Están disueltos, pues

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¿A qué Iglesia te refieres?

La inicial polémica entre Jason Day y el Sodalicio ha puesto al descubierto diversas opiniones de la Iglesia respecto de temas tan polémicos como el aborto o la pederastia. 

Publicado: 2014-03-04

En su columna del último domingo, Pedro Salinas pone paños fríos a la polémica que se generó entre Jason Day y el Sodalicio. Esto, debido a cierto artículo del actor publicado en la República, donde narra una situación por lo menos "tensa", de hacía veinte años, con un sacerdote de dicha congregación. Las reacciones airadas no se hicieron esperar -se tildó a Day de mentiroso, farsante, activista pro-aborto, pro-gay, entre otras perlas.

Digo que Salinas pone paños fríos porque, la verdad, tiene razón cuando afirma que Day no había hecho sino relatar un situación algo ambigua, difícil de interpretar, en la que un sacerdote no-necesariamente abusa de un niño, y por ello no se puede ser tajante. Los sodálites, por tanto, no deberían exasperarse demasiado. Sobre todo cuando, aparte de este caso, han tenido (y tienen) acusaciones serias de pederastia a las que no han respondido.

Aun cuando el razonamiento de Salinas en su artículo es bastante claro y correcto, tengo la impresión que falla en el remate. Primero menciona que no deja de sorprenderlo “el doble discurso del catolicismo". Y luego aclara: "Por un lado, los últimos dos papas nos recitan machaconamente que lo más importante es cuidar de las víctimas y castigar a los autores de estos crímenes. Sin embargo, a la primera de bastos, la reacción es feroz, pues está claro que lo más relevante no son los damnificados, sino la imagen, la reputación, el qué dirán”.

¿En verdad es posible meter en un mismo saco a Benedicto XVI, al Papa Francisco y al Opus (a Cipriani, por dios) y los sodálites? No es difícil imaginar a la Iglesia como un cuerpo sometido a distintas fuerzas. Y en este caso, estas distintas fuerzas o facciones tienen distintos puntos de vista respecto de la pederastia o el aborto. Queda claro, eso sí, que quienes se hayan a cargo (el Papa Francisco) no terminan de unificar o controlar estas tensiones.

Quizá no es necesario generalizar la catolicidad. La Iglesia es una institución compleja. Y no se puede ser tajante al momento de desacreditarla. O por lo menos, para hacerlo, se debe tener conciencia de esta complejidad.

Existen sectores recalcitrantes, sensibles a la ambición o al poder. Pienso por supuesto en Cipriani, y los sodálites que tanto se han picado por el asunto de Jason Day. Pero es cierto también que hay un sector más bien reformista. Se sabe ya que Benedicto XVI, en dos años, pese a la poca publicidad que tenía, destituyó a 400 sacerdotes por abuso de menores. Mientras Francisco, en su proceder, ha dado muestras ya de cierto espíritu no tolerante con el abuso a niños o inocentes por parte de miembros de la Iglesia.

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Escrito por

Lenin Heredia Mimbela

Padre. Esposo. Amigo. Escribidor. Aún confío en las grandes novelas.


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Redacción mulera

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