Silencio en la sala: un repaso a las mejores películas del cine mudo

Publicado: 2012-02-27

"And the Oscar goes to...The Artist”. Con esta célebre frase, Tom Cruise anunció que la cinta de Michel Hazanavicius era la ganadora a la categoría Mejor Película, por encima de la favorita "La invención de Hugo Cabret", de Martin Scorsese, que se llevó otras cinco estatuillas.

La cinta, ambientada en 1927, narra la historia de una estrella del cine mudo en declive ante la llegada del sonido. Sin embargo, en la 84ª edición de los premios Oscar, el triunfo de “The Artist” (“El Artista”) significó el regreso por la puerta grande del cine mudo a la cumbre de la industria cinematográfica.

El filme también obtuvo los premios a Mejor Actor por la participación de Jean Dujardin, Mejor Director, Mejor Banda Sonora y Mejor Diseño de Vestuario.

A propósito del logro conseguido por “The Artist”, te presentamos el top cinco de las 100 mejores películas de cine mudo, según la web The Silent Era:

1.- The General (El maquinista de la general), de Buster Keaton y Clyde Bruckman (EUA, 1926)

Johnny Gray (Buster Keaton) es maquinista en un estado del Sur y tiene dos grandes amores: una chica (Anabelle Lee) y una locomotora (La General). En 1861, al estallar la Guerra de Secesión, Johnny intenta alistarse, pero el ejército considera que será más útil trabajando en la retaguardia. Sin embargo, Anabelle cree que es un cobarde y lo rechaza. El maquinista sólo podrá demostrar su auténtico valor cuando un comando nordista infiltrado en las líneas confederadas le robe "La General" y rapte a Anabelle. Johnny no dudará un segundo en subirse a otra locomotora y perseguir a los yanquis para recuperar a sus dos amadas. (Fuente: Filmaffinity)

2.- Metropolis, de Fritz Lang (Alemania, 1927)

En una megalópolis del año 2000, los obreros viven recluidos en un gueto subterráneo, donde se encuentra el corazón industrial de la ciudad y del que no pueden salir. Pero, incitados por un robot, se rebelan contra la clase intelectual que detenta el poder y amenazan con destruir la ciudad exterior. Freder (Gustav Frölich), el hijo del soberano de Metrópolis, y María, una muchacha de origen humilde, intentarán evitar la destrucción apelando a los sentimientos y al amor. Obra maestra del cine y película capital del expresionismo alemán, se trata de una visión apocalíptica de la sociedad del futuro. En su día fue una gran superproducción de la potente productora UFA, pero fue un fracaso de taquilla. (Fuente: Filmaffinity)

3.- Amanecer (Sunrise: A Song of Two Humans), de F.W. Murnau (EUA, 1927)

Una calidad artística pionera e insuperable se pone al servicio de la historia de un triángulo amoroso en el que la infidelidad y la redención se disputan el corazón de un hombre que debe elegir entre dos mujeres. Una historia universal. Sublime como melodrama romántico, lo mismo nos sumerge en la intriga de un crimen pasional que muestra retazos de la comicidad propia de la época. Quedaban sólo dos semanas para que se estrenara en Estados Unidos la primera película del cine sonoro -"El cantor de Jazz" (The Jazz Singer)-, pero Murnau firmó con "Sunrise" un testamento del cine mudo que deslumbró (que todavía hoy deslumbra) por su lirismo, belleza y armonía. Por si fuera poco, se llevó el Oscar más importante del año -mejor calidad artística-, pues el de "Mejor Película", en esa primera edición denominado "Producción más sobresaliente" (Most Outstanding Production), fue concedido por la Academia a "Wings" por ser la película más popular, con mayor éxito. Con premios o sin ellos, "Amanecer" (precioso título) es pura poesía. (Fuente: Filmaffinity)

4.- Luces de la ciudad (City Lights), de Charles Chaplin (EUA, 1931)

Un pobre vagabundo (Charles Chaplin) pasa mil y un avatares para conseguir dinero y ayudar a una pobre chica ciega (Virginia Cherill) de la que se ha enamorado. (Fuente: Filmaffinity)

5.- Nosferatu, de F.W. Murnau (Alemania, 1922)

En la ciudad de Wisborg viven felices el joven Hutter y su mujer Ellen, hasta que el oscuro agente inmobiliario Knock decide enviar a Hutter a Transilvania para cerrar un negocio con el conde Orlok. Se trata de la venta de una finca de Wisborg, que linda con la casa de Hutter. Durante el largo viaje, Hutter pernocta en una posada, donde ojea un viejo tratado sobre vampiros que encuentra en su habitación. Una vez en el castillo, es recibido por el siniestro conde. Al día siguiente, Hutter amanece con dos pequeñas marcas en el cuello, que interpreta como picaduras de mosquito. Una vez firmado el contrato, descubre que el conde es, en realidad, un vampiro. Al verle partir hacia su nuevo hogar, Hutter teme por Ellen. (Fuente: Filmaffinity)

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