Marcial Rubio cuenta detalles de negociaciones con el Arzobispado

Publicado: 2012-04-24

El rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), Marcial Rubio, confirmó al semanario PuntoEdu —publicación de esa casa de estudios— que las negociaciones con el Arzobispado de Lima por el litigio sobre la herencia de Riva-Agüero y la reforma de los estatutos está detenida desde el pasado 9 de abril. Rubio reiteró que "el impasse es sobre el uso y control de los bienes de la Universidad".

Así publicó PuntoEdu:

El Dr. Marcial Rubio Correa nos  recibió en su oficina el último viernes para conversar sobre la actual situación de la relación entre la Católica y el Arzobispado. Habla sobre la autonomía universitaria, sobre el estado de los juicios de la PUCP y sobre su encuentro con el cardenal Cipriani “en el cielo”.

La Universidad comunicó a la Asamblea que se había llegado a un acuerdo con las autoridades de la Iglesia. ¿Cómo se dio esta negociación?

Esta negociación se dio entre el Arzobispado de Lima y el Rectorado. En varios momentos hablamos directamente el señor Cardenal y yo; y favoreció todo esto el Nuncio de su Santidad. El lunes 2 de abril teníamos la impresión de que estábamos de acuerdo en todo —en el tema de la herencia y en el del Estatuto— y que había un problema de redacción en una pequeña parte relacionada con la herencia. Dos días después fue muy claro que no había acuerdo en el tema de la herencia. Al domingo siguiente, el 8 de abril, el señor Cardenal dio una entrevista en la cual dijo que ese tema se trataría después, y que él quería concentrarse en el Estatuto. Esa fue la situación. No había acuerdo en el tema de la herencia. Parecía sorpresivo, para quienes hemos seguido el tema por tanto tiempo, que se llegara a un acuerdo tan rápidamente.

Parecía sorpresivo, para quienes hemos seguido el tema por tanto tiempo, que se llegara a un acuerdo tan rápidamente. ¿Por qué de pronto todo parecía resolverse? El Arzobispado renuncia a la junta administradora y a la elección del rector, puntos que parecían imposibles…

Indudablemente, tuvo que ver que el cardenal Bertone citara a los obispos (incluido el Cardenal) y al rector de la Católica, y que hablara con nosotros, por separado, y nos dijera de la conveniencia de llegar a un acuerdo. Yo no sé lo que les dijo a los obispos, pero, sin duda, ha habido una intervención del Vaticano para favorecer una solución integral del problema. La participación del señor Nuncio ha sido muy activa, no en la conversación misma, pero sí en favorecerla. Es un indicio de que el Vaticano quiere que esto se solucione. Creo que esto ha sido lo determinante para que, después de siete años en los que no se hablaba de nada, en un mes se acortaran tantas diferencias.

En una negociación siempre hay puntos que no son negociables. ¿Cuáles fueron estos de parte de la PUCP?

El tema de la autonomía, que la Asamblea había exigido que se mantenga. Esto tenía que ver con una autonomía académica que, por supuesto, no ha estado en discusión, y con una autonomía económica. La Asamblea también quería mantener como un derecho suyo, de acuerdo a la Ley Universitaria, la elección del rector y los vicerrectores. Finalmente quedó en una fórmula que el Rectorado considera bien elaborada para la autonomía universitaria.

Cuando se presentó el acuerdo hubo toda clase de respuestas dentro de la Universidad. Y fue recibido con cierto recelo por algunos profesores y estudiantes. Se sintió que la PUCP había cedido más. ¿En qué cedió el Cardenal?

El pedido original de la contraparte era que se presentara una terna al señor Cardenal para que él eligiera al rector y lo confirmara la Santa Sede. Después, había una inclusión de la Universidad en el ámbito del derecho canónico, que es un derecho muy amplio que se

refiere a muy distintas instituciones de la Iglesia. En todo esto, y en algunas otras cosas, la Iglesia ha cedido. Ha aceptado que haya una autonomía que a nosotros, en el Rectorado, nos parece sustancial. Es verdad que hay profesores y alumnos que discrepan de la fórmula alcanzada. Para eso el Rectorado va a presentar la propuesta a la Asamblea para que la apruebe o desapruebe.

La negociación incluía el tema de la herencia Riva-Agüero. ¿Cómo se manejó este tema?

