carácter secundario de las letras ya había sido anunciado en cierto modo por el tema inicial del disco anterior, escrito en francés, y en general por el carácter de collage o de inside joke que tienen muchas de las letras del grupo desde el inicio. A nivel psicológico, estas características se traducen en una atmósfera menos etérea que en la placa anterior: “Siento que el disco es más oscuro porque es más expansivo. El sonido del primer disco era un poco más controlado. Acá hay, igual que en el otro, muchas capas de guitarra pero todo está más difuso. Antes teníamos el concepto en la producción de que se escuchara cada detalle, pero acá hemos querido obtener más como una masa. Nos interesaba que sonara así, aunque la gente que mezcla suele querer todo bien definido (voces acá, guitarra así, etc.)…”

Esto no significa que la nota psicodélica haya desaparecido: por el contrario, tenemos en el primer single, “El Péndulo”, una excelente instancia de esa psicodélia sci-fi retro que ha estado desde siempre en el corazón de la estética de la banda: esa suerte de sensación de un futurismo ya totalmente desfasado, o de un hedonismo pre-apocalíptico que está tan bien lograda en esta canción, sobre todo gracias a la inclusión del theremín que no puede no recordarnos el timbre característico usado en las secuencias de marcianos de las películas de ciencia ficción de bajo presupuesto en los cincuenta.

el póster que viene con el álbum recoge el concepto de una invitación a ingresar en el mundo "retro-post-apocalíptico" de moldes

4. La experimentación

Le pregunto a Katia si siente que Moldes tiene puntos en común, a nivel estilístico, con otras bandas peruanas del momento. “No siento que musicalmente estemos muy conectados con otras bandas locales pero siento que como movida sí. Siento que hay mucha gente que está haciendo cosas muy particulares, cosas propias.”

En efecto, el rock peruano está pasando por un momento de notable efervescencia y es cierto que hoy, más que un denominador común, lo que encontramos es sobre todo una actitud de libertad creativa y afirmación de idiosincracias cada vez menos tradicionales. Le pido que me defina la actitud de su banda: “Es como hacer pop pero no ser complaciente.”

¿De donde sale eso de no ser complaciente? “Creo que de Efrén. No sé, es que genera tensión y así funcionamos.” Luego admite que esa tensión no es únicamente la de la seriedad: “Nos gusta jugar con los extremos pero estar dentro de algo que sea nuestro. De hecho si ves el póster del disco es denso, oscuro; pero es también una payasada.”

Creo que, más allá del encanto de las melodías innegablemente bien confeccionadas de las canciones de Moldes, es justamente esa combinación, la de humor decadente y experimentalismo vigoroso (que forma parte de una larga tradición artística que se remonta hasta el Dadá y que, en el ámbito del pop, está instanciada por ejemplo en el trabajo de artistas como Frank Zappa o John Zorn) lo que tanto me atrae en esta banda y sin duda me atrae de este nuevo disco.

Sobre el tema del proceso de grabación en sí me dice Katia: “No usamos muchas computadoras o juguetes, ya no tanto. Pero nos gusta seguir experimentando con elementos externos... por ejemplo en "Remanso", hemos usado una batería de computadora; también grabamos una radio AM y la metimos. "Vinyl Christ" y "Remanso" las hemos mezclado y producido nosotros mismos. Todo el proceso de grabación de 2 años no solo ha dado como resultado este disco sino que también hemos aprendido a grabar, a mezclar. Es más importante para nosotros estar dentro del proceso porque ya sabemos el resultado que queremos.”

5. Vinylchrist y el catolicismo frustrado de Katia

He hablado de experimentación y de humor decadente pero me gustaría terminar sobre una nota un poco más seria e introspectiva. Uno de mis temas preferidos en Aguas de Marte se llama “Vinylchrist”: es una de las pocas baladas del disco, un tema musicalmente etéreo, menos eléctrico que los demás, en el que sin embargo se crea una llamativa tensión entre la delicadeza de la música y el concepto extraño de la letra, que convoca imágenes sensuales y perturbadoras de un Cristo de estética trans. “"Vinylchrist" fue una canción que hicimos con Efrén hace 7 años; era de la época en la que compusimos las canciones del disco anterior pero la habíamos grabado con esos micros de Pentium 2 y yo tocaba el cajón y lo hacía pésimo… sacar la canción así era muy difícil y al final se nos pasó. Pero para este disco decidimos rescatarla porque la letra y el feeling son súper chéveres. Nos dedicamos entonces a reinterpretarla. Era una letra que escribí cuando tenía 20 o 21 años y en ese entonces trataba de entender qué ondas con Dios y el mundo. La canción habla de la búsqueda de algo que te haga tener fe y de repente te cruzas con un escaparate y con un maniquí, un vestido lindo… el consumismo y eso; entonces de pronto vas perdiendo el impulso inicial de buscar esas cosas importantes para enraizarte en el mundo y comienzas a ver la iglesia… como el negocio que es, va un poco por ahí. Puedes comprar religión, puedes comprar fe, puedes comprar lo que quieras en este mundo moderno pero obviamente no se trata de eso. Y es algo que me parece doloroso, porque en esa época estaba en una espiral hacia abajo en la que si no encontraba nada me iba a ir a la mierda. Sentía que eso sucedía y "Vinylchrist" fue lo que salió.”

Es la primera vez que noto un asomo de vulnerabilidad en el personaje. Después de todo, Katia no es solo una diosa pop. “La música es como mi cable a tierra”, me dice finalmente luego de un prolongado silencio. “Por eso me metí a fondo en la banda… incluso decidí hace un año y medio dejar de chambear para otra gente. Esto funciona o funciona. No hay otra opción.”


Escrito por

Alonso Almenara

Escribo en La Mula.


Publicado en

Redacción mulera

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