Editorial de El Comercio: "La revocatoria se convertirá en un instrumento más de la guerra política entre los partidos"

Publicado: 2012-02-04

El editorial del diario El Comercio sostiene que una revocatoria a la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, no debería ser presentada sobre la base de impresiones sin sustento, sino ante la evidencia de casos de corrupción u otros aspectos graves en una gestión. Además, sugiere que si se utiliza a la ligera, "la institución se convertirá en un instrumento más de la guerra política entre los partidos".

Además, revela que la alcaldesa Villarán ha hecho en su primer año más de lo que hizo el ex alcalde Luis Castañeda. Pero, sin embargo, también ha tenido fallas en la gestión que le están costando su popularidad.

Lea aquí el editorial completo de el diario El Comercio, 'La revocación: arma de doble filo':

Se cuenta que cuando Benjamin Franklin salió de la última reunión de la Convención Americana le preguntaron si la forma de gobierno que tendría el nuevo país sería o no la de una república. Franklin contestó: “Si es que pueden mantenerla”. Advertía así el genio americano sobre cómo la responsabilidad es la otra cara de la libertad y cómo cuando la segunda se ejerce sin la primera, se autodestruye.

El avance del proceso por llamar a la revocación de la alcaldesa Villarán nos recuerda las palabras de Franklin. La revocación es una libertad ciudadana consagrada en la ley, eso está claro. Pero no lo está tanto que revocar a Villarán sea un uso responsable de ese derecho.

La revocación no es un arma ligera para usar al gusto. No debería emplearse en base a sensaciones o impresiones hechas al vuelo. Básicamente por una razón: si el uso de la revocación no se sustenta en ineptitud gruesa o corrupción flagrante y se emplea, por tanto, para justificar revocaciones en razones que caen dentro de lo discutible, la institución se convertirá en un instrumento más de la guerra política entre los partidos. Si eso pasa, no habrá región ni municipio del país que pueda encontrar esa estabilidad sin la que ningún avance es concretable. No olvidemos que los números exigidos para llamar a un proceso de revocación son lo suficientemente bajos como para que los perdedores de cada elección lo utilicen contra el ganador. Los sectores de la derecha que hoy promueven la revocación porque Susana Villarán es de izquierda, deberían saber que están inaugurando un uso de la institución (relativamente nueva en el Perú) que luego, sin duda, les será aplicado a ellos cuando estén en el poder.

Decimos que hay un sustrato ideológico en la campaña por revocar a la señora Villarán porque su pretendida base fáctica (que es una inepta absoluta, que no ha hecho nada durante su primer año de gobierno) no es tal. Sin que lo hecho impresione, desde el punto de vista del presupuesto de inversión del que dispone la Alcaldía de Lima, Susana Villarán ha ejecutado más que el señor Castañeda en su primer año. Ha creado los corredores viales de las avenidas Abancay y Túpac Amaru. Ha duplicado el Serenazgo y puesto videovigilancia en el Centro de Lima, el Rímac y Barrios Altos. Ha rehabilitado varios kilómetros de la Panamericana (Norte y Sur). Ha diseñado el Sistema Integrado de Transportes. Y podríamos seguir con los ejemplos.

Que quede claro que con nada de esto queremos implicar que la señora Villarán no tiene severos problemas de gestión o que, como engañan algunos de sus seguidores, su alta desaprobación en los sectores populares es fruto de los ataques constantes de un sector de la prensa. Pese a los logros mencionados, su alcaldía sí ha dado varias muestras de ineficiencia, coronadas por el penoso espectáculo de La Herradura,donde había asegurado que no sucedería lo de la arena frente a las voces que se lo advirtieron pública y explícitamente.

Susana Villarán tiene, además, pese a su proclamada gran conciencia social, un severo problema de sintonía con las necesidades y voluntades de los sectores populares de su capital. Se dedicó los primeros seis meses de su mandato a ejercer de fiscal de un ex alcalde extremadamente popular y actuó largamente también como si su responsabilidad fuese una ONG y no una ciudad. Su campaña sobre un tema que nada tenía que ver con la alcaldía bordeó el absurdo cuando se puso a lavar papas en la Plaza de Armas mientras la población la quería haciendo más escaleras y lo mismo sucedió cuando propuso una ciclovía interdistrital de 300 km como alternativa al problema del transporte en Lima. ¿Cuánto le simplifica la vida a un poblador de Villa El Salvador pedalear todos los días hasta su trabajo en San Miguel?

Tampoco nos contamos entre quienes presentan a la señora Villarán como una santa laica. Ha demostrado varias veces tener tantas mañas políticas como el que más. Por ejemplo, en las muchas veces que soslayó la verdad durante la campaña y después. Verbigracia, sobre sus bienes, dando luego una secuencia de explicaciones contradictorias. O sobre el insulto que sí le lanzó a Lourdes Flores. O diciendo que había consultado con la Marina antes de hacer lo de La Herradura.

Nada de lo anterior, sin embargo, impide que veamos que no son tales los niveles de inoperatividad que se le imputan como para justificar una revocación basada, en el caso de algunos, en impresiones no bien sustentadas y, en el de otros, en intereses ideológicos; contribuyendo ambos a abrir las puertas de una cadena inacabable de revocaciones por venganzas políticas. Una cadena que nos negará toda oportunidad de juego político limpio y estabilidad. La señora Villarán fue elegida democráticamente, sí ha hecho ya algunas cosas valiosas y merece una oportunidad que vaya más allá de un primer año. Tenemos una república. Sepamos mantenerla.