El tema de la herencia Riva-Agüero, en pocas palabras, es un desacuerdo con el Arzobispado sobre la manera de manejar los bienes de la Universidad. La PUCP sostiene que, como propietaria, ella debe disponer de estos bienes. El Arzobispado ha sostenido que la Junta es la que debe administrarlos e, incluso, venderlos. Esto se está viendo en los juicios en el Poder Judicial. ¿Cómo se podría solucionar? Incluimos en la propuesta de reforma de Estatuto una Comisión Especial Económica. Esta autoriza la venta de inmuebles que tengan un valor mayor a 2 millones 200 mil dólares o hipotecas mayores a 6 millones 750 mil, y recibe información trimestral sobre la marcha económica de la Universidad. Esta mantiene la administración, pero hay una autorización, una responsabilidad compartida, en la venta de inmuebles de valor significativo. Con la Comisión Económica, la Junta Administradora no tiene ya mucha significación.

Preocupa que la composición de esta Comisión Económica Especial sea mayoritariamente de la Iglesia…

Esa comisión solo existe para que la Iglesia participe. No tiene razón de ser si la Iglesia no quisiera una participación en la venta de inmuebles y en la información. Por eso es que tiene dos miembros nombrados por la jerarquía de la Iglesia y uno por el Rectorado. Esa es la razón.

Los bienes son, sin embargo, de la Universidad.

Nadie discute que son propiedad de la Universidad. Fundamentalmente, lo que preocupa a la Santa Sede es proteger los bienes; y nosotros no tenemos ningún inconveniente en informarle.

Si se ha llegado a estos acuerdos, entonces, ¿en qué momento surge el impasse?

Estaba listo todo, pero en algún momento el señor Arzobispo considera que no es oportuno y no se debe incluir en los acuerdos el tema de la herencia Riva-Agüero. Él exige la aprobación de lo que considera indispensable, como la Junta Administradora, y a la Universidad le parece una vulneración total de su autonomía. Ahí es donde se ha suspendido la negociación. Cuando ocurre esto, en unas declaraciones nacionales que hace el Cardenal y que aparecen el domingo 8 de abril en El Comercio, dice que el tema de la herencia se discutirá en una semana, dos semanas o dos meses; es decir, sin plazo. La Universidad quiere que se arreglen integralmente todos los problemas. Como han dicho los cinco obispos miembros de la Asamblea, tiene que pacificarse la relación.

¿Cuáles son las diferencias sustanciales entre la versión que se publicó y las nuevas demandas? ¿Qué revelan estos cambios?

Lo que revelan es que, en el criterio del Arzobispado de Lima, la Junta Administradora es la propietaria y la Universidad administra los bienes. El Cardenal se apoya en un antiguo reglamento de funcionamiento de la Junta, de la época en la que la Universidad todavía no era propietaria, sino usufructuaria. Ahí, la Junta decidía todo sobre los bienes y le pasaba las rentas a la Universidad. Ahora la Universidad ya heredó, ya es propietaria, ya la Junta no tiene por qué administrar los bienes de la herencia. Eso es lo que sostiene la Universidad. Entonces, la discrepancia es total. El impasse es sobre el uso y control de los bienes de la Universidad.

Un impasse es un punto muerto en una negociación. ¿Se ha roto el diálogo? ¿Cuál es la posición de la Universidad?

Desde el lunes 9 de abril no ha habido ningún nuevo contacto de negociación. Yo acabo de mandar una carta al Nuncio y a los obispos firmantes del comunicado del 17 de abril [miembros de la Asamblea Universitaria] en la cual se dice que estamos dispuestos a conversar sobre una solución integral. El Arzobispado de Lima mantiene su posición de que el tema de la Junta Administradora se hable después.

No ha habido ningún contacto, entonces, posterior a las declaraciones del Cardenal a El Comercio.

El 8 salieron sus declaraciones; el 9 yo discutí algunas cosas con unas personas que él nombró y que prefiere mantener en reserva. Después de esa fecha no ha habido ningún contacto.

Hablemos sobre estas declaraciones. Instaba a la PUCP a votar sobre el tema del Estatuto y resolver los juicios en el Poder

Judicial. Esto va en contra de la solución integral que propone la PUCP.

Claro, pero no es un capricho nuestro. ¿Cómo vamos a decir que hemos arreglado el tema del Estatuto si siguen siete juicios? Resueltos esos juicios, puede ser que la Junta Administradora cobre las pensiones, decida cuántas becas da. Eso es lo que está implicado. Entonces, el Estatuto sería una hoja de papel. Por eso es que no están separados ambos temas.

