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La Coalición Paniagüista, por Steven Levitsky

Publicado: 2013-02-03

El politólogo Steven Levitsky sugiere la posibilidad de una coalición de centro izquierda. Para Levitsky no es nada descabellado, aunque parezca, que izquierdistas y liberales se junten en el Perú en un solo frente organizado en tanto han tenido una agenda común en los últimos años. La debilidad institucional, las constantes amenzas a valores defendidos por ambos bandos y la estrategia electoral podrían concretar este proyecto.

La Coalición Paniagüista

Por Steven Levitsky

Siguen los esfuerzos para construir un partido liberal y un frente amplio de izquierda.  Son esfuerzos loables. El Perú necesita partidos.  Pero temo que serán partidos pequeños.  En términos electorales, el liberalismo y la izquierda son fuerzas minoritarias, con más presencia en la élite limeña que en la sociedad.  Sin base electoral o candidatos nacionales fuertes, es probable que ni un Partido Liberal ni un Frente Amplio de izquierda tengan mucho éxito en 2016.   Hasta ambos podrían terminar fuera del Congreso.

Si yendo cada uno por su lado los condena, con toda probabilidad, a los márgenes de la política, por qué no se juntan liberales y izquierdistas para reforzar (o reconstruir) el centro democrático?  Sería una especie de coalición paniagüista.

¿Liberales e izquierdistas juntos?  ¿Perdió la cabeza el gringo?

Mi argumento se basa en cuatro puntos. Primero, la brecha entre liberales e izquierdistas se ha achicado.  Existen, obviamente, diferencias programáticas, sobre todo en temas económicos. Y hay gente ultraideológica en los dos lados que no aguantaría una coalición.  Liberales que citan Hayak todos los días y que interpretan cualquier intervención estatal como una vuelta al velasquismo.

Izquierdistas que siguen enamorados de Chávez y que quieren transformar a Gregorio Santos en el próximo Evo Morales.  Pero son pocos.  Un buen sector de la izquierda ya acepta la economía de mercado.  El gobierno de Susana Villarán –cuya apertura a la inversión privada ha ganado la confianza de la CONFIEP– es un buen ejemplo.  También hay muchos liberales que creen que la sostenibilidad del sistema democrático y capitalista requiere cierto reformismo pragmático.  Requiere –como señala Alberto Vergara– un Estado más fuerte.

Segundo, los liberales y la izquierda democrática convergen en algunos puntos fundamentales. Valoran la igualdad, los derechos ciudadanos, y las instituciones democráticas.  Buscan limitar el poder de instituciones tradicionalmente conservadoras y autoritarias, como las fuerzas armadas y la Iglesia Católica.  En una democracia precaria como la peruana, estas coincidencias son claves.

Los liberales e izquierdistas tienen opiniones divergentes sobre las reformas económicas iniciadas por Fujimori, pero convergen en oponerse al indulto.  Discreparán sobre Conga, pero coinciden en su rechazo a una salida represiva del conflicto.  Votaron por candidatas diferentes en las últimas elecciones municipales, pero convergen en el No a la revocatoria. Tendrán distintas perspectivas sobre si Humala traicionó o cumplió con su programa, pero comparten una preocupación por el poder de los militares y una posible Ley Nadine.

Tercero, la coalición paniagüista tiene precedentes. Liberales e izquierdistas se juntaron en el Foro Democrático para enfrentar al autoritarismo de Fujimori. Trabajaron juntos en el gobierno de Paniagua –quizás el gobierno peruano que más contribuyó a la institucionalidad democrática.

Participaron juntos en los procesos de reforma y justicia transicional en la época posFujimori.

Durante el gobierno de García, salieron juntos a condenar actos iliberales como el DL 1097, y en la segunda vuelta de 2011, la izquierda y muchos (aunque no todos) liberales se unieron para derrotar al fujimorismo. Dos años después, se encuentran nuevamente en la misma trinchera, esta vez en la campaña por el No a la Revocatoria de Susana Villarán.

Cuarto, y más importante, los costos de no formar una coalición paniagüista son altos.  Sin oposición sólida y creíble, seguirían avanzando varias agendas antiliberales: el indulto de Fujimori; las aventuras jurídicas de Villa Stein; retrocesos importantes en derechos humanos; la recuperación del poder militar; la guerra de Cipriani contra la PUCP; la revocatoria contra Villarán; una posible Ley Nadine.  Además, el electorado del centro democrático se quedaría sin alternativa viable. Ninguno de los grandes candidatos para 2016 –García, Fujimori, quizás Nadine– tiene mucha afinidad con los valores paniagüistas.

Hasta ahora, la coalición paniagüista solo ha sido una serie de alianzas ad hoc y temporales. Pero ¿por qué no pensar en cómo transformarla en algo más organizado y coherente?  Los triunfos progresistas de los últimos años –la anulación del DL 1097, la derrota del fujimorismo en 2011, y hasta ahora, el no indulto a Fujimori– han sido precarios. Algunos dependieron de la intervención de Vargas Llosa, quien ejerce una especie de poder de veto liberal en los últimos años.  Pero MVLl no estará siempre.

Una coalición paniagüista no sería mayoría. No generaría un cambio dramático en el equilibrio de fuerzas.  Pero sí tendría peso, sobre todo en Lima.  Entre otras cosas, podría elegir algunos buenos congresistas, algo que, dado la tremenda debilidad del Congreso actual, tendría un impacto significativo.

Tejer una coalición entre sectores liberales e izquierdistas no sería fácil. Construir cualquier organización política en el Perú es un campo de minas.  Hay candidaturas y carreras políticas en juego.  Y más allá de las ambiciones y rivalidades personales de siempre, se tendría que enfrentar una larga historia de desconfianza originada en épocas anteriores. Pero ¿cuál es la alternativa para los que buscan consolidar la democracia–con instituciones que funcionen y derechos que se respeten– en el Perú?  Bailando solos, los liberales y la izquierda democrática corren el riesgo de dejar el país –en las palabras de un amigo liberal–“atrapado entre el nacionalismo y el fujimorismo”.

Cuando las instituciones democráticas estén bien arraigadas en el Perú, liberales e izquierdistas volverían a ser rivales, como en casi todas las democracias establecidas. Desde sus propias trincheras, pelearían por más o menos regulación, impuestos, y gasto social.  Pero ese futuro todavía no está asegurado.  Hoy, dada la tremenda precariedad de las instituciones y derechos democráticos, una coalición paniagüista es casi imprescindible.

Fuente: La República


Escrito por

Paolo Sosa Villagarcia

"Nosotros somos como la higuerilla"


Publicado en

Redacción mulera

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