la mafia no descansa

Las canciones más bizarras

Una pequeña selección de temas cuyas letras dicen más de lo que podría pensarse sobre los hombres que las cantan.

Publicado: 2014-01-25


A propósito del poema de Alan García en que con la sucesión de elementos asociados a la “alta cultura” intenta sostener un texto que hace aguas por todas partes, recordamos, salvando las distancias, algunas canciones que, ya sea por la dulzura de sus melodías o la voz de sus intérpretes, escuchamos y cantamos una y otra vez sin necesariamente cuestionarnos el sentido o la ideología subyacente en ellas.

En todas estas canciones se puede apreciar la manifestación de una masculinidad exacerbada y torpe, como las performances que realizan animales para proteger su territorio o intentar aparearse.

Empezamos con Linda de Miguel Bosé. Pareciera tratarse de una bella canción de amor o de despedida, pero en realidad es la historia de un hombre que no está seguro de desflorar a una joven que le ha pedido que él sea “su primer hombre”.

La letra dice: “Linda, dulce e inocente, / ahora que te abrazo pienso en otra. / Linda, corazón de seda. / Linda, antes que suceda; / antes de tenerme dentro escucha: / Linda, te voy a ser sincero, / no estoy pensando en ti, / y no, no quiero lastimarte, / robarte tu primera vez…”.

La apelación de la voz es tan convincente que logra generar una empatía con quien la escucha; por el pobre hombre, que tiene que hacer “lo que un hombre tiene que hacer”, y no por la joven e inocente muchacha que para “enamorar” a dicho hombre está dispuesta a “entregarse” a él.


Sin pensarlo dos veces de Guillermo Dávila 

Una canción que es un reclamo frente al amor perdido. Tras la ruptura sentimental, el cantante intenta recuperar a su amada, quien ya ha iniciado una nueva relación y enfila sus mejores palabras para ello:

“Por qué te enamoraste de él / el que ahora sentirá pena por mí / Dios, que hermosa te ves / que me provoca violarte de amor”.

Tras la súplica, y antes de esperar respuesta alguna; entendiendo que a veces las palabras no son suficientes, el cantante cuenta que: “Sin pensarlo dos veces la empujé a la pared / le arranqué el vestido y la llené de amor / sin pensarlo dos veces me abrazó y me besó / sin pensarlo dos veces nos violamos de amor”.


Tú me haces falta de Eddie Santiago

¿Cuántas veces has pensado en cambiar a alguien que te dice que no cambiará? Es como si tras escuchar esas palabras un pequeño desafío se instaurara en ti. Y claro, no crees que él o ella sea malo o mala, pero te gustaría que lo fuera y de ese modo ser tú la persona que lo sanará, porque la maldad o malditismo es una enfermedad como el resfrío, piensas; una enfermedad que se cura con amor y caldo de gallina, y paciencia, sobre todo paciencia.

Esta canción de Eddi Santiago es una muestra de esa especie de impunidad a la que accede aquel quien desde un comienzo “advirtió” cómo eran las cosas: “Yo no te prometí, nunca te prometí serte fiel / pero no confundas, cuando dije amar te ame. / Yo no te prometí, nunca te prometí, por temor / a fallar de dejar de cumplir con tu corazón”.


El Jardín prohibido de Alex Bueno

Con tono de pesadumbre, pero libre de toda culpa, el amante le confiesa a la amada: “Esta tarde vengo triste y tengo que decirte / que tu mejor amiga estaba entre mis brazos / sus ojos me llamaban pidiendo mis caricias / su cuerpo me rogaba que le diera vida”.  

Esto, que podría ser una confesión de parte (demasiado detallada, por cierto; sobre todo si lo que se busca es el perdón), prontamente se convierte en una suerte de alegato, uno sustentado en el hecho de que por sobre los deseos del hombre una ley superior guía sus pasos y acciones, impidiéndole hacer nada más que dejarse llevar (y en este caso, disfrutar): “Pues mi alma volaba a tu lado / Y mis ojos decían cansados, que eras tú, / que eras tú, que siempre serás tú. / Lo siento mucho, la vida es así, / no la he inventado yo. / Siempre que me miraba a los ojos / y cogido por manos, / yo me he dejado llevar por mi cuerpo / y me he comportado como un ser humano. / Lo siento mucho, la vida es así, /no la he inventado yo “. 


Dale jamón de Los hermanos Moreno

Esta canción irrumpe con su ritmo pegajoso, su cadencia firme y su letra que es poesía pura, de esa que los palomillas de ventana creen que hacen cuando “cirean” a una chica que pasa por la calle”. Ante la contundencia de esta letra cualquier comentario resulta de más: “Esa jeva que allí viene, que le gusta el vacilón, / se pasa de baile en baile huarachando en el salón, / y cuando menos te lo piensas / se acerca y te dice: Papito, dame jamón, / Coro: Dale jamón a la jeva, que es comilona, es comilona (bis)”.



Escrito por

Víctor Ruiz Velazco

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Publicado en

Redacción mulera

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