Nosotros podemos decir en el Estatuto que la economía se rige de tal forma, pero después viene la Junta y dice: “A partir

del testamento, yo administro todo”. Por eso es necesaria una solución integral. Nosotros sostenemos que la Iglesia no es una mesa de partes donde se arreglan estatutos. La Iglesia es la paz, y la paz es que terminen los juicios. Tiene que estar arreglado todo y no solo la mitad.

Le cito un fragmento (de Cipriani): “He leído algunas declaraciones de gente que trabaja en la PUCP contrarias a las enseñanzas de la Iglesia. Nadie obliga a nadie a matricularse en una universidad, uno puede ir a la universidad que quiere, y sabe que en la universidad encontrará un espacio libre de pensamiento, pero en esta, que es una universidad pontificia y católica, va a haber una propuesta de pensamiento que respete las normas de la Iglesia”. ¿Cómo se relaciona esto con el modelo de universidad que tenemos ahora?

Una universidad tiene que tener en cuenta una serie de reglas de funcionamiento universitario: la crítica, la libre expresión y la libre opinión. Sin estos elementos no hay universidad. En la Universidad Católica hay un pensamiento libre y crítico, y se enseña a quien quiere recibir el mensaje católico. Entonces, hay un diálogo entre la fe y la cultura, hay un centro de asesoría pastoral, se dictan cursos de teología, cosas que una universidad no católica no tiene que hacer. En una universidad católica no todos piensan como católicos, eso no dice el Ex Corde Ecclesiae. En la Iglesia hay diálogo. Cristo dialoga con todos y no le impone a nadie su pensamiento, ni siquiera a Judas, que lo va a vender.

La pregunta que todos nos hacemos: ¿qué pasó en el avión? ¿Cómo fue ese “encuentro en el cielo” con el Cardenal?

Estábamos regresando de Italia, precisamente del Vaticano. El vuelo era Roma-Ámsterdam, Ámsterdam-Lima. En el vuelo a Ámsterdam creo que no fuimos en el mismo vuelo. En el vuelo Ámsterdam-Lima estábamos muy cerca el uno del otro. El Cardenal estaba una fila más adelante que la mía; entonces, yo lo veía a él, pero él no a mí. Me acerqué y lo saludé. Él vio que el asiento al lado mío estaba libre; y me dijo que en un rato iba a ir para hablar. Efectivamente, al rato vino, y hablamos, de las 12 horas que dura el vuelo, una hora y media, muy respetuosamente. Quedamos en hablar en Lima para arreglar las cosas. Fue un encuentro cordial. La gente que estaba alrededor de nosotros en el avión no podía creer lo que veía, decían: “Ustedes dos conversando”. Nosotros nos reíamos, decíamos que éramos católicos y podíamos conversar.

Nunca se hizo público el informe de la visita del cardenal Erdö. ¿Por qué no se hizo? ¿Qué efectos tuvo su visita sobre la negociación?

Con el cardenal Erdö se conversaron varias cosas que después han sido incorporadas al proyecto de modificaciónde Estatuto. Después el Rectorado planteó al Arzobispado y a la Nunciatura que estas eran fórmulas que ya se habían hablado con el cardenal Erdö y que nos parecían razonables. Su visita sirvió paraque ciertas fórmulas se pudieran ir adelantando. El cardenal Bertone dijo, en el Vaticano, que la visita había sido diseñada por él para que lo ayude a conocer y entender el problema; entonces el informe del cardenal Erdö era para él. La Universidad y yo, como rector, no lo conocemos. No sé quién, más que el cardenal.

El Vaticano había dado un plazo para adaptar el Estatuto, y este ya venció. ¿Se ha prolongado? ¿Tenemos una nueva fecha para llegar a un acuerdo?

El plazo ya venció. La Universidad ha informado con mucha precisión al señor Nuncio, en todo momento, del avance de las conversaciones, del estado de la situación y de su paralización. Yo, como rector, he enviado un informe al cardenal Bertone, informándolo de la situación. El plazo, indudablemente, ya venció. Me imagino que el cardenal Bertone está informado detalladamente de cómo han avanzado las negociaciones y de cómo se han frenado, del deseo de los obispos miembros de la Asamblea de que las conversaciones avancen. Esto será tomado en cuenta por el Vaticano. Veremos qué decide.

Justamente, la semana pasada salió un comunicado de los obispos convocando al diálogo y a un acuerdo integral. ¿Cómo lo ha recibido?

Bien y con tranquilidad porque nos parece que la paz en la relación con la Iglesia significa el acuerdo integral. Estamos de acuerdo. Acabo de enviar una comunicación al presidente de la Conferencia Episcopal, a los obispos firmantes y al Nuncio indicando que estamos dispuestos a conversar de una solución integral.

¿Qué opina de la posición de los estudiantes respecto a este tema?

La participación de los estudiantes es indispensable porque son miembros de la comunidad universitaria y tienen un tercio de representación en la Asamblea. Deben informarse, debatir y plantear posiciones sobre esto. Estoy totalmente de acuerdo con que participen y opinen. Los profesores vivimos en la Universidad normalmente 30 o 40 años; los estudiantes, 5 o 6, pero los estudiantes responsables de decisiones, los que tienen representación, tienen que pensar en el largo plazo de la Universidad; y creo que lo hacen. Si hay diferencias de opinión entre profesores, tiene que haberlas entre estudiantes también.

¿Cuál es el estado de los juicios?

Hay dos que son los más importantes. Uno es el juicio de amparo, cuya sentencia se dictó hace dos años, en abril del 2010. Ese juicio ya acabó, pero como las sentencias se ejecutan, este puede producir efectos por ejecución de sentencia. Entre el periodo en que se interpuso la demanda de ese amparo, en el 2007, y que se sentenció, en el 2010; en el 2008, el Arzobispado y la Universidad planteamos dos demandas ante los juzgados ordinarios para que se interpretaran los juicios. Estas demandas se juicio que avanza con dos demandantes, que a la vez son los demandados. En el 2010, cuando salió la sentencia del TC, el abogado del Arzobispado le pidió a la jueza que lleva este juicio que lo acabara porque el tribunal ya había resuelto. Ella dijo que no; entonces, él apeló y subió a la Corte Superior. Esta también dijo que el juicio no terminaba. Sin embargo, el abogado del Arzobispado ha ido donde el juez que debe ejecutar la sentencia de amparo; le dijo que, en ejecución de la sentencia, le diga a la jueza que pare el juicio. Le dijo que no. Ahora, el abogado del Arzobispado ha ido a una apelación por salto, con la que va directamente al Tribunal Constitucional. Este ha admitido ver esa apelación y estamos a la espera de su decisión. En las próximas semanas, va a venir una resolución del TC sobre si se acaba o no el juicio.

Se ha hablado de presiones externas y de inconductas al dar la sentencia del TC . ¿Cuál ha sido la postura de la PUCP?

No tengo ninguna prueba de que haya habido inconducta o inmoralidad en la aplicación de esa sentencia. Específicamente en el caso del Dr. Gerardo Eto, el único miembro del TC que votó a favor de la Católica, tengo que decir que su voto fue completamente honesto y de conciencia. La Universidad puede afirmar con toda seguridad que no hubo ninguna intervención, ni directa ni indirecta, para

conseguir su voto. Su voto ha sido transparente.

Parte de la comunidad universitaria ha percibido un cambio de discurso de sus autoridades: si hasta hace unos meses el mensaje era de tranquilidad respecto a la situación legal, ahora se llamó a aceptar la propuesta de modificación de Estatutos para culminar con los procesos legales. ¿Cómo respondería?

Nosotros hemos dicho siempre que estamos litigando y vamos a tratar de sacar la solución más favorable para la Católica. Nunca hemos dicho que vamos a ganar o perder en los juicios. Hubo un documento que estuvo destinado a los miembros de la Asamblea y que fue publicado en una página web. Esto lo sacó de contexto. En ese documento, el Rectorado decía que hay una propuesta para

votarla, aprobarla o no por la Asamblea. Si se aprueba, tendremos paz en las relaciones con la Iglesia; si no se aprueba, no necesariamente nos mantendríamos en el Estatuto actual. Lo que se buscaba era explicar que lo que va a acabar resolviendo el conflicto es lo que digan los jueces, porque los juicio van a seguir. Entonces, la Asamblea no está entre el Estatuto actual o el Estatuto modificado. La Asamblea está entre aceptar las modificaciones o que los jueces decidan cuáles son las reglas. Ni antes ni después de ese documento hemos cambiado de opinión.

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